domingo, 30 de octubre de 2011

Clara Zetkin.

Política feminista alemana, creadora del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), aunque cuenta con todos los atributos biográficos para figurar entre las grandes personalidades de la historia del movimiento obrero mundial suele aparecer como un personaje característico pero secundario en todas las historias generales del socialismo.


Clara Zetkin, nace el 5 de julio de 1857. Estudió magisterio en un instituto privado de Leipzig y al terminar, entró en contacto con el movimiento obrero y femenino alemán, uniéndose al Partido Socialista de los Trabajadores (SAP) en 1878. El SAP había sido fundado por la unión de dos partidos anteriores: la Asociación General de Trabajadores Alemanes y el Partido Socialdemócrata de los Trabajadores y  en 1890 cambió su nombre al actual Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). 

Militó en el SPD hasta 1917 en que ingresa en el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, concretamente en su ala más izquierdista, la Liga Espartaquista, donde junto con Rosa Luxemburgo fue una de sus principales figuras, oponiéndose a las tesis revisionistas de Eduard Berstein en el debate que tuvo lugar al inicio del siglo XX. 

Tras participar en el congreso fundacional de la Segunda Internacional Socialista en 1889, regresó a Alemania y editó el periódico de mujeres socialistas Die Gleichheit ("La Campana"), que llegará quizás a ser el periódico feminista de mayor tirada y de mayor influencia de todos los tiempos y que se publicó a partir de 1892. A pesar de la represión continua que las autoridades y sus antiguos compañeros ejercen sobre los "espartaquistas", Clara sigue al frente del bando internacionalista y dirigiendo el periódico de las mujeres socialistas hasta que en 1917 lo deberá abandonar por no seguir "la línea política del partido". 

Intentó la reorganización de la sección femenina del partido. Stuttgart será el principal centro ciudadano de su intervención -que en períodos de campañas políticas se extienden por todo el Estado- que pasa a ser uno de los "feudos" de la izquierda revolucionaria y la ciudad donde las mujeres socialistas gozan de una mayor implantación.

Clara Zetkin (en el centro) acude al Parlamento como diputada en 1920
Cuando Bismarck prohibió el Partido Socialdemócrata en 1881, decidió exiliarse por imposición propia y en noviembre de 1882 fue perseguida por la policía, refugiándose en Zurich y pasando posteriormente al exilio en París, donde jugó un importante papel en la fundación de la Segunda Internacional. 

Allí y a partir de su relación con los revolucionarios rusos conoce y contrae matrimonio con un joven exiliado: Ossip Zetkin. Nunca se casaron, pese a lo cual ella adopto el apellido de su marido, del que tuvo dos hijos. También en París conoció a Louise Michel y a Jenny Marx. 

Es nombrada delegada de las mujeres socialistas de Berlín y toma parte en los preparativos del Congreso Constituyente de la Internacional Socialista opuesta a la Internacional posibilista que también quiso crearse en París. Al año siguiente, en 1890, tras la derogación de la “leyes antisocialistas”, vuelve a Alemania para convertirse en uno de los cuadros más significados del socialismo alemán que sería hasta 1914 el espejo donde se miraría el socialismo internacional. Entre 1891 y 1917, editó el periódico "Igualdad". 

En 1893 participa en el III Congreso del partido socialdemócrata en Zurich y entabla amistad con Engels. Desde este Congreso la presencia de Clara será indisociable de todos los Congresos nacionales e internacionales del socialismo y de todas las conferencias de mujeres. En 1896 en el Congreso del SPD que se celebra en Gotha, Clara presenta el primer informe partidario importante sobre la cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia en donde se adelantan la exigencia al voto feminista, punto en el que muchos partidos socialistas no se mostrarán tan avanzados. 

Durante la Primera Guerra Mundial, Clara Zetkin, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo junto a otros influyentes miembros del SPD, rechazaron la política pactista del partido con el gobierno, la cual suprimía las huelgas obreras durante el conflicto armado. Junto con otros activistas antibelicistas, Zetkin organizó una conferencia internacional de mujeres socialistas contra la guerra en Berlín en 1905 y a consecuencia de sus opiniones fue arrestada varias veces durante la guerra. 

Trabajo activamente  en la política sobre la mujer, la lucha por la igualdad de derechos y el derecho al voto, impulsando el movimiento femenino en la socialdemocracia alemana y en 1907 se convirtió en líder de la nueva Oficina de la Mujer del SPD, colaborando en la fundación del Congreso Internacional Socialista de Mujeres.


Clara y Rosa Luxemburgo
En el famoso Congreso de Sttutgart de 1907, en el que el trío Lenin-Rosa Luxemburgo-Martov, planteó una dura batalla sobre la cuestión de la guerra, Clara llevaría por su parte una violenta requisitoria en la comisión para tratar el derecho al voto de las mujeres contra los austromarxistas, a los que acusó de haber interrumpido la propaganda por este derecho. En otra ocasión, ella escribirá lo siguiente sobre este tema: 
“La Segunda Internacional toleró que las organizaciones inglesas afiliadas lucharan durante años contra la introducción de un derecho de voto femenino restringido... permitió también que el partido socialdemócrata belga y, más tarde, el austriaco, se negaban a incluir, en las grandes luchas por el derecho del voto, la reivindicación del sufragio universal femenino. . . que el partido de los socialistas unificados de Francia se contentasen con platónicas propuestas parlamentarias para la introducción del voto de la mujer".
En setiembre de 1915, mientras Clara y su amiga Rosa Luxemburgo se encontraban en la cárcel, tuvo lugar la Conferencia de Zimmerwald (una importante conferencia de dirigentes socialistas que se oponían a la guerra), en la que ambas mujeres fueron homenajeadas por su implacable lucha por la causa de la paz.



Reunión de dirigentes socialistas durante el Congreso de Zurich en 1893. Clara Zetkin es la
tercera por la izquierda, a su lado esta F. Engels y al fondo de la mesa A. Bebel

En 1916 Clara Zetkin fue una de las fundadoras de la Liga Espartaquista y del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD) y en noviembre de 1917 funda el suplemento femenino del periódico “espartaquista” Leipziger Volkezeitung. 

Dirigente de primer plano en el recién creado Partido Comunista alemán, Clara toma parte en las jornadas revolucionarias de enero de 1919 que concluirán con el asesinato de sus mejores amigos, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches y el fallecimiento natural -pero adelantado por los hechos- del veterano historiador y militante revolucionario Frank Mehring. El temple de Clara se hace ostensible cuando responde a este drama diciendo: “No lloraremos a nuestros muertos, hay que luchar”. 

Tras su incorporación al Partido Comunista de Alemania, es elegida representante en el Reichstag entre 1920 y 1933. De este periodo data su entrevista con Lenin sobre la "cuestión femenina". Ella se había planteado como un objetivo fundamental la organización del movimiento de mujeres socialdemócratas. En 1920, a la edad de 63 años, fue elegida Presidenta del Movimiento Internacional de las Mujeres Socialistas y ese mismo año visitó por vez primera a la Unión Soviética.





En 1921 formó parte importante de la Dirección de la III Internacional. Fue miembro de la oficina central del KPD y de su comité central. En 1924 asume la presidencia del Socorro Rojo Internacional que llevará adelante algunas campañas célebres como la defensa de Saco y Vanzetti. 

Su última actuación tiene lugar el 30 de agosto de 1932, cuando estaba enferma y medio ciega, el día de la apertura del Reichstag. Por su edad ella preside la sesión y en su intervención exige la creación de un frente proletario entre comunistas y socialdemócratas contra el nazi-fascismo. Cuando Adolf Hitler toma el poder y el Partido Comunista fue ilegalizado, Clara se exilia en Rusia. 

Clara Zetkin tuvo la visión para entender, junto a otras mujeres como Alexandra Kollontai, cuán importante era impulsar las demandas de justicia e igualdad de las mujeres trabajadoras. En el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas participaron más de cien delegadas de 17 países, entre las que estaban Clara Zetkin y Kathy Duncker que un 29 de agosto de 1910, proclamaron el 8 de marzo como día de la mujer. En esa misma ocasión se discutió también acerca del voto femenino como derecho universal, y no ligado al "censo" como pedían las sufragistas. 

Las razones de la propuesta del 8 de marzo para las mujeres socialistas estaban en que en los años anteriores, habían tenido lugar numerosas huelgas de obreras y obreros en Estados Unidos y en Europa. En 1908, por ejemplo, 40 mil costureras industriales de grandes fábricas estadounidenses se habían declarado en huelga demandando el derecho de unirse a los sindicatos, mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil.


¡Compañeras, en reconocimiento a la lucha de las mujeres por sus derechos y el amor a la paz, propongo celebrar cada año el Día Internacional de la Mujer!¿Y por qué esta fecha, compañeras? Porque nos recuerda la lucha de aquellas costureras de Nueva York que en 1857 exigieron igualdad de salarios y jornadas de 10 horas. Ellas murieron quemadas por los dueños de la fábrica... ¡Pero vivirán siempre entre nosotras”.
Sus concepciones teóricas sobre la cuestión femenina están fundamentadas en dos obras clásicas del socialismo:”El origen de la propiedad privada, la familia y el Estado” de Engels y “La mujer y el socialismo”, de August Bebel, y avanzan nuevas ideas sobre nuevos problemas en el orden organizativo y sindical aunque encuentran una dura oposición por parte de la burocracia sindical y de algunos notables del partido en proceso de instalación en el statu quo. Sin embargo, defiende que no tiene por qué haber una organización autónoma de las mujeres, porque:
«…No hay más que un sólo movimiento, una sola organización de mujeres comunistas -antes socialistas- en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas”, y esto se extiende a los otros niveles organizativos tradicionales.
No hay tampoco unas reivindicaciones específicas en temas como la sexualidad y el matrimonio y aunque no dejaría a su manera de plantear algunas de sus dudas, afirma junto con Lenin: “La preocupación de las mujeres comunistas, el de las mujeres trabajadoras, debería centrarse entorno de la revolución proletaria que pondrá las bases, entre otras cosas, para la modificación de las relaciones materiales y sexuales”. 

Para ella, el sufragismo era ”no sólo de un derecho natural, sino también un derecho social”, pero se negó a reivindicaciones específicas como la de la protección maternal. 

Clara y Alexandra Kollontai
En una de sus intervenciones en el Komintern propone la adopción de «remedios concretos y de órganos especiales que se encarguen de la agitación, organización y adiestramiento de las mujeres... considerando la especificidad cultural y moral de las mujeres», así como también, “la agitación programada y constante entre las mujeres todavía alejadas del partido, mediante asambleas públicas, debates y asambleas de fábricas, asambleas de amas de casa, conferencias de delegadas sin partido y apolíticas, agitaciones en las casas...". 

Pero a pesar de contar con el apoyo de Lenin y Trotsky sus planteamientos quedan en minoría, incluso entre las propias mujeres delegadas. Transcribimos a continuación un escrito de Lenin a Zetkin :
"Clara, aún no he acabado de enumerar la lista de vuestras fallas. Me han dicho que en las veladas de lecturas y discusión con las obreras se examinan preferentemente los problemas sexuales y del matrimonio. Como si éste fuera el objetivo de la atención principal en la educación política y en el trabajo educativo. No pude dar crédito a esto cuando llegó a mis oídos. El primer estado de la dictadura proletaria lucha contra los revolucionarios de todo el mundo... ­Y mientras tanto comunistas activas examinan los problemas sexuales y la cuestión de las formas de matrimonio en el presente, en el pasado y en el porvenir!".
En Rusia es nombrada presidenta de la Junta Internacional de Mujeres y poco después, muere a la edad de 76 años, en el sanatorio de Archangelskoje, en las proximidades de Moscú y sus restos mortales fueron depositados en las murallas del Kremlin con grandes honores.







Fuentes:http://es.wikipedia.org/wiki/Clara_Zetkin;http://www.mujergeneroyclase.com.ar/feminismoymarxismo/zetkinsuvida.htm;Pepe Gutiérrez-Álvarez

sábado, 22 de octubre de 2011

Sarah Bernhardt.

“¿Quién es Sarah? –se preguntaba Rubén Darío-. No sabremos decirlo. La palabra no existe. Sarah es lo que impele, lo que arrastra, lo que aborrece, lo que adora, lo que llora y lo que ríe…”…… es la soberana absoluta del arte en su mas alta significación : la vida real.

Henriette Rosine Bernard, actriz francesa de origen judío, nació en París, desconociendose el día exacto de su nacimiento; tanto se propone el 22 de octubre, 23 o 25 como la fecha correcta, pero no parece haber ninguna prueba para cualquier de estas fechas.  

Su madre era una mujer de religión judía, de origen holandés y llamada Julie Bernardt, alias Youle que se ganaba la vida como prostituta de lujo junto con su hermana, Rosine Bernardt. Julie tuvo varias hijas más: en abril de 1843 tuvo dos niñas gemelas que fallecieron a las dos semanas. Tras Sarah, tuvo a Jeanne (fecha de nacimiento desconocida) y a Régine en 1855. Todas fueron hijas de padres distintos y desconocidos.  

Su vida familiar no fue sencilla. Tuvo una relación tensa y distante con su madre, Julie, que nunca fue una madre cariñosa e interesada y ese hecho hizo que Sarah siempre buscase su aprobación y su cariño. Julie Bernard sentía predilección tan sólo por su hija Jeanne y descuidó totalmente la educación de su hija menor, Régine.

Sarah Bernhardt nunca supo quién era su padre biológico, aunque se cree que era el Duque de Morny medio-hermano de Napoleón III. Pasó los primeros 4 años de su vida al cuidado de una ama de cría. La primera lengua que Sarah conoció fue el bretón y es por esta razón que al iniciar su carrera teatral, adoptó la forma bretona de su apellido: Bernhardt. En esta época sufrió un accidente que muchos años después le acarrearía graves problemas de salud. Cayó por una ventana rompiéndose la rodilla derecha. Aunque sanó sin problemas, la rodilla le quedó delicada para siempre y tras el accidente, su madre la llevó consigo a París donde permaneció dos años. 

A punto de cumplir 7 años ingresó en la Institución Fressard un internado para señoritas donde permaneció dos años. En 1853 ingresó en el colegio conventual Grandchamp, cercano a Versalles, donde fue bautizada e hizo la primera comunión. El ambiente místico del colegio le hizo plantearse el hacerse monja. 

Tras abandonar Grandchamp a los 15 años, su madre trató de introducirla en el mundo galante para que se ganara la vida como prostituta de lujo, pero Sarah, influenciada por su educación conventual, se negó repetidamente a ello. 

Sarah y Julie
Julie Bernard tenía un salón en su piso parisiense donde se reunían sus clientes, entre los que estaba el duque de Morny. Morny aconsejó que Sarah se inscribiera en el Conservatoire de Musique et declamation y gracias a sus contactos, Sarah entró sin dificultad en 1859. 

En 1861 ganó un 2º premio en tragedia y una mención honorífica en comedia. Finalizados sus estudios en el Conservatorio, entró, de nuevo gracias a los influyentes contactos de Morny, en la Comédie-Française. 

La ya considerada como posiblemente la mejor actriz teatral del último cuarto del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX, sin embargo, no tuvo unos principios fáciles: miembro de la compañía de la Comédie Française desde 1862, sus primeras actuaciones suscitaron escaso entusiasmo entre el público. Debutó el 11 de agosto de 1862 con la obra "Iphigénie" de J. Racine. Su fuerte carácter le atrajo problemas con sus compañeros lo que provocó que abandonara la Comédie por primera vez en 1863. Tres semanas más tarde fue contratada por el Teatro Gymnase donde hizo 7 pequeños papeles en distintas obras

Actuó por útima vez el 7 de abril de 1864 con la obra "Un mari qui lance sa femme". Ese mismo año conoció a uno de los grandes amores de su vida, Charles-Joseph Lamoral, príncipe de Ligne, con el que inició una apasionada relación, hasta que quedó embarazada y el príncipe la abandonó. 

El 22 de diciembre de 1864 dio a luz a su único hijo, Maurice Bernhardt, que  siempre estuvo muy unido a su madre. Vivió siempre a su sombra, malgastando auténticas fortunas en el juego, en viajes y en una vida regalada. 

Sin un oficio y habiendo fracasado momentáneamente en el mundo del teatro, Sarah siguió los pasos de su madre convirtiéndose en una cortesana de lujo, actividad que no abandonó hasta que su carrera teatral se hubo afianzado con éxito y pudo mantenerse sólo con el trabajo que le reportaba el teatro. 


Ruy Blas

Sarah Bernhardt sentía predilección por su hermana pequeña Régine y cuando logró ser independiente se la llevó a vivir consigo para alejarla de la madre y de las intenciones de ésta de convertirla también en cortesana. Lamentablemente a causa del abandono afectivo que sufrió y del ambiente del piso de su madre, Régine se convirtió en prostituta a los 13 años. Falleció a los 18 años, en 1873, a causa de la tuberculosis. Su otra hermana, Jeanne, también fue cortesana durante una época y siempre que tenía necesidad de dinero. Para apartarla de la mala vida, Bernhardt se la llevó consigo con su compañía y la acompañó en varias de sus giras americanas y europeas. Era una actriz mediocre, pero hacía pequeños papeles y vivía una vida de lujo junto a su hermana.

En 1870, en la guerra con Prusia, Sarah cuidó heridos durante el asedio de Paris.  Tras la derrota francesa, muchos intelectuales exiliados por estar en contra del emperador pudieron regresar a Francia, entre ellos Víctor Hugo.

En 1872 comienza a interpretar obras de V. Landon escritas para ella: “Fedora”, “Cleopatra” y “Teodora”. El regreso, antes señalado, de Victor Hugo fue trascendental en la vida de Bernhardt ya que el escritor la eligió para protagonizar el reestreno de su obra Ruy Blas, (1872), donde destaco por su actuación de carácter carismático, sensual y melodramático, al igual que en Fedra (1874). Bernhardt además protagonizó otra obra de Hugo: "Hernani"".  



"Ruy Blas" la encumbró a cotas de éxito inimaginables y regresó a la Comédie-Françasie como una gran estrella y allí afianzó su repertorio y sus múltiples registros como actriz. En 1879 realizó su primera salida de Francia, estando 6 semanas en Inglaterra haciendo dos representaciones diarias con un éxito rotundo. Al llegar al país fue recibida espectacularmente, lo que indica que su fama había cruzado las fronteras de Francia. Esta primera visita conoció a un joven escritor llamado Oscar Wilde. Años más tarde, en 1893, Bernhardt aceptaría representar su obra "Salomé".

Sarah Bernhardt fue la primera actriz-empresaria del mundo del espectáculo. A raíz de una relación muy tensa con el director de la Comédie Française ( en la cual fue la primera mujer miembro de pleno derecho), Sarah rompió su contrato y dimitió el 18 de marzo de 1880. 

La Comédie pleiteó contra ella ganando el juicio. Sarah Bernhardt tuvo que renunciar a su pensión de 43.000 francos que hubiera tenido si hubiese permanecido un mínimo de 20 años en la Comédie y además se la condenó a pagar 100.000 francos de multa que nunca llegó a pagar. 

Ese mismo año, comenzó una gira internacional, viajando en coches de lujo especial, de trenes y de grandes cantidades de dinero que aparecen en las ciudades de toda Europa y los Estados Unidos. La gira por EEUU, que fue exitosa, le valió la excomunión del obispo de la iglesia anglicana por ofrecer la obra “ Adriana Lecouvreur “ catalogada por el mismo como indecente. En su visita tambien conoció a Thomas Edison y registró su voz en el recién inventado fonógrafo.

A su vuelta y disponiendo de una gran fortuna, arrendó el teatro Porte-Saint-Martin en 1883. En este teatro produjo y actuó en obras como "Frou-Frou" y "La Dame aux Camélias", entre otras. Durante sus giras, el teatro permanecía abierto y se estrenaban obras continuamente con distinto éxito comercial. Bernhardt no dudaba en apoyar el teatro de vanguardia, así que además de repertorio clásico, en el Porte-Saint-Martin se estrenaban obras de nuevos autores que rompían con el teatro tradicional. Tras unos años, Bernhardt arrendó del Théatre de la Renaissance, donde representó muchas obras de éxito. 

En 1887, representando “Tosca” en Brasil, se fracturo una pierna durante una función, en una caída en la que los utilleros se olvidaron de poder los colchones de amortiguación. Accidente mal curado, a raíz del cual sufrió infecciones durante 20 años, teniendo que recurrir habitualmente a la morfina.

La Tosca
En 1899 arrendó por 25 años el enorme Theâtre des Nations, único teatro donde actuaria durante los últimos 24 años de su vida.

Sarah también realizó algunas incursiones en el cine. Sus películas más conocidas son La dama de las camelias, en 1911,  (mas conocida por el público de EE.UU. como Camille) y en 1912 La reina Isabel. Artista polivalente en sus horas libres ejerció como pintora, escultora y escritora. 

Bernhardt tuvo una agitada vida sentimental, en la que destacan nombres como Gustave Dore, Victo Hugo, Jean Mounet-Sully, Jean Richepin, Philippe Garnier, Gabriele D´Annunzio, Eduardo, Príncipe de Gales, entre otros.

Se casó una sola vez, el 4 de Abril de 1882, con un oficial griego llamado Jacques Aristidis Damala, adicto a la morfina.  Fue un matrimonio tempestuoso, en el que Sarah intentó convertir en actor a Damala, pero fracasó. La actriz le impartió clases de actuación y le dio el papel de Armand Duval en "La Dame aux Camélias". Se eran infieles mutuamente y Damala se alistó en la Legión siendo destinado a Argelia. 

Las separaciones y reconciliaciones fueron continuas hasta que Sarah decidió irse de gira por todo el continente americano en 1887 y Damala ya no la acompañó. Era la separación definitiva. Permanecieron casados hasta la muerte de Damala a la edad de 42 años. 


 

El estilo de actuación de Bernhardt se basaba en la naturalidad. Ella detestaba profundamente las viejas normas del teatro francés donde los actores declamaban histriónicamente y hacían gestos sobreactuados. Rompió con todo lo establecido profundizando en la psicología de los personajes. Estudiaba cada gesto y cada entonación del texto que debía decir buscando la perfección natural sin que se notara ningún tipo de artificio. 

Destaca en su arte que representando siempre a grandes heroínas de tragedia o reinas, siempre huyó de la sobreactuación y de la afectación. Son famosas sus escenas de muerte, en las que en vez de según sus propias palabras, "ofrecer toda una retahíla de patologías" tales como estertores, toses, gemidos agónicos, profundizaba en el acto de morir desde el punto de vista psicológico y sentimental.

Ella es quien en su obra L’Aiglon, asumió el primer papel masculino interpretado por una mujer, al igual que fue la primera en representar el papel de Hamlet y Ofelia. Se le atribuyen muchas leyendas, algunas reales como el haber representado “La Dama de las camelias” de Dumas mas de mil veces. 
 
De ella se dice que solía viajar acompañada de varios perros, gatos, pájaros, tortugas, monos e incluso leopardos y caimanes y que vivió obsesionada por la muerte, siendo una asidua del deposito de cadaveres de Paris y viajando con un ataud en el que dormia de vez en cuando.

Eso por no hablar del pastel llamado “Sara” creado por pasteleros de Barcelona como homenaje a la actriz en una de sus visitas a la ciudad.

A los 71 años le fue amputada una pierna y desde entonces, sólo aceptó papeles en los que no tuviese que andar por el escenario. Su salud fue empeorando hasta sufrir un grave ataque de uremia, que estuvo a punto de acabar con su vida. En 1922, vendió su mansión en el campo de Belle-Ile-en-Mer, donde había rodado años atrás una película-documental sobre su vida. Cuando le llegó la muerte estaba rodando una película, "La Voyante". El 25 de marzo de 1923 su estado empeoró y los médicos dieron todo por terminado. 

La noticia de su agonía recorrió París y la multitud se agolpó  a las puertas de su casa en  el el boulevard Pereire. Sarah preguntó si había periodistas afuera  y al contestarle que si ella pronunció sus últimas palabras: 

“Durante toda mi vida los reporteros me atormentaron sin descanso. Ahora puedo atormentarlos yo un poco, haciéndoles esperar mi muerte". 

 Su cuerpo está enterrado en el cementerio parisino Pére Lachaise.








Fuentes:http://www.answers.com/topic/sarah-bernhardt#ixzz1bRNYNKoQ; Gran Enciclopedia Catalana; teatro tecnico para actores; Enciclopedia Británica


jueves, 13 de octubre de 2011

Aída de la Fuente Penaos. La Rosa roja de Asturias

 Aida la Fuente referente de mujer revolucionaria, militante comunista incansable, que no cejó jamás en la lucha. Libertaria Lafuente:
«...y que no niegue esa gente / que esos dos pechos cortados,/ que esos brazos arrancados / son libertaria Lafuente...». Rafael Alberti


Un año después de la Revolución Bolchevique, un 25 de febrero de 1915 nace Aida de la Fuente Penaos,  en León, en la calle Catalinas número diez, a las doce de la mañana, hija de Gustavo de la Fuente González y de Jesusa Penaos del Barrio




La familia se traslada a Oviedo, donde Gustavo de la Fuente era pintor de carteles y decorados en el Teatro Campoamor y participó en el establecimiento en la ciudad del Partido Comunista de España. El matrimonio tuvo seis hijos, siendo la mas conocida Aida, si bien todos sus hijos formaron en las Juventudes Comunistas. Gustavo y Daniel de la Fuente Penaos, dos de los hermanos de Aida, fallecieron en el frente al poco de comenzar la Guerra Civil, en 1936. Sobrevivieron a la guerra Maruja, Susi y la más pequeña, Pilar de la Fuente Penaos, nacida en 1919, que una vez huérfana fue trasladada a la Unión Soviética.

Desde pequeña comenzó a militar en organizaciones comunistas, primero en los pioneros y más tarde en la Juventud Comunista. Tras su ingreso en la organización juvenil una de sus principales misiones fue la de recabar dinero para enviar a los presos políticos de las distintas huelgas y conflictos obreros que sacudían Asturias a comienzos de los años 30.

Militante incansable vendía el periódico “Juventud Roja” por las calles. Solía pasar los sábados (el día en que los obreros cobraban el salario semanal) en el local del Partido Comunista, en las calles, en los bares e incluso en la Casa del Pueblo socialista pidiendo dinero para enviar a los penados; con el resultado de la colecta se compraba comida, ropa, tabaco... que dos veces por semana ella les entregaba a sus compañeros en la Cárcel Modelo de Oviedo.

Cuando estalló la Revolución de Octubre de 1934, se creó el denominado “Soviet de La Argañosa” en el conocido barrio obrero del mismo nombre. Rápidamente se organizó el abastecimiento para los vecinos y los combatientes, se emitieron vales y la vida económica y social del barrio pasó a ser controlada por el Soviet mientras duró la Revolución.

Como militante de la Juventud Comunista, ella fue uno de los enlaces entre dicho Soviet, el Comité Revolucionario y los milicianos que estaban en el frente. El testimonio de Alejandro Valdés la sitúa los días 7 y 8 colaborando en el hospital como enfermera. Otros autores hablan de su labor en la organización de las cocinas colectivas que se montaron en la periferia de Oviedo para abastecer a los combatientes revolucionarios, a los que llevaba café y comida a la primera línea.

El día 13 de octubre, cuando el ejército ya había entrado en Oviedo para aplastar la Revolución, y el mismo día en el que el edificio de la Universidad de Oviedo y cuanto contenía quedó destruido en el famoso incendio, Aida de la Fuente cumplía con su misión de enlace. Sabían que la Estación del Norte iba a ser tomada por las fuerzas del Tercio y decidió subir ella misma a San Pedro de los Arcos (posición estratégica para controlar la mencionada estación).

A día de hoy se desconocen  los verdaderos motivos que hicieron que acudiera a San Pedro, algunas fuentes apuntan a que se trasladó allí para informar a los compañeros de la inminente llegada al Tercio y la necesidad urgente de abandonar dicha posición, sin embargo también existe la teoría de que acudió para poder seguir luchando hasta el final contra las fuerzas represoras y contrarrevolucionarias.



Aida Lafuente perdió la vida en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro de los Arcos de Oviedo, en pleno enfrentamiento con la 21ª Compañía, encuadrada en las fuerzas mandadas por el teniente coronel Juan Yagüe. Estas fuerzas, estaban constituidas por un una Bandera de la Legión, un Tabor de Regulares y una Batería de Artillería. Aida, estaba intentando frenar, mediante una ametralladora situada en la cota de San Pedro de los Arcos, el avance del ejército (tropas de la Legión conducidas por el General Francisco Franco) en su definitiva neutralización de la Revolución de 1934.

Existían dos nidos de ametralladora, el primero fue silenciado por las tropas de la compañía número 24. La segunda ametralladora, la de Aida, logró detenerlos varias horas. El teniente coronel Juan Yagüe ordena en ese momento al comandante de los escuadrones de sables avanzar hacia el terreno comprendido entre la actual avenida de los monumentos y la iglesia de San Pedro, de esta forma deja entre dos fuegos la posición que estaba siendo defendida por Aida, la 23ª compañía de la Legión progresa a su vez y, con la ayuda de la caballería, penetra en la cota, a pesar de los disparos que siguen saliendo de la ametralladora, la 21ª compañía avanza por la zona de la estación del norte y llega también a la posición de Aida, que muere junto a otros siete compañeros.

Existen muchas versiones sobre su muerte, la más difundida es que murió disparando contra los legionarios con una ametralladora, otras afirman que se pegó un tiro antes de que los militares pudieran alcanzarla  y, otra mas, señala que cuando el destacamento de la Legión, al mando del teniente Dimitri Iván Ivanof emprendió el asalto,  la ametralladora de Aida había agotado ya sus peines de munición; al aproximarse el legionario Torrecilla (según relató él mismo a la prensa en aquellas fechas) Aida le habría golpeado con una barra, a la vez que sacaba una pistola que guardaba en su pecho. El legionario fue más rápido y disparó antes.

Unas horas después pasó por allí Luis de Sirval, redactor de El Liberal y de El Heraldo, y director de una agencia de prensa, y publicó un relato según el cual Aida habría sido fusilada a sangre fría por los legionarios. Este relato les indignó, hasta el punto de que el propio teniente  habría ido en busca de Sirval y le habría rematado a tiros de pistola (por lo que fue procesado ulteriormente).



Esta versión fue repetida por historiadores de izquierda en un tono más o menos enriquecido por los detalles. Pero el descubrimiento de lo que había pasado con los últimos defensores de San Pedro de Los Arcos sería la información que culminaría la investigación que le costó la vida a Luis de Sirval. En su cuaderno de notas, escritas a lápiz, se podían leer las cuatro siguientes líneas para un artículo que nunca fue escrito:

''Daída Peña (probablemente por el segundo apellido de Aida: Penaos), la fusiló el Teniente Dimitri Ivan Ivanov. Iglesia de San Pedro.''

Esta nota escueta, que motivó la muerte de Sirval a manos de Ivanov, enterado de que un legionario le había proporcionado este informe, corresponde con la versión obtenida por Alfonso Camín en los barrios del Naranco, y con la versión que ofrece Juan Ambou. Ambas parecen estar confirmadas por los trece impactos que Matilde de la Torre vio en el vestido de Aida que le fue mostrado por unos vecinos que lo habían recogido.

Trece tiros, no uno de pistola como sugiere el Sargento Torrecilla. Un fusilamiento, y no una muerte en combate, siguiendo lo que parece ser práctica habitual de legionarios y regulares ante los revolucionarios detenidos los días 12 y 13 en los barrios de Oviedo. Y junto de Aida, siete compañeros más. Juan Ambou cuenta:

''Los supimos después. Aida y doce más resistieron con las armas para proteger la retirada del grueso de las fuerzas revolucionarias... Murieron dos. Otros fueron heridos. Todos los que quedaron con vida fueron puestos contra el paredón de la iglesia, más bien del cementerio... Entre ellos Aida... Fueron ejecutados y enterrados en una fosa común... Desnudaron el cadáver de nuestra heroína. Buscaban, al decir del asesino Dimitri Ivan Ivanov, oficial del Tercio, documentos... Nada hallaron... Las prendas agujereadas por las balas y tintas de sangre fueron rescatadas por unos vecinos, las lavaron y las entregaron a la madre de Aida.''

(Publicado en el Tomo VIII de la Historia General de Asturias (1978). Octubre 1934. 2ª parte: La caída, recogido por Paco Ignacio Taibo II).

Fallecida su hija, Gustavo de la Fuente fue sometido por la República, como tantos otros intervinientes en aquellos sucesos, al correspondiente Consejo de Guerra, para esclarecer y castigar sus posibles responsabilidades. El 14 de septiembre de 1935, la prensa anunciaba que se había suspendido el Consejo de Guerra que debía juzgar a Gustavo de la Fuente. En las elecciones del 16 de febrero de 1936 resultó elegido Gustavo de la Fuente para formar parte del Ayuntamiento de Oviedo, en la candidatura del Frente Popular, por las listas del Partido Comunista de España.

Pocos días después de las elecciones, en un mitin  celebrado en Madrid el 29 de febrero de 1936, Aida de la Fuente, cuyo nombre ya había comenzado a ser utilizado en la variante Aida Lafuente, se iba convirtiendo poco a poco en un símbolo y una referencia entre las filas comunistas. Rafael Alberti leyó entonces su poema Libertaria Lafuente: «...y que no niegue esa gente / que esos dos pechos cortados,/ que esos brazos arrancados / son libertaria Lafuente...».

Iniciada la Guerra Civil, el Partido Comunista de España convirtió a Aida Lafuente en una de sus principales referencias simbólicas. Así, por ejemplo, en el cartel que se conserva en el Archivo General de la Guerra Civil Española, se rinde homenaje a cuatro «Heroínas de la independencia y la libertad de España»: Agustina de Aragón, Mariana Pineda, Aida Lafuente y Lina Odena. Este cartel, publicado por «Propaganda y Prensa. Socorro Rojo Internacional. Socorro Rojo de España», fue elaborado por la Delegación de Propaganda y Prensa, dependiente de la Subsecretaría de Propaganda de la Junta de Defensa de Madrid, que desde 1937 dirigía precisamente Gustavo de la Fuente, el padre de la heroína Aida Lafuente.

Ya en octubre de 1936, pocos meses después de comenzada la Guerra Civil, al cumplirse el segundo aniversario de Octubre de 1934, ya llevaban su nombre el Batallón Asturias número 1 «Aida Lafuente» y una calle en Gijón, y el símbolo de Aida Lafuente, inicialmente promovido por los comunistas, comenzaba a ser aceptado también por el Partido Socialista: en el mitin organizado por el Departamento de Propaganda del Frente Popular para conmemorar el primer aniversario de las elecciones de 1936, celebrado en el Teatro Dindurra de Gijón el 16 de febrero de 1937, en nombre del Partido Socialista interviene Moreno Mateo, quien se refiere a Aida Lafuente como una de las «dignas heroínas que dio siempre a la historia el pueblo español», símbolo del «heroísmo femenino astur»

Jesusa Penaos del Barrio, la  madre de Aida Lafuente murió fusilada en el Campo San Francisco de Oviedo, en los primeros días de la Guerra Civil.  Su padre, parece ser que murió en Madrid antes de que terminara la Guerra Civil. Sin embargo, en plena postguerra, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo le abrió expediente, al figurar su nombre en una relación de miembros de la Logia Jovellanos de Gijón, de 22 de noviembre de 1919. Y en el Sumario 693-44, fue «condenado a 12 años y un día de reclusión menor e inhabilitación absoluta perpetua»



Durante los años de la transición el mito de Aida Lafuente fue recuperado con fuerza. Así comienza la canción, en bable, que desde 1976 popularizaron Víctor Manuel y luego Nuberu: «Dieciséis años tinía / guapos años gayasperos / que xueguen y salten / semeyando xilgueros. / Yeres una neña Aida / que na rexón asturiana / xugabes dando a la comba / ú tos amigues saltaben. / Llegó la güelga d´ochobre / fuste revolucionaria / tu ya nun coyiste comba / que coyiste la metralla...» .

En esta canción, al igual que en acuerdo plenario del Ayuntamiento de Oviedo del 6 de abril de 1995 que acordó por unanimidad conceder el nombre de Aida Lafuente al paseo principal del parque de San Pedro de los Arcos,  se alude a una fecha errónea de su nacimiento , situándolo en 1918 y no en 1915, que ha dado lugar al mito de imaginarla como una niña. Así,  aunque José Ramón Gómez Fouz publicó en 1999 (en su libro Clandestinos, Oviedo 1999, página 241) el facsímil de la partida de nacimiento de Aida de la Fuente, el mito determina que se siga repitiendo la fecha de 1918 que pretende hacer niña a la heroica revolucionaria muerta en combate en Oviedo, nacida el 25 de febrero de 1915.

Independientemente de su edad, Aida de la Fuente Penaos, ha sido y siempre será un referente de mujer revolucionaria, militante comunista incansable, que no cejó jamás en la lucha.





Fuentes: Wikipedia; Enciclopedia de Oviedo; http://el.tesorodeoviedo.es/index.php?title=Aida_Lafuente; Amaya Caunedo

lunes, 10 de octubre de 2011

Irena Sendler. El Angel del Gueto de Varsovia.


Una vida repleta de heroísmo que ha estado oculta en la historia durante más de medio siglo. Esta trabajadora social polaca, salvó la vida de 2.500 niños judíos, sacándolos a escondidas del gueto de Varsovia. Mientras la figura de Oscar Schindler era aclamada por medio mundo, Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores. Fue candidata al Premio Nobel de la Paz en 2007, aunque finalmente no resultó elegida, al serlo Al Gore.


Irena Sendler nació un 15 de febrero de 1910 y fue siempre una mujer de gran coraje, muy influida por su padre, un médico rural que murió cuando ella tenía sólo 7 años. De él siempre recordaría dos reglas que siguió a rajatabla a lo largo de toda su vida. La primera: que a la gente se la divide entre buenos y malos sólo por sus actos, no por sus posesiones materiales; y la segunda: a ayudar siempre a quien lo necesitase.

Así la pequeña Irena se hizo mayor y comenzó a trabajar en los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Varsovia, al tiempo que se unía al Partido Socialista Polaco. Corrían los años 30 y destacaba en los proyectos de ayuda a pobres, huérfanos y ancianos.

Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena  a partir de su trabajo en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia el cual llevaba los comedores comunitarios de la ciudad, trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia, e Irena, viendo las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota.  Según ella misma ha relatado: "Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto."

Conocedora de los planes de los nazis para los judíos, comenzo a pasar niños escondidos en el fondo de su caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera en la parte de atrás de su camioneta (para niños de mayor tamaño). También llevaba en la parte de atrás un perro al que entrenó para ladrar a los soldados nazis cuando salía y entraba del gheto.
Por supuesto, los soldados no querían tener nada que ver con el perro y los ladridos ocultaban los ruidos de los niños. Otra manera era a través de una iglesia con dos accesos, uno al gueto y otro secreto al exterior. Los niños entraban como judíos y salían al otro lado como nuevos católicos.

Cuando Irena caminaba por las calles del gueto, llevaba un brazalete con la estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. Pronto se puso en contacto con familias a las que ofreció llevar a sus hijos fuera del gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito, lo único seguro era que los niños morirían si permanecían en él. Muchas madres y abuelas eran reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para ellos. Algunas veces, cuando Irena o sus compañeras volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de exterminio.

A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del gueto en el verano de 1942, consiguió rescatar a más de 2.500 niños por distintos caminos: comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo tipo de subterfugios que sirvieran para esconderlos: sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patatas, ataúdes... en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.

Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social. Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dándole identidades temporarias a los niños judíos. 

Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias.

Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí guardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2.500 niños,  hasta que los nazis se marcharon.


El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo  y paso varios  meses en la terrorífica prisión de Pawlak, bajo el atento cuidado de los carceleros alemanes, que no pudieron quebrar su silencio. No dijo ni una palabra cuando la condenaron a muerte, una sentencia que nunca se cumplió porque, camino del lugar de ejecución, un soldado la dejó escapar. La resistencia le había sobornado. No podían permitir que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños. Así fue como pasó a la clandestinidad y, aunque oficialmente figuraba como ejecutada, en realidad permaneció escondida hasta el final de la guerra participando activamente en la resistencia.

Con el final del conflicto se desenterraron los botes escondidos bajo el manzano, y los 2.500 niños rescatados del gueto recuperaron sus identidades olvidadas. 

La gran mayoría había perdido a sus progenitores, así que muchos fueron enviados con otros familiares o se quedaron con familias polacas, pero todos conservaron a lo largo de su vida un agradecimiento infinito a Irena Sendler. 



Tras los nazis llegó el comunismo y la aventura de Irena quedó olvidada entre las nuevas doctrinas. Ella, que ya tenía dos hijos, volvió a ser trabajadora social y a su vida tranquila, sólo truncada por las pintadas, en la puerta de su apartamento, en las que le acusaban con necedad de ser «amiga de los judíos» o la llamaban la «madre de judíos».

Michal Glowinski, a quien Sendler ocultó en un convento en enero de 1943, declaró que el régimen comunista hizo de la historia judía un tema vedado. A eso se sumó que Sendler fue integrante del Partido Socialista, lo cual le ocasionó problemas con los comunistas. Según Glowinski, los interrogatorios y el hostigamiento de la policía secreta a Sendler provocaron el nacimiento prematuro de su hijo Andrzej, quien murió dos semanas después. Asimismo, su hija Janina y Adam enfrentaron obstáculos para recibir educación.

En 1965 la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel. En noviembre de 2003 el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Orden del Águila Blanca (Order Orła Białego). 



En el año 2007 el gobierno de Polonia la presentó como candidata para el premio Nobel de la Paz. Esta iniciativa del Presidente Lech Kaczynski, contó con el apoyo oficial del Estado de Israel —a través de su primer ministro, Ehud Ólmert— y de la Organización de Supervivientes del Holocausto residentes en Israel. Las autoridades de Oświęcim (Auschwitz en alemán) expresaron su apoyo a esta candidatura, ya que consideraron que Irena Sendler fue uno de los últimos héroes vivos de su generación, y que demostró una fuerza, una convicción y un valor extraordinarios frente a un mal de una naturaleza extraordinaria. Finalmente el galardón fue concedido a Al Gore.

Irena Sendler falleció en Varsovia (Polonia), el 12 de mayo de 2008, a los 98 años de edad. Llevaba años encadenada a su silla de ruedas, en parte debido a las lesiones que arrastraba tras las torturas a las que fue sometida por la Gestapo. «Le rompieron los pies y las piernas, pero no lograron que les revelase el paradero de los niños que había escondido ni la identidad de sus colaboradores».



« La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad. »



Fuentes: Wikipedia; Ignacio Temiño, El blog alternativo