jueves, 7 de abril de 2011

Juana de Castilla. “la Beltraneja”

Infanta y reina destronada de Castilla y de León, reina consorte de Portugal destituida de su rango, hubo de renunciar por tratado a todos sus títulos y señoríos, quedando llamada oficialmente, por real decreto portugués, "Excelente Señora" hasta el final de su larga vida  de exilio en un convento de  Portugal.


Juana nació en Madrid en marzo de 1462 y su tía Isabel la Católica será la madrina del bautismo. En mayo en las Cortes de Madrid, queda reconocida como Princesa de Asturias y heredera al trono. Fue la única hija de  Enrique IV  y de su segunda esposa la reina Juana de Portugal, hija de Eduardo de Portugal. 

Una parte de la nobleza castellana no la aceptó como hija biológica del rey, a quién se acusó de haber obligado a la reina a tener un descendiente con su favorito,  Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque, a pesar de que ambos habían jurado solemnemente que no había sido así. 

Había sospechas sobre la impotencia de Enrique IV  ya que previamente había estado casado con Blanca de Navarra y el matrimonio se anuló porque nunca llegó a consumarse. Además, Enrique IV  no tuvo más hijos.

En 1464 los nobles castellanos redactan el Manifiesto de Burgos, mediante el cual hacen saber al rey que consideran que su hija Juana no debería ser la legítima heredera al trono, por considerarla bastarda, declarando además, que el citado heredero debería ser el Infante Alfonso, hermanastro del rey.

El temeroso rey intenta solventar la situación proponiendo una solución cuanto menos rocambolesca. Propone casar a su hija Juana con su hermanastro Alfonso. Pero los conjurados no aceptan y le propone al Rey de Portugal, Alfonso V, el matrimonio de Juana con su hijo Juan (a la sazón su primo).

La pequeña Juana, junto con su madre, disfruta de su niñez, ajena a estos asuntos palaciegos, bajo la protección de la familia Mendoza en la localidad madrileña de Buitrago de Lozoya. Finalmente, en 1467 la Liga de Nobles se apodera de Segovia, lugar donde se halla instalada la Corte e imponen a Enrique IV una serie de condiciones. Una de ellas es el confinamiento en el Castillo de Alaejos de la reina doña Juana, bajo la supervisión del Obispo Fonseca quedando la pequeña apartada de su madre. 




Un año mas tarde, su padre firma un documento en Cadalso de los Vidrios, mediante el cual reconoce a su hermanastra Isabel como la legítima aspirante al trono, quedando la princesa Juana de esta forma desheredada. Documento que es ratificado oficialmente el 19 de septiembre mediante el Pacto de los Toros de Guisando.

El 19 de octubre de 1469,  la infanta Isabel, desoyendo las consignas de su hermanastro se casa con Fernando de Aragón y el rey, mediante la Declaración de Valdelozoya, revoca el Pacto de los Toros de Guisando siendo  Juana  nuevamente declarada como su sucesora y heredera al trono.

Enrique IV y su hermana Isabel no se reconcilian hasta el año 1473, falleciendo Enrique IV el 11 de diciembre de 1474, al parecer envenenado con arsénico. A la muerte de Enrique,  Isabel fue proclamada en Segovia por una parte de la nobleza castellana como reina de Castilla e inmediatamente surgió la división y la guerra civil, por un lado un sector de la alta nobleza apoyó a Juana la Beltraneja y buscó apoyo en Francia y Portugal mientras que otro sector nobiliario y la mayor parte de la burguesía urbana apoyaron a Isabel.

Mientras, Juana ha vivido custodiada por la nobleza, que tenía en ella un valioso rehén. Desde 1465 hasta 1470 la custodió el conde de Tendilla, de la familia Mendoza, en los castillos de Buitrago del Lozoya y Trijueque  Desde 1470 a 1474, Juan Pacheco en el castillo de Escalona y en el alcázar de Madrid. Desde 1474 a 1475 Diego López Pacheco, en el alcázar de Madrid  y en los castillos de  Escalona y Trujillo.

Tras la proclamación de Isabel como reina, comprendiendo los defensores de Juana que sus fuerzas eran inferiores a las de Isabel, pidieron al portugués Alfonso V que defendiera el derecho de su sobrina Juana, y le propusieron que se casara con ésta, con lo que vendría a ser también rey de Castilla.

Aceptó Alfonso y exigió a Isabel y Fernando que renunciaran a la corona en favor de Juana si querían evitar las consecuencias de la guerra, y pasando la frontera con 1.600 peones y 5.000 caballos avanzó por Extremadura. El 12 de mayo de 1475 Juana se casa en Plasencia con su tío Alfonso, rey de Portugal. Cuenta con doce años y por tanto envía mensajeros a Roma para obtener la dispensa papal por el matrimonio consanguíneo. Inmediatamente se titulan como Reyes de Castilla y envían cartas a las ciudades del reino dando cuenta del hecho.  

Así mismo Juana intenta evitar la posible guerra civil, gesto inútil pues Isabel y Fernando están ya haciendo preparativos para la inminente guerra. En Toro instala Juana la Corte, ejerciendo magníficamente y mostrando grandes cualidades de reina. Fernando de Aragón, con tropas reclutadas en Ávila y Segovia se presenta en Toro, pero es fácilmente rechazado y cunde la desbandada entre sus huestes.



Pero  los soldados castellanos al servicio de Juana sirven a disgusto bajo banderas portuguesas. Los nobles afines bastante tienen con aguantar las acometidas de los partidarios de Isabel en sus territorios y los nobles portugueses lamentan no poder volver a Portugal a defender su país, asolado por las continuas incursiones de contingentes extremeños y andaluces. El conflicto se generaliza y Juana y Alfonso consiguen una alianza con Francia, mientras que Aragón apoya claramente a Fernando e Isabel.

Finalmente, el 20 de octubre se rinden los últimos defensores del Castillo de Toro. Juana y Alfonso regresan a Portugal, y buscan la ayuda del monarca francés Luis XI, quien parece aceptar como hecho consumado la victoria de Isabel y Fernando. Por otra parte, Sixto IV revoca la dispensa del matrimonio entre Juana y Alfonso. El Papa sucumbe a las presiones y sobornos dictadas por sus adversarios. De esta forma al ex-monarca portugués no se le permite terminar sus días junto a su joven esposa, como es su deseo.

En Septiembre de 1479 se firmo la paz que terminó con la guerra de sucesión de Castilla, tratado que se llamó de «las Tercerías de Moura». Se abre entonces un período de amistad entre los reinos peninsulares. A Juana los vencedores le dan seis meses de plazo para elegir entre unirse en matrimonio al hijo de Isabel y Fernando (el príncipe Juan nacido en 1478), siempre y cuando éste alcance la mayoría de edad y no ponga reparos a la posible boda , si los pusiera se compensaría a Juana con 100.000 ducados y la ceremonia no se realizaría) o ingresar en un convento. Y así, en  1480, con apenas 18 años de edad, la hija de Enrique IV de Castilla ingresa en el Convento de Santa María en Coimbra.

A pesar de ejercer como religiosa, recibe una petición de matrimonio de parte de Francisco Febo, hijo de Gastón de Foix y Magdalena de Francia, hermana del monarca francés, propuesta que la muerte de Francisco Febo da al traste con el proyecto y en 1504, tras la muerte de  Isabel la Católica, vuelve a recibir una nueva propuesta matrimonial, esta vez de Fernando el Católico. Tras quedarse viudo, Fernando intenta así contrarrestar la influencia que Felipe el Hermoso recibe por parte de los castellanos. Pero Juana ni siquiera toma en consideración la propuesta.

La Religiosa de Coimbra como la llamaban los castellanos o La Excelente Señora como era conocida por los portugueses muere en Lisboa en 1530, cuando su  prometido, Alfonso V de Portugal, había muerto cincuenta años antes. Hasta el fin de sus días siempre se había titulado como Reina de Castilla y rubricaba sus documentos con: Yo, la Reina. 

Sus restos mortales se hallan actualmente desaparecidos, (como consecuencia del terremoto de Lisboa),  por lo que resulta imposible la realización de una muestra de su  ADN para demostrar su ascendencia.

En su vida siempre prevalecieron los intereses y las mentiras en beneficio de unos u otros. Beltrán de la Cueva, el pretendido padre de Juana, apoyó la causa de Isabel la Católica en contra no sólo de su supuesta hija, sino también de la fidelidad debida a Enrique IV y a su mujer, que lo habían colmado de favores. 

Además, se casó tres veces y no tuvo descendencia con ninguna de sus tres mujeres. Aun así, a nadie se le ocurrió decir que fuera impotente o estéril y ha persistido hasta nuestros días la afirmación, o la sospecha, de que en verdad fuera el padre de la princesa.







Fuentes: Susa Martín, Wikipedia.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Don Beltrán tuvo once hijos en total. Por cierto, ¿saben cual era la apariencia de la Beltraneja?