jueves, 23 de diciembre de 2010

Clemence Royer.

 « La necesidad más imperiosa de la Humanidad es la verdad » 





Científica y filosofa francesa fue una progresista avanzada para su época en lo que se refiere a cuestiones como la colaboración de los sexos, la unión libre, la cuestión religiosa, la muerte o la moral.

En 1855 abandona su trabajo en un internado de Gales donde enseñaba francés y piano y después de una corta estancia en París, se retira a las montañas de Suiza para realizar un estudio sistemático de todas las ramas del saber en auge en ese momento. Dos años después, se traslada a Lausana, Suiza, donde continuó en la profundización del conocimiento humano. En 1858, conoció a Pascal Duprat, profesor de Economía en la Academia de Lausana, que se convirtió en su compañero de vida. Así termina la vida solitaria y autodidacta de Clémence y comienza su trabajo como conferenciante y escritora.

En su obra, destaca especialmente su traducción y sobre todo su prefacio de la obra más importante de Darwin: “Del origen de las especies”. Este prefacio tuvo un gran eco en los medios científicos y el célebre biólogo  Charles Letourneau, hablará de el como un prefacio “terrible”, que hará que se la considere como una “hereje” científica, “que rompe moldes”, que va más allá, hasta “las últimas consecuencias” de lo que incluso Darwin no se atrevió públicamente a reconocer.

Pero  Clémence  no solamente se hizo famosa por su traducción de la obra de Darwin sino que fue reconocida como antropóloga y evolucionista; además, escribió un libro titulado "Origene de l´homme et des sociétés", donde muestra también una ampliación de la doctrina de la evolución.

Como periodista, denunció en sus artículos todas las injusticias de las que eran víctimas las mujeres en la familia, el trabajo y también en el dominio político donde sólo los hombres tenían el derecho al voto. Creía en una cooperación internacional capaz de evitar los conflictos armados; incluso imaginó acuerdos para considerar la guerra fuera de la ley. Militante ferviente de la causa humana, en la Sorbona, delante del Congreso anual de las sociedades sabias, enunció los principios de los Derechos de la infancia.

Clémence Royer tomó parte muy activa en las campañas feministas organizadas por la «Liga de los Derechos de las Mujeres» y la « Sociedad para la mejora de la condición femenina»

Luchó junto con las hermanas Deraismes, Marie-Adélaïde y Ana en cuyo Salón, frecuentado por gente procedente de las ciencias, las artes, la política y la masonería se relacionó con todo lo que París conocía como espíritus racionalistas y como defensores de la causa feminista

Todas estas personalidades se encontraron en el seno de diversas asociaciones: asociación para el derecho de las mujeres, liga para la protección de la madre y del niño, libre pensamiento, liga anticlerical, liga de enseñanza, asociación internacional para la paz.

Clémence publicó cuatro libros principales: "Orígenes del Hombre" en 1869,"El bien y la ley moral" en 1881, "La constitución del mundo" en 1900, basadas en la dinámica ontológica de los átomos, e "Historia del cielo" en 1901. También produce numerosos folletos, escribe artículos para diccionarios y enciclopedias y es colaboradora habitual en publicaciones periódicas.

Dedicó parte de sus escritos a la biología y las diferencias de género. Lo que le interesa es cómo se pueden producir las diferencias de sexo en los seres orgánicos. Para este plan, las respuestas de Darwin que proponen la independencia de las características anatómicas e histológicas de los seres vivos, no le satisfacen


Sin embargo, Clémence defiende que la diferencia de género no puede justificar la injusta dominación de un sexo por otro. Ella considera que si la evolución ha tenido la necesidad de la dominación masculina sobre las mujeres, esta dominación es sin duda inútil. Para ella la civilización moderna autoriza, más todavía, exige, que las mujeres ganen terreno.

En 1895, a iniciativa de Emile Zola se lanzó una petición nacional para que le atribuyeran la Legión de Honor; no se la concederían hasta noviembre de 1900 y se convirtió así en la primera mujer en recibir esta distinción por sus trabajos científicos.

Luchó por los derechos civiles de la mujer, aunque, en cambio, no luchó por los derechos políticos. Por ejemplo, no reclamó el derecho a votar porque defendía que mientras que los hombres se han convertido en racionalistas, las mujeres siguen estando bajo la influencia de la Iglesia. Por lo tanto consideraba necesario educar a las mujeres antes de darle el derecho a voto.



Clémence Royer, murió en 1901 adelantándose a muchas teorías científicas, humanistas y filosóficas del siglo XX. Fue una mujer de genio tan diverso y tan múltiple, como dijo Rémy Boyau, “que parte a las estrellas para escribir sus historias, que se divierte, diríamos, desintegrando mentalmente el átomo, que hace juegos de manos con las matemáticas”.














Fuentes: wikipedia; masoneriahumanista.blogspot.com

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