jueves, 31 de marzo de 2011

Federica Montseny Mañé.

"Una mujer de voluntad de roca, que no se tuerce, y de carácter de hierro, que no se rompe". Así se definió a sí misma esta tenaz luchadora. La primera mujer ministra de España y de Europa occidental que ha pasado a la historia porque su ministerio promovió una ley del aborto y creó unos centros de atención a las prostitutas, donde se les ofrecía alojamiento y se les enseñaba un oficio.


Nació en Madrid el 12 de febrero de 1905 a causa del destierro sufrido por sus padres tras el Proceso de Montjuïc en 1898. Su padre fue el famoso publicista anarquista Juan Montseny ( Federico Urales) y su madre Teresa Mañé, (Soledad Gustavo), abanderada del feminismo libertario español. Ambos eran escritores, propagandistas anarquistas y fundadores de las publicaciones "La revista blanca" y "Tierra y libertad".

Federica fue la pequeña y cuarta hija del matrimonio. La precedieron tres hermanos, dos chicas y un chico. Siendo muy jóvenes, murieron su hermano y una de sus hermanas. A pesar de las dificultades por las que tuvo que pasar su familia, Federica reconocería que su infancia fue feliz. Su madre, maestra titulada, les enseñaba a leer y escribir según sus criterios ideológicos en contacto con la naturaleza. Las normas son estrictas, la higiene corporal y la gimnasia requeridas. La enseñanza iba acompañada de largos paseos campestres durante los cuales se realizaban prácticas de botánica y geología. Federica gozaba de libertad para acceder a la biblioteca familiar y ella misma escogía sus lecturas. Poco a poco se va impregnando de la moral libertaria que rige la casa familiar.

En 1913 los Montseny son de nuevo desterrados, abandonando Madrid e instalándose en las afueras de Barcelona, en Horta concretamente. Pasados los años de adolescencia, Federica comienza a asistir a unos cursos de la Facultad de Letras de la Universidad de Barcelona y a una escuela de idiomas mientras ayuda a sus padres en la edición editorial.

ECon 18 años ya defendía claramente el anarquismo, edad a la que publicó su primer artículo en Solidaridad Obrera. Desde entonces no paró de escribir colaborando frecuentemente con La Revista Blanca y en sus colecciones de narrativa La Novela Ideal y Voluntad. Durante la dictadura de Primo de Rivera escribió tres novelas centradas en la emancipación femenina,  su primera novela en 1927, titulada 'La Victoria'. En ella plantea la liberación de la mujer renunciando a formar una pareja. Escribió una segunda parte titulada 'El Hijo de Clara'(1929), donde mantiene la opinión de renuncia al hombre, pero no al hijo. En estos años Federica escribe innumerables novelas cortas, que se publicaran en 'La Novela Ideal' o en 'La Novela Libre'.

Se afilió a la CNT y al Sindicato de Intelectuales y Profesiones Liberales de Barcelona, desde donde desarrolló una larga y profunda campaña de denuncia de la situación de la clase obrera. Sus conferencias en los Ateneos y Sindicatos se contabilizan por cientos. Ya entonces defendía la igualdad entre sexos dentro de una sociedad sin Estado ni capital. Se desmarcaba de las feministas de su época que solo pretendían un reconocimiento político de la mujer en la sociedad capitalista.

Las batallas juveniles de Federica Montseny oscilaron entre el ámbito doméstico, donde perseguía en la vida cotidiana un trato igualitario con los hombres y romper con la tradicional postergación de la mujer, y el público, donde se volcó a través de la labor editorial de sus padres a publicitar a través de revistas y libros las ideas libertarias. "El grupo de anarquistas en el que creció constituía una suerte de gran familia, donde había fuertes afinidades entre padres y hermanos y amigos y correligionarios.

Teresa Claramúnt llego a tener una gran importancia para Federica Montseny, una obrera tejedora muy próxima a su familia y que había sido una activa luchadora en las filas sindicales y que murió al llegar la República. "No es que creyera en el sindicalismo, pero actuó en ese medio. Entendió que debía ocupar el lugar que había dejado su amiga y apoyó la insurrección y las conquistas de los anarquistas".

Durante una de sus visitas a su padre en la cárcel, conoció a un compañero también detenido, Germinal Egleas. En 1930 unirían sus vidas y en 1933 nace su primera hija, una niña bautizada con el nombre de Vida.



Los años de la República son años de gran agitación social en los que Federica se convierte en una de las personalidades libertarias más importantes. Sus intervenciones se multiplican, sus artículos se leen con pasión y sus discusiones con otros libertarios son seguidas con gran interés. El estallido de la guerra como consecuencia de la sublevación militar, lanza a Federica a un activismo que no decayó en ningún momento hasta el final de sus días. A comienzos de julio de 1936 ingresa en la FAI (Federación Anarquista Ibérica), donde ocuparía rápidamente puestos de responsabilidad en el Comité Peninsular.

Entre los meses de noviembre de 1936 y mayo de 1937, Federica se hizo cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el gobierno del socialista Francisco Largo Caballero. Muchas fueron las discusiones en el seno del movimiento libertario antes de tomar una decisión, que finalmente fue positiva, junto a sus otros tres compañeros que ocuparían el resto de carteras ministeriales y se convierte así en la primera mujer que alcanza un cargo ministerial en la historia de Europa. Su labor en el gobierno se vio limitada por la corta duración de su mandato. Sin embargo, en pocos meses planeó lugares de acogida para la infancia, comedores para embarazadas, una lista de profesiones ejercidas por personas discapacitadas y el primer proyecto de ley del aborto en España. Prácticamente ninguno de sus proyectos llegó a ejecutarse. Su proyecto de ley del aborto recibió la oposición de otros ministros del gobierno y se dejó de lado cuando Federica salió del gobierno en el mes de mayo de 1937 con la dimisión del gobierno de Largo Caballero y por consiguiente de los ministros libertarios, como consecuencia de los sucesos de mayo en Barcelona.

Federica vuelve a sus ocupaciones anteriores en el Comité Nacional de la CNT. Al igual que hizo siendo ministra, regresó a Madrid a pesar de recibir órdenes de establecerse en Valencia. Se estableció en el Ministerio de la Guerra, junto al General Miaja y Margarita Nelken, donde permaneció en los sótanos del edificio. Recorría las trincheras y animaba al pueblo de Madrid a resistir ante el ejército rebelde a  través la radio.

En 1938, presidió el 1er comité de enlace CNT-UGT y fue la responsable del Departamento de Sanidad de la Comisión de Batallones de Voluntarios. Defendió el POUM de las acusaciones de traición hechas por parte de los dirigentes del PSUC y el PCE. También intercedió entre las disputas armadas entre el PSUC y militantes de CNT por el control del edificio de Telefónica en Barcelona. 





En febrero de 1939 escapa hacia la frontera francesa con sus dos hijos y su madre enferma, la cual moriría nada más pasar la frontera. Su padre, Federico Urales, es encerrado en la cárcel, al declararse anarquista y su compañero Germinal Egleas, es internado en un campo de concentración. Federica consigue sacar a su padre de la cárcel e internarle en una residencia de ancianos. 

Después de infinidad de peripecias, logra reunirse la familia, pero las autoridades colaboracionistas francesas la someten a juicio para responder a la petición de extradición del gobierno español. Se salva de ella al estar esperando un hijo, una niña a la que llamará Blanca. Instalada definitivamente en Toulouse, como tantos exiliados españoles, siguió trabajando por sus ideales, publicando y dirigiendo periódicos como 'Espoir'.

Tras la muerte de Franco y después de la legalización de la CNT, volvió esporádicamente a España y  nunca renunció a sus ideales anarquistas. En 1987 publicó el libro autobiográfico "Mis primeros cuarenta años" que narra el periodo de su vida comprendido desde su nacimiento hasta el final de la II Guerra Mundial. En el, habla de sí misma y de sus compañeros y compañeras, que encarnan a miles de luchadores anónimos, sin los cuales no se hubiera podido escribir y realizar la primera revolución genuinamente popular que el mundo moderno ha conocido y que se llevó a cabo durante la Guerra Civil Española.

Federica falleció el 14 de enero de 1994 en Toulouse, Francia, dejandonos una gestión política que se adelantó casi un siglo a las políticas sociales actuales.








No hay comentarios: