viernes, 22 de abril de 2011

Rita Levi-Montalcini.

" Una vida marcada por la voluntad. La de lograr el permiso paterno para estudiar Medicina. La de huir del fascismo siendo judía. La de convertir su habitación en un laboratorio durante la guerra. La de descubrir cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso. La de ser una de las 35 galardonadas con un Nobel."

Hoy 22 de abril, se cumplen 102 años del nacimiento en Turín de Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Fisiología y Medicina por el descubrimiento de los factores de crecimiento nervioso. 

Fue la menor (junto con su hermana gemela Paola) de cuatro hijos de una familia sefardí. Su padre, Adamo Levi, bien dotado para las matemáticas, era ingeniero eléctrico y su madre, Adele Montalcini, una pintora con gran talento. 

Trabajó en una panadería para costearse los estudios hasta 1929, a pesar de su alergia a la levadura. Haciendo caso omiso a las exigencias paternas de no estudiar para ser buena madre y esposa, en 1930 Levi-Montalcini se matriculó en la Facultad de Medicina de Turín, donde se graduó en 1936 en Medicina y Cirugía con el grado de summa cum laude.

Trabajó como ayudante del famoso histólogo italiano Giuseppe Levi hasta que en 1938 Benito Mussolini publicó el Manifesto della Razza que le prohibía a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional. En 1943 fue expulsada de la Universidad de Turín a consecuencia de las leyes antisemitas; entonces se trasladó a Florencia y allí vivió clandestinamente, a la vez que montó un laboratorio genético en el dormitorio de su propio hogar, donde estudiaba el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones de pollo, lo que le sirvió como base para futuras investigaciones. 

En 1943 su familia se trasladó a Florencia, y con ella se llevó su laboratorio. En 1945, al terminar la guerra, regresó a Turín con su familia y volvió a recuperar sus posiciones académicas en la Universidad. Por su ascendencia judía se vio obligada a abandonar Italia poco antes de ser descubierta por los alemanes. 

Así, en septiembre de 1946 aceptó una invitación de la Universidad de Washington (Saint Louis), bajo la supervisión del profesor Viktor Hamburger, para investigar los factores de crecimiento del tejido nervioso en el embrión de pollo. Los resultados de esta investigación fueron tan buenos que Rita tuvo que posponer su regreso a Italia y permaneció en Estados Unidos hasta 1969. Allí conoció y colaboró con Stanley Cohen, y allí descubrió la existencia de un factor de crecimiento nervioso (NFG), una molécula requerida para el crecimiento y desarrollo del sistema nervioso sensorial y simpático de los vertebrados.

Para demostrar su existencia transplantó células tumorales de ratón a embriones de pollo y demostró que éstas inducían el desarrollo de los nervios simpáticos. Rita observó que el tumor causaba un crecimiento celular similar al que tenía lugar en cultivos de tejido nervioso vivo en el laboratorio. Posteriormente Cohen pudo aislar dicho factor de crecimiento y demostró su naturaleza proteínica.




Se hizo profesora en 1958 y en 1962 estableció una unidad de investigación en Roma teniendo así que dividir su tiempo entre Roma y Saint Louis. De 1961 a 1969 dirigió el Centro de Investigación Neurobiológica de Roma y de 1969 hasta 1978 el laboratorio de biología celular. Así mismo, en 1968 fue la décima mujer elegida para la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

En 1983 fue premiada con el premio Louisa Gross Horwitz de la Universidad de Columbia junto a Stanley Cohen y Viktor Hamburger y en 1986 recibió junto a su colaborador el bioquimico Stanley Cohen el premio Nobel de Fisiología y Medicina por el descubrimiento de los factores de crecimiento nervioso; éstos fueron uno de los primeros que se descubrieron en el mundo animal. Ese mismo año había conseguido, también junto a Cohen, el premio Lasker de Investigación Médica Básica. Sus hallazgos han sido fundamentales para la compresión de los mecanismos de control que regulan el crecimiento de células y tejidos, permitiendo, a su vez, un mayor entendimiento de las causas de ciertos procesos patógenos como los defectos hereditarios y las mutaciones degenerativas.

Un año mas tarde, recibió la Medalla Nacional de la Ciencia, el máximo reconocimiento de la comunidad científica estadounidense. El 16 de octubre de 1999, Rita Levi Montalcini fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). En el año 2001 fue designada senadora vitalicia por el presidente de la república italiana Carlo Azeglio Ciampi y en 2006 fue investida doctora "honoris causa" en ingeniería biomédica por la Universidad Politécnica de Turín, en su ciudad natal.

El 23 de octubre de 2008 fue investida doctora "honoris causa" por la Universidad Complutense de Madrid y el  23 de febrero de 2011 fue investida doctora "honoris causa" por la Universidad McGill.

Creadora del European Brain Research Institute, en Roma, donde supervisa los experimentos de "un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres", que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. "Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental", dice.

Publicó un trabajo autobiográfico Éloge de l'imperfection (1988). Entre sus publicaciones científicas destacan NGF: apertura di una nuova frontiera nella neurobiologia (1989) y Il tuo futuro (1994). En los últimos años, ya casi ciega, vuelca sus esfuerzos en batallas sociales y en la formación de jóvenes africanas.



"¿Jubilarme? ¡Jamás! La jubilación destruye cerebros. El cuerpo se arruga, es inevitable, pero no el cerebro. Y el mío pronto cumplirá un siglo", declaró hace unos años.

Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. 

"Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente".

Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. "Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo".

En los últimos  40 años, su mano derecha ha sido Giuseppina Tripodi, con quien publico un libro de memorias, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al "dominio victoriano" del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -"ese asunto que me hizo feliz pero famosa"-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi).


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