lunes, 31 de enero de 2011

El Harén de Pickering.

Quizás pocos saben que la historia del más ambicioso programa de búsqueda y estudio de estrellas variables de todos los tiempos fue protagonizada por mujeres. Y todo ese programa, y el arduo trabajo realizado por estas mujeres ha sido denominado con tono irónico y a veces despectivo como el Harén de Pickering.



Este mes de enero las noticias sobre “un nuevo signo del zodiaco”, Ofiuco, hacían correr ríos de tinta cuando la verdad es que Ofiuco no es ninguna novedad, su existencia se conoce desde tiempo inmemorial. Por tanto, con la tranquilidad de seguir siendo una Piscis y no una Aries como durante unas breves horas algunos se empeñaron, caí en la cuenta de que solo recordaba a una celebre astróloga, Jocelyn Bell Burnell, - aparte de la que da nombre a este blog-, en la historia de la astrología. Pero una vez mas, las sorpresas no tardaron en llegar.

En el siglo XIX el director del Observatorio de Harvard, Dr. Pickering, decidió emprender el proyecto de catalogar todas las estrellas en el cielo. Para ello contrató a 21 mujeres que comenzaron la tarea cuidadosa de catalogar las estrellas que eran fotografiadas y clasificar sus espectros. Por trabajar siete horas diarias durante seis días a la semana, cobraban entre 25 y 35 centavos por hora. Aunque este sueldo era equiparable al de un obrero medio, estaba por debajo de lo que cobraban las mujeres que trabajaban en una oficina, e incluso era manifiestamente bajo si se tiene en cuenta que muchas de ellas poseían formación universitaria

Unas eran conocidas como "computadoras" porque realizaban la clasificación de estrellas y la reducción de datos complejos y las otras, que trabajaban como ayudantes, se les llamaba "registradoras" porque registraban los datos. Y así fue como muchas de las “mujeres calculadoras” contratadas se aficionaron a la ciencia y realizaron fantásticos descubrimientos:

Williamina Fleming, Mina o Sra. Fleming como solían llamarla, siendo empleada del hogar y contando sólo con estudios primarios, llegó a ser una de las principales mujeres astrónomo de fines del siglo XIX. También fue un ejemplo del talante de Pickering, que antepuso la eficiencia en el trabajo a los títulos académicos de sus colaboradores. Entre los logros de Fleming cabe citar el descubrimiento de las enanas blancas, de 10 novas, 52 nebulosas y centenares de estrellas variables y el estabecimiento de los primeros estándares fotográficos de magnitud usados para medir el brillo de las estrellas variables

Annie Jump Cannon  que estudió y catalogó nada menos que unos 225.000 espectros de diferentes estrellas y a partir de estos datos creó la base de la clasificación estelar actual de acuerdo a su luminosidad, convirtiéndose en la persona que más astros de este tipo ha catalogado en la historia.

Otras mujeres destacadas del grupo son Henrietta Swan Leavitt  que descubrió la relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas Cefeidas,  lo que ha permitido poder medir distancias en la galaxia, y Cecilia Payne-Gaposchkin que fue la primera mujer en doctorarse en Astronomía en Harvard y demostró que las estrellas estaban compuestas principalmente de hidrógeno, lo que supuso un gran cambio de paradigma en 1925, que muchos no quisieron aceptar.


Jocelyn Bell Burnell

Y finalmente tenemos el caso mas injusto de este grupo de mujeres, el de Jocelyn Bell. Cuando era estudiante de doctorado, observando con el radiotelescopio de Cavendish descubrió una señal periódica que se repetía cada 1,33 segundos, a la que de forma jocosa llamó “hombrecillo verde“. Su director de tesis A. Hewish,  no le dio importancia al principio, pero al observar la señal en el cielo de forma constante postuló que se trataba de un nuevo objeto

Efectivamente, se trataba de una estrella de neutrones pulsante, “pulsar” por lo que Hewish recibió el premio Nobel en 1974. Jocelyn que fue la que detectó el patrón regular de estos objetos, ni siquiera fue nombrada.

Pero muchos años antes otras mujeres astrónomas trabajaron en la comprensión del universo; mujeres olvidadas y ocultadas como Aglaonike, que en  el siglo II a.C. era una gran conocedora de la astronomía. Se le atribuye el cocimiento del año cíclico lunar “el saros“ un período caldeo de 223 lunas, tras el cual la Luna y la Tierra regresan aproximadamente a la misma posición en sus órbitas. Conocido desde hace miles de años, es una manera de predecir futuros eclipses. 

En aquella época no quisieron reconocer sus dotes para la matemática así que prefirieron pensar que tenía poderes sobrenaturales, pasando a la historia como visionaria más que como científica, a diferencia de Thales de Mileto que aunque también predijo elipses, pasó a la posteridad como científico o filósofo natural



Avanzando un poco más llegamos a una de las mujeres más respetadas en la antigüedad, Hypatia de Alejandría, hija del astrónomo Teón que destacó en las matemáticas y la astronomía y mejoró uno de los instrumentos que se usaban principalmente para el estudio del cielo: el astrolabio. 

Habría que esperar al S. X para la aparición de Fátima de Madrid, musulmana, hija de padre también astrónomo con el que colaboró. Juntos editaron y corrigieron las tablas astronómicas de al-Khwarizmi, ajustándolas al meridiano de Córdoba y situando el ‘Centro del Mundo’ en la capital del Califato, como referente para todos los cálculos. También trabajaron sobre calendarios, el cálculo de las posiciones verdaderas del Sol, la Luna y los planetas, tablas de senos y tangentes, astronomía esférica, tablas astrológicas, cálculos de paralaje, eclipses y visibilidad de la Luna. Su obra más destacada es "Las Correcciones de Fátima", donde realiza una revisión actualizada de los conocimientos existentes en su época.

A finales del siglo XVI y principios del XVII las mujeres empiezan a aparecer en la astronomía de forma muy significativa. La hermana de Tycho Brahe, Sophia Brahe  ayudó a su hermano  en el cálculo de eclipses y observaciones y Maria Cunizt, conocida como la Palas de Silesia, dedicó sus conocimientos matemáticos especialmente al estudio de la astronomía, revisando las tablas astronómicas y corrigiendo muchos de los errores que contenían


Maria Cunizt
Su principal obra “Urania propitia” escrita en alemán y latín, era una divulgación exhaustiva pero personalizada de las teorías de Kepler, donde planteaba soluciones y aportaba nuevas tablas matemáticas. Tampoco ella se libró de la intolerancia masculina y atribuyeron rápidamente la autoría de su libro a su marido, el cual se vio en la necesidad de desmentirlo.

En 1702, María Winckelmann Kirch descubrió un cometa que fue bautizado de forma original como “Cometa de 1702″. Sin embargo su trabajo no se limitó a esto si no que contribuyó con estudios sobre auroras boreales, conjunciones planetarias o la realización de calendarios de eventos astronómicos

Luchó por ingresar en la Academia de Berlín, que le negó el acceso aunque admitió a uno de sus hijos varones, quien en 1716 fue nombrado director del Observatorio de Berlín. María recibió la Medalla de Oro de la Academia Prusiana de las Ciencias en 1709.
También descubridoras fueron Caroline Herschel, la primera en darse cuenta de que el cielo está plagado de nebulosas , descubriendo 14 de ellas, al igual que descubrió cometas, realizó catálogos de estrellas y ayudó a su hermano Willian Herschel  en la construcción de sus inmensos telescopios para la época
En la China del S. XVIII, Wang Zhenvi  estudió los eclipses lunares investigando con modelos que construía en el jardín de su casa y escribió doce libros sobre astronomía y matemáticas. 

Y lejos de allí en Estados Unidos destaca la figura de Maria Mitchell, la primera astrónoma académica del país, además de ser la primera mujer que accedió a la Academia Americana de Artes y Ciencias y a la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias.

 
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Maria Assumpció Catalá i Poch

Y por último la matemática y astrónoma catalana Maria Assumpció Catalá i Poch que se convirtió desde 1971 en la primera mujer que ocupó un puesto de astrónoma profesional en la universidad española.

Quedan muchas mas, ocultas, silenciadas, ignoradas o tratadas en algunos casos tan despectivamente como las mujeres del harén de Pickering.








Fuentes: Wikipedia, Mujeres y astronomía  de Josefa Masegosa Gallego. Proyecto Pilar del AIA0. Conferencia titulada Astrónomas; un Universo desconocido. Josefina Ling en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo



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