domingo, 31 de julio de 2011

Sabine de Pierrefonds.( Sabina von Steinbach )


Escultora medieval, es una figura casi a medio camino entre la documentación histórica y la leyenda. Aún así hay suficientes indicios como para afirmar que se trata de una mujer escultora que trabajó en la catedral de Estrasburgo en la segunda mitad del siglo XIII. Se trata de una personalidad excepcional por el momento en el que está documentada, en plena Edad Media, y por el arte que practica, puesto que las pocas mujeres artistas conocidas del Medievo son miniaturistas pero en ningún otro caso se dedican a la escultura. Entre sus trabajos destacan el pórtico de la catedral de Estrasburgo y algunas de las estatuas góticas más notables de la catedral de Notre Dame de París.



La primera vez que se recoge la existencia de Sabina von Steinbach como escultora relacionada con la obra de la catedral de Estrasburgo es en 1617 en la descripción de la construcción del templo escrita por Schadeus. En esta publicación se cita un texto del pergamino sostenido por la figura de San Juan Bautista en estos términos: Gracias a la piedad de esta mujer, Sabina, que me ha dado forma a partir de la piedra dura. Por desgracia, la escultura de San Juan Bautista ha desaparecido y no podemos confirmar esta inscripción.

En cualquier caso, también nos consta la existencia de Sabina von Steinbach por su pertenencia al gremio de canteros de la ciudad de Estrasburgo a finales del siglo XIII, figurando como hija de Erwin von Steinbach, el maestro constructor de la catedral, y hermana de Johann von Steinbach, quien se encargó de levantar su torre.

Hervé de Pierrefonds, más conocido por su nombre germánico de Erwin de Steinbach, fue constructor principal de la catedral de Estrasburgo. De su padre aprendió y se constituyó en maestra del gremio de arquitectos y picapedreros.

Sabine había llegado a París sola, seguramente después de la muerte de su padre en 1318 y vivía, como el resto de masones, en los poblados que éstos constituían en las inmediaciones de las catedrales en construcción sin que escandalizára su independencia ni se criticara su labor.  

En este sentido es interesante la lectura del libro de María Viedma García “Mujeres de Escuadra y Cartabón” que recibió en el 2008 el premio “María Isidra de Guzmán”, o la novela del profesor de Historia Medieval José Luis del Corral, “El Número de Dios” (Edhasa), donde reivindica que “un tercio de los trabajadores de la catedral de León fueron mujeres”.

Los constructores vivían en poblados provisionales junto a los templos y palacios que levantaban. Viajaban constantemente y tenían contacto con otras culturas y religiones. Eran por tanto, mentes abiertas, muy en línea con el librepensamiento que enarbolaría después la masonería. 

En este momento de la baja Edad Media se enclava el nacimiento de la masonería, en el que la mujer tiene reservado un papel. 


Notre Dame


Existen evidencias históricas suficientes para sospechar que la exclusión total de la mujer de la masonería ocurrió cuando se llevó a cabo el proceso de transición de la masonería operativa a la masonería simbólica, a inicios del siglo XVIII, en las constituciones redactadas por el reverendo James Anderson (1723). Karen Kidd, en su libro Haunted Chambers: the Lives of Early Freemasons (2009), realiza un excelente trabajo de recopilación sobre lo que se sabe de las mujeres masonas anteriores a 1876, cuando la masonería mixta (comasonería) y la masonería femenina comenzaron a existir en el panorama occidental. Buena parte de los datos de este artículo fueron tomados de ese libro o, al menos, fueron encontrados gracias a las pistas que esa autora proporciona.

Las guildas de constructores eran organizaciones predominantemente masculinas, pero existían varios métodos para que una mujer pudiera acceder a una guilda: podía aprender el oficio directamente de su padre y una viuda podía suceder a su marido en todos los aspectos administrativos, como la contratación y pago de obreros y compañeros (“journeymen”). Incluso hay registros de una mujer no hija de masón que fue admitida como aprendiz en un taller y pagó su cuota respectiva a la guilda. 



El siguiente recuento y cronología muestra la presencia de la mujer en la masonería operativa:

1256: aparece una referencia a “Gunnilda la masona” de Norwich (“Gunnilda the Mason”) en los registros públicos de ese año (Close Rolls Calendar).
1318: la leyenda sitúa en esta fecha a Sabina von Steinbach, la hija del maestro constructor Erwin von Steinbach, el arquitecto a cargo de la construcción de la catedral de Nuestra Señora de Estrasburgo, quien es contratada para esculpir las alegorías de la Sinagoga y la Iglesia en el frontispicio de esa catedral, entre otras figuras.
1389: algunas cláusulas en el certificado de la guilda de masones de Lincoln usan repetidamente el vocablo “hermanas” junto a “hermanos”.
1390: el manuscrito Regius o Halliwell instruye a los masones para que se traten unos a otros como “hermano y hermana”.
1408: en los registros de la guilda de Corpus Christi de York se les indica a los aprendices obedecer al “Maestro o Dama o a cualquier otro masón”. Se sabe que la palabra “Dama” no era utilizada para describir a la esposa de un masón, sino que era el equivalente femenino a un “Maestro”.
Inicios del siglo XVII: el manuscrito de Harley, bajo la sección que se refiere a los aprendices, ordena que el nuevo aprendiz no revele los consejos o secretos confiados por el Maestro o la Dama.
1663: la viuda Margaret Wild aparece como miembro de la Compañía de Masones de Londres.
1683 (17 de abril): en el registro de las minutas de la logia operativa que se reunía en la capilla de María de Edinburgo (Escocia) se establece que la viuda de un masón podía ocupar la posición de Dama o Maestra, equivalente a la posición de Maestro, para hacer contrataciones y proseguir la administración de los proyectos de su fallecido esposo.
1693: el manuscrito de York n.o 4, al referirse al aprendiz, describe cómo “él o ella (shee)” debe moverse durante su ceremonia de aceptación en la logia. Esta polémica palabra fue interpretada por los masones masculinos del siglo XIX como un error del copista quien, en su opinión, debió escribir “ellos” (they).
1696: los nombres de dos viudas aparecen en el libro de registros de los masones (Mason’s Court book record).
1713-1715: numerosos aprendices son asignados a maestras masonas según los registros de la Venerable Compañía de Masones (Worshipful Company of Masons) en el manuscrito 5984 de la biblioteca del salón de las guildas en Londres (Guildhall Library).
1713: la compañía de masones de Londres registra como aprendiz a Mary Banister, hija de un barbero en Barking. Su periodo de aprendiz se extendió durante siete años y ella le pagó a la compañía cinco chelines. En ese mismo año, la compañía registra la pertenencia de otras mujeres.

Los registros de mujeres en la masonería operativa se acaban al inicio del siglo XVIII. Coincidentemente, por esas mismas fechas, una mujer es iniciada por primera vez en una logia simbólica: en 1712, según su lápida, la señorita Elizabeth St. Leger es admitida en la logia simbólica de su padre, el conde St. Leger.

Women Builders (detail). Roman des Girart von Roussillon, Cod. 2549, f.167v, Flemish, 1447,
Österreichische Nationalbibliothek, Vienna.

La participación de las mujeres en la masonería antes de 1882 (iniciación de Maria Deraismes, fundadora de la masonería mixta) no puede seguir siendo ignorada ni explicada a través de artificiosos argumentos (como achacarle un error al copista). Afortunadamente, la visión de mundo sobre la mujer ha cambiado mucho en los últimos 150 años, gracias a la labor de las mismas mujeres y de los hombres que han aceptado el cambio de paradigma.

En la Edad Media, las corporaciones de arquitectos y picapedreros estaban integradas, en la mayor parte de los casos, únicamente por varones. Sin embargo, existen también numerosos ejemplos de la presencia de mujeres en estas organizaciones antecesoras de la masonería moderna. En el siglo XIII era aceptada la pertenencia de mujeres a las cofradías profesionales, como es el caso de las hilanderas, integradas exclusivamente por mujeres, o incluso en profesiones identificadas en aquella época por hombres, como la Guilda (corporación) inglesa de los Carpinteros de Norwich 1375, a la que pertenecían los albañiles de York y se hacía mención a la pertenencia de "hermanos" y "hermanas". 

En los archivos de la Logia de York N° 236, que perteneció a la antigua Gran Logia de toda Inglaterra, existe un manuscrito ritual de 1693 que, refiriéndose al momento de la recepción en la Logia, dice: “Uno de los antiguos toma el Libro, y aquel o aquella que debe ser hecho masón, posa las manos sobre el Libro, y le son dadas las instrucciones.”


Sin embargo, cuando acaba la construcción de las grandes catedrales góticas y asoma el renacimiento, la construcción se estanca. La consecuencia inmediata es la expulsión de las mujeres del gremio, de acuerdo con la influencia del pensamiento tomista y las ideas aristotélicas que insisten en su inferioridad. Al mismo tiempo, la masonería se empieza a nutrir de hombres ajenos a la construcción de catedrales y se convierten en un espacio de pensamiento. 


Es entonces cuando surgen en Inglaterra las constituciones de Anderson y las mujeres quedan proscritas de la masonería. Pero en la Francia ilustrada las mujeres se resisten de la mano de las precursoras del feminismo, apoyadas por algunos hombres.

El libro del Preboste de París del siglo XIII, detalla los oficios y corporaciones, como la cofradía de las Hilanderas, exclusivamente femeninos y nos da una idea de mujeres autónomas, con casas y talleres a su cargo, capaces –además- de organizarse.

Como obra atribuida a la mano de Sabina von Steinbach figuran las alegorías de la Iglesia y de la Sinanoga destinadas a las puertas meridionales de la catedral de Estrasburgo. Ambas piezas demuestran la categoría artística de esta mujer a la que, con toda probabilidad, hay que atribuirle otras esculturas de la catedral de Estrasburgo.

En el lateral de Notre Dame existe una escultura de una joven de largo pelo sosteniendo las herramientas propias del oficio de escultora. La leyenda cuenta que es Sabine, puede que no lo sea, pero en cualquier caso la idea de una “picapedrera” no parece que fuera ajeno a la sociedad gótica.








Fuentes; Isabel del Rio; Wikipedia; Jesús Martínez Verón (CREHA)  

miércoles, 27 de julio de 2011

Alice Guy Blaché.

Pionera del cine narrativo, considerada la primera narradora visual del cine, la fundadora del cine como narración cultural y la primera persona que dirigió una película en la Historia del Cine. Pasó la mitad de su vida intentando que reconocieran la autoría de sus filmes, ya que la mayoría  fueron exhibidos bajo los nombres de sus colaboradores.

Nació en Paris en 1873. Hija menor de padres editores, su padre fue un famoso escritor, lo que la llevó a desarrollar su amor por las artes y la literatura. Pasó su infancia entre Francia y Suiza y después de estudiar secretariado en 1894, en 1885 empezó a trabajar como secretaria de León Gaumont, uno de los pioneros de la industria del cine, cuando su organización se dedicaba todavía a fabricar equipos de fotografía.

El 22 de marzo de 1895, Louise Lumière invitó a Gaumont a una demostración privada de cómo funcionaba el nuevo invento que había construido, una cámara que hacía que las fotos fijas se convirtieran en movimiento: a Alice Guy, le fascinó el aparato y le dio que pensar.

Con una cámara Demeny-Gaumont, Alice Guy en 1896 combina imágenes en movimiento de los hermanos Lumiere y el arte teatral con una primera película titulada La fée aux choux ( El hada de los repollos ), un cuento de hadas con una pareja soñadora paseando con las manos enlazadas, que llegaba a un sembrado de repollos. En ese lugar aparecía un hada que tocaba con su varita mágica una de las plantas de la que entonces nacía un bebé chupándose el pulgar. Actuaron en él dos amigas de Alice en un jardín con un telón pintado que prolongaba el paisaje.

Guy realizó un remake en 1901 titulado Sage-femme de première classe. Ella se mantiene al tanto de la investigación de Etienne-Jules Marey, de Georges Demenÿ, y asocia los errores técnicos para crear sus primeros trucos.

Gaumont perfeccionó posteriormente la cámara de 60 mm. de Lumière sin saber muy bien que era lo que iba a hacer con su nuevo aparato. Alice, de 23 años, pensó que se podría animar con historias los resultados del cinematógrafo, para evitar la monotonía de esos registros puramente mecánicos, y manifestó a Gaumont que lo que había que hacer con el cine era contar pequeñas historias, y que ella estaba dispuesta a demostrarlo, realizándolas para divertir a los potenciales compradores del aparato.

Cuando le sugirió esta idea a Gaumont él dijo: «Como tú quieras... no es más que un juguete para niños...», y le permitió hacer el trabajo, los domingos, para que no abandonara sus tareas como secretaria. 




El invento de Alice tuvo tanto éxito que los equipos de la empresa de Gaumont comenzaron a venderse estupendamente. Así que Gaumont tuvo que eximir a Alice Guy de sus tareas de secretaria. 

Alice Guy siguió filmando títulos tan diversos como Los ladronzuelos del bosque verde, La momia o El correo de Lyon, hasta que Léon Gaumont decidió poner un estudio a su disposición. 

Los nombres se volvieron más ambiciosos: Fausto y Mefisto, Jesús ante Pilatos, (1898) con numerosos extras. Dirigía películas, supervisaba el trabajo de sus colaboradores, compraba guiones, contrataba asistentes, elegía elencos. En esos menesteres, sobre el fin de siglo, un joven periodista llamó la atención de la poderosa Guy: un tal Louis Feuillade (cuya extensa filmografía abarca más de 500 títulos y es reconocido por sus seriales relacionados con intrigas policíacas) que cada semana le acercaba tres o cuatro guiones muy amenos por los que cobraba cien francos. 

Gracias al olfato de Alice, el futuro creador de Fantomas y Judex inició al poco tiempo una brillante carrera. En The call of the rose, La llamada de la rosa, que se considera una película de mujeres, se cuenta la historia de una cantante de ópera profesional que se casa con un minero pero que pronto se da cuenta del vacío que le dejaba su inactiva existencia y se vuelve al este de los Estados Unidos a continuar con su carrera.

Todas las películas que hizo en esta época de su vida fueron proyectos muy ambiciosos: desde escenas de óperas a militares. Llegó a producir dos cortos semanales hasta que en 1905 fue nombrada supervisora de los demás directores de la compañía. Fue la primera persona que dirigió una película en la que todos los protagonistas eran negros, en 1912. Jugó un papel clave en la producción de las primeras películas sonoras, aspecto de su carrera casi siempre ignorada.

En 1907, se casó con Herbert Blaché, un camarógrafo que trabaja para la Gaumont británica, al que conoció en un viaje de promoción en Nimes. El matrimonio viajó a los Estados Unidos,  donde Alice dejó su trabajo como realizadora durante tres años para dedicarse a las tareas domésticas y tuvo a su primera hija. Simone. Aburrida de la vida casera volvió a la dirección y fundó con su propio dinero una productora «Solax Company», en la que realizó todo tipo de películas, comedias, dramas y algún western.

Sabemos hoy que el Estudio que Alice Guy  fundó fue el primero en la historia del cine y que sólo entre Octubre de 1910 y Junio de 1914, Solax produjo 325 películas, en las que Alice que dirigió unas 50, tocó todos los géneros: historias de hadas, películas fantásticas, románticas, comedias, temas religiosos, mitológicos, películas que eran cuadros que cobraban vida, para todos los gustos del público. Construyó uno de los mejor equipados estudios del mundo, donde siguió dirigiendo películas con gran éxito hasta 1920. Hoy existen datos como para pensar que dirigió o produjo alrededor de 1000 películas en su vida.

Aunque fundó otras dos compañías cinematográficas, a partir de 1919 se hizo imposible competir con Hollywood, y comenzó a trabajar para compañías más poderosas. Fue el comienzo del fin de su etapa en la industria independiente. Finalmente su compañía terminó por caer y su matrimonio con ella. Una vez cerrada su empresa, se dedicó a dar charlas públicas sobre los comienzos del cine.

Alice Guy fue pionera en la inclusión de los efectos especiales, usando técnicas de mascara de doble exposición y filmando secuencias en retroceso. En la mayoría de estos filmes, utilizó trucos cinematográficos como la doble exposición del negativo, dándole la vuelta al negativo, etc. 

Estos trucos o «técnicas» han sido generalmente atribuidos a Méliès. Alice Guy fue la primera persona que utilizó sobreimpresiones en La Navidad de Pierrot, y la proyección al revés en Una casa demolida y reconstruida. Fue la primera en usar grabaciones con un gramófono al mismo tiempo que las imágenes y la productora de una de las primeras películas a color, la primera en utilizar efectos especiales, usar la doble exposición del negativo, las técnicas de retoque, la cámara lenta y rápida, y el movimiento hacia atrás.

En 1922 regresó a Francia, tras divorciarse de Blaché y jamás pudo regresar al cine: había quedado fuera de la industria, que no tenía el espacio que merecía una pionera del cine como ella. En 1964 ella regresó a los Estados Unidos junto a sus hijas, donde quiso buscar y recuperar sus películas y fue a la Biblioteca del Congreso y a otros archivos de cine y filmotecas pero no encontró casi ninguna de sus películas y algunas de las que encontró se escondían bajo nombres de dirección de sus compañeros.

En 1949, cuando había cumplido 76 años,  Alice Guy regresó a París, donde la Cinemateca le rindió un gran homenaje por ser la primera mujer directora de cine en el mundo, no el primer director en el mundo. Tuvo gran repercusión en los medios y recibió más tarde las insignias de Chevalier de la Legión de Honor.

Alice Guy, murió en New Jersey, en el estado en el que ella había cambiado el curso de la historia del cine. Tenía 95 años. En ningún periódico apareció su esquela.



La historia sitúa a Melies como el primer director, no como el primer hombre director. El Historiador G. Sadoul tuvo que inventarse la subcategoría de «mujer directora» con la finalidad de reservar el título de «primer director» para un hombre. Alice Guy había dirigido importantes películas como La vie du Christ, 1906, pero los créditos de esta película se los dio el mismo historiador y crítico G. Sadoul a Victorin Jasset, el asistente de Alice en esta película.

Según afirmaciones de Louise Heck Rabi, autora de Women Filmmakers: A Critical Receptionella,  ya se lo esperaba: «Ella se anticipó y dijo que los créditos de la dirección y la producción de sus películas serían falsamente asignados a alguno de sus colaboradores. Ella sabía desde el principio que su nombre, intencionadamente o no,  sería omitido o ignorado o degradado en la historia del cine francés y americano».

Alice Guy y el cine de mujeres

Aunque Alice Guy produjo In the year 2000, una película de ciencia ficción en la que las mujeres en el año 2000, eran las que controlaban el mundo, los historiadores están de acuerdo en que Alice no quería hacer historias que tocaran temas feministas. Ella misma contribuyó a esta leyenda, al negar la visión femenina, probablemente para ser aceptada en un mundo dominado por los hombres. La realidad es que en muchos de sus films toca temas en los que la mujer es protagonista de su propio destino y, mientras  afirmaba que el sitio adecuado de las mujeres era delante de la cámara, repetía que no había nada en la dirección cinematográfica que supusiera que una mujer no pudiera hacerlo tan bien como un hombre.








Fuentes: Enrique Martínez-Salanova Sánchez; Wikipedia

domingo, 24 de julio de 2011

Svetlana Yevgenyevna Savitskaya.

Svetlana Yevgenyevna Savitskaya. Piloto y cosmonauta soviética. Se convirtió en la segunda mujer en salir al espacio al tripular la Soyuz T-7 en 1982, después de 19 años del vuelo de la primera mujer cosmonauta, Valentina Tereshkova. El 25 de julio de 1984, se convirtió en la primera mujer en dar un paseo espacial.

Svetlana nació en Moscu, el ocho de agosto de 1948. Es el ejemplo de su padre Yeveniy Savitsky, diputado comandante de las defensas aéreas soviéticas que destaca durante la segunda guerra mundial, lo que llevó a Svetlana a experimentar con los vuelos aéreos y que más tarde la llevaron a ser cosmonauta.

Svetlana desde niña jugaba con aviones  y su gran pasión era el paracaidismo. Sus estudios incluyeron música, inglés y natación además de clases de la escuela; le gustaba también la lectura, y el patinaje artístico.

Después de finalizar la educación secundaria, ingresó en la Escuela Central Técnica de Aviación, preparándose además para pilotar aviones caza bombardero. La joven logró manejar los siguientes tipos de aviones: MIG-15, MIG-17, E-33, E-66B. También practicó el paracaidismo, donde estableció 3 récords mundiales en los saltos de grupo con paracaídas desde la estratosfera y 15 récords mundiales en aviones reactivos. También fue campeona mundial de pilotaje superior en aviones de émbolo en 1970. Por sus logros deportivos, en 1970 recibió el título de Maestro Benemérito de Deportes de la URSS.

Un año más tarde se graduó en la Escuela de Aviación y en 1972 del Instituto de Aviación de Moscú (Universidad de Aviación Ordzhonikidze). Tras finalizar los estudios trabajó de monitora de aviación y desde 1976, tras realizar un curso de estudios especializados en la escuela de pilotos de avión, fue distinguida con el título de piloto de pruebas del Ministerio de Industria Aérea de la URSS.

Durante su trabajo como piloto de pruebas aprendió a dominar más de 20 tipos de aviones. En 1980 entró en el grupo de cosmonautas (Grupo de Mujeres Cosmonautas nº2 de 1980), donde realizó un curso completo de preparación para vuelos espaciales en la naves de tipo Soyuz T. 

Fue entre el 19 y el 27 de agosto de 1981 cuando Savítskaya realizó su primer vuelo espacial como cosmonauta exploradora de la nave Soyuz T. El vuelo duró 7 días, 21 horas, 52 minutos y 24 segundos.




En 1984 realizó su segundo viaje al espacio a bordo de la estación espacial Salyut 7, siendo el 25 de julio cuando se convierte en la primera mujer en dar un paseo espacial. 

Permaneció fuera de la estación durante 3 horas y 35 minutos, durante las cuales trabajó en el exterior de la plataforma orbital Saliut 7, soldando placas de metal y fundiendo plata y aluminio con el fin de preparar un sistema de acumulación de energía para la estación espacial en órbita. La acompañó en los trabajos mecánicos el cosmonauta Vladimir Dyanibekov, miembro de la tripulación de la estación orbital, integrada por seis personas. 

Posteriormente tripularía también la Soyuz T-12 y ha permanecido más de 20 días en el espacio a bordo de dos vuelos espaciales. Svetlana continuó como ingeniero civil, en Energia NPO como cosmonauta activa. En 1987 es nombrada diputada de energía y en 1989 empezó a involucrarse cada vez más en la actividad política. De 1989 a 1991 fue diputada popular al Parlamento soviético. 

En 1993 dejó el Destacamento de Cosmonautas y en 1994 fue dada de baja de la corporación Energuia y se centró íntegramente en la actividad política. Es diputada de la Duma Estatal (cámara baja del Parlamento ruso), y miembro del Comité de Defensa. En enero de 1996 se puso al frente de la Comisión Temporal de Control del Sistema Electrónico de Votación y se convirtió en miembro del Consejo Central del movimiento social y político Herencia Espiritual.






Svetlana continua así el camino iniciado por Valentina Tereshkova la primera mujer cosmonauta que, en Febrero de 1962 tras una muy dura selección, fue escogida entre más de cuatrocientas candidatas, todas ellas con un requisito imprescindible, ser paracaidista y seleccionada junto con otras cuatro mujeres, Tatiana Kuznetsova, Irina Solovyova, Zhanna Yerkina, Valentina Ponomareva y Valentina Tereshkova,  para formar parte del cuerpo de cosmonautas. 

Estas mujeres fueron sometidas a un durísimo entrenamiento que incluía vuelos en Mig-15, saltos en paracaídas y pruebas en las centrifugadoras.  El objetivo de estas mujeres era pilotar una de las naves Vostok; la elegida marcaría un doble hito; ademas de ser la primera mujer astronauta, sería también el primer astronauta civil (Todos los astronautas lanzados al espacio hasta aquel momento eran pilotos militares). 

La elegida finalmente fue Valentina Tereshkova que un 16 de junio de 1963 durante la misión Chaika (gaviota en castellano), completo 48 órbitas alrededor de la Tierra, en poco más de 70 horas. Tiempo de vuelo mayor que el de todos los astronautas estadounidenses que habían volado anteriormente.

Savítskaya, dos veces Héroe de la Unión Soviética, fue condecorada con dos Órdenes de Lenin y la Órden de la Insignia de Honor. También posee una medalla de oro y 18 diplomas de la FAI (Federación Aeronáutica Internacional), 16 medallas de deporte de la URSS, y una medalla especial por superar la plusmarca mundial de permanencia en el espacio abierto.
 
 
Valentina Tereshkova

Es significativo observar que de los aproximadamente 500 astronautas que la humanidad ha puesto en el espacio, solo un pequeño 10% son mujeres.





Fuentes: Erika Cervantes; wikipedia

jueves, 21 de julio de 2011

Nathalie Lemel .

Nathalie Lemel (Duval de nacimiento), anarquista y destacada activista de la Comuna de París de 1871. Revolucionaria en la comuna, fue una luchadora de las causas sociales, y una feminista a la conquista de una República social con igualdad de derechos.

Nacida el 26 de agosto de 1827 en Brest donde sus padres tenían un café. Fue educada para ser una diligente ama de casa, aprendiendo costura, bordados y otras artes domésticas. Las dificultades económicas de su familia le llevó a abandonar la escuela religiosa a los doce años.

Tras haber fundado una libreria en Quimper, se instala en París y encuentra un empleo de obrera en un taller de encuadernación. En 1845 a la edad de 19 años se casó con Jérôme Lemel con el que tuvo tres hijos. 

En 1864 participa en la huelga de trabajadores de la encuadernación y un año más tarde, cuando se había incorporado a la militancia socialista y colaboraba en la publicación de manifiestos,se adhiere a la Asociación Internacional de los Trabajadores, conocida también como Primera Internacional que había sido fundada en Londres un año antes.  

En una huelga posterior, es elegida delegada sindical, puesto en que sobresale sus cualidades organizativas. Es este un hecho insólito en la época en que de acuerdo con el ideario marcadamente sexista de Proudhon las mujeres debían estar en la casa o en la calle. Defendió la igualdad de salarios entre hombres y mujeres y la libertad de expresión. Sobre ella en un informe de la policía se decía que “se hacía notar por su exaltación, se ocupaba de asuntos políticos; en los talleres leía en voz alta prensa mala y frecuentaba clubs”.

En 1868 abandonó a su marido a causa del alcoholismo de éste, lo cual sumado a su firme oposición al segundo Imperio, se utilizó para denigrarla públicamente y en los informes policiales.

En 1871, explota la insurrección de la comuna de Paris y milita en la Unión de mujeres por la defensa de Paris, creada por ella y por Elisabeth Dmitrieff el 11 de abril de 1871 en un café de la calle del Templo. Dicha Unión disponía de un programa y manifiesto cuyo texto era uno de los más avanzados de la época. Formará parte del comité central y con los últimos combates el 28 de Mayo, junto al cementerio Père-Lachaise, cuando finaliza la administración de la ciudad de París por la Comuna, participó con unas cien mujeres, en las barricadas de la plaza Blanche y de Pigalle, donde combatía a las tropas, a parte de dedicarse al cuidado de los heridos.



Eugene Varlin, uno de los fundadores de la Sociedad de Ahorro y Crédito Mutuo de los Obreros Encuadernadores, de la que fue nombrado presidente y defensor de la igualdad entre sexos, introduce a Nathalie Lemel en el Consejo de Administración. En 1867 ambos ponen en marcha la cooperativa "La Ménage» y en 1868 fundan el restaurante cooperativo "La Marmite», un restaurante obrero que durante la Comuna asociaba a 8.000 trabajadores y donde ella misma trabajaba como cajera, cocinera, secretaria y administradora. También participó muy activamente en la Comuna interviniendo con frecuencia en los debates de los clubs de mujeres.

Es arrestada el 21 de junio de 1871 y desesperada por el fracaso de la Comuna, intenta suicidarse (con ajenjo) sin éxito. Cuando sus amigos reclaman su indulto, envía ella misma una carta al prefecto, explicando que rechaza todo recurso de indulto y toda acción que se lleve en su favor. Fue sometida a un consejo de guerra en el cual asumió todas las responsabilidades de revolucionaria al igual que Louise Michel y ambas fueron condenadas al destierro en 1873 en Nueva Caledonia a donde es deportada el 24 de agosto. 

Tanto ella como Louise se opusieron a la separación de hombres y mujeres en la deportación « No pedimos ni aceptaremos ningún favor e iremos a vivir con nuestros co-deportados en el recinto fortificado que la ley nos determina». No volvieron a París hasta la promulgación de la Ley de amnistía de 1880.

Nathalie encontró trabajo en el diario L’Intransigent y continua la lucha por las mujeres. Sus hijos no le sobrevivieron y Nathalie pasó los últimos años en la miseria y ciega, falleciendo en 1921 en un asilo de Ivry-surSeine. 





El 8 de marzo de 2007 con motivo de la Jornada Internacional de los Derechos de las Mujeres se inauguró en el distrito tercero de París una plaza que lleva por nombre Nathalie Lemel. 




Fuentes: wikipedia.

domingo, 17 de julio de 2011

Lucía Sánchez Saornil


Lucía Sánchez Saornil, poetisa, militante anarquista y feminista española. Siendo escritora, no figura en los libros de literatura. Siendo política, no aparece en los libros de política.



Nace, un 13 de diciembre de 1895, en el seno de una familia pobre del barrio de las Peñuelas de Madrid. Su madre y un hermano, murieron muy pronto, quedándose ella al cargo de su padre y una hermana. Ello limitó su formación académica, y después de la escuela pública tuvo que compaginar sus estudios de pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando con su trabajo como telefonista. En el ambiente cultural de la Academia de Bellas Artes empezó a relacionarse con la vanguardia literaria de la época, decantando su producción en poesía, siguiendo los movimientos vanguardistas y adhiriéndose en particular en 1919 al movimiento ultraísta. Publicó entonces sus poemas en revistas como "Tableros", "Plural", "Manantial" y "La Gaceta Literaria".

Su producción poética en sus inicios tiende a ser modernista, no destacando excesivamente, con la excepción de sus creaciones eróticas dedicadas a la belleza femenina, que son apreciados por su fuerza y originalidad. Creaciones de amor lésbico  que publica bajo el seudónimo masculino de Luciano de San-Saor.


La primera que trazó un breve perfil biográfico de Lucía Sánchez Saornil fue Lola Iturbe, aunque algunos datos (fechas de nacimiento y expediente en la Telefónica) están equivocados. Entró a trabajar como operadora telefonista en 1916. Alternó esta ocupación escribiendo poesía en revistas literarias, debutando el mismo año en Los Quijotes (1916-1918) en Grecia de Sevilla, Cervantes, Ultra, Plural, etc. Fue tal vez ya en esa época que Lucía conoce o empieza a interesarse por el anarquismo.

Su militancia, en el seno de la Central Telefónica de Madrid, le acarrean represalias (21/9/1927, traslado al Centro Interurbano de Valencia) y, finalmente, el despido antes del advenimiento de la república. Imposible, en este artículo, detallar todos sus avatares en la Compañía Telefónica, ni el célebre conflicto de la misma, que duró años y resurgió con pujanza en la huelga nacional del 6 de junio de 1931, en la que activamente participó Lucía.

Lucia se centra de lleno en el ultraísmo, movimiento del cual es fundadora y en el que participa activamente. Muestra de ellos es su coparticipación en el Manifiesto ultraísta publicado en la revista Cervantes en el año 1919. Durante esa época también publica en las revistas “Grecia”, “Tableros”, “Plural”, “Manantial” y “La Gaceta Literaria”. Es considerada la única representante poeta de este movimiento, aunque como a muchas mujeres, es obviada de antologías del ultraísmo que ni la mencionan. Algunos de los poemas más notables de aquella época son “Cuatro Vientos” o “Elegía Interior”.

Con su mayor implicación en el movimiento anarquista, a partir de los años 20, abandona  la poesía para dedicarse a la actividad política en el seno del movimiento anarcosindicalista. Participó en diferentes conflictos sociales dentro de Telefónica. En 1927 se trasladó a Valencia, donde colaboró en varios periódicos anarquistas como Tierra y Libertad y Solidaridad Obrera. De vuelta a Madrid en 1929, prosiguió con sus actividades en el movimiento anarquista, haciéndose cargo en 1933 de la secretaría de redacción del periódico CNT.


Su posición feminista se va reafirmando a lo largo de los años, como se puede apreciar en sus artículos publicados en este tiempo en “Tierra y Libertad”, “La Revista Blanco” y “Solidaridad Obrera”, donde defiende abiertamente que la lucha de la mujer no debe estar supeditada a la lucha de clases y donde insta a los anarquistas para que  empiecen a liberar a las mujeres de sus prejuicios en sus propias casas.   

Pero igual que las diferencias ideológicas entre falangistas y republicanos los separan, los prejuicios machistas los acercan. El descrédito y la descalificación es lo que recibe Lucia Sánchez Saornil de los jefes de la CNT y la FAI.

Antes de que de comienzo la guerra civil española, en el 36, Lucía, junto con Mercedes Comaposada y Amparo Poch, fundan la organización femenina “Mujeres Libres”, sección femenina de la CNT, en la que posteriormente se crea una publicación con el mismo nombre, de la que es editora y redactora. Esta organización que llegó a ostentar una afiliación de  20.000 mujeres al estallar la batalla nacional, fue desplazada de cualquier acción libertaria dentro del  propio movimiento, donde única y exclusivamente le permiten acciones de intendencia. Durante este periodo belicista, Lucía escribe algunos poemas que son recogidos en el libro “Romancero de Mujeres Libres” que se publica en el año 1937, y diversos artículos en “Horas de Revolución” en 1938.

En mayo 1938 ocupa la secretaria del Consejo General de Solidaridad Internacional Antifascista. Se traslada a vivir a Valencia donde se convierte en la redactora jefe del semanario “Umbral”, allí es donde conoce a la que se convirtió en su compañera, América Barroso, de la que ya jamás se separó. 

Se ha especulado mucho sobre la orientación sexual de la poeta y su posible homosexualidad, pero nunca se ha llegado a una conclusión satisfactoria. Rosa María Martín Casamitjana en la introducción de la antología de Sánchez Saornil ya señala la presencia de cierta ambigüedad en su obra: "Poemas amorosos en su mayoría, están atribuidos generalmente a un yo lírico masculino y dirigidos a un destinatario femenino, lo cual puede ser reflejo de una concepción absolutamente gratuita de la poesía, entendida como pura creación estética ajena a toda confesión sentimental y en la que el asunto amoroso es pretexto de sus inclinaciones lésbicas, sugeridas por alguno de los que la conocieron y desmentidas categóricamente por todos". 


En 1938 con Enma Goldman

Pasan juntas a pie la frontera en 1939 y, tras dos años en Francia, juntas la vuelven a pasar en 1941, huyendo del nacionalsocialismo alemán y para evitar la deportación a los campos de concentración. Se instalan en Madrid pero, tras ser reconocida Lucía, se trasladan aún más discretamente a Valencia, donde América trabaja en un consulado y Lucía retoca fotografías. Como nunca le gustó la publicidad, nadie más la reconoce y las dos mujeres van envejeciendo juntas, en un anonimato cuidadoso que sólo conoce el pintor Pedro de Valencia. El sentimiento de derrota absoluta lo refleja este verso: «Has jugado y perdiste: eso es la vida».  

Tras diagnosticarle un cáncer, comienza una angustiosa cuenta atrás, invocando a Dios o insultándolo, según los días y el ánimo. En poemas como Esperanza y Sonetos de la Desesperanza, leemos «Quiero creer en Dios, quiero creer, / no me enturbiéis la fe que voy buscando»; y también «¿He de creer en ese Dios absurdo / ese Dios que hizo al hombre contrahecho?»

Tras la despedida elegíaca «Ya no veré altamares... sólo un puerto / de sirenas varadas que exaspera / mi ansiedad condenada a un punto muerto, / contar, pesar, medir lo que yo era», comparó su destino con el de la Victoria de Samotracia: «perderé como tú si se da el caso / la cabeza pero nunca las alas» y terminó su último soneto con el verso  


«quiero serenidad para morirme».

Esta mujer que defendió los derechos de las mujeres, que luchó por las libertades en su frente anarquista, que militó en la vanguardia de todo durante las décadas de los años 20 y 30,  falleció, en Valencia,  el 2 de junio de 1970. América Barroso, su inseparable compañera hace poner como epitafio en su tumba “Pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?





Lucia no dejó memorias, novela autobiográfica u otro documento escrito sobre su vida. Sólo algunos estudios sobre feminismo anarquista en la Guerra Civil, como los de Mary Nash en los 70 -publicados cuando Lucía había muerto-, intentaron rescatar su figura de un olvido voluntario y forzoso, del que finalmente no ha salido.





Fuente: Ciudad de mujeres; wikipedia

jueves, 14 de julio de 2011

Alexandra David-Néel

Louise Eugénie Alexandrine Marie David. Orientalista, escritora y exploradora nata. Fue activista política (anarquista), pianista, cantante de ópera, compositora, fotógrafa y conferenciante, entre otros oficios que nunca dejaron de ser vertientes diferentes de su principal objetivo: la exploración y la búsqueda. Fue la primera persona occidental en entrar en Lhasa, la ciudad prohibida.


Nacida en París, el 24 de octubre de 1869, a los seis años se mudó a Ixelles. Su madre era de origen escandinavo y de fuerte arraigo católico. Su padre formaba parte de un árbol genealógico con sólidas raíces en la burguesía francesa. Era la única hija en un ambiente familiar austero y bien situado. 

Alexandra frecuentó durante toda su infancia y su adolescencia al anarquista Élisée Reclus. Éste la lleva a interesarse por las ideas anarquistas de la época (Max Stirner, Mijaíl Bakunin...) y por las ideas feministas que le inspiraron la publicación de Pour la vie. Y contra todas las expectativas de su familia, acabaría manifestándose como una adolescente rebelde, una joven anarquista y finalmente, una de las más preparadas y reconocidas librepensadoras del siglo XX.

Durante su niñez, para escapar del aburrimiento, dirigió su mirada hacia el exterior, hacia el mundo. Un mundo de sueños y de mapas. Descubrió la India, China, Japón, Corea, Singapur, Tíbet. Esta afición por los grandes espacios muy pronto se transformó en una feroz independencia. A los cuatro años era lectora empedernida, a los cinco tocaba el piano con maestría y a los dieciséis, comenzaron sus famosos viajes por el mundo. En París y Londres aprendió sánscrito, inglés y canto, tuvo sus primeros contactos con el budismo y sintió la llamada del Oriente.

Se cuenta que su primera escapada del hogar familiar tuvo lugar cuando sólo contaba dos años de edad. Salió de su casa, atravesó el jardín y traspasó sin dudarlo la verja abierta.  Tres años más tarde volvería a repetirse una iniciativa similar. En esta ocasión se internó sola por el bosque de Vincennes, en las afueras de París y al caer la noche era encontrada por un guarda que la condujo a la estación de policía, donde la esperaban su madre y su padre.  Se cuenta que Alexandra arañaba la mano del guarda que la obligaba a renunciar a su aventura solitaria y ya en la misma estación de policía, juró venganza algún día.

Y así, a los 15 años se escapó a Inglaterra, y sólo regresó a casa cuando se quedó sin dinero. Ya entonces se declaraba seguidora de Epícteto y la filosofía estoica, así que en su próxima escapada, a los 17 años, (el primero que ella consideraría como un "viaje de verdad") sólo se llevó como equipaje el Manual de Epícteto. Cogió un tren en Bruselas (donde vivía con su familia) hasta Suiza, cruzó a pie el paso de San Gotthard y visitó los lagos italianos. Una vez más su madre pondría fin a este viaje tras encontrarla en el lago Maggiore sin dinero. A los 18 años (1886) viajó a España en bicicleta. Sin decir una palabra a su familia, como siempre, fijó sus pertenencias en el manillar, abandonó su casa en Bruselas y cruzó la Riviera francesa regresando por Mont-San-Michel, siendo así la primera mujer que llevaría a cabo el Tour de Francia en bicicleta. Para moverse de un lugar a otro, toda su vida escogió el itinerario más largo y el medio más lento de transporte.

Cuando cumplió los 21 años y alcanzó la mayoría de edad, a nadie le sorprendió que dejara la casa familiar. Se instaló nuevamente en París, donde compaginaba sus estudios de las filosofías orientales con una fuerte vocación anarquista. Escribió un tratado anarquista que ninguna editorial quiso publicar, dado que cuestionaba y atacaba frontalmente los abusos del estado, el ejército, la iglesia y la macroeconomía. Finalmente ella misma pudo hacer una autoedición con la ayuda de su compañero, el músico y compositor Jean Haustont. El libro nunca llegó al gran público, pero se ganó el interés de los círculos anarquistas en todo el mundo, llegando a ser traducido a cinco lenguas, entre ellas el ruso. Cursó también estudios en la Sociedad Teosófica con Madame Blavatsky. Y se dice que incluso llegó a ingresar en la masonería.



Rebelde a cualquier presión, y anarquista, se puso voluntariamente al margen de su clase social. Por otra parte, se convirtió en colaboradora libre de La fronde, periódico feminista administrado cooperativamente por mujeres, creado por Marguerite Durand, y participó en varias reuniones del « consejo nacional de mujeres francesas » o italianas aunque rechazó algunas posiciones adoptadas en estas reuniones (por ejemplo, el derecho al voto), prefiriendo la lucha por la emancipación a nivel económico, según ella causa esencial de la desgracia de las mujeres que no pueden disfrutar de independencia financiera. Por otra parte, Alexandra se alejó de estas « amables aves, de precioso plumaje », refiriéndose a las feministas procedentes de la alta sociedad, que olvidaban la lucha económica a la que debían enfrentarse la mayoría de las mujeres

Mientras tanto, Alexandra había estudiado música y canto, convirtiéndose en una exitosa cantante de ópera, con una voz muy aceptable, lo cual le daba ocasión de seguir viajando por el mundo. Su padrino era el conocido compositor Massenet. Creativa en cualquier campo al que se acercara, compuso junto a su compañero sentimental, un drama lírico titulado "Lidia", con el que viajó por toda Europa.

Sin embargo, la combinación de su búsqueda espiritual y su vocación por la música, la había convertido en una amante de los cantos tibetanos. En efecto, atraída por el budismo tibetano, aprendió sánscrito e inglés, y viajó por primera vez a Ceilán y a India en 1891 gracias a una oportuna herencia familiar. Quedó fascinada por la magia de India, hechizada por la música Tibetana, intimidada por los picos del Himalaya... ¡Y juró volver!. Pero, antes de volver a Asia, emprendió una incursión a África del Norte. Quería escuchar al Muezzin llamando al rezo desde un minarete en la puesta del sol, así como las plegarias musulmanas. Llega a Tunez en 1900 y es contratada para dirigir el casino. Alli conoció a Philippe Néel, que primero fue su amante y en 1904 su marido. 

Poco duró la luna de miel, Alexandra tuvo que viajar a París donde la reclamaban sus compromisos literarios, y luego a Bruselas para estar junto a su padre enfermo, que falleció al poco tiempo. Por aquel entonces en lugar de ser feliz casada con un apuesto y elegante ingeniero, se siente enferma y angustiada. Tiene todos los males —jaquecas, neurastenias, crisis nerviosas— típicos de las mujeres inquietas e inteligentes de su época que se ven atrapadas en la sociedad que les ha tocado vivir. Aunque su vida en común fue a veces tempestuosa, estuvo siempre impregnada de respeto mutuo. Se terminó definitivamente el 9 de agosto de 1911 por su marcha para su segundo viaje a la India (1911-1925). No obstante, después de esta separación ambos esposos entablaron una abundante correspondencia que no acabaría hasta la muerte de Philippe Néel en febrero de 1941. Desgraciadamente, de esta correspondencia sólo se conservan las copias de las cartas escritas por Alexandra; parece que las escritas por su marido se perdieron debido a las tribulaciones de Alexandra en la guerra civil china, a mediados de los años 1940.

En 1911 (contando con 43 años) se despidió de su marido para hacer un viaje en solitario a la India, y que en principio debía durar 18 meses. Pero no volvieron a verse hasta 14 años más tarde . "He emprendido el camino adecuado, ya no tengo tiempo para la neurastenia", le escribía a su marido en el barco hacia Egipto, primera parte del trayecto. Luego seguirían más viajes por mar a Ceilán, la India, Sikkin, Nepal y Tíbet, entre otros. A partir de este momento, Alexandra comienza una nueva etapa que pronto identificaría como la definitiva, como si por fin hubiera conectado consigo misma y con su misión personal.

En sus primeros pasos en esta nueva etapa recorre los lugares sagrados donde predicó Buda, con los ojos y sentidos atentos a todo lo que encuentra a su paso. Y sobre todo, una mente abierta de par en par. En 1912 en Sikkin, encuentra a quien reconoce como a su maestro (un lama con poderes mentales supranormales). Es el superior del monasterio de Lachen, con quien se queda dos años para aprender tibetano y los secretos del tantra, entre otras cosas, viviendo como una anacoreta, retirada en una cueva y dedicada a la meditación. Aprende tibetano y se inicia en el tantrismo budista. Vive en invierno en una cueva situada a 4.000 metros de altitud, sin morir congelada a pesar de vestir una ligera túnica de algodón. En Lachen pone a prueba su resistencia física y su capacidad de adaptación, que le serán indispensables para su larga travesía hasta la capital tibetana.

Por aquella época es recibida por el Dalai Lama, que ya había oído hablar de ella, siendo la primera mujer occidental que es recibida por él.

Aquí, en Sikkin, (en 1914) conoce a un muchacho tibetano, Yongden, de 14 años y de espíritu aventurero como ella, al que contrata y además adopta como a un hijo. Yongden enseguida ve en ella a su maestra y quiere acompañarla en sus expediciones. Ya nunca más se separará de ella, siendo su porteador, cocinero, secretario y, finalmente, colaborador en las traducciones de los libros sagrados tibetanos.


  
Tras unos meses en India, deciden viajar a Japón. Allí conoció al erudito Zen Suzuki, y al filósofo Ekai Kawaguchi quien le contó cómo había llegado a Lhasa, la capital del Tíbet, la ciudad prohibida, disfrazado de Monje Tibetano. Esto le despertó una obsesiva idea y abandonando Japón, salieron para Corea, donde pasaron unos meses, dirigiéndose después a Pekín. Luego decidieron cruzar toda china de Este a Oeste y visitaron el desierto de Gobi y Mongolia. Permaneció tres años en el monasterio chino de KumBum, cerca de Mongolia, estudiando los manuscritos budistas. Los monjes la consideran una hermana y la llaman "lámpara de sabiduría".

Continúa su peregrinación mística en Katmandú  y visita Benarés. A sus 57 años, Alexandra se siente preparada para llevar adelante su gran proyecto: intentar llegar a Lhasa por una ruta nueva que nadie antes ha utilizado. Se prepara a fondo caminando a diario 40 kilómetros. Entrar en la ciudad prohibida es un desafío, y siente curiosidad por pisar regiones que los mapas definen como «tierras desconocidas». Para ello, se disfraza de peregrina tibetana: se ennegrece el pelo con tinta china, se hace una peluca con la cola de un yak y se oscurece la cara y las manos (que eran las únicas partes de su cuerpo que dejaba ver su atuendo) con hollín. Lo que se suponía que iba a ser una difícil ruta de tres meses acabó convirtiéndose en una odisea de más de tres años, en los que se tendrá que enfrentar a tigres, osos y lobos, bandidos y funcionarios chinos, sin olvidar el frío, las tormentas, el hambre y los estrechos pasos a cinco mil metros de altitud.

Por fin, en 1925 divisa los techos rojos del palacio de Potala: han conseguido llegar a la ciudad santa de Lhasa. Escribe a su marido reconociendo la dureza del viaje: «Ni aunque me ofrecieran un millón repetiría esta aventura». De su discreta expedición junto a su hijo adoptivo, un criado, dos monjas y siete mulas, sólo llegan ella y su fiel Yongden.

Sus intereses ideológicos atrajeron a la joven desde el principio, por medio de sus viajes famosos y largas estancias en el Tíbet fue adquiriendo gran conocimiento de los lamas budistas. Alexandra llegó a pasar largos años de enseñanza y, su nervio curioso, la motivaba a querer siempre más, elevar su conocimiento. En especial, una práctica, un juego peligroso, algo que no debió conocer nunca fue el inicio de su particular infierno. Alexandra se mostró muy interesada por una practica budista denominada creación de un tulpa. Los lamas budistas le advirtieron que era una enseñanza nada recomendable, pues consiste en la creación de un fantasma generado a través de nuestra mente. Alexandra fue advertida de que estas creaciones podían volverse peligrosas o incontrolables. Demasiado tarde, Alexandra estaba fascinada con la idea e ignoró la advertencia de sus educadores. Los tulpas son entidades creadas por la mente de los lamas y son generalmente utilizados como esclavos. Son figuras visibles, tangibles, creadas por la imaginación de los iniciados. Alexandra se alejó del resto de sus compañeros y, una vez aislada de todo, comenzó a concentrarse en dicha práctica. Ella visualizó en su interior lo que quería crear, imaginando un monje de baja estatura y gordo. Quería que fuese alegre y de inocente actitud. Tras una dura sesión, aquella entidad apareció frente a ella.

Aquella entidad era algo así como un robot, sólo realizaba y respondía a los mandatos de su creadora. Con una sonrisa fija en su rostro, el monje accedía sin rechistar a lo que ella le ordenaba. Lamentablemente, no siempre fue así y aquel tulpa comenzó a realizar actividades que no les había sido encomendadas. Tal era la independencia de aquel fantasma de apariencia corpórea que los demás monjes lo confundían con uno más. Su creadora comenzó a sentir miedo, aquella entidad comenzaba a ser un ser con voluntad propia. A medida que iba siendo más independiente, los rasgos físicos que aquel bonachón monje fantasma fueron cambiando. Su afable sonrisa fue cambiada por otra más pícara, su mirada pasó a ser malévola y nada afable para todos los que convivían con aquel extraño ser. La propia Alexandra comenzó a sentir miedo.



En su libro publicado, Magic and Mysteri in Tibet, Alexandra David-Néel narra los seis duros meses que duró el invertir aquel proceso, conseguir que su creación se desvaneciera. Aquel monje se había hecho insoportable y Alexandra tardó lo suyo antes de conseguir invertir aquel proceso. “No hay nada extraño en el hecho que pueda haber creado mi propia alucinación. Lo interesante es que en estos casos de materialización, otras personas ven las formas de pensamientos creadas.”- declaró la antropóloga cuando posteriormente se le galardonaba con una medalla de oro por La Sociedad Geográfica de Paris y nombrada Caballero de la Legión de Honor.

El 27 de julio de 1945, finalmente llega en avión a la India y de allí a Europa. Por fin, se instala junto a Yongden en su finca de Francia. Durante un cuarto de siglo, Alexandra David-Néel no cesará de hablar del País de las Nieves. Como gran luchadora, emprendió un último viaje a sus 100 años para conocer el Himalaya, donde Alexandra buscaba la iluminación rodeada de muchos peregrinos. Sin duda, fue una vida enteramente dedicada al descubrimiento. El budismo tibetano se convierte en su "fondo de comercio", exigiéndole una producción literaria abundante para sobrevivir. Los americanos la bautizaron como "la mujer sobre el techo del mundo". La cubren de distinciones honoríficas. Le piden artículos, libros, conferencias. Y en todas partes triunfa. A su lado siempre va acompañada por Aphur Yongden quien, para algunos, es una curiosidad local. Alexandra escribe libros que son éxitos totales en la época: "Viajes", "Místicos y magos del Tíbet", "Iniciaciones lamas", "El Lama de las cinco sabidurías", etc.

Se establece en Digne, en los Alpes franceses, donde sigue escribiendo una abundante producción literaria, siempre alrededor de sus viajes y lo que en ellos descubrió. En 1955 muere Yongden. En 1969, la víspera de su 101 cumpleaños y poco antes de su muerte, Alexandra acude a las oficinas municipales a renovar su pasaporte “porque nunca se sabe”.

Yongden muere en 1955. Alexandra le seguirá en 1969. En 1973 las cenizas de Alexandra y Yongden fueron arrojadas a las aguas del Ganges.





Fuentes: Nuria Millet Gallego; Ruth Middleton (Circe, 1990).Wikipedia