lunes, 13 de diciembre de 2010

Lady Hester Lucy Stanhope


"He sido coronada reina del desierto bajo el arco triunfal de Palmira. Nada ha tenido tanto éxito como esta jornada, que parecía ser tan peligrosa. Todos me rindieron homenaje. Si quisiera podría ir ahora misma a La Meca sola. No tengo nada que temer. Pronto contaré con tantos nombres como Apolo. Soy el sol, la perla, el león, la luz del cielo y la reina".


Lady Hester Stanhope fue la primera europea en llegar a Palmira atravesando el peligroso desierto sirio. 

Conduciendo una caravana de cincuenta camellos y escoltada por una guardia de beduinos, entró triunfal en la ciudad donde fue recibida como una reina en 1813.

Nació en 1776 en el condado de Kent, dentro de una familia aristocrática y culta; su padre Lord Stanhope era un hombre aficionado a la investigación científica. Huérfana de madre a los cuatro años, Hester fue educada por institutrices extranjeras convirtiéndose en una magnífica amazona. 

Al cumplir 24 años se trasladó a vivir con su tío materno, el primer ministro inglés William Pitt que dada su soltería, encomendó a Lady Hester hacerse cargo de su casa haciendo de anfitriona y donde adquirió fama en la alta sociedad británica, de ser una excelente relaciones públicas. Cuando su tío falleció, Lady Hester pasó a percibir una pensión vitalicia, pero su vida en Londres se tornó aburrida al perder las relaciones con los principales políticos del partido tory y tras la muerte de su hermano, se trasladó a vivir a Gales.

Parece que fue una decepción amorosa la causa de que a los 33 años emprendiera su primer viaje en barco a Grecia y nunca más volvió a Inglaterra. 

Se dice que en Atenas el mismísimo Lord Byron se arrojó al agua y fue nadando a conocerla. Después de Atenas fue a Constantinopla y a El Cairo, pero el barco naufragó en una tempestad y fue a parar a la isla de Rodas donde, habiendo perdido todas sus ropas le ofrecieron vestidos de mujer turca. Dicho atuendo incluía el velo y ella se negó a usarlo, al igual que en Damasco por cuyas calles se paseó a caballo y vestida de hombre. 



Tras visitar Jerusalén, Nazaret y Damasco, su atracción por el desierto le lleva a desafiar  a  las tribus de beduinos hostiles, que finalmente se convirtieron en su escolta. 

Atravesó el desierto al frente de una caravana de camellos y llegó a la ciudad de Palmira en 1813 convirtiéndose en la primera mujer que llegó a las ruinas de esta ciudad en el desierto sirio. Allí fue recibida como si fuese la reencarnación de Zenobia, una mítica reina de la ciudad. 

En esa época empezó a decir que había escuchado varias profecías que la señalaban como predestinada para ser la prometida de un nuevo mesías. Es dudoso que ella misma lo creyera, pero este rumor le hizo ganarse el respeto de las gentes de la zona que empezaron a llamarla Reina Hester, la "gran reina blanca". Vestía como un príncipe del desierto y  traía mapas para encontrar tesoros y hierbas mágicas, las cuales podían transformar las piedras en oro.
 
Luego de unos años de vida aventurera y arriesgada, se instaló en el monasterio abandonado de Mar Elías, cerca de Sidón, en Líbano, donde organizó su vivienda y su propia corte de sirvientes a quienes, con su carácter autoritario, gobernaba a su antojo. Se ganó la enemistad del emir Bashir II por dar asilo a los refugiados drusos y de otros clanes, víctimas de las luchas internas y su autoridad se expandió por los territorios circundantes, adquiriendo suficiente poder como para que Ibrahim Pachá solicitara su neutralidad antes de invadir Siria en 1832. 


Había logrado convertirse en poco menos que una jefa de estado. Su autoridad se propagó por los territorios circundantes y adquirió tal poder, que ni el sultán turco se atrevió a desafiarla. 

Aunque era un lugar poco accesible, recibía a ilustres viajeros, pues ningún europeo que pasara por Oriente Medio, se iba sin visitarla. Era conocida por los habitantes de la región como "la mujer profeta", pues creían que tenía poderes sobrenaturales.

Organizó una expedición para encontrar el tesoro perdido de la ciudad de Ascalón, con intención de que el gobierno británico se la financiase, pero esto no sucedió y al fracasar la búsqueda del tesoro, se encontró llena de deudas. 

La circunstancia de su ruina y la muerte de su mejor amiga la sumieron en una importante depresión, por lo que decidió trasladarse a otro monasterio todavía más lejano, en Djoun.

Allí dilapidó el escaso dinero que le quedaba y cuando no pudo pagar a sus sirvientes estos empezaron a llevarse sus pertenencias. Enfermó, su carácter empezó a agriarse y desarrolló algunas manías, como recibir a las visitas en la oscuridad, afeitarse la cabeza y vivir rodeada de cuarenta gatos. 

Falleció el 23 de junio de 1839 y cuando el cónsul británico llegó para arreglar los papeles encontró sus aposentos llenos de trastos y cacharros inútiles.




                                                                 Las ruinas de Palmira





Fuentes: Wikipedia, “ Las Damas de Oriente “ de Cristina  Morató y “Travels of Lady Hester Stanhope” .


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