domingo, 2 de octubre de 2011

Rosa Luxemburgo.

"La Rosa roja", marxista, antimilitarista, economista y feminista. Sus aportaciones teóricas y su lucha personal  contribuyeron a hacer de ella uno de los referentes de la izquierda del siglo XX. Quiso destruir las estructuras de poder, incluso dentro del partido, algo que le llevó a romper sus relaciones con los jefes del partido, perdiendo su posición de líder e incluso la vida, pero nos ha dejado sus escritos, una magnifica defensa, sin concesiones, de la revolución proletaria y de la honestidad en el compromiso político revolucionario.

Rosa nació en Zamosc, Rutenia, el 5 de marzo de 1870 y fue la más joven de una familia judía polaca de cinco hermanos, que se desenvolvía en un ambiente muy cultivado e influenciado por los escritores occidentales, especialmente alemanes cerca de Lublin, en Polonia oriental, que en ese entonces estaba sometida al Imperio ruso. Su padre fue Eliasz Luxemburg III, comerciante de maderas judío, y su madre Line Löwenstein. 

La familia se trasladó a Varsovia, donde Rosa, estudiante aventajada, fue una de las pocas hebreas aceptadas en en Liceo ruso. Tras su llegada, cayó enferma y se le diagnosticó tuberculosis, pero finalmente, resultó ser una inflamación de cadera que no fue tratada correctamente, por lo que Rosa tuvo una pequeña cojera durante el resto de su vida. Echó la culpa de ello a sus padres por no haber pedido una segunda opinión y creyó que su cojera había facilitado a la policía su identificación en la continua huida en la que se convirtió su vida. 

Sus estudios (hablaba once idiomas), la hicieron conocer los escritos de Adam Smith y otros filósofos morales, y sus inclinaciones la llevaron a los escritos radicales, donde leyó a Marx y Engels. En su periodo de estudio, ya se involucró activamente en la política y, aunque consiguió aprobar meritoriamente sus exámenes, se le negó el reconocimiento público de sus logros, se decía que “por su actitud rebelde hacia las autoridades”. 

Rosa aparece ya como miembro del partido polaco izquierdista «Proletariat» en 1886, que inició su andadura política con la organización de una huelga general, tras la cual el partido fue desbaratado y cuatro de sus líderes fueron condenados a pena de muerte. Algunos de sus miembros consiguieron reagruparse en secreto, uniéndose Rosa a uno de estos grupos. 

En 1889 se creó el sindicato "Federación de Trabajadores Polacos", en la que intervino Rosa Luxemburgo. Una huelga convocada en Lodz acabó con una masacre de 46 obreros asesinados por la guardia zarista. 

La persecución política llegó a Rosa Luxemburgo, que en 1889 tuvo que abandonar su país y cruzar la frontera clandestinamente. Se refugió en Zurich donde estudia, de manera simultanea, Filosofía, Ciencias Naturales, Matemáticas, Historia, Política y Economía, y conoció a relevantes marxistas rusos, alemanes y polacos. Pero sobre todo, conoció a León Jogiches, como ella también marxista, judío y polaco, que sería su compañero para el resto de sus días, influyéndose recíprocamente. 

Se une a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco y se doctoró en Filosofía y Derecho por la Universidad de Zurich en 1897 con la tesis “El Desarrollo industrial de Polonia”, su primera contribución a la economía.

Cuando acabó sus estudios, Rosa se trasladó a Berlín, centro del movimiento socialista y después de una breve estancia en Francia donde tuvo contactos con el socialismo francés, contrajo matrimonio con Gustav Lübeck, para obtener la ciudadanía alemana y poder de este modo trabajar políticamente en Alemania, sin riesgo de expulsión. No consta que viviera nunca con este marido de conveniencia, y siguió su relación con Leo Jogiches.

Comenzó a escribir con fluidez, convirtiéndose en asidua colaboradora del periódico teórico marxista más importante de la época, Die Neue Zeit. Invariablemente independiente en el juicio y en la crítica, ni siquiera el tremendo prestigio de Karl Kautsky, su director, logró apartarla de sus novedosas y radicales posiciones, que siempre estaban sólidamente construidas y fundamentadas.

Fue destinada a Silesia por el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) para agitar entre los mineros polacos, y entonces pudo comprobarse otra de las grandes cualidades de Luxemburgo: la oratoria, la capacidad de transmitir y llegar a las masas obreras con un mensaje claro y lleno de entusiasmo revolucionario. Los obreros de las minas le llevaban flores y le pedían que no se marchara, que se quedara con ellos para ayudarles en sus luchas. Se ganó la simpatía del máximo dirigente de la II Internacional, Karl Kautsky, con cuya familia mantuvo una amistad íntima, así como de otras figuras revolucionarias de la época, como Franz Mehring y Ausgust Babel, así como con Clara Zetkin que inició los primeros análisis marxistas sobre la situación de la mujer trabajadora.

Dentro del SPD las tendencias reformistas se consolidaron y crecieron. Para combatirlas Rosa Luxemburgo escribió en 1899 "Reforma social o revolución", una de sus obras fundamentales en la que, paralelamente a Lenin, desarrolla la batalla contra el revisionismo moderno de Bernstein. Rosa Luxemburgo escribe: "Es cierto que, formalmente, el parlamentarismo sirve para dar expresión a los intereses de toda la sociedad dentro de la organización estatal. Por otro lado, sin embargo, lo único que el parlamento permite manifestarse es a la sociedad capitalista, es decir, una sociedad en la que los intereses capitalistas son predominantes". Por eso este libro es un material obligado de lectura y reflexión en las filas del movimiento obrero revolucionario. No se trata de otra cosa que de la defensa de la vigencia del marxismo, y en él están ya refutadas las acusaciones que hoy se lanzan contra las ideas comunistas. 

Luxemburgo no se opone a las reformas sociales sino que rechaza el argumento de que se puede llegar al socialismo a través de una reforma paulatina del capitalismo. Rosa Luxemburgo demuestra que la táctica revisionista supone una aceptación del sistema capitalista.

Llegó a Polonia el 30 de diciembre de 1905 y se involucró en todo tipo de actividades, desde escribir hasta empuñar el revólver para obligar a un impresor a editar manifiestos, artículos y folletos, hasta participar en huelgas y manifestaciones y pronunciar discursos a las puertas de las fábricas diciendo que ya no era necesaria una simple huelga general sino que era necesario un levantamiento general y una “completa emancipación de la mujer”.

Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin.

El nacionalismo de los socialistas polacos, en lucha por la independencia de Polonia, gozaba no sólo del peso de una larga tradición, que incluía a Marx y Engels, sino también de un amplio apoyo internacional. Indiferente a todo eso, Rosa cuestionó al PSP, acusándolo de sostener y difundir principios nacionalistas claramente burgueses, así como de desviar a los trabajadores de su único interés auténtico: la lucha de clases. Contra todo dogmatismo y tradición, Rosa defendió un análisis distinto al de Marx y Engels, oponiéndose además a la consigna de "independencia para Polonia". Rosa Luxemburgo defendía una línea política anti-independentista en una Polonia ocupada entonces por las tres grandes potencias del momento: Rusia, Alemania y Austria. Sus adversarios no ahorraron insultos. Wilhelm Liebknecht, llegó a acusarla de agente de la policía secreta zarista. 

En 1906, sintetizó sus experiencias y opiniones en "Huelga de masas, partido y sindicatos", que sirvió de punto de arranque para las discusiones en el Congreso del SPD en Manheim. Un año después, participó en el Congreso Socialista Internacional en el que interviene en nombre del partido ruso y polaco participando en los debates que agitaban el ambiente teórico-práctico del materialismo-dialéctico tras la muerte de Marx y Engels. Su pensamiento representó a las opciones radicales en el seno de la II Internacional. 

Gran teórica, realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo así como otros aportaciones teóricas originales en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo en su obra “La acumulación del capital: contribución a una explicación económica del imperialismo (1913), que ella creía que podría ser una continuación del libro de “El Capital” que el propio Marx no pudo acabar. En él, Rosa negaría el papel activo y la capacidad de conocimiento racional y de decisión de la socialdemocracia.

Cuando Alemania comenzaba a entrar abiertamente en la pugna colonial con las grandes potencias en Marruecos, los Balcanes y otras regiones del mundo, para lo que desató también el militarismo y el rearme de sus tropas, Rosa comenzó a profundizar en las cuestiones militares y a escribir artículos contra una guerra ya previsible a todas luces. La campaña contra ella arreció, no sólo en los medios más reaccionarios, sino también en las propias filas del SPD.  

Luxemburgo era presentada por la prensa como "la polaca sanguinaria". Se le abrió un primer juicio por incitación a la insubordinación de las tropas, en el transcurso del cual, dió muestras de valentía y arrojo: no se defendió sino que comenzó a acusar al belicismo alemán. El fiscal pidió un año de prisión y el encarcelamiento inmediato. Su condena levantó una oleada de indignación y sus conferencias estuvieron más concurridas que nunca. Se iniciaba así la denuncia del militarismo, el rearme y la guerra imperialista.

En 1907, participó en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, informando de la labor de la Oficina Socialista Internacional, cuerpo de la que era la única mujer miembro, y subrayando la importancia de que la mujer contara con una voz propia. Estaba determinada a formar un movimiento de liberación de la mujer que se concentrara no sólo en la organización de obreras, sino en conseguir que se convirtieran en líderes, capaces de tomar decisiones. También en ese año, el Partido Social Demócrata Alemán (SPD) fundó una escuela en Berlín y escogieron a Rosa como profesora de economía política

En 1910 se produce un grave altercado con Karl Kautsky, que se negó a publicarle un artículo sobre la huelga general en "Neue Zeit" por censura de la dirección del SPD. El tema volvía ser tabú para los reformistas e incluso Kautsky, que había alabado antes el criterio de Luxemburgo, escribió un artículo criticándola de manera desairada. Otros medios socialdemócratas también se negaron a publicarlo. 

Luxemburgo rompe la relación personal y familiar que le unía a la familia Kautsky y, por supuesto, rompe políticamente con éste de manera definitiva. En esta polémica con Kautsky, aunque indirectamente, intervino también Lenin que, como ya había sucedido antes con Plejanov y Engels, tomó partido contra Rosa Luxemburgo, aunque no tardaría en darse cuenta de su error y rectificó públicamente. 



Su distanciamiento de Kautsky, y de la mayoría del partido a medida que éstos se inclinaron hacia los métodos parlamentarios, hizo que pasara a ser reconocida como la líder principal del ala izquierda del SPD. Creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder hasta entonces en manos del capital, verdadero enemigo a combatir.

En 1912, su cargo de representante del SPD la llevó a los congresos socialistas europeos como el que tuvo lugar en París. Ella y el socialista francés Jean Jaurès propusieron que en el caso de que estallara la guerra, los partidos obreros de Europa debían declarar la huelga general. Al ocurrir el atentado y asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando y su mujer y aparecer la guerra ya inevitable, organizó varias manifestaciones llamando a la objeción de conciencia en el servicio militar y a no obedecer las órdenes. A causa de esto, fue acusada de «incitar a la desobediencia contra la ley y el orden de las autoridades» y sentenciada a un año de prisión. Su detención, sin embargo, no se produjo inmediatamente, lo que le permitió tomar parte en una reunión de la dirección socialista en julio, en la que confirmó que el sentimiento patriótico de los partidos obreros era más fuerte que su conciencia de clase.

En su denuncia del militarismo encontró a un aliado fiel, uno de los pocos parlamentarios del SPD que se unió estrechamente a ella para siempre en la lucha: Karl Liebknecht, hijo de Wilhelm Lieknecht, uno de los fundadores de la socialdemocracia alemana. Karl era abogado y había dirigido la sección juvenil de la Internacional. Ya en 1906 había publicado un libro dedicado a la juventud titulado "Militarismo y antimilitarismo". Al año siguiente fue condenado a un año y medio de cárcel por "alta traición", algo que no se conocía desde hacía décadas en Alemania, lo que le dio un enorme prestigio. A la salida de la cárcel se incorporó a la dirección del SPD, fue elegido diputado en 1908 y en 1914 los dos revolucionarios crean el "Frente Revolucionario Antibelicista".





Cuando estalló la 1ª Guerra Mundial, prácticamente todos los líderes socialistas fueron devorados por la marea patriótica. En agosto de 1914, el grupo parlamentario de la socialdemocracia alemana decidió votar a favor de los créditos para la guerra del gobierno del Káiser. Sólo quince de los ciento once diputados mostraron algún deseo de votar en contra. No obstante, los parlamentarios antibelicistas se sometieron a la disciplina del partido, y el 4 de agosto, todo el grupo socialdemócrata votó por unanimidad en favor de los créditos de guerra. Pocos meses después, el 3 de diciembre, Karl Liebknecht, infringiendo la disciplina de partido, votó de acuerdo con su conciencia. Fue el único voto en contra de los créditos para la guerra.

La decisión de la dirección del partido fue un rudo golpe para Rosa Luxemburgo. El mismo día que los diputados de la socialdemocracia se unieron a las banderas del Káiser, un pequeño grupo de socialistas se reunió en casa de Rosa y decidió emprender la lucha contra la guerra. Este grupo, dirigido por Rosa, Liebknecht, Mehring y Clara Zetkin, finalmente se transformó en la Liga Espartaco.  

En 1915, Luxemburgo comienza la edición de una revista al margen del partido: "La Internacional". En torno a ella se agrupan los cuadros más honestos de la socialdemocracia, los revolucionarios inquebrantables, los militantes fieles hasta el final: Clara Zetkin, Karl Liebknecht, Franz Mehring y León Jogiches, entre otros. Pero la reacción prohibe "La Internacional", del que no se difunde más que su primer número, y cuando el 19 de febrero de 1915 Rosa Luxemburgo se dirige a Holanda para participar en una reunión internacional de mujeres en compañía de Clara Zetkin, es detenida una vez más. 

En la cárcel escribió en 1915 el folleto "La crisis de la socialdemocracia", firmada con el seudónimo de Junius. Lenin criticó minuciosamente este trabajo anónimo, especialmente en los puntos que trataban la cuestión nacional, las etapas de la revolución y la necesidad del partido, aunque considerándolo como un folleto teórico extraordinariamente valioso. También redacta la "Anticrítica", una respuesta a quienes habían criticado su libro "La acumulación de capital". Pero arrojó algo a la cabeza de un carcelero y fue sometida a aislamiento, incomunicada y nuevamente condenada por ello. En julio es detenida también Clara Zetkin y, con Liebknecht en el frente, el movimiento contra la guerra imperialista aparece descabezado.




Cartel propagandístico  en que podemos ver a Rosa Luxemburgo
y a Clara Zetkin encarceladas por su actividad antibélica.
El 8 de noviembre de 1918, la revolución alemana liberó a Rosa de la prisión. Con toda su energía y entusiasmo se sumergió en la lucha revolucionaria. El 18 de noviembre publicó el primer número de la revista "Die Rote Fahne" (Bandera Roja). Los espartaquistas rompieron con los socialistas independientes, y junto con los «radicales» de izquierda formaron en diciembre el Partido Comunista de Alemania (KPD). Organizaron un levantamiento, inspirado por el triunfo bolchevique en Rusia, movimiento que tuvo su principal actividad en Berlín, por lo que se conoce como la revolución de Berlín. Se declaró la huelga general y se formaron los Consejos de Obreros. 

El 6 de enero de 1919, la gran burguesía alemana lanzó el Ejército y las fuerzas paramilitares prenazis contra los miles de obreros rojos sublevados contra el capitalismo. El 11 de enero el movimiento revolucionario ya había sido derrotado y los paramilitares iniciaron sus tareas de limpieza contrarrevolucionaria, desatando el terror «blanco» contra el proletariado. Miles de obreros fueron asesinados. Rosa había desafiado a los militares en su último artículo: "¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!". 

Cuando estaba escondida en el apartamento de un amigo, el 15 de enero de 1919, fue arrestada junto con Karl Liebknecht por un grupo local paramilitar. Fueron interrogados en el Hotel Eden que hacía de centro de operaciones, y la orden era llevarlos a la prisión civil más cercana. La multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo. Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. 

Mientras los llevaban al coche, eliminaron a Liebknecht y uno de los soldados, golpeó a Rosa en la cabeza con la culata de su rifle. Parece ser que estaba a las órdenes de Noske, ministro de defensa al que el Gobierno dirigido por el partido socialdemócrata había encargado la represión. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien. Los soldados levantaron su cuerpo mientras la sangre brotaba de su boca y nariz. Sentaron a Rosa en el coche, entre los dos soldados en el asiento de atrás y le dispararon un tiro a quemarropa. Su cuerpo fue arrojado a un canal, y pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podían reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio. 

Leo Jogiches, sorprendido e indignado por el asesinato de su antigua compañera, investigó el crimen, logró publicar declaraciones de testigos oculares y una fotografía de los soldados que cometieron el asesinato, que se decía que estaban celebrándolo en el hotel donde fueron interrogados. Sin embargo, a pesar de que se suponía que el asesinato fue preparado por el gobierno, y hubo grandes protestas, sólo arrestaron a un soldado y un oficial por dos años cada uno. Tres semanas después, Jogiches sería también asesinado, el 10 de marzo. Un año después el oficial alemán, autor del asesinato, fue amnistiado.




Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:


La Rosa roja ahora también ha desaparecido.
Dónde se encuentra es desconocido.
Porque ella a los pobres la verdad ha dicho
Los ricos del mundo la han extinguido.

y 43 años después de su muerte, el gobierno federal alemán declaró que su asesinato había sido una "ejecución acorde con la ley marcial". 

En el ámbito del feminismo Rosa Luxemburgo intentó colaborar con los movimientos de liberación femenina, pero cuando los miembros del partido socialista intentaron limitar su labor a lo que por entonces se llamaba la “cuestión de la mujer”, ella se negó categóricamente a dejarse clasificar. No es que se olvidara de la “cuestión de la mujer”, era perfectamente consciente de ella. Pero sus preocupaciones no se centraban sólo en la mujer, sino en el Hombre, con mayúsculas. 

Se menosprecia la “cuestión femenina” en Rosa Luxemburgo afirmando que su amistad con Clara Zetkin, reconocida como fundadora de la liberación femenina como movimiento obrero de masas, además de teórica y directora del periódico femenino de mayor circulación, fue una “carga” para Rosa. Pero no fue así. Simplemente Clara decidió centrarse en la cuestión de la liberación femenina y en organizar a las mujeres de la clase obrera, mientras que Rosa abrió más su abanico. Rosa ayudó al movimiento de mujeres autónomas colaborando frecuentemente con el periódico Gleichheit (Igualdad), dirigido por Zetkin.

Rosa Luxemburgo, cuyo papel en la lucha y en la elaboración teórica del comunismo ha sido uno de los más importante dentro de la historia del movimiento obrero internacional, estaba dotada de una extraordinaria inteligencia, empuje y capacidad -hablaba once idiomas-, razones para que pronto destacara como uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia internacional. 

Consagró su vida a la educación internacionalista del proletariado a través de artículos de prensa, conferencias, escuelas obreras e impresionantes discursos, en los que destacó como una agitadora brillante, y apasionada.









Wikipedia; Estrella Trincado Aznar; Gran Enciclopèdia Catalana;David Arrabalí. Mundo Obrero: Juan Manuel Vera . Rosa Luxemburgo y la democracia Texto publicado en Iniciativa Socialista nº 28, febrero 1994

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