sábado, 22 de enero de 2011

Insustituibles o intercambiables ?

“Es una de las trampas que se le hacen a la paridad. Parece que los varones son insustituibles y las mujeres somos intercambiables”. Alicia Miyares


La participación política ha sido, desde el sufragismo del siglo XX, una reivindicación del movimiento feminista para eliminar la discriminación que supone su exclusión,  introduciendo la necesidad de cambios en las agendas electorales. En el año 1988, las mujeres socialistas lograron que se aprobará la cuota de un mínimo del 25% de representación de cualquier sexo en las candidaturas, aunque entonces no se garantizaba que esto se aplicase en los puestos de salida. 

Desde entonces el camino que hemos recorrido ha sido difícil pero todas hemos colaborado; unas desde el esfuerzo en las instituciones, otras, desde el movimiento feminista y las más desde su implicación como mujeres militantes. Y en este camino  ha sido necesario mantener constante nuestra reivindicación, porque la cuestión de la paridad no siempre ha sido comprendida y compartida por algunos compañeros, puesto que su aplicación supone desplazar a algunos de ellos de las listas electorales. 

A pesar de las dificultades, veintidós años después vemos que  la paridad, poco a poco, va siendo interiorizada por una amplia mayoría de nuestro partido, aunque su aplicación puede mostrar diferencias significativas. Se consideran listas paritarias aquellas en las que cada grupo de sexo no ocupa más del 60 por ciento de la candidatura ni menos del 40 por ciento, si bien desde el PSOE se apuesta por las llamadas 'listas cremallera' en las que hombre y mujer se van alternando a lo largo de la candidatura, llegando al 50 % de representación.

Ejemplos de estas dos maneras de entender la aplicación de la paridad los tenemos en dos agrupaciones socialistas que han elaborado  esta semana sus candidaturas municipales: Gijón y Avilés. La primera, encabezada por un hombre, ha aprobado una lista paritaria alternando un hombre y una mujer. La segunda, encabezada  por una mujer, se ha quedado en un porcentaje  del 60%-40% hombre-mujer en los puestos de salida, lejos de la idea de la lista cremallera. Ambas listas cumplen pero hay diferencias en cuanto que la balanza en los puestos de salida de la lista de Avilés se inclina hacia el lado masculino.



Como antes señalaba, este proceso de aplicación de la paridad no ha sido tranquilo y hemos visto alzarse voces contrarias al sistema de cuotas. En determinados sectores del poder lo que produce malestar no es sólo que se alternen hombres y mujeres, sino que esa alternancia sea obligatoria. Es decir que no sea discutible que los dirigentes de los partidos políticos pierdan parte de su control, de su cuota de poder, al verse obligados a incluir en lugares de salida a mujeres que tradicionalmente eran situadas en los últimos puestos de manera que, en la práctica, era casi imposible su elección. 

María Dolors Renau que fue secretaria de la Mujer en el PSOE y presidenta la Internacional Socialista de Mujeres señalaba hace unos años que "las ejecutivas de los partidos siguen dominadas por los hombres y las mujeres no hemos encontrado todavía la forma de apoyarnos entre nosotras para afianzar los liderazgos".


Pero mas allá de la cantidad, las cuotas también siguen reflejando problemas cualitativos. Según un estudio de Nuria Varela de 2005, sólo tres mujeres han disfrutado durante seis legislaturas del acta de diputadas. Son la excepción. El 60 por ciento de ellas sólo permanecen una legislatura en su cargo. Y es que según han ido aumentando las cuotas de representación femenina ha ido disminuyendo el tiempo que las mujeres permanecen en sus cargos. 

También Alicia Miyares ha profundizado en este tema y señala que a partir de la legislatura 1989-1993, cuando comienzan a implantarse las cuotas, según aumenta la presencia femenina disminuye el tiempo de permanencia de las mujeres en sus puestos. 

Según los resultados de su estudio, el promedio de años que los varones están en el Congreso es de dos legislaturas completas. Por el contrario, las mujeres no llegan a una y media. Aún más significativo es que el 20 por ciento de los varones permanecen tres o más legislaturas en sus escaños, mientras que sólo lo consiguen el 2,8 por ciento de las mujeres. 

Por ello si realmente queremos poner en marcha nuevas y mejores formulas de gobernanza, no podemos obviar la necesidad de establecer una democracia paritaria que reniegue de estas y otras trampas del actual modelo y que dignifique el papel de las mujeres en los cargos políticos.
Nuestra democracia debe feminizar sus estructuras y sus propuestas y para ello debe garantizar la mitad del poder como respuesta a la representación paritaria de la sociedad, para hacer posible otra política. Y esta paridad ha de ir acompañada de una permanente feminización de la política y de la manera de practicarla. Pero de eso hablaremos otro día… y mientras tanto me quedo con esta sabia frase de nuestra querida Amelia Valcarcel

"La igualdad entre géneros llegará cuando las mujeres puedan cometer los mismos errores que los hombres y no se las insulte por ello






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