viernes, 3 de junio de 2011

Anne Finch Conway.



Dentro del importante elenco de filósofas (físicas) que podría considerarse como la escuela vitalista, destaca Anne Finch Conway, olvidada por la historia de la ciencia, incluso en obras que prestan especial atención a las mujeres científicas.

    


Filosofa británica, nacida el 14 de diciembre de 1631, una semana después de la muerte de su padre, Sir Heneage Finch, Presidente de la Cámara de los Comunes. 

Dedicó su relativamente corta vida a la empresa nada pequeña de refutar los sistemas filosóficos imperantes de su época: el cartesianismo, el spinozismo y el hobbesianismo, y puede ser considerada, una representación paradigmática de la historia de las mujeres en la ciencia. 

Fue una de las pocas mujeres que tuvo acceso a una educación científica formal, y siendo muy joven, se interesó por los trabajos de los filósofos y teólogos contemporáneos, pues su hermano mayor dirigió sus estudios y la puso en contacto con científicos de renombre de la época, entre los que se cuentan More, Van Helmont y Descartes, (uno de los pilares de la Revolución científica). Anne también estudió astronomía y la Kabbala, una de las fuentes de las teorías alquimistas. Estudió en Cambridge y aunque fue una excelente estudiante de lenguas clásicas, se inclinó mas por las matemáticas y la ciencia.  

Tras su matrimonio con el conde de Conway, las largas ausencias de su marido le permitieron dedicarse al estudio en profundidad. 

En 1670, van Helmont llega a Inglaterra con la intención de curar a Anne de unas fuertes y recurrentes migrañas que sufría, que ni el médico William Harvey, ni famosos curanderos habían logrado erradicar. Van Helmont tampoco lo logró, pero permaneció en Ragley Hall, la casa de Anne, durante diez años, montando allí un laboratorio, trabajando con More y con Anne Conway, de tal manera que Ragley Hall se convirtió en un centro intelectual bajo los auspicios de su dueña. 



Anne creó una síntesis filosófica original, intentando conciliar su religión con las nuevas teorías científicas. Conway negaba la distinción cartesiana entre materia y espíritu. Para ella, la naturaleza no era una máquina sino una entidad viviente, constituida por mónadas individuales dotadas de fuerza vital e integradas en el orden cósmico. La materia podía ser transformada, monádicamente, en formas más elevadas.

Al igual que muchos naturalistas de los siglos XVII y XVIII, creía que las diferentes especies de plantas y animales estaban organizadas en una Gran Cadena del Ser, de tal manera que la naturaleza era jerárquica y culminaba, en la tierra, en los seres humanos. 

Después de la muerte de Anne, Helmont volvió al continente e hizo publicar su cuaderno de notas, en Holanda en 1690, en latín. 

En 1692 se publicó en Londres, bajo el título "The principles of the most ancient and modern philosophy, concerning God, Christ, and the creature; that is concerning spirit, and matter in general. 

De vuelta e Europa continental, van Helmont recaló en Hannover, donde Leibniz y su discípula Sofía de Hannover discutían la obra del holandés. Era el período de formación de la filosofía de Leibniz y van Helmont les explicó las ideas contenidas en la obra de Conway, de tal manera que a ella se debe el concepto de mónada como base indivisible de toda materia y vida, concepto que Leibniz incorporaría a su sistema filosófico. 

Leibniz se opuso al sistema mecanicista cartesiano y al sistema newtoniano de partículas elementales dotadas de gravedad, proponiendo un universo constituido por mónadas dotadas de fuerza vital, tal como Conway había postulado, dando origen al vitalismo que influyó decisivamente en los filósofos naturalistas alemanes y en el desarrollo de las teorías evolucionistas modernas. 

Aunque Leibniz reiteró las referencias a la "condesa de Kennaway", Anne Conway, como fuente de sus ideas, la obra de esta mujer se atribuyó a Van Helmont.

La obra de Anne influyó en la de otras filósofas-físicas de la época, tales como Isabel de Bohemia, discípula de Descartes, que intercambió con su maestro Leibniz y con van Helmont una extensa correspondencia científico-filosófica; Sofía de Hannover, que fue la colaboradora científica y política más próxima a Leibniz; su hija Sofía-Carlota, que también estudió con Leibniz y fundó con su marido, Federico de Prusia, la Academia de Berlín en 1700; la reina Carolina de Branderburg que, después de estudiar con Leibniz, propició la correspondencia de 1716 entre Leibniz y el newtoniano Clarke sobre la polémica entre la filosofía mecanicista y vitalista.

 




 Fuentes: Las científicas y su historia en el aula; wikipedia

2 comentarios:

Anónimo dijo...

alguien puede decirme cuando muere?
que no aparece

Anónimo dijo...

alguien puede decirme cuando muere?
que no aparece