miércoles, 24 de noviembre de 2010

La violencia hacia las mujeres.

240 mujeres, niñas y bebés, fueron objeto de violación por guerrilleros en ataques contra aldeas en el Congo, en solo 12 días. En situaciones  de conflicto las mujeres se convierten en armas de guerra, pero cuando llega la paz no están sentadas en las mesas de negociaciones, los delincuentes no son juzgados y los delitos quedan olvidados.



Decenas de mujeres son atacadas con ácido cada año en zonas rurales de Pakistán. Caminar solas por la calle sin la compañía de algún familiar masculino, rechazar al pretendiente propuesto por los padres, no lograr concebir un hijo varón o, simplemente no saber cocinar son motivos suficientes.

Una niña yemení de 13 años murió desangrada tras ser violada por su propio marido de 24 años, ansioso por demostrar su hombría en una sociedad patriarcal, donde al menos una cuarta parte de las mujeres son entregadas en matrimonio antes de cumplir 15 años.

Unas 5.000 mujeres mueren cada año víctimas de 'crímenes de honor' cometidos por sus propios familiares. Una de cada tres mujeres en todo el mundo ha sido golpeada, abusada o violada en el curso de su vida; en nombre de los llamados 'crímenes de honor de la familia” mujeres y niñas mueren fusiladas, lapidadas, quemadas, estranguladas, enterradas vivas, asfixiadas o apuñaladas a un ritmo espantoso.

10.000 niñas corren riesgo de mutilación genital en España. Nuestros servicios sanitarios, especialmente los del litoral mediterráneo y Madrid, se enfrentan a un crecimiento del 43% en apenas tres años del número de niñas menores de 14 años en riesgo de sufrir mutilación genital, por pertenecer a familias procedentes de países donde esta práctica es habitual.

Mas de 1 millón de personas, mujeres y niñas, son victimas de la trata y esclavitud sexual, una realidad recogida por la periodista Lydia Cacho en su libro “Esclavas del poder,” en el que evidencia una creciente demanda de esclavas sexuales cada vez mas jóvenes forzadas a tener sexo miles de veces en su vida. Y también la autora nos descubre como sus clientes; suelen encontrase “ en sus hogares con sus esposas e hijos, con sus novias; en sus empresas respetables y en las iglesias dando o acudiendo a misa. Están frente a los juicios de causas penales y civiles e investigan historias para diarios renombrados; trabajan en escuelas, universidades, son programadores de paginas Web o futbolistas; están en todas partes”.

400.000 hombres están maltratando en España y se estima en 2.000.000 los no denunciados. Un total de 63 mujeres han perdido la vida a mano de sus parejas o ex parejas sentimentales este año. Las denuncias familiares se incrementaron un 116 por ciento, y los partes de lesiones también. Y eso significa que hay una mayor implicación social, hay 90.000 mujeres protegidas y 10.000 mujeres integradas en el servicio de teleasistencia.

La fiscalía de Madrid, en su memoria 2008 refleja que los delitos contra la libertad sexual han aumentado un 20% y los casos de pornografía infantil mas de un 400%. En Suiza, entre 1999 y 2004, los atentados contra la integridad sexual subieron un 62%. En Suecia, en 20 años, el numero de casos se ha triplicado, mientras que las violaciones en que los agresores son niños varones menores de 15 años se han multiplicado por seis en solo una generación. Sabemos también que los barrios parisinos han sido testigos de violaciones colectivas de mujeres entre 13 y 16 años en las que llegaron a participar hasta 48 agresores.

Para abordar cada una de estas situaciones es preciso disponer de una información previa y un análisis riguroso que permitan establecer las medidas a poner en marcha, pero sirva como ejemplo para la reflexión que en Suiza, tras la toma de conciencia del problema de los delitos contra la libertad sexual se suscito un interesante debate que identifico como elemento responsable el aumento de la pornografía y su fácil acceso gracias a Internet. 

Pero hay que mirar mas atrás, J. Rossiaud en “La Prostitución en el Medioevo” aporta datos de los cuales extrae que en Dijon, a mediados del siglo XV, uno de cada dos muchachos de 18 a 24 años participaba al menos una vez en su vida en una violación colectiva. La violación era un hecho social presente en las ciudades, bien como una especie de rito iniciático, bien como demostración pública de hombría.  F. Amara en  “Ni putas ni sumisas” nos muestra  la realidad de los muchachos de las barriadas parisinas que utilizan las violaciones colectivas para imponer a sus hermanas, novias o amigas, un modelo de relación de poder y subordinación.







Y de nada sirve buscar excusas basadas en diferentes modelos culturales o religiosos; aquí los autores de estos casos colectivos son españoles, hijos de familias integradas y normalizadas; muchos jóvenes agresores que han participado en violaciones colectivas indican en sus declaraciones ante los juzgados que lo que hacían les repugnaba, pero no participar cuestionaba su hombría dentro del grupo. Pero a pesar de todo ello, la culpa emerge como siempre del lado equivocado: el de las victimas de las agresiones sexuales.

Han pasado casi 40 años desde que las feministas de Boston pusieron en marcha el primer refugio para mujeres. Ahora, son las instituciones, sin distinción de siglas políticas, las que financian los cientos de casas de acogida para mujeres maltratadas, pero esto no es suficiente. El nuevo machismo ha salido a la luz con un mensaje a veces sutil y a veces obsceno, intentando colocar en la calle el debate sobre si se esta yendo demasiado lejos en la lucha por la igualdad en nuestro país. Y surgen representantes institucionales, escritores, tertulianos insignes, jueces, medios de comunicación, que con sus artículos de opinión o sus comentarios hostiles, insultantes y hasta delictivos contra las mujeres, quieren entorpecer los avances sociales. No estamos yendo demasiado lejos; solo los violentos, los obscenos y los delincuentes que utilizan la violencia van demasiado lejos.

A pesar de todo tenemos que mirar el futuro con optimismo. La única forma que tenemos de proteger a las mujeres victimas de violencia es conociendo que están sufriendo un maltrato y aunque sabemos que una denuncia no está evitando un riesgo, que incluso puede acabar con la integridad física de la mujer, tenemos que insistir en que la denuncia es el paso para obtener protección. Porque no denunciar y vivir con el miedo genera mas miedo. Pero también las personas que están en puestos de responsabilidad tienen que tener la misma valentía para denunciar que se le pide a las mujeres; tienen que enfrentarse a sus compañeros de partido político, a sus redactores-jefe, a sus jefes en la judicatura, a sus superiores militares, a sus amigos, para que la tolerancia cero no sea solamente la que le pedimos a los otros. Porque el  silencio cómplice también  es un maltrato hacia las mujeres.