sábado, 2 de abril de 2011

El largo y lento camino de la conciliación.


Las llamadas políticas de conciliación han intentado que las mujeres pudieran compatibilizar su trabajo asalariado con la maternidad y los cuidados familiares. Sin embargo, el envejecimiento que caracteriza a la población española ha hecho aumentar las necesidades de cuidado a la vez que disminuye el número de personas en edad de cuidar, de manera que la gravedad del problema ha puesto en el debate y en la toma de decisiones la necesidad de poner en marcha otros recursos de cuidado, sobre todo el potencial que pueden aportar los varones. 


Las políticas están evolucionando porque muchas de las nuevas prestaciones y permisos son “conjuntos” o “transferibles”, pudiendo elegir los miembros de la pareja cómo distribuir o repartirse los períodos de disfrute. La cesión de parte del permiso de maternidad al padre (introducido por la Ley 39/99), supuso el reconocimiento de que el cuidado de los hijos o hijas incumbía también a los padres. Pero años después, no se ha conseguido que los padres tomen su permiso paternal de 15 días con normalidad. Entre las causas están, mas allá de la idoneidad de que estos sean transferibles y no obligatorios, las de tipo cultural y es que se ejerce una presión social en las empresas acerca del rol del varón en la paternidad. Ante esto, sería un profundo error focalizar y dirigir la conciliación sólo a la mujer, lo que lejos de solucionar el problema contribuiría a incrementar la brecha existente. 

Los datos nos demuestran que estamos en un camino en el que aun queda mucho por andar. El ultimo estudio elaborado al respecto, presentado la pasada semana por el Defensor del Menor en la Asamblea de Madrid, y elaborado por la Fundación MásFamilia y el ‘Observatorio efr’, señala que sólo el 6% de varones pide reducción de jornada para atender a sus hijos, es decir  que “la conciliación sigue siendo un asunto de mujeres”. No está “igual de bien visto” que se acoja un hombre que una mujer, ha señalado el presidente de la Fundación MásFamilia, Antonio Trueba. Frente a este 6 % hay un 31% de mujeres que lo han solicitado en alguna ocasión, según un informe sobre el impacto de la conciliación familiar y laboral en el bienestar de la infancia.

Este informe muestra que la práctica totalidad de las empresas reconocen que las medidas de conciliación impactan positiva y directamente sobre el bienestar emocional (100%) y el rendimiento escolar (81%) de los hijos de sus colaboradores. Por ello, el 80% de los padres y madres que trabajan demandan más facilidades para conciliar la vida familiar y la laboral. Asimismo, el 76% valora muy positivamente medidas como la flexibilidad de horarios, el ‘teletrabajo’ o las excedencias con reserva de puestos de trabajo. 

Una de las conclusiones del estudio es que el mercado laboral en España es “muy rígido” e impide ajustes en la jornada de trabajo, por lo que un 31% de mujeres han tenido que acogerse a reducciones de jornada por guarda legal en alguna ocasión. En opinión del representante de la Fundación Másfamilia, la falta de tiempo para estar con los hijos viene incrementada por la crisis, que ha generado mayor presión sobre el llamado “presentismo”, que obliga al trabajador a permanecer un número de horas en la empresa en vez de optar por un modelo basado en la productividad y en el cumplimiento de objetivos.

Para el Defensor del Pueblo de la Comunidad de Madrid, “un trabajador con su vida familiar organizada es mucho más productivo“, por lo que aplicar medidas de conciliación constituye para las empresas “una inversión a corto, medio y largo plazo”. Pero, dado que este tipo de medidas no son económicamente rentables, ha abogado por que las Administraciones Públicas den un paso en esa dirección y otorguen por ejemplo “ayudas administrativas” a las empresas.

Para el,los problemas de la infancia no se producen sólo por la falta de tiempo de dedicación de los padres, sino también por una escasa sensibilización sobre la paternidad-maternidad responsable. En este sentido, ha abogado por la labor que realizan las Escuelas de Padres, que están poco extendidas en España, donde sólo se imparten en un 17% de las empresas con certificación ‘efr’.

También es necesario seguir avanzando para tener la certeza de que las estadísticas públicas estén logrando visibilizar la implicación de hombres  y mujeres en la corresponsabilidad familiar y en este aspecto señalar que hay lagunas estadísticas significativas en tanto que la información que ofrecen los indicadores analizados es parcial y que en su mayoría, no se publican datos sobre otros permisos laborales relacionados con la conciliación. 


Así, para poder obtener una aproximación más cercana a la realidad sobre el uso diferencial de los permisos por parte de hombres y mujeres, deberían recogerse datos sobre los indicadores, relacionados con el tiempo que duran los procesos ( y no solamente el número de procesos), en cuanto a el número total de días disfrutados por maternidad, adopción o acogimiento, el tiempo medio de las excedencias por cuidado de hijos y el tiempo medio de las excedencias por cuidado de familiares

Además, un indicador necesario para medir el grado de implicación de los hombres en la corresponsabilidad familiar y comprobar su evolución, sería conocer la proporción de varones que han disfrutado el permiso de paternidad respecto al número total de varones ocupados que han sido padres y disponer de datos sobre otros permisos laborales como el permiso de lactancia o la reducción de jornada para cuidar a hijos/as u otros familiares dependientes. 

Junto a ello, es necesario que desde las empresas y en atención al ejercicio de su responsabilidad social se realice un esfuerzo constante, alejado de obligaciones y sin introducir más presiones a la ya complicada situación, para que se equilibre paulatinamente la conciliación entre hombres y mujeres. Este esfuerzo ha de ir acompañado de un nuevo estilo directivo que ponga en valor el nuevo rol del varón acorde con las nuevas realidades sociales para que, junto con la implicación de las Administraciones Públicas se conviertan en agentes de la gestión del cambio social necesario.




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