jueves, 31 de marzo de 2011

Federica Montseny Mañé.

"Una mujer de voluntad de roca, que no se tuerce, y de carácter de hierro, que no se rompe". Así se definió a sí misma esta tenaz luchadora. La primera mujer ministra de España y de Europa occidental que ha pasado a la historia porque su ministerio promovió una ley del aborto y creó unos centros de atención a las prostitutas, donde se les ofrecía alojamiento y se les enseñaba un oficio.


Nació en Madrid el 12 de febrero de 1905 a causa del destierro sufrido por sus padres tras el Proceso de Montjuïc en 1898. Su padre fue el famoso publicista anarquista Juan Montseny ( Federico Urales) y su madre Teresa Mañé, (Soledad Gustavo), abanderada del feminismo libertario español. Ambos eran escritores, propagandistas anarquistas y fundadores de las publicaciones "La revista blanca" y "Tierra y libertad".

Federica fue la pequeña y cuarta hija del matrimonio. La precedieron tres hermanos, dos chicas y un chico. Siendo muy jóvenes, murieron su hermano y una de sus hermanas. A pesar de las dificultades por las que tuvo que pasar su familia, Federica reconocería que su infancia fue feliz. Su madre, maestra titulada, les enseñaba a leer y escribir según sus criterios ideológicos en contacto con la naturaleza. Las normas son estrictas, la higiene corporal y la gimnasia requeridas. La enseñanza iba acompañada de largos paseos campestres durante los cuales se realizaban prácticas de botánica y geología. Federica gozaba de libertad para acceder a la biblioteca familiar y ella misma escogía sus lecturas. Poco a poco se va impregnando de la moral libertaria que rige la casa familiar.

En 1913 los Montseny son de nuevo desterrados, abandonando Madrid e instalándose en las afueras de Barcelona, en Horta concretamente. Pasados los años de adolescencia, Federica comienza a asistir a unos cursos de la Facultad de Letras de la Universidad de Barcelona y a una escuela de idiomas mientras ayuda a sus padres en la edición editorial.

ECon 18 años ya defendía claramente el anarquismo, edad a la que publicó su primer artículo en Solidaridad Obrera. Desde entonces no paró de escribir colaborando frecuentemente con La Revista Blanca y en sus colecciones de narrativa La Novela Ideal y Voluntad. Durante la dictadura de Primo de Rivera escribió tres novelas centradas en la emancipación femenina,  su primera novela en 1927, titulada 'La Victoria'. En ella plantea la liberación de la mujer renunciando a formar una pareja. Escribió una segunda parte titulada 'El Hijo de Clara'(1929), donde mantiene la opinión de renuncia al hombre, pero no al hijo. En estos años Federica escribe innumerables novelas cortas, que se publicaran en 'La Novela Ideal' o en 'La Novela Libre'.

Se afilió a la CNT y al Sindicato de Intelectuales y Profesiones Liberales de Barcelona, desde donde desarrolló una larga y profunda campaña de denuncia de la situación de la clase obrera. Sus conferencias en los Ateneos y Sindicatos se contabilizan por cientos. Ya entonces defendía la igualdad entre sexos dentro de una sociedad sin Estado ni capital. Se desmarcaba de las feministas de su época que solo pretendían un reconocimiento político de la mujer en la sociedad capitalista.

Las batallas juveniles de Federica Montseny oscilaron entre el ámbito doméstico, donde perseguía en la vida cotidiana un trato igualitario con los hombres y romper con la tradicional postergación de la mujer, y el público, donde se volcó a través de la labor editorial de sus padres a publicitar a través de revistas y libros las ideas libertarias. "El grupo de anarquistas en el que creció constituía una suerte de gran familia, donde había fuertes afinidades entre padres y hermanos y amigos y correligionarios.

Teresa Claramúnt llego a tener una gran importancia para Federica Montseny, una obrera tejedora muy próxima a su familia y que había sido una activa luchadora en las filas sindicales y que murió al llegar la República. "No es que creyera en el sindicalismo, pero actuó en ese medio. Entendió que debía ocupar el lugar que había dejado su amiga y apoyó la insurrección y las conquistas de los anarquistas".

Durante una de sus visitas a su padre en la cárcel, conoció a un compañero también detenido, Germinal Egleas. En 1930 unirían sus vidas y en 1933 nace su primera hija, una niña bautizada con el nombre de Vida.



Los años de la República son años de gran agitación social en los que Federica se convierte en una de las personalidades libertarias más importantes. Sus intervenciones se multiplican, sus artículos se leen con pasión y sus discusiones con otros libertarios son seguidas con gran interés. El estallido de la guerra como consecuencia de la sublevación militar, lanza a Federica a un activismo que no decayó en ningún momento hasta el final de sus días. A comienzos de julio de 1936 ingresa en la FAI (Federación Anarquista Ibérica), donde ocuparía rápidamente puestos de responsabilidad en el Comité Peninsular.

Entre los meses de noviembre de 1936 y mayo de 1937, Federica se hizo cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el gobierno del socialista Francisco Largo Caballero. Muchas fueron las discusiones en el seno del movimiento libertario antes de tomar una decisión, que finalmente fue positiva, junto a sus otros tres compañeros que ocuparían el resto de carteras ministeriales y se convierte así en la primera mujer que alcanza un cargo ministerial en la historia de Europa. Su labor en el gobierno se vio limitada por la corta duración de su mandato. Sin embargo, en pocos meses planeó lugares de acogida para la infancia, comedores para embarazadas, una lista de profesiones ejercidas por personas discapacitadas y el primer proyecto de ley del aborto en España. Prácticamente ninguno de sus proyectos llegó a ejecutarse. Su proyecto de ley del aborto recibió la oposición de otros ministros del gobierno y se dejó de lado cuando Federica salió del gobierno en el mes de mayo de 1937 con la dimisión del gobierno de Largo Caballero y por consiguiente de los ministros libertarios, como consecuencia de los sucesos de mayo en Barcelona.

Federica vuelve a sus ocupaciones anteriores en el Comité Nacional de la CNT. Al igual que hizo siendo ministra, regresó a Madrid a pesar de recibir órdenes de establecerse en Valencia. Se estableció en el Ministerio de la Guerra, junto al General Miaja y Margarita Nelken, donde permaneció en los sótanos del edificio. Recorría las trincheras y animaba al pueblo de Madrid a resistir ante el ejército rebelde a  través la radio.

En 1938, presidió el 1er comité de enlace CNT-UGT y fue la responsable del Departamento de Sanidad de la Comisión de Batallones de Voluntarios. Defendió el POUM de las acusaciones de traición hechas por parte de los dirigentes del PSUC y el PCE. También intercedió entre las disputas armadas entre el PSUC y militantes de CNT por el control del edificio de Telefónica en Barcelona. 





En febrero de 1939 escapa hacia la frontera francesa con sus dos hijos y su madre enferma, la cual moriría nada más pasar la frontera. Su padre, Federico Urales, es encerrado en la cárcel, al declararse anarquista y su compañero Germinal Egleas, es internado en un campo de concentración. Federica consigue sacar a su padre de la cárcel e internarle en una residencia de ancianos. 

Después de infinidad de peripecias, logra reunirse la familia, pero las autoridades colaboracionistas francesas la someten a juicio para responder a la petición de extradición del gobierno español. Se salva de ella al estar esperando un hijo, una niña a la que llamará Blanca. Instalada definitivamente en Toulouse, como tantos exiliados españoles, siguió trabajando por sus ideales, publicando y dirigiendo periódicos como 'Espoir'.

Tras la muerte de Franco y después de la legalización de la CNT, volvió esporádicamente a España y  nunca renunció a sus ideales anarquistas. En 1987 publicó el libro autobiográfico "Mis primeros cuarenta años" que narra el periodo de su vida comprendido desde su nacimiento hasta el final de la II Guerra Mundial. En el, habla de sí misma y de sus compañeros y compañeras, que encarnan a miles de luchadores anónimos, sin los cuales no se hubiera podido escribir y realizar la primera revolución genuinamente popular que el mundo moderno ha conocido y que se llevó a cabo durante la Guerra Civil Española.

Federica falleció el 14 de enero de 1994 en Toulouse, Francia, dejandonos una gestión política que se adelantó casi un siglo a las políticas sociales actuales.








lunes, 28 de marzo de 2011

Virginia Woolf.


Un 28 de marzo de 1941, hace hoy 70 años, fallecía Adeline Virginia Stephen, mas conocida como Virgina Woolf. Considerada una de las figuras literarias más importantes del siglo XX, en sus obras experimentó con la corriente de pensamiento y lo psicológico subyacente así como con los motivos emocionales de los personajes.




Nacida en Londres en 1882, su padre fue Leslie Stephen, novelista, historiador, ensayista, biógrafo y fundador del Diccionario Nacional de Biografías. Su madre, Julia Jackson Duckworth, era miembro de una familia de editores y  una belleza famosa. 

Julia era la segunda esposa de su padre, y  también había estado casada anteriormente, por lo que en el hogar habia hijos de tres matrimonios.

Leslie tenía una hija de su primera esposa, Minny: Laura, que fue declarada mentalmente incapaz y vivió con la familia hasta que fue ingresada en un psiquiátrico en 1891 y Julia tenia otros tres  hijos de su primer marido, H. Duckworth: George, Stella  y Gerald. 

Virginia tuvo otros tres hermanos, Toby, Vanessa y Adrian, quienes, en sus juegos, llamaban a Virginia "la cabra", presumiblemente de una manera afectuosa. 

Ni su hermana ni ella asistieron a colegio alguno,  estudiaban en casa por la mañana: pintura, griego, historia…, pero las tardes debían estar dedicadas a las  "ocupaciones femeninas" consideradas en aquella época como lo eran el servir el té o ser amables con las visitas que frecuentaban su casa, de costumbres tan refinadamente burguesas. 

Por esta razón, y en cuanto a los estudios se refiere, las hijas fueron realmente "sacrificadas" a los varones como, por otra parte, era norma en la sociedad de ese tiempo. Sin embargo, tuvieron acceso al grupo de amigos que Toby, estudiante ya en el Trinity Collage de Cambridge, traería a casa.


A Virginia se le dio derecho a usar la biblioteca de su padre. Las horas que dedicó a la lectura fueron su verdadera educación, en cierta medida, una sustitución de los cursos universitarios de los que fue rechazada debido a su sexo.


Virginia con Julia, su madre


























La carrera de escritora de Virginia Woolf debería decirse que empezó cuando ella tenía nueve años y comenzó con un diario semanal, "The Hyde Park Gate New" haciendo crónicas de acontecimientos familiares en su casa de Kensington y en Talland House en St. Ives, Cornwall, donde pasaban sus veranos desde 1882 hasta 1894. Entre los invitados estaban incluidos, junto a los miembros de la familia, un gran número de amigos de su padre: George Meredith, Ralph Waldo Emerson, James Russell Lowell y Henry James. 

En uno de sus primeros escritos se refiere a una excursión a un faro cercano, ya que: "había una marea y viento perfectos para ir allí". Cornwall fue el edén de su juventud, un paraíso inolvidable. 

La muerte de su madre, el 5 de mayo de 1895, cuando ella tenía trece años de edad, y la de su medio hermana Stella dos años después, quien había tomado las riendas del hogar familiar tras la muerte de Julia Stephen, pero abandonó la casa paterna para casarse con Jack Hills y falleció durante la luna de miel, a causa de una peritonitis, quiebran este paraíso.

Años después, la muerte de su padre por cáncer, en 1904 provocó que la escritora empezara a sufrir serios estados anímicos depresivos que se hicieron crónicos, y que con frecuencia variaban del júbilo a la tristeza, teniendo que ser ingresada. Sus crisis nerviosas y posteriores períodos recurrentes de depresión, pudieron estar  también influidos por los abusos deshonestos que ella y su hermana Vanessa padecieron a manos de sus medio hermanos George y Gerald Duckworth (que Woolf recuerda en sus ensayos autobiográficos).

La muerte del padre, fuerza a los hermanos a abandonar la casa de Hyde Park Gate, por ser gravosa, para trasladarse al 46 de Gordon Square, en el barrio de Bloomsbury, en donde Toby organizaría unas interesantes veladas a las que asistirían sus amigos Leonard Wolf y Clive Bell, ambos casados posteriormente con las dos hermanas, además de Lytton Strachey, y a las que poco a poco se fueron incorporando personajes que luego fueron importantes, como el escritor E.M. Foster, el economista J.M. Keynes, los filósofos Bertrand Russell y Ludwing Wittgenstein, Duncan Grant, Roger Fry, Gerald Brennan, la pintora Dora Carringto, entre otros.

Virginia con su hermana
Desde los 15 años, Virginia se estuvo entrenando para convertirse en una escritora profesional, apuntando anotaciones diarias, en las cuales describía  sus actividades rutinarias y a sus conocidos. Siete de estos diarios que continuo escribiendo hasta 1909, han sido publicados bajo el título "A Passionate Apprentice ". 

En una de sus anotaciones últimas, ella declara que intenta con su escritura “alcanzar una simetría mediante la significación de las discordias infinitas, enseñando todos los vestigios del camino de una mente enferma a través del mundo ... ".  
En 1905, empezó a escribir críticas para "The Times Literary Supplement" y lo siguió haciendo el resto de su vida. 

A finales de ese mismo año fue invitada a dar clases en Morley College (un instituto para mujeres y hombres de la clase trabajadora). Hasta 1907 enseñó literatura e historia inglesa esporadicamente.
 
Una vez más, en 1906, le golpeó un desastre: su hermano Thoby, recién graduado en Cambridge, trás un viaje a Grecia, contrae el tifus, falleciendo poco después acontecimiento que provocó en Virginia un nuevo shock mental. A los pocos días, Vanessa anunció su compromiso matrimonial con Clive Bell. 

En 1912, a pesar de sus dudas sobre el matrimonio, se casó con el economista Leonard S. Woolf, del que se hizo amiga durante las charlas intelectuales del grupo Bloomsbury. Leonard, al volver de su puesto en los servicios civiles en Ceylon, se enamoró de ella y le pidió la mano en enero de 1912. 

Por mayo, y a pesar de sus dudas sobre su disposición para el matrimonio, aceptó al judío sin un penique tal y como lo describe a su amiga Violet Dickinson. " Esta fue la decisión más sabia de su vida", según su sobrino. 

Este fue el comienzo de una relación singular a la cual Leonard Woolf dedicó toda su comprensión y devoción. En la primavera de 1913, la novela " The Voyage Out " fue acabada. En 1915 escribió su primer libro, titulado "Viaje de ida" y cuatro años más tarde apareció su novela "Noche y día", de estilo realista y donde confrontaba la soledad e incomunicación de dos amigas, Katherine y Mary.
 

Virginia y Leonard

En 1917, Leonard Woolf montó una publicación propia en Hogarth House. Ambos aprendieron a usar una imprenta y, con el tiempo, dirigieron el crecimiento de una pequeña pero distinguida empresa de publicación, The Hogarth Press, siendo Leonard Woolf su director hasta su muerte.

En 1922 publica "La habitación de Jacob," basada en la vida de su hermano Thoby y, ese mismo año Clive Bell le presenta a la escritora Vita Sackville-West, esposa de Harold Nicolson. 

Virginia y Vita comenzaron una relación sexual que duró la mayor parte de los años 1920. En 1928 le regalo su obra "Orlando", considerada por el hijo de Vita como "la carta de amor mas larga y encantadora de la literatura". Tras acabar su romance, las dos mujeres siguieron siendo amigas hasta su muerte en 1941.



En junio de 1924, comenzó la novela: "Mrs. Dalloway " a la que le siguió una obra de ficción muy diferente. 

Durante un tiempo, Woolf se sintió estancada con la escritura de un libro llamado "The Months", finalmente titulado  "The Waves". Fue su obra más difícil y, en la opinión de Leonard Woolf, la mejor. Compuesta por solilógnios de seis amigos quienes revelan sus vidas a través de los años, The Times Literary Supplement lo consideró una experiencia técnica admirable, pero con un sentido de vacío. Otros críticos han sido más explícitos en sus críticas negativas. Justo antes, Woolf había concluido con el trabajo más asociado a sus opiniones sobre crítica feminista. 

" A Room of One's Own ", empezó como lecciones que leía en Cambridge, en 1928. Como prefacio, cuenta con la historia de cómo, por ser mujer, ha sido expulsada de las bibliotecas universitarias. Además describe las barreras que han de superar las mujeres escritoras. Concluye que para alcanzar la libertad intelectual se debe tener una fuente económica y una habitación propia. 




"The Years " la última novela publicada en vida de Woolf, es la historia de la familia Pargiter, tomada desde 1880 hasta el presente. A pesar que los personajes y la trama  son  evitadas ( el tiempo en sí mismo es el principal protagonista ), su narración sin dobleces ( principalmente en la forma de los diálogos ) parece ser un retroceso del estilo el cual ella ha estado forjando. Su marido, como siempre su crítico final, estaba en desacuerdo.
Tras escribir "Las olas" la calidad de sus obras disminuyeron, tal vez debido a sus crisis de ansiedad. En el periodo entre-guerras, como en otras épocas de su vida, Virginia permaneció en casas de reposo (los psiquiátricos de la época) para paliar sus problemas mentales.

Familia y tiempo son, otra vez  más, el centro de la última novela de Woolf, " Betweenthe Acts ", completada un mes ante de su muerte y que se tendría que haber titulado: "Pointz Hall'. Aquí, se narra el transcurso de un día de verano, una familia inglesa y sus invitados se reúnen en la gran casa esperando las festividades del pueblo. La escena y la " acción " se ponen de manifiesto en el curso de los diálogos interiores de los miembros de la familia.

Virginia, una vez finalizado el manuscrito de su novela póstuma, padeció una nueva depresión y tras  el estallido de la II Guerra Mundial, la destrucción de su casa de Londres y la fría acogida que tuvo su biografía, empeoró su condición de tal manera que se vio incapaz de trabajar.  

El día 28 de marzo de 1941, por la mañana, la escritora se deslizó en el río Ouse -Condado de Sussex- con un buen puñado de piedras en los bolsillos con el fin de no fallar en su nuevo intento de suicidio. Era un día frío y luminoso. Había dejado dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.


"Querido:


Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.
V.

Su cuerpo no fue encontrado hasta el día 18 de abril y su esposo enterró sus restos incinerados bajo un árbol en Sussex. 


Virginia escribió una serie de ensayos en torno de la condición de la mujer, en los que resalto la construcción social de la identidad femenina y reivindicó el papel de la mujer escritora. 

El interés de Virginia por el feminismo y los derechos de las mujeres se trasladó a su novela "Una habitación propia", que trata de los obstáculos y prejuicios que deben superar las mujeres escritoras, y avanza la posibilidad de una mente andrógina en un cuerpo de mujer. Virginia era una mujer libre en su pensamiento como en sus actos, con hábitos y costumbres de avanzada para su época. Ella sostuvo las bases del feminismo desde su rol como escritora y pensadora, como se puede apreciar muy bien en el libro Tres Guineas. 

En un párrafo de un escrito  Ximena Bedregal, dice: 

En 1935 la escritora feminista inglesa Virginia Woolf recibe una carta de un prominente señor que no quería las guerras. (La civil española, en curso; y la segunda mundial ya en puertas). En esa carta le pide tres cosas y le hace una pregunta. La primera solicitud es firmar una carta dirigida a los periódicos, la segunda es ingresar a cierta sociedad antibélica y la tercera es contribuir con fondos para dicha sociedad. La pregunta que le hace es ¿cómo cree usted, en su opinión, que se podría parar la guerra?.

Virginia califica la carta como “notable, quizá la única en la historia de la correspondencia”, ya que “¿Cuándo se ha dado el caso que un hombre culto -próspero abogado, con las sienes ya un tanto grises- pregunte a una mujer cuál es la manera, en su opinión, de parar la guerra?”. Responder a la misiva le llevó a la autora tres años de su vida y no porque hubiera sido lenta para escribir o pensar sino porque Woolf, absolutamente consciente de su ser mujer, se para en y desde ese lugar para pensar, investigar y elaborar una respuesta en profundidad que le llevó más de mil cuartillas a máquina y que hoy se conoce como el libro Tres Guineas.

Por 1930, algunos críticos habían empezado a desestimar a Woolf como irrelevante, demasiado distante de su asuntos contemporáneos y sus responsabilidades con causas sociales izquierdistas/liberales: sufragio de mujeres, pacifismo y anti-fascismo.

Si bien la reputación de Woolf declinó después de la II Guerra Mundial, su eminencia fue restablecida con el auge de la crítica feminista en los años 1970 que ha sugerido que el enfado a la dominación masculina está en el corazón de su escritura. Virginia y su marido, rechazaron  la Companion of Honor en 1935. Ella rechazó muchos premios académicos pero aceptó el premio Femina-Vie Heureuse en 1938. 



Fuentes: Wikipedia; Teresa López Rodríguez Universitat de València Press: solomujer.


sábado, 19 de marzo de 2011

Christine de Pisan.

Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados... Yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter...


Christine de Pisan (Venecia 1364- Seine-et-Oise 1430) está considerada la primera escritora profesional y la primera feminista de la historia. Fue una Humanista que como escritora y filósofa abogó por los derechos de la mujer y recibió dinero por sus obras que se ve obligada a escribir y vender tras enviudar con tan sólo veinticinco años y con tres hijos, su madre y una sobrina a las que cuidar.

A los cuatro año de edad se mudó con su familia  a la corte del rey Carlos V de Francia, porque su padre fue contratado como médico y astrólogo del rey. Su padre, profesor de la Universidad de Bologna, estimuló su interés por  la lectura y la introdujo en las nuevas ideas italianas, el Humanismo. Accedió así a una gran  gran biblioteca donde se formó de manera autodidacta. Su padre se preocupó personalmente de su formación, en contra de la opinión de su madre quien prefería instruirla en las labores del hogar, por otra parte, lo normal para una mujer de su tiempo.

Pasó su infancia en la corte del rey Carlos V de Francia de quien posteriormente escribió su biografía. Christine tuvo a su disposición en la corte tutores privados en un ambiente humanista que invitaba a ello, rico en nuevas ideas. Hablaba italiano-lengua materna- además de latín y francés, el elegido para escribir sus obras.

Con quince años se casa con un joven noble, Etienne du Castel notario del Rey, del que enviudará diez años después, cuando éste muere a causa de la peste. Tras esta desgraciada contrariedad,  y una mala pasada de un conocido, pierde parte de su patrimonio que le llevó a pasar  varios años pleiteando para recuperar su herencia.  Sus primeros escritos son baladas amorosas, tema que cambia con la muerte de su marido, cuando se centrará en el dolor y la soledad que le ha producido su muerte.

Con el paso de los años, Christine amplía el tema de sus obras, donde incluye aspectos filosóficos, políticos, mitológicos, de amor cortés, y fue a partir de 1399 cuando comienza a escribir sobre los derechos de las mujeres, obras que hoy en día siguen sorprendiendo por su actualidad. 

Las obras en prosa defendiendo a las mujeres frente a las calumnias de Jean de Meung en el Roman de la Rose incluyen Epístola al dios del amor, que fue escrita para oponerse a las actitudes cortesanas con respecto al amor, y La ciudad de las damas, una relación de las hazañas heroicas de las mujeres. Sus poemas se organizan en colecciones que siguen una trama narrativa, muchos de los cuales están extraídos directamente de su experiencia personal como Seulette suy et seulette vueil estr (Solita estoy y solita quiero estar).
Instruyendo a su hijo
Mujer de una valentía y convicción  fuera de lo común  no dudo en enfrentarse a eruditos, políticos y militares, denunciando abusos y corrupción. Estuvo implicada en la primera polémica literaria francesa, con lo que algunos consideran un rudimentario manifiesto de movimiento feminista. 

Así, la Epístola al Dios de Amores 1399, y su Dicho de la Rosa 1402, critican la segunda parte del Roman de la Rose escrita por Jean de Meung que había provocado un considerable revuelo entre la intelectualidad de la época.

Tampoco dudó en opinar sobre política en la Epístola a la reina Isabel, y sobre la justicia militar en el Libro de los hechos de armas y de caballería. En 1400, escribe dos ensayos sobre el sentido del amor cortés: "Dechado de Poissy" y "Debate de los dos amantes". En ellas se planteó el papel de la mujer en las composiciones poéticas y cómo éstas le afectaban. 

Es en "La ciudad de las damas", escrita en 1405, la más importante de sus obras,  donde clamó contra el sistema misógino y a favor de los derechos de las mujeres. 

En la obra, tres personajes alegóricos femeninos, la Razón, la Rectitud y la Justicia, refutan los argumentos misóginos considerándolos “arbitrarias ideas prefabricadas”. La autora, desde su Alter-ego, Christine, avasallada por su género tan detractado por las mentes más brillantes y eruditas de su época se cuestiona como sobrellevar esta carga:

“En mi locura me desesperaba el que Dios me hubiese hecho nacer en un cuerpo femenino”.

Ilustración de La Ciudad de las Damas

Con esta perspectiva, dio un impulso definitivo a lo que en el Renacimiento se dio en llamar Querella de las mujeres, debate histórico que comienza en la Edad Media pero que continúa hasta épocas posteriores, que trata sobre la naturaleza, posición y esencia de la mujer, determinando el lugar que ésta debía ocupar en la sociedad y la familia.

En la Querella, participaron mujeres, pensadoras, intelectuales, que rechazaron las teorías que situaban por cuestiones biológicas a la mujer por debajo del hombre quien suponía la perfección máxima de la Naturaleza. Así rechazaron ideas extendidas en los círculos médicos que aseguraban, por ejemplo, que la mujer no era más que un varón, pero un varón imperfecto. Como su naturaleza era fría y húmeda, no consigue la cocción completa y sus resultados se quedan a mitad de camino respecto a los del hombre. De esta manera explicaban que el pene hacia fuera era la perfección frente a la vagina, que por defecto ha quedado dentro o que el cerebro y por tanto las capacidades femeninas fueran menores-o incluso nulas- respecto a las masculinas.

En la defensa de sus posiciones, Christine de Pisan  recibió el apoyo de  muchos señores y damas de la Europa medieval, incluyendo la Baya, Brabant y Limburg, los Duques de Burgundy o el rey Carlos VI. Christine buscó el apoyo para la causa de las mujeres en otra mujer, Isabel de Baviera, pero incluso  así encontramos en sus palabras rasgos de sentimiento de inferioridad que demuestran lo difícil de abrirse paso en el campo de las letras:
“Empujada por la verdad...mi reducida inteligencia ha querido y quiere emplearse como se ve aquí y en otros escritos míos, en luchar contra los que son hostiles y que las acusan. Suplico con humildad a Vuestra Majestad quiera confiar en mis justas razones y permitirme decir otras más, si puedo, aun cuando no sepa desarrollarlas en una lengua tan hábil como otros”


Presentando su libro a Isabel de Baviera

Como réplica a sus numerosos detractores dejó su autobiografía, "La visión de Christine"  (1405). Una de sus últimas obras es "Canción en honor de Juana de Arco" (1429) para celebrar el triunfo de Juana comandando los ejércitos franceses frente a los ingleses, escrita ya en el Monasterio de Poissy donde decidió terminar sus días.

Hoy en día, Christine de Pisan, está considerada como la precursora del movimiento a favor de las mujeres. Con sus obras y su creciente popularidad, intentó llevar a primera plana el problema de discriminación que sufrían las mujeres en las sociedades medievales.






Fuentes:Ana Molina Reguilón;rosadeinfinitosvientos.spaces.live.com/blog



sábado, 12 de marzo de 2011

Rosa Sensat i Vila


Una de las personas más significadas del movimiento de renovación pedagógica catalán del primer tercio de siglo, de aquel magisterio que se comprometió a hacer una tarea de profunda regeneración social a través de la educación activa.

Rosa Sensat i Vila  nace en El Masnou en 1873, hija de Jaime Sensat Maristany  y de Josefa Villa y Riera, bordadora. Cuando tenía nueve años murió su padre y para poder subsistir, su madre que se encontraba embarazada, la abuela y ella misma se dedicaron con éxito a hacer bordados y encajes de bolillos. 

Así, a los doce años se pudo matricular en el Colegio Barcelonès y preparar los exámenes de la Escuela Normal. Como no tenía donde alojarse en Barcelona, ​​la directora del prestigioso colegio, Ángela Vallès, hizo una excepción y la aceptó en su casa. De esta manera, se convirtió en su maestra, mentora y, más tarde, en su suegra. 

A los quince años Rosa Sensat ya ejercía de maestra en El Masnou. Estudió en la Escuela Central de Magisterio en Madrid, y luego en el Instituto Jean-Jacques Rousseau de Ginebra, para aprender de las nuevas ideas pedagógicas de varias escuelas de Europa. Tras sacar un par de oposiciones, ocupa la Plaza de la escuela de Parvulos en Girona. También fue parvulista en Madrid, donde amplió estudios y entró en contacto con la Institución Libre de Enseñanza.  

Tras obtener el título de maestra normal, consiguió por oposición una plaza en la Escuela Normal de Alicante, a donde se traslada en 1901 y dos años mas tarde se casa con David Ferrer. Ejerció como profesora de ciencias hasta que, al saberse embarazada, renunció a su categoría y pidió el traslado a una escuela pública de niñas de Barcelona donde en 1904 nació su hija Àngels Ferrer i Sensat. Una vez en Cataluña desarrolló una importante labor a nivel de divulgación de las nuevas corrientes y experiencias. En cuanto a su actuación como maestra, cabe señalar la dirección de la Escuela del Bosque del Ayuntamiento de Barcelona (1.914-30) y la del Grupo Escolar Milá y Fontanals del Patronato Escolar (1930-39).

Rosa Sensat dirigió la sección de niñas de la Escuela de Bosque del Ayuntamiento de Barcelona, que fue  una de las obras pedagógicas más exitosas de Sensat. La Escuela de Bosque nació de la positiva obsesión higienista del movimiento de la Escuela Nueva, promovida en 1910 por los concejales Pedro Corones i Ignasi Iglesias. Era una escuela al aire libre, al modo de la creada en 1904 por el médico alemán Baginsky. En 1914 abría las puertas y se convertía así la primera escuela activa pública de Cataluña en la que Rosa puso toda su experiencia, su amplia formación pedagógica y su gran sentido práctico al servicio de la empresa, nada fácil, de hacer una escuela en pleno aire libre.

Fue maestra en Poblenou y la Diagonal, donde escribió un diario de clase que expresa un gran entusiasmo por la educación. Nos describe iniciativas totalmente innovadoras al inicio del siglo XX, como hacer salidas escolares con las alumnas o limitar el tiempo empleado en la realización de labores de aguja, para dedicarlo al estudio de la naturaleza y hacer prácticas de tipo experimental. Entre sus anhelos destacan la necesidad de crear un ambiente escolar amable, similar al de un hogar, y favorecer el crecimiento personal de las niñas, así como avivar su sentimiento de dignidad para que se conviertan en mujeres "en el más elevado sentido de la palabra”.

Participó en diversos congresos: I Congreso Nacional de Enseñanza Primaria (1909), en Barcelona, III Congreso Internacional de Enseignement ménageries (París, 1922) y en el Congreso de Écoles Nouvelles (Niza, 1932). 

Sensat desarrolló una intensa labor de educadora de la mujer, tarea que entroncaba con la corriente del feminismo catalán iniciado el cambio de siglo. Su feminismo es heredero de los planteamientos conservadores de Dolors Monserdà, impregnado de un sentido de acción social, de una intervención clara en los conflictos inmediatos, pero de manera deliberadamente alejada de la política


Esta intervención social se traducirá en acciones de promoción de la mujer, especialmente de la mujer obrera. La situación del proletariado femenino era, en aquella época, bastante estremecedora para justificar suficientemente la acción de estas feministas de clase media. Ella conocía muy bien esta situación, que era la de la mayoría de las alumnas de la Escuela de Bosque y de sus familias. 

Para ella las desigualdades entre sexos, la explotación de la mujer obrera y su promoción tenía un objetivo claro,  proporcionar a las mujeres, a través  de la educación, los conocimientos necesarios para convertirse en una mujer nueva. Para Sensat el problema feminista es un problema de educación y así lo expuso en 1916  en una Conferencia pronunciada durante el curso sobre «Educación femenina» en el Ateneo de Barcelona, donde también intervinieron Carme Karr, Leonor Serrano, Maria Domènech, Maria Baldó i Dolors Monserdà.

Quizás Sensat es quien concreta y encarna mejor la pedagogía de las feministas de ese  primer tercio de siglo. Un feminismo que intentaba realizar su revolución sin desafiar demasiado el sistema.  Pretendían llevar a cabo una misión imposible como era conseguir la igualdad de la mujer sin renunciar a la concepción de la familia vigente entre la burguesía y las clases medias catalanas. 

 

Sensat, desde su feminismo quiere conjugar los viejos y los nuevos valores, la tradición y la modernidad. Así, sin abandonar la lucha por las conquistas de la igualdad y de la liberación, considera que la mujer debe recuperar su rol natural, especialmente dañado por las condiciones del trabajo a que ha sido sometida la mujer proletaria. Su propuesta es formar una mujer nueva, culta, activa y socialmente comprometida y al mismo tiempo, buena madre de familia. Es necesario contextualizar esta propuesta y el progresismo  que suponía dentro de la sociedad de la época. Cabe señalar que intelectuales como Joan Maragall utilizan el análisis de la crisis de la educación familiar para mantener actitudes de un antifeminismo exacerbado.

Para Sensat la conclusión del análisis es que hay que educar a la mujer para ciudadana y para madre de ciudadanos. Las feministas de la tercera generación como Carme Karr, Leonor Serrano y Rosa, rompen el esquema apolítico de la conservadora Monserdà y así, a través de la educación escolar, creen que hay que forjar una nueva mujer comprometida social y políticamente.

Pero la gran obra del feminismo pedagógico de Rosa Sensat es el Instituto de Cultura y Biblioteca Popular de la Mujer, creado en 1908 por Francesca Bonnemaison, del cual fue secretaria y animadora. Ella condujo el proyecto de la fundadora y lo puso al servicio de enseñanzas nuevas que abrieran puestos de trabajo a la mujer. 

El Instituto era una institución compleja, la casa de las nuevas mujeres, a las que proporcionaba los medios para satisfacer necesidades de formación, cultura y ocio. Era una obra feminista hecha por mujeres y para mujeres, con todas las connotaciones y contradicciones del feminismo catalán del primer tercio de siglo: por un lado quería hacer nuevas mujeres emancipadas y por la otra se dirigía a las obreras en la línea regeneracionista y proteccionista del catolicismo social de la época.

En el año 1939, preocupada por la victoria de  Franco en la Guerra civil española, Rosa se jubila dejándonos como legado una trayectoria personal y profesional marcada por haberse anticipado y propugnado unos principios educativos, una pedagogía activa, viva, participativa, alegre, que ponga en el centro la propia experiencia de descubrimiento de quien realiza el proceso de aprendizaje, desde una escuela laica, abierta y co-educativa, a principios del siglo XX.

Rosa Sensat falleció en Barcelona, en 1961 y cuatro años después, en su honor, fue establecida la Escuela de Maestros Rosa Sensat.










Fuentes: Rosa Sensat - © Fototeca.cat Rosa Sensat - © Fototeca.cat; Josep González-Ágapito; Wikipedia.

domingo, 6 de marzo de 2011

Repasando la historia ante un nuevo 8 de marzo.


Un factor importante en la respuesta a la devaluación del trabajo femenino está en la campaña que los artesanos llevaron a cabo, a partir de finales del siglo XV, con el propósito de excluir a las trabajadoras de sus talleres, supuestamente para protegerse de los ataques de los comerciantes capitalistas que empleaban mujeres a precios menores.

Las mujeres trataron de resistir frente a esta arremetida y quienes tuvieron el coraje de trabajar fuera del hogar, en un espacio público y para el mercado, fueron representadas como arpías sexualmente agresivas o incluso como «putas» y «brujas» (Howell, 1986: 182-83).

A partir de la alianza entre los artesanos y las autoridades de las  ciudades, junto con la continua privatización de la tierra,  se forjó una nueva división sexual del trabajo o, mejor dicho, un nuevo «contrato sexual», siguiendo a Carol Pateman (1988), que definía a las mujeres —madres, esposas, hijas, viudas— en términos que ocultaban su condición de trabajadoras, mientras que daba a los hombres libre acceso a los cuerpos de las mujeres, a su trabajo y a los cuerpos y el trabajo de sus hijos.

De acuerdo con este nuevo «contrato sexual», para los trabajadores varones las proletarias se convirtieron en lo que sustituyó a las tierras que perdieron con los cercamientos, su medio de reproducción más básico y un bien comunal del que cualquiera podía apropiarse y usar según su voluntad. Los ecos de esta «apropiación primitiva» quedan al descubierto por el concepto de «mujer común» (Karras, 1989) que en el siglo XVI calificaba a aquellas que se prostituían.

Pero en la nueva organización del trabajo todas las mujeres (excepto las que habían sido privatizadas por los hombres burgueses) se convirtieron en bien común, pues una vez que las actividades de las mujeres fueron definidas como no-trabajo, el trabajo femenino se convirtió en un recurso natural, disponible para todos. 

Esta fue una derrota histórica para las mujeres. Con su expulsión del artesanado y la devaluación del trabajo reproductivo la pobreza fue feminizada. Para hacer cumplir la «apropiación primitiva» masculina del trabajo femenino, se construyó así un nuevo orden patriarcal, reduciendo a las mujeres a una doble dependencia: de sus empleadores y de los hombres. 

En la Europa precapitalista la subordinación de las mujeres a los hombres había estado atenuada por el hecho de que tenían acceso a las tierras comunes y otros bienes comunales, mientras que en el nuevo régimen capitalista las mujeres mismas se convirtieron en bienes comunes, ya que su trabajo fue definido como un recurso natural, que quedaba fuera de la esfera de las relaciones de mercado. 




Del libro: "Calibrán y la bruja. Mujer, cuerpo y acumulación primitiva. Silvia Federici