domingo, 31 de julio de 2011

Sabine de Pierrefonds.( Sabina von Steinbach )


Escultora medieval, es una figura casi a medio camino entre la documentación histórica y la leyenda. Aún así hay suficientes indicios como para afirmar que se trata de una mujer escultora que trabajó en la catedral de Estrasburgo en la segunda mitad del siglo XIII. Se trata de una personalidad excepcional por el momento en el que está documentada, en plena Edad Media, y por el arte que practica, puesto que las pocas mujeres artistas conocidas del Medievo son miniaturistas pero en ningún otro caso se dedican a la escultura. Entre sus trabajos destacan el pórtico de la catedral de Estrasburgo y algunas de las estatuas góticas más notables de la catedral de Notre Dame de París.



La primera vez que se recoge la existencia de Sabina von Steinbach como escultora relacionada con la obra de la catedral de Estrasburgo es en 1617 en la descripción de la construcción del templo escrita por Schadeus. En esta publicación se cita un texto del pergamino sostenido por la figura de San Juan Bautista en estos términos: Gracias a la piedad de esta mujer, Sabina, que me ha dado forma a partir de la piedra dura. Por desgracia, la escultura de San Juan Bautista ha desaparecido y no podemos confirmar esta inscripción.

En cualquier caso, también nos consta la existencia de Sabina von Steinbach por su pertenencia al gremio de canteros de la ciudad de Estrasburgo a finales del siglo XIII, figurando como hija de Erwin von Steinbach, el maestro constructor de la catedral, y hermana de Johann von Steinbach, quien se encargó de levantar su torre.

Hervé de Pierrefonds, más conocido por su nombre germánico de Erwin de Steinbach, fue constructor principal de la catedral de Estrasburgo. De su padre aprendió y se constituyó en maestra del gremio de arquitectos y picapedreros.

Sabine había llegado a París sola, seguramente después de la muerte de su padre en 1318 y vivía, como el resto de masones, en los poblados que éstos constituían en las inmediaciones de las catedrales en construcción sin que escandalizára su independencia ni se criticara su labor.  

En este sentido es interesante la lectura del libro de María Viedma García “Mujeres de Escuadra y Cartabón” que recibió en el 2008 el premio “María Isidra de Guzmán”, o la novela del profesor de Historia Medieval José Luis del Corral, “El Número de Dios” (Edhasa), donde reivindica que “un tercio de los trabajadores de la catedral de León fueron mujeres”.

Los constructores vivían en poblados provisionales junto a los templos y palacios que levantaban. Viajaban constantemente y tenían contacto con otras culturas y religiones. Eran por tanto, mentes abiertas, muy en línea con el librepensamiento que enarbolaría después la masonería. 

En este momento de la baja Edad Media se enclava el nacimiento de la masonería, en el que la mujer tiene reservado un papel. 


Notre Dame


Existen evidencias históricas suficientes para sospechar que la exclusión total de la mujer de la masonería ocurrió cuando se llevó a cabo el proceso de transición de la masonería operativa a la masonería simbólica, a inicios del siglo XVIII, en las constituciones redactadas por el reverendo James Anderson (1723). Karen Kidd, en su libro Haunted Chambers: the Lives of Early Freemasons (2009), realiza un excelente trabajo de recopilación sobre lo que se sabe de las mujeres masonas anteriores a 1876, cuando la masonería mixta (comasonería) y la masonería femenina comenzaron a existir en el panorama occidental. Buena parte de los datos de este artículo fueron tomados de ese libro o, al menos, fueron encontrados gracias a las pistas que esa autora proporciona.

Las guildas de constructores eran organizaciones predominantemente masculinas, pero existían varios métodos para que una mujer pudiera acceder a una guilda: podía aprender el oficio directamente de su padre y una viuda podía suceder a su marido en todos los aspectos administrativos, como la contratación y pago de obreros y compañeros (“journeymen”). Incluso hay registros de una mujer no hija de masón que fue admitida como aprendiz en un taller y pagó su cuota respectiva a la guilda. 



El siguiente recuento y cronología muestra la presencia de la mujer en la masonería operativa:

1256: aparece una referencia a “Gunnilda la masona” de Norwich (“Gunnilda the Mason”) en los registros públicos de ese año (Close Rolls Calendar).
1318: la leyenda sitúa en esta fecha a Sabina von Steinbach, la hija del maestro constructor Erwin von Steinbach, el arquitecto a cargo de la construcción de la catedral de Nuestra Señora de Estrasburgo, quien es contratada para esculpir las alegorías de la Sinagoga y la Iglesia en el frontispicio de esa catedral, entre otras figuras.
1389: algunas cláusulas en el certificado de la guilda de masones de Lincoln usan repetidamente el vocablo “hermanas” junto a “hermanos”.
1390: el manuscrito Regius o Halliwell instruye a los masones para que se traten unos a otros como “hermano y hermana”.
1408: en los registros de la guilda de Corpus Christi de York se les indica a los aprendices obedecer al “Maestro o Dama o a cualquier otro masón”. Se sabe que la palabra “Dama” no era utilizada para describir a la esposa de un masón, sino que era el equivalente femenino a un “Maestro”.
Inicios del siglo XVII: el manuscrito de Harley, bajo la sección que se refiere a los aprendices, ordena que el nuevo aprendiz no revele los consejos o secretos confiados por el Maestro o la Dama.
1663: la viuda Margaret Wild aparece como miembro de la Compañía de Masones de Londres.
1683 (17 de abril): en el registro de las minutas de la logia operativa que se reunía en la capilla de María de Edinburgo (Escocia) se establece que la viuda de un masón podía ocupar la posición de Dama o Maestra, equivalente a la posición de Maestro, para hacer contrataciones y proseguir la administración de los proyectos de su fallecido esposo.
1693: el manuscrito de York n.o 4, al referirse al aprendiz, describe cómo “él o ella (shee)” debe moverse durante su ceremonia de aceptación en la logia. Esta polémica palabra fue interpretada por los masones masculinos del siglo XIX como un error del copista quien, en su opinión, debió escribir “ellos” (they).
1696: los nombres de dos viudas aparecen en el libro de registros de los masones (Mason’s Court book record).
1713-1715: numerosos aprendices son asignados a maestras masonas según los registros de la Venerable Compañía de Masones (Worshipful Company of Masons) en el manuscrito 5984 de la biblioteca del salón de las guildas en Londres (Guildhall Library).
1713: la compañía de masones de Londres registra como aprendiz a Mary Banister, hija de un barbero en Barking. Su periodo de aprendiz se extendió durante siete años y ella le pagó a la compañía cinco chelines. En ese mismo año, la compañía registra la pertenencia de otras mujeres.

Los registros de mujeres en la masonería operativa se acaban al inicio del siglo XVIII. Coincidentemente, por esas mismas fechas, una mujer es iniciada por primera vez en una logia simbólica: en 1712, según su lápida, la señorita Elizabeth St. Leger es admitida en la logia simbólica de su padre, el conde St. Leger.

Women Builders (detail). Roman des Girart von Roussillon, Cod. 2549, f.167v, Flemish, 1447,
Österreichische Nationalbibliothek, Vienna.

La participación de las mujeres en la masonería antes de 1882 (iniciación de Maria Deraismes, fundadora de la masonería mixta) no puede seguir siendo ignorada ni explicada a través de artificiosos argumentos (como achacarle un error al copista). Afortunadamente, la visión de mundo sobre la mujer ha cambiado mucho en los últimos 150 años, gracias a la labor de las mismas mujeres y de los hombres que han aceptado el cambio de paradigma.

En la Edad Media, las corporaciones de arquitectos y picapedreros estaban integradas, en la mayor parte de los casos, únicamente por varones. Sin embargo, existen también numerosos ejemplos de la presencia de mujeres en estas organizaciones antecesoras de la masonería moderna. En el siglo XIII era aceptada la pertenencia de mujeres a las cofradías profesionales, como es el caso de las hilanderas, integradas exclusivamente por mujeres, o incluso en profesiones identificadas en aquella época por hombres, como la Guilda (corporación) inglesa de los Carpinteros de Norwich 1375, a la que pertenecían los albañiles de York y se hacía mención a la pertenencia de "hermanos" y "hermanas". 

En los archivos de la Logia de York N° 236, que perteneció a la antigua Gran Logia de toda Inglaterra, existe un manuscrito ritual de 1693 que, refiriéndose al momento de la recepción en la Logia, dice: “Uno de los antiguos toma el Libro, y aquel o aquella que debe ser hecho masón, posa las manos sobre el Libro, y le son dadas las instrucciones.”


Sin embargo, cuando acaba la construcción de las grandes catedrales góticas y asoma el renacimiento, la construcción se estanca. La consecuencia inmediata es la expulsión de las mujeres del gremio, de acuerdo con la influencia del pensamiento tomista y las ideas aristotélicas que insisten en su inferioridad. Al mismo tiempo, la masonería se empieza a nutrir de hombres ajenos a la construcción de catedrales y se convierten en un espacio de pensamiento. 


Es entonces cuando surgen en Inglaterra las constituciones de Anderson y las mujeres quedan proscritas de la masonería. Pero en la Francia ilustrada las mujeres se resisten de la mano de las precursoras del feminismo, apoyadas por algunos hombres.

El libro del Preboste de París del siglo XIII, detalla los oficios y corporaciones, como la cofradía de las Hilanderas, exclusivamente femeninos y nos da una idea de mujeres autónomas, con casas y talleres a su cargo, capaces –además- de organizarse.

Como obra atribuida a la mano de Sabina von Steinbach figuran las alegorías de la Iglesia y de la Sinanoga destinadas a las puertas meridionales de la catedral de Estrasburgo. Ambas piezas demuestran la categoría artística de esta mujer a la que, con toda probabilidad, hay que atribuirle otras esculturas de la catedral de Estrasburgo.

En el lateral de Notre Dame existe una escultura de una joven de largo pelo sosteniendo las herramientas propias del oficio de escultora. La leyenda cuenta que es Sabine, puede que no lo sea, pero en cualquier caso la idea de una “picapedrera” no parece que fuera ajeno a la sociedad gótica.








Fuentes; Isabel del Rio; Wikipedia; Jesús Martínez Verón (CREHA)  

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