miércoles, 25 de noviembre de 2009

25 de Noviembre de 2009

 «El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales conformadas por el ambiente ideológico y social de machismo y misoginia, de violencia normalizada contra las mujeres, que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres... todos coinciden en su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres». Marcela Lagarde.


La violencia hacia las mujeres ha sido una preocupación constante de los movimientos de mujeres que han trabajado para hacer visible este atentado contra la vida y la dignidad de las mujeres, hasta hace poco  considerado como un problema perteneciente a la esfera de la vida privada. Hemos tenido que esperar hasta el año 2005 para que por iniciativa del gobierno socialista, se aprobara una Ley que nos coloca a la vanguardia de las propuestas para la erradicación de la violencia de género, recogiendo gran parte de las propuestas de las organizaciones feministas, siendo aprobada por unanimidad y apoyada por la inmensa mayoría de la población. 

Pero el camino de esta Ley no ha sido sencillo. Nada más ser aprobada, fue cuestionada por diferentes sectores políticos, sociales y profesionales, que argumentaron cuestiones de inconstitucionalidad, así como por colectivos, especialmente de hombres, que no han cesado de desacreditarla. 

Una agresión contra una mujer no es algo aislado; se produce en un contexto donde el agresor utiliza el maltrato psicológico, los golpes o las palizas, como forma de posesión de la otra persona, anulándola y dominándola. 

Quienes tras la aprobación de la Ley empiezan, curiosamente, a denunciar la violencia hacia los hombres, deberían considerar que no existe dicha violencia como problema social. Si bien podemos conocer casos individuales de mujeres que agreden a hombres, esta realidad  no puede considerarse nunca un problema social de dimensiones tan elevadas como las que se dan en la violencia hacia las mujeres, que a veces no termina ni tras la separación de la pareja. 

Incluso tras la separación, el padre maltratador continua una dinámica violenta hacia los hijos/as durante el régimen de visitas o la custodia como arma contra la madre con el fin de perpetuar el control sobre  ella. 

Según Lola Aguilar, pediatra experta en violencia de genero y menores, el hombre violento no suele dejar de ejercer la violencia tras la separacion, pues hasta el 60% de los padres separados violentos mantiene un alto nivel de conflicto y de abuso hacia su exmujer durante el contacto que suponen las visitas con  los hijos. 




La violencia de los hombres y la dependencia de las mujeres surgen ante la existencia de normas y patrones culturales y por ello debemos poner los medios para eliminarla. Las instituciones asumiendo su responsabilidad en la puesta en marcha medidas integrales para conseguir la igualdad,  incrementando  los recursos para atender a las mujeres en todos los ámbitos y, de manera muy especial, apoyando  a aquellas  que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad (inmigrantes, discapacitadas, ,…) y desde la sociedad, desde cada uno de nosotros, demostrando tolerancia cero con los comportamientos machistas, misóginos y sexistas. 

Tanto la Ley integral contra la Violencia de Genero como  la Ley para la Igualdad entre Mujeres y Hombres inciden en la importancia de  la imagen que de las mujeres se difunde en los medios de comunicación. Sorprende en este sentido los comportamientos de determinados escritores, como por ejemplo, un extracto de un escrito de A. Perez Reverte: 

“ Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes.... Y me refiero a mujeres  de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel, donde vemos a una torda espectacular, aunque “ordinaria “, opina Javier... y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente, acaso no se mata a los caballos?, abatirla de un escopetazo.....   Mirala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. “  


Si, aún queda mucho por hacer, pero es importante señalar los esfuerzos realizados en los últimos años. Los recursos (cada vez más, aunque nunca suficientes) hacen que cada vez sean más las mujeres que pueden salir de situaciones de maltrato y, también poco a poco,se están mejorando los sistemas de protección y el acceso a los recursos. 

Porque hay que mejorar la respuesta a las mujeres, una de las últimas  propuestas del Gobierno es la implantación, para el año 2009, de medios telemáticos, pulseras, para controlar las medidas de alejamiento impuestas a los maltratadores. Uno de los valores de esta medida es  que para dar una mayor protección y seguridad a las victimas, se opta por el control de los agresores en lugar de obligar a la mujer a ocultarse o huir. No podemos  seguir delegando toda la responsabilidad de la seguridad en las mujeres para dar una mayor tranquilidad al agresor, al igual que siempre hemos denunciado que tengan que ser las mujeres (las victimas) las que abandonen su domicilio ante una situación de maltrato. 


A la Ley contra la violencia, la primera del Gobierno de R. Zapatero se le ha exigido, desde el momento de su aprobación un plus, un extra que no se le pide a ninguna otra: que acabe ya con las muertes, sabiendo que ninguna ley acaba por si sola con un delito, pero ademas este delito, el maltrato, es diferente a otros: las mujeres tienen una relación afectiva y una dependencia emocional de su agresor que les lleva a pensar  que no las van a matar y por eso se confían y bajan la guardia; pero el agresor, que es quien mejor conoce a la víctima, aprovecha la ocasión y actúa.  




Por ello es importante  seguir denunciando a los agresores y apoyando a las victimas, poniendo en marcha recursos y medidas y saber que las muertes no son responsabilidad de la Ley sino de los agresores. 

A pesar de las dificultades, hoy, tras tres años de aplicación, la Ley Integral contra la violencia de género va obteniendo resultados positivos en la erradicación de la violencia contra las mujeres. Hoy tenemos más conciencia del problema y hay más mujeres que se sienten protegidas, se atreven a denunciar y logran salir de la relación de maltrato.

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