lunes, 24 de enero de 2011

Elizabeth Eidenbenz.


El coraje de una mujer que sin tener una carrera de enfermera supo cuidar entre los años 1939 y 1944 a 597 bebes; unos 400 españoles hijos de exiliadas republicanas y 197 judíos y gitanos que huían de la invasión nazi


“Me llamaron y fui. No me lo pensé mucho. Ha sido una gran suerte poder hacer lo que había que hacer". E.E.

Elizabeth Eidenbenz, nacio en Zúrich, Suiza, el 12 de junio de 1913. Fundadora de la Maternidad de Elna, trabajó como maestra en diferentes colegios de Suiza y Dinamarca hasta que decidió integrarse en la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra.

Llegó a Madrid el 24 de abril de 1937 como voluntaria para ayudar a madres y niños durante la guerra civil española, formando parte de un envío de ayuda humana y material

Tras la caída de la república, los exiliados se tuvieron que refugiar en los campos franceses, las condiciones eran pésimas y el índice de mortalidad infantil se situaba en un 95% entre los recién nacidos, que llegaban al mundo en las caballerizas de Hares, cerca de Perpiñán. Los bebes introducidos en cajas de cartón eran devueltos junto a sus madres a los campos de concentración. El hospital  estaba saturado y la administración priorizaba a  heridos y enfermos por delante de las parturientas, debido a lo cual las  mujeres embarazadas estaban condenada a perder a su hijo o morir en el parto.

Elizabeth se dedicó a localizar y recoger a las embarazadas de los campos de internamiento  franceses, gestionando con las autoridades los permisos necesarios y los protocolos de actuación del personal de la maternidad en los campos. Así, y tras conseguir de una organización humanitaria los 30.000 francos suizos necesarios, convirtió un palacete abandonado, próximo a la localidad de Elna , junto al campo de Argelès-sur-Mer, en un hogar de maternidad en el que nació el primer niño el 7 de diciembre de 1939



El centro disponía de 50 camas, distribuidas por habitaciones de  4 y 8 camas cada una. De gran parte de las actividades se ocupaban voluntarias y refugiadas de los campos y utilizaba para los suministros los corredores sanitarios de  Cruz Roja Internacional que consistían principalmente en leche (condensada y polvo), chocolate, queso, conservas, harina, azúcar y arroz, además de biberones y medicinas. El resto procedía de colectas y ayuda humanitaria

La escuela de enfermería suiza enviaba dos o tres profesionales cada seis meses y se llego a atender una media  de  20 partos mensuales. Finalmente, Elizabeth consiguió salvar a 400 niños españoles y 200 judíos procedentes de Europa. En total casi 1200 personas, entre madres e hijos.

“En el campo había una madre que no tenía leche, y el niño lloraba de hambre día y noche. Cuando se agotaba de tanto llorar, se dormía, y ella le protegía con su cuerpo. Las mantas estaban todas mojadas de aquellos días tan duros de febrero. Cuando salía el sol, la madre enterraba al bebé en la arena para que ésta le sirviera de abrigo. Pero al cabo de unos días, el niño murió de hambre y frío. Yo estaba embarazada, y sólo de pensar que mi hijo nacería en aquel infierno, me desesperaba… Hasta que un día me encontré a la señorita Elisabeth; mejor dicho, ella me encontró a mí. Y me propuso ir a parir en una maternidad situada en Elna, en el Rosselló. El día que nació mi hijo en la sala de partos de la maternidad no pude reprimir las lágrimas. Todos pensaban que lloraba de emoción, sólo yo sabía que lo hacía por el niño enterrado en la arena de Argelers”, cuenta Mercè Doménech.
(Testimonio recogido en el libro La Maternidad de Elna de la escritora e historiadora Assumpta Montellà i Carlos ) 
 



La maternidad se mantenía gracias a donaciones voluntarias que llegaban de Europa, pero tras el comienzo de la II Guerra Mundial, los fondos disminuyeron y comenzaron a llegar refugiados de Francia y el resto de Europa,  principalmente mujeres judías que huían de la ocupación nazi

Por ello, la maternidad se vio obligada a tener que asociarse con la Cruz Roja y acatar la política de esta sobre neutralidad. Viendo que esto  impedía a la maternidad acoger refugiados políticos, sobre todo judíos, Elizabeth decidió falsear la identidad de gran parte de ellos

Falsificaba el registro e inscribía a sus hijos con nombres españoles para ocultárselos al nazismo, con riesgo para su libertad y su vida,  siendo hostigada por los nazis y detenida en varias ocasiones  por la GESTAPO.

Elizabeth se retiro a la población de Rekawinkel, a 30 km de Viena (Austria), donde a partir de 2002 le comenzó a llegar el reconocimiento a su labor, con la publicación de varios libros sobre su gesta y la concesión de varias distinciones individuales.

Entre ellas, destacan la Medalla de los Justos Entre las Naciones 2.002, máxima condecoración que entrega  el Estado de Israel a quienes salvaron vidas de judíos arriesgando la propia. Su nombre figura inscrito en piedra  en el  Museo Yad Vashem. Ha recibido la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social, la Cruz de San Jorge y la Legión de Honor.








Fuentes:  www.enciclopedia.cat; http://memoriadelexilio.wordpress.com y wikipedia

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