domingo 18 de marzo de 2012

Matilda Electa Joslyn Gage. El efecto Matilda



Activista norteamericana, luchadora del sufragio femenino, abolicionista, libre  pensadora y autora prolífica. A lo largo de toda su vida estuvo condicionada por problemas financieros y físicos (cardíacos), que no influyeron en su trabajo en pos de los derechos de las mujeres con los que siempre estuvo comprometida. Matilda formuló esta tarea para la teología feminista:

“La lucha más importante a la lo largo de la historia de la iglesia es la que libran las mujeres por la libertad y por su pensamiento, y por el derecho a comunicar ese pensamiento al mundo”




Nació el 18 de marzo de 1826  en Cicero, Nueva York. Pasó su niñez en una casa que era a la vez parte de la red clandestina de apoyo a esclavos (conocida como ferrocarril subterráneo). Hija de un médico, recibió de él lecciones de anatomía y fisiología y la idea de que debía pensar por sí misma y no aceptar la palabra de otra persona o de la sociedad. De estas vivencias nació su lucha abolicionista  y su idea de libertad e igualdad.

Se casó en 1845 con el comerciante Enrique H. Gage y se trasladó a Fayetteville, Nueva York. En 1850 El Congreso aprobó la Ley de Esclavos Fugitivos, que ayudaba a los sureños a recapturar esclavos que hubieran huido a los estados libres. Matilda unida a los abolicionistas, seguía por entonces ayudando a los negros que escapaban y siendo madre de cuatro hijos pequeños estuvo en prisión por sus acciones de acuerdo con la Fugitive Slave Law of 1850 que tipificaba como acto criminal el brindar asistencia a esclavos fugitivos.

En 1852 dio su primer discurso público en la Convención Nacional de Derechos de las Mujeres, en Siracusa, Nueva York. Fue presidenta de la Asociación Nacional del Sufragio Femenino desde 1875 hasta 1876  y por más de veinte años ejerció como Presidenta del Comité Ejecutivo o Vice Presidenta. Durante la convención de 1876, discutió en forma exitosa con un grupo de policías que alegaban que la asociación estaba realizando una asamblea ilegal y la policía finalmente se fue sin levantar cargos.

Activa y tenaz luchadora contra la esclavitud (en 1863 Lincoln liberó a los esclavos) y los derechos de la mujer, también defendió los derechos indígenas: escribió polémicos artículos donde condenaba el injusto y brutal tratamiento que se daba a los indios de América. Matilda se convirtió en miembro de los Iroqueses - tribu nativa americana - fue admitida en el Consejo de Matronas iroquesas y adoptada por el Clan del Lobo, donde "el poder entre los sexos es casi igual”.

Esta considerada como más radical que Susan B. Anthony o Elizabeth Cady Stanton, siendo las tres las autoras de “Historia del Sufragio de la Mujer”, un total de seis volúmenes que empezaron en 1875 y se completó en 1922, que es la historia de innumerables mujeres que lucharon por sus derechos.

Junto con Cady Stanton, fue crítica de la Christian Church, lo cual la colocó en posiciones encontradas con sufragistas conservadoras tales como Frances Willard y la Woman's Christian Temperance Union. En lugar de argumentar que las mujeres merecían votar porque su moralidad femenina permitiría entonces influir sobre la legislación (como hacia el WCTU), ella opinaba que las mujeres merecían el sufragio en virtud de un 'derecho natural'.




A pesar de su oposición a la Iglesia, Gage era a su manera profundamente religiosa, y colaboró (en forma anónima) con Stanton en la escritura de La Biblia de la Mujer. Ella se convirtió en una teosofista y alentó a sus hijos y a sus esposas a que ellos también lo fueran. Una de sus hijas, Maud Gage, se casó son Lyman Frank Baum, narrador norteamericano de una serie de libros sobre la fantástica tierra de Oz, entre ellos “El mago de Oz”. Durante algún tiempo Matilda vivió en la casa de su hija y su marido, el cual opinaba que su suegra era la mujer más talentosa y educada de su época, mientras ella escribía para numerosos periódicos, preparando notas sobre los progresos en el movimiento por el sufragio femenino.

A consecuencia de la intensa campaña que Gage desarrolló desde la Asociación Sufragista Femenina del estado de Nueva York, se le otorgó el derecho al sufragio femenino para elegir miembros a los consejos de las escuelas. Gage garantizó que cada mujer en su zona (Fayetteville, NY) tuviera la oportunidad de votar, para ello les escribió cartas notificándolas de sus derechos, y se sentó en los sitios de votación para asegurarse que ninguna mujer fuera rechazada.

En 1871, Gage formó parte del grupo de 10 mujeres que intentaron votar. Ella se encarócon el personal de los puestos de votación y discutió con ellos en representación de cada una de las mujeres. Apoyó a Victoria Woodhull y posteriormente a Ulysses S. Grant en la elección presidencial de 1872. En 1873 defendió a Susan B. Anthony cuando fue llevada a juicio por haber votado en dicha elección, utilizando en su defensa poderosos argumentos legales y morales.

Matilda trató sin éxito de prevenir que el movimiento sufragista femenino fuera tomado por el ala conservadora. Susan B. Anthony que había ayudado a fundar el National Woman Suffrage Association (NWSA), estaba muy orientada hacia la obtención del derecho a votar, una visión que Gage veía como demasiado estrecha. Sufragistas conservadoras fueron ganando fuerza en la organización, estas mujeres tendían a no apoyar reformas sociales de caracter general, o ataques a la iglesia.

En 1878 compró la Ballot Box, una publicación mensual de la asociación sufragista de Toledo, Ohio, cuando su editora, Sarah R.L. Williams, se retiró. Matilda la renombró como The National Citizen and Ballot Box, y explicó que sus intenciones para el periódico eran:

Su principal objetivo será asegurar protección nacional a los ciudadanos mujeres en el ejercicio de sus derechos para votar... se opondrá a toda forma de Legislación de Clases... las mujeres de toda clase, condición, rango y nombre encontraran en este periódico a su amigo….


Durante los próximos tres años, Matilda fue su editora principal, produciendo y publicando ensayos sobre un amplio rango de temas. Cada edición portaba la frase “La pluma es más poderosa que la espada”, e incluía columnas destacadas sobre mujeres prominentes a lo largo de la historia e inventoras mujeres. Tenía un estilo claro, lógico, y una cuidada dosis de ironía. En una ocasión al escribir sobre las leyes que le permitían a un hombre al fallecer dejar el cuidado de sus hijos a una persona que no tenía relación con la madre de los niños, Gage decía:

              A veces es preferible ser un hombre muerto que una mujer viva.

Se convirtió en miembro de la Sociedad Teosófica, cuando vivía en Fayetteville, Nueva York. Su solicitud de entrada y admisión a la Sociedad Teosófica de Rochester datan del 26 de Marzo de 1885. En vista de su preocupación por la igualdad y los derechos humanos, no fue sorprendente que Matilda Gage fuera atraída por la Teosofía. Ella la apreciaba no solo porque proporcionaba una base filosófica para la igualdad y la acción social, sino también por algunas de sus otras enseñanzas, como la de la reencarnación.
Escribió sobre la existencia de un auténtico Derecho de Pernada, y diría en 1893:

«Las mentes del pueblo habían sido corrompidas a lo largo de los siglos con estas doctrinas [...] la mujer, siempre oprimida, debía proporcionar solaz a unos hombres acostumbrados a la violencia y a obtener placer en el sufrimiento ajeno».

Editora del The Liberal Thinker, a partir de 1890, año en que abandonó el movimiento sufragista y formó la Unión Liberal de la Mujer, compuesta por anarquistas, líderes sindicales y feministas, considerada la organización más radical del país y Matilda la portavoz ideal para sus ataques a la religión. Apoyó firmemente la separación de iglesia y estado. En 1893 publicó “La mujer, Iglesia y Estado”, donde describía cómo el cristianismo oprimió a la mujer y reforzó los sistemas patriarcales: la subordinación de la mujer no es ni natural ni ordenado por Dios.

Matilda Joslyn Gage murió en Chicago en 1898. Sus restos descansan en el cementerio de Fayetteville.



 

El efecto Matilda.

En 1993, la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter acuñó el término "efecto Matilda," en honor de Matilda J. Gage, para identificar aquella situación social donde las mujeres científicas reciben menos crédito y reconocimiento por su trabajo científico que el que les correspondería de un examen objetivo de su trabajo. El efecto Matilda es un corolario del "efecto Mateo" postulado por el sociólogo Robert K. Merton.


Fotografia tomada de un desfile de sufragio en 1914 (el original es propiedad del Museo Rochester y Centro de Ciencias). Las mujeres de la foto llevan "dominó", una túnica con capucha y las máscaras para que el público le preste atención a su mensaje, no a ellas. Las pancartas que llevan anunciado una próxima conferencia por el reverendo Anna Howard Shaw y otros.
Actualmente, el Centro Matilda Joslyn Gage, situado en Fayetteville, Nueva York, trabaja para defender el legado de la sufragista y la defensora de la justicia social Matilda Joslyn Gage. El Centro Gage utiliza la antigua casa de Gage para relatar la historia de los numerosos movimientos sociales en los que estuvo involucrada, incluyendo el movimiento de derechos de las mujeres, la abolición de la esclavitud y la libertad de religión. Interesados ​​en aumentar su capacidad de diálogo, el Centro Gage buscó el apoyo del Fondo de la Coalición de Apoyo a Proyectos con el fin de ayudar a capacitar facilitadores del diálogo y para crear un modelo de diálogo en torno a la cuestión de los derechos reproductivos.

 

La siguiente es una lista parcial de sus obras:

·       "Is Woman Her Own?", publicado en The Revolution, April 9th 1868, ed. Elizabeth Cady Stanton, Parker Pillsbury. pp 215-216.
·       "Prospectus", publicado en The National Citizen and Ballot Box, ed. Matilda E. J. Gage. May 1878 p 1.
·       "Indian Citizenship", publicado en The National Citizen and Ballot Box, ed. Matilda E. J. Gage. May 1878 p 2.
·       "All The Rights I Want", publicado en The National Citizen and Ballot Box, ed. Matilda E. J. Gage. January 1879 p 2.
·       "A Sermon Against Woman", publicado en The National Citizen and Ballot Box, ed. Matilda E. J. Gage. September 1881 p 2.
·       "God in the Constitution", publicado en The National Citizen and Ballot Box, ed. Matilda E. J. Gage. October 1881 p 2.
·       Woman As Inventor, 1870, Fayetteville, NY: F.A. Darling
·       History of Woman Suffrage, 1881, Capítulos por Cady Stanton, E., Anthony, S.B., Gage, M. E. J., Harper, I.H. (publicado nuevamente en 1985 by Salem NH: Ayer Company)
·       The Aberdeen Saturday Pioneer, 14 y 21 marzo de 1891, editora y editoriales. Es posible que ella haya escrito previamente varios editoriales sin firmarlos, en lugar de L. Frank Baum, for whom she completed the paper's run.
·       Woman, Church and State, 1893 (1980 by Watertowne MA: Persephone Press)


 

 




Fuentes: Wikipedia; Wikimedia foundation. 2010.



martes 13 de marzo de 2012

Susan B. Anthony.


Feminista líder del movimiento estadounidense de los derechos civiles, que dedicó su vida a la búsqueda de igualdad para las mujeres. Antes de que muriera el 13 de marzo de 1906, Anthony consiguió liderar el movimiento del derecho al voto, promover la igualdad de remuneración por trabajo comparable y aprobar más leyes liberales sobre el divorcio. Juntas, Anthony y su amiga Elizabeth Cady Stanton, propugnaron la reforma de las leyes discriminatorias del estado de Nueva York, pronunciando conferencias y organizando una campaña para modificar la legislación existente. Entre 1892 y 1900 presidió la Asociación Nacional pro Sufragio Femenino.





Nació el 15 de febrero de 1820  y fue la segunda de siete hijos de Daniel Lee Anthony y Lucy Read. Su padre era un fabricante de algodón y abolicionista, un hombre severo pero de mente abierta, que nació en la religión cuáquera. No permitió juguetes o entretenimientos en el hogar, alegando que podían distraer al alma desde el interior. Su madre, Lucy, era estudiante en la escuela de Daniel, los dos se enamoraron y se casaron en 1817. Lucy asistió a la convención de los derechos de las mujeres en Rochester, celebrada en agosto de 1848, dos semanas después de la histórica Convención de Seneca Falls, y firmó la Declaración de la Convención de Rochester

Uno de los hermanos de Susan, Daniel Lee el editor, se convirtió en miembro activo del movimiento anti-esclavitud en Kansas, mientras que una hermana, Mary Stafford Anthony, se convirtió en profesora y activista de los derechos de la mujer.

Susan fue una niña precoz, aprendido a leer y escribir a los tres años, se educó en un ambiente de independencia de criterio y rigor ético que marcaría toda su trayectoria política. Cuando tenía seis años, la familia se trasladó a Battensville (Nueva York) y  acudió a la escuela primaria local y pasó luego al colegio que su padre había fundado y dirigía.

El padre de Susan pensaba que las mujeres deberian obtener tanta educación como ellas quisieran, agregandole un cuarto a su hogar, el construyó una escuela para sus propios niños y otros. En 1837, fue enviada al Seminario Mujer Deborah Moulson, un colegio cuáquero de Filadelfia. Ella no era feliz en Moulson, pero no permaneció allí por mucho tiempo. Se vio obligada a abandonar sus estudios, ya que su familia, como muchos otros, se arruinaron financieramente durante el pánico de 1837. Sus pérdidas fueron tan grandes que trató de vender todo en una subasta, incluso sus bienes más personales, que fueron salvados en el último minuto cuando el tío de Susan, Joshua Lee, se acercó y los adquirió para ellos, con el fin de restaurar a la familia. En 1839, la familia se trasladó a Hardscrabble, Nueva York, a raíz del pánico y la depresión económica que siguió. Ese mismo año, Susan dejó su casa para enseñar y pagar las deudas de su padre. Enseñó por primera vez en el Seminario de Amigos Eunice Kenyon, y luego en la Academia Canajoharie en 1846, donde llegó a ser directora del Departamento de Mujer.

En 1849, a los 29 años, Susan dejó de enseñar y se mudó a la granja familiar en Rochester, Nueva York. Allí comenzó a participar en las convenciones y reuniones relacionadas con el movimiento de la templanza. y empezó a distanciarse de los cuáqueros, en parte debido a que había presenciado con frecuencia casos de conducta hipócrita, como el uso de alcohol entre los predicadores Quaker. A medida que fue creciendo, Susan continuó moviéndose más lejos de la religión organizada, y fue castigada más tarde por varios grupos religiosos cristianos por mostrar preferencias irreligiosas. Por la década de 1880, Susan se había convertido en agnóstica.

En su juventud, Susan era muy consciente de su aspecto y habilidades de comunicación. Ella se resistió durante mucho tiempo para hablar en público por miedo a no ser lo suficientemente elocuente, pero, a pesar de estas inseguridades, se convirtió en una presencia pública reconocida.

Su unió al movimiento antialcohólico o "movimiento pro temperancia", duro cinco años. En él tomó conciencia de las limitaciones que el hecho de ser mujer implicaba, incluso en el seno de una organización reformista liberal, y sintió la necesidad de crear un grupo exclusivamente formado por mujeres, la Sociedad Femenina pro Temperancia del Estado de Nueva York.



Pero su paso al feminismo no se produjo de forma definitiva hasta que, en 1851, conoció a Elizabeth Cady Stanton, la feminista que en 1848 había dirigido la Convención de Séneca Falls, primer manifiesto del sufragismo estadounidense. Stanton se convertiría en su compañera inseparable y ambas encabezarían el feminismo norteamericano durante las siguientes cinco décadas.

Protagonizó, junto a Stanton y Amelia Bloomer, diversas campañas en favor de la igualdad de derechos de las mujeres. La lucha feminista se centró en principio en reivindicaciones de carácter general, para ir progresivamente limitándose a la petición del sufragio universal, por considerar que el voto era el instrumento clave para conseguir ulteriores reformas legales.

Sin embargo, las campañas en favor del sufragio fueron acompañadas de muchas otras, encaminadas a transformar la legislación laboral, la mentalidad sexista y las costumbres discriminatorias de la sociedad norteamericana. Así, por ejemplo, Anthony y Stanton dirigieron una campaña contra las restricciones físicas que la moda femenina decimonónica imponía a las mujeres, promoviendo el uso de pantalones bombachos y faldas amplias.

Desde 1854, Anthony compaginó su activismo feminista con la lucha contra la esclavitud en el seno de la Sociedad Americana Antiesclavista hasta que el estallido de la Guerra de Secesión en 1861 apartó temporalmente a las mujeres de la primera línea de batalla, ocupada desde entonces por los ejércitos. En 1863 fundó la Liga de Mujeres Leales, que promovía la liberación de esclavos en los estados secesionistas del sur.

Al finalizar la guerra, siguió pronunciándose públicamente contra la violencia ejercida sobre la población negra, a la que instó a unirse al movimiento sufragista. Paralelamente, la ya inseparable pareja Anthoy-Stanton dirigió diversas campañas contra las leyes del estado de Nueva York discriminatorias de las mujeres y pronunció numerosas conferencias por todo el estado.

Tras la guerra, las mujeres que habían participado en el movimiento abolicionista comprendieron que la consecución de sus fines propios -la igualdad de derechos para las mujeres- era una lucha que debían emprender por separado, sin contar con el apoyo de sus compañeros antiesclavistas, muchos de los cuales no aprobaban el activismo político femenino. La lucha feminista se centró desde entonces en la obtención del derecho al voto.

El 8 de enero de 1868, Susan publicaba por primera vez la revista semanal de derechos de las mujeres “La Revolución” impreso en Nueva York, su lema fue: "La verdadera república, los hombres, sus derechos y nada más, las mujeres, sus derechos y nada menos." El semanario feminista saldría a la calle durante los dos años siguientes con importantes contribuciones de Susan y de Elizabeth Cady Stanton. Anthony se volcó sobre todo en la exigencia de igualdad salarial para las mujeres y en la mejora de las condiciones laborales de las obreras neoyorkinas, para lo cual participó en la creación de la Asociación de Mujeres Trabajadoras de Nueva York. En 1869 fundó con Stanton la Asociación Nacional pro Sufragio Femenino, que comenzó a reclamar la aprobación de una enmienda constitucional que concediera el voto a las mujeres.


Susan y de Elizabeth Cady

A partir de 1872, la Asociación exigió para las mujeres de Estados Unidos los mismos derechos civiles y políticos que acababan de ser concedidos a los varones negros mediante las enmiendas constitucionales decimocuarta y decimoquinta. En las elecciones de ese año, Anthony encabezó una manifestación de mujeres que se presentó ante las urnas en Rochester para ejercer el derecho al voto.

Fue detenida dos semanas después y acusada de violar las leyes federales. Mientras esperaba el inicio del juicio contra ella, recorrió el país dando conferencias, aprovechando el interés público que había despertado su acción. En marzo del año siguiente volvió a presentarse en un colegio electoral de Rochester para votar. Fue juzgada finalmente y condenada a pagar una multa por violación de la ley electoral, a lo que se negó rotundamente.

El siguiente discurso fue pronunciado ante la Corte, tras su acusación y condena al pago de la multa. Ha sido criticado por algunos contemporáneos como ridículo y estridente, aunque se trata de una prolija y moderada argumentación. La base de su construcción está en la apelación constante al sentido común y a la lectura dirigida de la ley. Las citas de la Constitución -texto de carácter sagrado para los americanos- intentan desenmascarar el incumplimiento y la traición a los valores ya no de las minorías, sino de toda la nación. El recurso estrella es la pregunta retórica que no admite más que una respuesta de un público que se precie, como el americano, del culto a la libertad. Alude a lexicógrafos respetados para fundamentar sus aseveraciones y utiliza estructuras paralelas que reproducen en lo formal, la discusión sobre la igualdad.

“¿Son personas las mujeres?”

“Amigos y conciudadanos: me presento aquí esta noche acusada del supuesto delito de haber votado en la reciente elección presidencial sin tener el legítimo derecho para hacerlo. Será mi tarea de esta noche probarles que con ese voto, no sólo no cometí una ofensa sino que simplemente ejercité mis derechos de ciudadana, que se me garantizan a mí y a todos los ciudadanos de los Estados Unidos en la Constitución Nacional y que ningún estado tiene el poder de negarlos.

El preámbulo de la Constitución Federal dice:

“Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, para formar una unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad doméstica, proveer la defensa común, promover el bienestar general y proteger los beneficios que otorga la libertad para nosotros y para nuestra posteridad, ordenamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América”.

Era nosotros, el pueblo; no nosotros, los ciudadanos blancos de sexo masculino; tampoco, los ciudadanos de sexo masculino; sino nosotros, todo el pueblo que forma esta Unión. Y la formamos, no para entregar los beneficios de la libertad sino para proteger los beneficios de la libertad; no para la mitad de nosotros y para la mitad de nuestra prosperidad sino para todas las personas -tanto mujeres como hombres-. Y es una burla descarada hablarle a las mujeres del placer de los beneficios de esa libertad cuando se les niega ejercer el único recurso que los garantiza y que este gobierno democrático ofrece: el voto.

Para cualquier estado el convertir el sexo en un requisito que siempre debe resultar en privar de derecho al voto a la mitad de la población, es como promulgar una ley ex post facto y, por lo tanto, es una violación de la ley suprema de la tierra. De esta forma los beneficios de la libertad son retirados para siempre de las mujeres y de la posteridad femenina.

Para ellas este gobierno no tiene ningún poder legal que deriva del consentimiento de los gobernados. Para ellas este gobierno no es una democracia. No es una república .Es una aborrecible aristocracia: una odiosa oligarquía de sexo; la más aborrecible aristocracia alguna vez establecida en la faz de la tierra; una oligarquía de riqueza, en donde los ricos gobiernan a los pobres. Una oligarquía de conocimientos, en donde los educados gobiernan a los ignorantes, o, incluso, una oligarquía de raza, en donde los Sajones gobiernan a los Africanos, podría durar. Pero esta oligarquía basada en el sexo, la cual convierte a los padres, a los hermanos, a los maridos, a los hijos varones en oligarcas sobre las madres, las hermanas, las esposas y las hijas en cada uno de los hogares -que establece que todos los hombres son soberanos y todas las mujeres súbditos- acarrea disensión, discordia y rebeldía en cada uno de los hogares de la nación.

Webster, Worcester y Bouvier, todos definen al ciudadano como una persona que en los Estados Unidos tiene derecho a votar y a ocupar un cargo público.

La única pregunta que queda ahora por formular es: ¿son personas las mujeres? Y yo no puedo creer que algunos de nuestros oponentes tenga la audacia de decir que no.

Siendo personas, entonces, las mujeres son ciudadanas, Y ningún estado tiene el derecho de hacer una ley o imponer alguna antigua regulación que recorte estos privilegios o inmunidades. Por lo tanto, cualquier discriminación contra las mujeres en las constituciones y leyes de los estados es hoy en día nula y carece de validez, del mismo modo lo es aquélla en contra de los Negros.”


En 1883 realizó un viaje por Europa, donde entró en contacto con las organizaciones feministas de Inglaterra y Francia y surgió el proyecto de crear una organización sufragista internacional. Cinco años después, durante los actos de conmemoración en Washington del aniversario de la Declaración de Seneca Falls, se estableció el Consejo Internacional de Mujeres, al que se unirían grupos feministas de 48 países.



Durante sus primeros años de existencia del Consejo, Anthony desempeñó un papel muy destacado. En 1890 fue elegida presidenta de la Asociación Nacional Americana pro Sufragio Femenino, cargo que ocupó hasta los ochenta años. Mientras tanto, no dejó de extender el mensaje del sufragismo y la igualdad de derechos, pronunciando conferencias a lo largo y ancho del país. En 1899 se propuso la creación dentro del Consejo Internacional de una organización separada que luchara de forma específica por el sufragio y presionara más directamente a los distintos gobiernos. Tras muchas conversaciones, Anthony participó en la creación de la Alianza Internacional pro Sufragio Femenino durante el congreso del Consejo celebrado en Berlín en 1904.

Su labor dentro del movimiento sufragista fue esencialmente de organización y administración, mientras Stanton se encargaba de escribir la mayor parte de las proclamas y propuestas de la Asociación Nacional pro Sufragio. Junto a Stanton y Mathilda J. Gage compiló y publicó la Historia del Sufragio Femenino, que apareció en cuatro volúmenes entre 1881 y 1902. Asimismo, junto a un grupo numeroso de sufragistas cristianas que buscaban los fundamentos religiosos de la subordinación femenina, trabajó en la edición de la llamada Biblia de las Mujeres, una recopilación comentada de los pasajes bíblicos en que aparecen mujeres.



Viajó varios miles de kilómetros a través de los Estados Unidos y Europa dando de 75 a 100 discursos por año sobre el sufragio y el derecho de la mujer al mismo durante 45 años aproximadamente. Viajó en carruajes, vagones, trenes, mulas, bicicletas, diligencias, transbordadores y, en ocasiones, en trineos.

Susan Anthony murió en Rochester (Nueva York) el 13 de marzo de 1906, a la avanzada edad de 86 años, sin llegar a ver la aprobación del sufragio femenino en 1920.  Fue enterrada en el cementerio Mount Hope. Tras su muerte, el Senado de Nueva York aprobó una resolución recordando su "trabajo constante, coraje impávido y entrega desinteresada a muchos fines filantrópicos y la causa de la igualdad de derechos políticos para las mujeres."

Catorce años después de la muerte de Susan, tras una larga campaña, las mujeres consiguieron el derecho al voto, el 26 de agosto de 1920, por la decimonovena Enmienda a la Constitución. 















 Bibliografía: Wikipedia. Susan B. Anthony, Pionera de los Derechos de las Mujeres, por Helen Stone Peterson, 1971. Susan B. Anthony, Mujer Suffragista, por Barbara Weisberg, 1988. La historia de Susan B. Anthony, por Susan Clinton, 1986.Nosotros la Gente, Susan B. Anthony, por Cindy Klingel, 1987.






miércoles 7 de marzo de 2012

Hypatia de Alejandria. La mas grande



Filósofa y maestra neoplatónica griega, natural de Egipto, que se destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, miembra y cabeza de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Su figura se ha convertido en un verdadero mito, que capaz de moverse libremente, con naturalidad, dentro de los dominios tradicionalmente masculinos. Cuando la creciente iglesia cristiana consolidaba su poder e intentaba erradicar la influencia y cultura paganas, Hypatia estuvo en el epicentro de fuerzas sociales poderosas. Cirilo, arzobispo de Alejandría, la despreciaba por su estrecha amistad con un gobernador romano, pero también por ser un símbolo del saber y la ciencia.




Hypatia nació en Alejandría, a mediados del siglo IV, en 370, según algunas referencias, y en 355, al decir de otras. Aunque no se cuenta con datos sobre su madre, sí sabemos que su padre fue el filósofo y matemático Teón de Alejandría, quien siempre vigiló muy de cerca su educación. Según registros de la época, éste deseaba que su hija fuera "un ser humano perfecto", por lo que Hypatia recibió una educación científica muy completa, dedicándose también a un exhaustivo cuidado de su cuerpo. Realizaba todos los días una rutina física que le permitía mantener un cuerpo saludable así como una mente activa. Todo esto contrastaba con la gran mayoría de mujeres de su época, las cuales no podían acceder ni al conocimiento ni a la educación, y se ocupaban sólo a las "tareas femeninas".

Su padre trabajaba en el Museo, institución fundada por el emperador Tolomeo y dedicada a la investigación y la enseñanza. Este Museo tenía mas de cien profesores que vivían allí y muchos más que asistían periódicamente como invitados. Hypatia entró a estudiar con ellos y, aunque viajó a Atenas e Italia para recibir algunos cursos de filosofía, se formó como científica en el propio Museo y formó parte de él hasta su muerte. Incluso llegó a dirigirlo alrededor del año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos le llamaban "la filósofa". Cultivó varias disciplinas: filosofía, matemáticas, astronomía, música... y durante veinte años se dedicó a enseñar todos estos conocimientos. De este modo, Hypatia se convirtió en una de las mejores científicas y filósofas de la época, llegando a simbolizar el conocimiento y la ciencia que los primeros cristianos identificaron con el paganismo.

Damascio afirmaba que «además de conseguir el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar, era justa y sabia, y se mantuvo toda la vida virgen», dato confirmado por la Suda, una enciclopedia bizantina del siglo XI. El mismo Damascio refiere una anécdota que ilustra la actitud de Hypatia ante el sexo: cuando un discípulo le confesó que estaba enamorado de ella, la filósofa le arrojó un paño manchado con su sangre menstrual, espetándole: «De esto estás enamorado, y no tiene nada de hermoso».

Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas, llevando una vida ascética. Ella es la primera mujer matemática de la que se tiene conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió sobre geometría, álgebra y astronomía.

En torno al año 400 la filósofa se había convertido en líder de los neoplatónicos alejandrinos, y, de acuerdo a la Suda, se dedicó a la enseñanza, centrándose en las obras de Platón y Aristóteles. La casa de Hypatia se convirtió en un centro de instrucción donde acudían estudiantes de todas partes del mundo romano, atraídos por su fama. Hypatia llegó a simbolizar aprendizaje y ciencia, lo que los primeros cristianos identificaban con paganismo. Entre sus alumnos había cristianos, como por ejemplo su alumno predilecto, Sinesio de Cirene (con posterioridad obispo de Ptolemaida entre 409 y 413), perteneciente a una familia rica y poderosa, que mantuvo una gran amistad con su maestra. Este personaje dejó escrita mucha información sobre ella, y gracias a él conocemos sus obras, aunque ninguna se haya conservado. Dirigió a Hypatia las cartas de su epistolario.

En esta correspondencia se mencionan los nombres de varios alumnos de Hypatia que fueron condiscípulos suyos: el hermano menor de Sinesio, su tío Alejandro, Herculiano, del que fue gran amigo, Olimpio, un rico terrateniente de Seleucia Pieria amigo de Sinesio, Isión, íntimo de Sinesio, Hesiquio de Alejandría, gramático y gobernador de Libia Superior, y su hermano Eutropio, el sofista Atanasio, Gayo, pariente de Sinesio, el gramático Teodosio y el sacerdote Teotecno, y unos tales Pedro y Siro, además del futuro prefecto imperial de Egipto, Orestes. Se han propuesto algunos otros nombres mencionados en las cartas de Sinesio, pero no hay pruebas de ello. En todo caso cabe indicar que sus alumnos fueron un grupo muy unido de aristócratas paganos y cristianos, algunos de los cuales desempeñaron altos cargos.

Su trabajo más extenso fue en álgebra. Escribió un comentario sobre la Aritmética de Diofanto (considerado como el padre del álgebra) en el que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió, en ocho libros, un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio (a quien se deben los epiciclos y deferentes para explicar las órbitas irregulares de los planetas). Colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides, cuya edición es la que aún se emplea en nuestros días, escribiendo un tratado sobre el mismo. Escribió un Canon de Astronomía, dedicándose además a realizar la revisión de las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo, conocidas por su inclusión en el Canon Astronómico de Hesiquio. También cartografió diversos cuerpos celestes, confeccionando un planisferio.



Además de la filosofía, matemáticas y astronomía, se interesó por la mecánica y las tecnologías prácticas. En las Cartas de Sinesio están incluidos sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano, que nos sirve para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. También desarrolló un aparato para la destilación del agua, así como un hidroscopio para medir la presencia y el nivel del agua, y un hidrómetro graduado de latón para determinar el peso específico de los líquidos. Por último, se la supone inventora del aerómetro, instrumento que se usa para medir las propiedades físicas del aire u otros gases.

En el año 412 el obispo Cirilo de Alejandría fue nombrado (para sustituir a su tío Teófilo), patriarca, un título de dignidad eclesiástica que sólo se usaba en Alejandría, Constantinopla y Jerusalén, que equivalía casi al del papa de Roma. Poco después, se produjo un desencuentro entre el prefecto de la ciudad, Orestes, y el obispo Cirilo, por las injerencias de éste último en cuestiones civiles y los enfrentamientos entre judíos y cristianos (aunque Orestes era cristiano, como correspondía en esa época a un representante del emperador). Hypatia se puso del lado de Orestes y recordó a Cirilo el ejemplo de su antecesor, Teófilo, que, a pesar de ambición y su campaña contra el paganismo, no era dictador y buscaba y conseguía el apoyo de las autoridades imperiales: había colaboración armoniosa entre autoridades civiles y eclesiásticas.

De hecho, ella siempre se había relacionado libremente con las autoridades municipales y nunca nadie la había molestado; podía manifestar su independencia política en lugares públicos sin problema, y la gente sabía que los gobernantes buscaban sus consejos.

Cirilo (elevado siglos más tarde a los altares) era un católico exaltado que no consentía ninguna clase de paganismo ni de herejía y que luchó toda su vida defendiendo la ortodoxia de la Iglesia y combatiendo el nestorianismo, y algunos historiadores creen que fue el principal responsable de la muerte de Hypatia, aunque no exista documentación directa que lo acredite. La tradición dice que Cirilo era enemigo de esta mujer científica, a la que temía y admiraba a la vez. Pero siguiendo el pensamiento general de la época, no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la Ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema. Por lo tanto es posible que creara un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana.

Hypatia murió a una edad avanzada, 45 o 60 años (dependiendo de cuál sea su fecha correcta de nacimiento), linchada por una turba de cristianos. Fue asesinada brutalmente, mientras regresaba a casa en su carruaje, la golpearon y arrastraron por toda la ciudad. La desnudaron, la descuartizaron con conchas marinas y sus restos fueron paseados, en señal de triunfo, por toda la ciudad hasta llegar al Ciraneo (supuestamente el crematorio) donde los incineraron.


Los fanáticos arrastraron a Hipatia hasta un altar, la desnudaron y asesinaron (ilustración del li­bro del siglo XIX Vies des savants illustres)

Orestes, el prefecto romano amigo y alumno de Hypatia informó de los hechos y pidió a Roma una investigación. Pero por "falta de testigos", se fue retrasando, hasta que llegó un momento en que el propio Cirilo aseguró que Hypatia estaba viva y que habitaba en la ciudad de Atenas. Orestes tuvo que huir de Alejandría y abandonar su cargo. La Suda afirma que el emperador Teodosio II quiso en principio castigar a Cirilo, tanto por justicia como por ser un gran protector de las enseñanzas filosóficas (cuya propia esposa, Eudocia, era una filósofa de origen ateniense), pero, a la postre, la reacción imperial se limitó a retirar al Patriarca los 500 monjes que le servían como guardia, lo que ha llevado a algunos historiadores a suponer que fueron éstos y no el populacho mencionado en todas las fuentes, los responsables del asesinato de la filósofa. La medida fue sin embargo rescindida al cabo de dos años, permitiéndose además aumentar su número a 600.

Sócrates Escolástico, el historiador más cercano a los hechos, afirma que la muerte de Hipatia fue causa de «no poco oprobio» para el patriarca Cirilo y la iglesia de Alejandría y fuentes posteriores, tanto paganas como cristianas, le achacan directamente el crimen, por lo que muchos historiadores consideran probada o muy probable la implicación de Cirilo, si bien el debate al respecto sigue abierto.

Un exaltado obispo copto del siglo VIII, Juan de Nikiû, la consideraba en plena ocupación árabe una bruja peligrosa, responsable del conflicto entre cristianos y judíos y entre Orestes y Cirilo. Consideraba que la muerte de Hypatia no fue accidental, sino deseada por el obispo alejandrino y la estimó una respuesta justificada a las provocaciones de la filósofa. Finalmente, la entrada referente a Hypatia en la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI conocida como la Suda —siguiendo a Damascio— atribuye también la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo y al carácter levantisco de los alejandrinos, pero da una clave adicional para comprender la triste muerte de la filósofa al equipararla a los crueles asesinatos de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: el arriano Jorge de Capadocia (m. 361) y el calcedoniano Proterio (m. 457). El primero fue atado a un camello, despedazado y sus restos quemados; y el segundo arrastrado por las calles y arrojado al fuego, asesinatos muy similares al de la propia Hypatia.

Christopher Haas, de la Universidad Johns Hopkins, concluye que, con las fuentes de las que actualmente disponemos, «jamás sabremos si el propio Cirilo orquestó el ataque, o si, al igual que en la agresión contra Orestes, ciertos partidarios se decidieron unilateralmente a luchar en favor del patriarcado». María Dzielska apunta, sin embargo, que, incluso si el crimen sucedió a sus espaldas, Cirilo debe ser considerado responsable en gran medida, por ser el instigador de la campaña contra la filósofa, como medio de combatir al prefecto imperial y su facción política, contraria a los excesos del Patriarcado.

Según todas las fuentes, el asesinato de la filósofa fue un crimen oprobioso para los cristianos y redujo la influencia política del patriarcado alejandrino. Cirilo no pudo impedir que su rival doctrinal, Nestorio, gozara del favor imperial y fuera elegido Patriarca de Constantinopla en 428, pero logró finalmente su deposición en el Concilio de Éfeso de 431. Convertido en uno de los personajes más influyentes de la Iglesia, a su muerte en 444 fue declarado santo y es considerado uno de los Doctores de la Iglesia debido a su extensa obra doctrinal.

No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de Alejandría, cuya Escuela siguió activa hasta el siglo VII, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I (529).

Voltaire se valió de la filósofa para dejar clara su aversión por la Iglesia, considerando la muerte de Hypatia «un asesinato bestial perpetrado por los sabuesos tonsurados de Cirilo, con una banda de fanáticos a sus espaldas». Con ello pretendía demostrar que el fanatismo religioso producía el exterminio de los genios y la esclavitud de los espíritus.

Por su parte, los movimientos feministas la han reivindicado como paradigma de mujer liberada, incluso sexualmente, aunque, según la Suda, estuvo casada con otro filósofo —llamado Isidoro— y se mantuvo virgen. 


Con la cristianización de la Escuela Filosófica de Alejandría en tiempos de Justiniano I, el peso de Hypatia entre los filósofos paganos se contrapesó con la figura de Santa Catalina de Alejandría, a quien se consagró un gran monasterio en el Sinaí. Eventualmente, la historia de ambas mujeres empezó a confundirse, llegando a afirmarse que la historia de su martirio fue un invento para contrarrestar el de la pagana Hypatia. Pero hagan lo que hagan y digan lo que digan, para much@s ella seguirá siendo siempre la mas grande.





Fuentes: Wikipedia; Rosa M. Domínguez Quintero, Observatorio Astronómico de Cantabria (Consejería de Medio Ambiente) e Instituto de Física de Cantabria (CSIC-UC)



Un 8 de marzo con menos derechos para las mujeres.


En las políticas de igualdad hemos recorrido en los últimos 30 años un camino difícil con el objetivo de conseguir la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Ahora observamos como en menos de 30 días empezamos a caminar hacia atrás. 






Los derechos conseguidos empiezan a tambalearse de la mano de un gobierno que ha decidido que las mujeres volvamos al lugar de donde piensa nunca debimos salir, y así, aprovechando la coartada de la crisis económica, dan la espalda a la lucha y los logros de tantas mujeres que nos han precedido y a los hombres que colaboraron y apoyaron a las mujeres feministas.

Desde los poderes de la derecha española, son dos los ejes sobre los que han decidido que va a pilotar esta regresión: nuestro cuerpo, o mejor, nuestro derecho sobre nuestro cuerpo y la libertad para decidir sobre nuestro modelo de vida.

La decisión del gobierno de reformar la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, anunciada por el Ministro de Justicia, Gallardon, significa excluir a nuestro país de la legislación europea mas progresista, acercándonos a las posturas de los grupos mas radicalmente contrarios al aborto. El intento de la Ministra de Sanidad e Igualdad, Mato, de silenciar lo relativo a la reforma de la Ley con motivo de su comparecencia nos da a entender que para su gobierno la decisión de la mujer sobre su maternidad es una cuestión penal. Nos hemos encontrado con una Ministra de Sanidad que considera el aborto como una practica no sanitaria puesto que en su comparecencia trasladó la decisión sobre este tema al Ministro de Justicia. Pero Mato ha ido aun mas lejos. Con su cuestionamiento sobre la píldora postcoital y el encargo de un “estudio” sobre su uso, ha  ignorado la opinión y la evidencia científica de la OMS y cuestiona un método que se ha demostrado eficaz para prevenir embarazos no deseados.

El segundo eje tiene que ver con la decisión de coartar las libertades, especialmente las de los colectivos mas jóvenes a través de la eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y lo grave es que ello no nos debe de sorprender. Ya lo habíamos venido denunciando. En las comunidades autónomas en las que ya gobernaba el Partido Popular únicamente se cumplía con el mínimo de 50 horas establecido en la enseñanza Primaria para Educación para la Ciudadanía, dejando de esta manera de lado, espacios de educación para la igualdad y la tolerancia, espacios para la prevención de comportamientos violentos y autoritarios.

Ahora, el gobierno dispone de una cómoda mayoría absoluta para tomar estas decisiones y unos compañeros de viaje que ya se están frotando las manos ante el nuevo escenario que se les ofrece. Viajeros como el arzobispo de Granada que comparando la ley del aborto con el régimen de Hitler: “los crímenes nazis no eran tan repugnantes” o el obispo de Valencia que como solución al paro predicaba que las mujeres debían quedarse en casa cuidando de los niños y los ancianos.





Pensamiento conservador y ortodoxia católica se funden en un abrazo para frenar la autonomía de las mujeres a decidir sobre su maternidad, para que los chicos y las chicas puedan, en su proceso educativo, debatir y reflexionar sobre la igualdad, la tolerancia y la no violencia. En este escenario, que el gobierno tenga relevantes mujeres en altos cargos es importante pero lo sería aun más si esta presencia viniera acompañada de una incorporación al ejercicio de la política de un enfoque feminista e igualitario. Porque los proyectos y actuaciones chocan con esa imagen igualitaria de escaparate.

Un 8 de marzo de 2010 aprovechábamos para celebrar la aprobación de la Ley del aborto que nacía del compromiso con la libertad de las mujeres, adquirido en el año 1985 por el PSOE, en el mismo momento en que se despenalizó el aborto en nuestro país.

Hoy, dos años después, no tenemos nada que celebrar, o quizás si. Sólo tenemos que volver a coger impulso y volver a tejer redes para garantizar que en lo relativo a derechos e igualdad ni un paso atrás. Una marea violeta recorre los pueblos y ciudades y mientra tanto creo que es un buen momento para releer a Gioconda Belli:

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.