sábado, 19 de marzo de 2011

Christine de Pisan.

Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados... Yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter...


Christine de Pisan (Venecia 1364- Seine-et-Oise 1430) está considerada la primera escritora profesional y la primera feminista de la historia. Fue una Humanista que como escritora y filósofa abogó por los derechos de la mujer y recibió dinero por sus obras que se ve obligada a escribir y vender tras enviudar con tan sólo veinticinco años y con tres hijos, su madre y una sobrina a las que cuidar.

A los cuatro año de edad se mudó con su familia  a la corte del rey Carlos V de Francia, porque su padre fue contratado como médico y astrólogo del rey. Su padre, profesor de la Universidad de Bologna, estimuló su interés por  la lectura y la introdujo en las nuevas ideas italianas, el Humanismo. Accedió así a una gran  gran biblioteca donde se formó de manera autodidacta. Su padre se preocupó personalmente de su formación, en contra de la opinión de su madre quien prefería instruirla en las labores del hogar, por otra parte, lo normal para una mujer de su tiempo.

Pasó su infancia en la corte del rey Carlos V de Francia de quien posteriormente escribió su biografía. Christine tuvo a su disposición en la corte tutores privados en un ambiente humanista que invitaba a ello, rico en nuevas ideas. Hablaba italiano-lengua materna- además de latín y francés, el elegido para escribir sus obras.

Con quince años se casa con un joven noble, Etienne du Castel notario del Rey, del que enviudará diez años después, cuando éste muere a causa de la peste. Tras esta desgraciada contrariedad,  y una mala pasada de un conocido, pierde parte de su patrimonio que le llevó a pasar  varios años pleiteando para recuperar su herencia.  Sus primeros escritos son baladas amorosas, tema que cambia con la muerte de su marido, cuando se centrará en el dolor y la soledad que le ha producido su muerte.

Con el paso de los años, Christine amplía el tema de sus obras, donde incluye aspectos filosóficos, políticos, mitológicos, de amor cortés, y fue a partir de 1399 cuando comienza a escribir sobre los derechos de las mujeres, obras que hoy en día siguen sorprendiendo por su actualidad. 

Las obras en prosa defendiendo a las mujeres frente a las calumnias de Jean de Meung en el Roman de la Rose incluyen Epístola al dios del amor, que fue escrita para oponerse a las actitudes cortesanas con respecto al amor, y La ciudad de las damas, una relación de las hazañas heroicas de las mujeres. Sus poemas se organizan en colecciones que siguen una trama narrativa, muchos de los cuales están extraídos directamente de su experiencia personal como Seulette suy et seulette vueil estr (Solita estoy y solita quiero estar).
Instruyendo a su hijo
Mujer de una valentía y convicción  fuera de lo común  no dudo en enfrentarse a eruditos, políticos y militares, denunciando abusos y corrupción. Estuvo implicada en la primera polémica literaria francesa, con lo que algunos consideran un rudimentario manifiesto de movimiento feminista. 

Así, la Epístola al Dios de Amores 1399, y su Dicho de la Rosa 1402, critican la segunda parte del Roman de la Rose escrita por Jean de Meung que había provocado un considerable revuelo entre la intelectualidad de la época.

Tampoco dudó en opinar sobre política en la Epístola a la reina Isabel, y sobre la justicia militar en el Libro de los hechos de armas y de caballería. En 1400, escribe dos ensayos sobre el sentido del amor cortés: "Dechado de Poissy" y "Debate de los dos amantes". En ellas se planteó el papel de la mujer en las composiciones poéticas y cómo éstas le afectaban. 

Es en "La ciudad de las damas", escrita en 1405, la más importante de sus obras,  donde clamó contra el sistema misógino y a favor de los derechos de las mujeres. 

En la obra, tres personajes alegóricos femeninos, la Razón, la Rectitud y la Justicia, refutan los argumentos misóginos considerándolos “arbitrarias ideas prefabricadas”. La autora, desde su Alter-ego, Christine, avasallada por su género tan detractado por las mentes más brillantes y eruditas de su época se cuestiona como sobrellevar esta carga:

“En mi locura me desesperaba el que Dios me hubiese hecho nacer en un cuerpo femenino”.

Ilustración de La Ciudad de las Damas

Con esta perspectiva, dio un impulso definitivo a lo que en el Renacimiento se dio en llamar Querella de las mujeres, debate histórico que comienza en la Edad Media pero que continúa hasta épocas posteriores, que trata sobre la naturaleza, posición y esencia de la mujer, determinando el lugar que ésta debía ocupar en la sociedad y la familia.

En la Querella, participaron mujeres, pensadoras, intelectuales, que rechazaron las teorías que situaban por cuestiones biológicas a la mujer por debajo del hombre quien suponía la perfección máxima de la Naturaleza. Así rechazaron ideas extendidas en los círculos médicos que aseguraban, por ejemplo, que la mujer no era más que un varón, pero un varón imperfecto. Como su naturaleza era fría y húmeda, no consigue la cocción completa y sus resultados se quedan a mitad de camino respecto a los del hombre. De esta manera explicaban que el pene hacia fuera era la perfección frente a la vagina, que por defecto ha quedado dentro o que el cerebro y por tanto las capacidades femeninas fueran menores-o incluso nulas- respecto a las masculinas.

En la defensa de sus posiciones, Christine de Pisan  recibió el apoyo de  muchos señores y damas de la Europa medieval, incluyendo la Baya, Brabant y Limburg, los Duques de Burgundy o el rey Carlos VI. Christine buscó el apoyo para la causa de las mujeres en otra mujer, Isabel de Baviera, pero incluso  así encontramos en sus palabras rasgos de sentimiento de inferioridad que demuestran lo difícil de abrirse paso en el campo de las letras:
“Empujada por la verdad...mi reducida inteligencia ha querido y quiere emplearse como se ve aquí y en otros escritos míos, en luchar contra los que son hostiles y que las acusan. Suplico con humildad a Vuestra Majestad quiera confiar en mis justas razones y permitirme decir otras más, si puedo, aun cuando no sepa desarrollarlas en una lengua tan hábil como otros”


Presentando su libro a Isabel de Baviera

Como réplica a sus numerosos detractores dejó su autobiografía, "La visión de Christine"  (1405). Una de sus últimas obras es "Canción en honor de Juana de Arco" (1429) para celebrar el triunfo de Juana comandando los ejércitos franceses frente a los ingleses, escrita ya en el Monasterio de Poissy donde decidió terminar sus días.

Hoy en día, Christine de Pisan, está considerada como la precursora del movimiento a favor de las mujeres. Con sus obras y su creciente popularidad, intentó llevar a primera plana el problema de discriminación que sufrían las mujeres en las sociedades medievales.






Fuentes:Ana Molina Reguilón;rosadeinfinitosvientos.spaces.live.com/blog



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