sábado, 26 de noviembre de 2011

Clara Josephine Wiek.

Una de las más admirables mujeres que ha dado la música, muchas veces oculta tras el nombre de su marido, Robert Schumann. En la historia de la música ha habido pocas mujeres dedicadas a la composición. Sí que ha habido muy numerosas y estimables intérpretes tanto vocales como instrumentales, pero compositoras, pocas. Y entre ellas, destaca Clara, niña prodigio, una de las más grandes pianistas del siglo XIX, profesora y compositora, especialmente dedicada al piano. El público europeo la consideraba en el nivel de Franz Liszt o Sigismund Thalberg, los famosos pianistas virtuosos de aquella época.

Clara Wieck Schumann nació en Leipzig, el 13 de septiembre de 1819. Hija menor de Friedrich Wieck y Marianne Tromlitz, su padre era un reconocido maestro de piano, que tenía un negocio de venta de partituras y pianos y su madre, una renombrada cantante y pianista. 

Su padre planeó para ella una vida de concertista. Comenzó sus estudios de piano a la edad de cinco años, contando con los mejores maestros, y estudió también canto, violín, instrumentación, contrapunto y composición. Friedrich le inculcó a su hija una férrea disciplina y actuó como su agente promotor para conseguirle presentaciones en Europa. 

En 1828, con nueve años de edad, interpreta su primer concierto público y a los trece años ya era considerada casi una virtuosa, con una brillante carrera que la llevó por Alemania y Francia. Su fama se extiende por toda Europa, pero Clara, aparte de interpretar las obras de otros también empieza a componer sus propias creaciones para piano. 

En 1831 se publicó en Alemania su obra titulada "Cuatro polonesas para piano". Dos años más tarde, en 1833, comenzó la composición de un concierto para piano, que terminó en 1835 y fue publicado en 1837. 

Cuando Clara tenía 11 años, llegó un músico 9 años mayor que ella a estudiar con Friedrich Wieck. Se trataba de Robert Schumann, personaje desconocido con inclinaciones literarias, que se iniciaba en la composición y quería seguir la carrera de concertista. Por ello no es de extrañar que a los 13 haya sido invitada a Zwickau para dar un concierto en el que interpretó al piano los esbozos de una sinfonía cuyo autor era el brillante pupilo de su padre y compañero de veladas hogareñas, quien había comenzado a reparar en que los sentimientos que la joven concertista le inspiraba parecían ir más allá del natural afecto por la hija de su maestro.  

La primera noticia de que Clara y Robert han establecido una relación la encontramos en el "cuaderno de noviazgo" de Schumann, donde se lee:

"Penosas despedidas: en noviembre de 1835, después del primer beso en la escalera de la casa de Wieck, cuando Clara se fue a Zwickau".

Robert tenía 25 años y Clara, con 16, emprendía viaje para dar otro concierto, esta vez sin música de Schumann, aun cuando éste acababa de componer ese año su pieza para piano más célebre: Carnaval

En 1837 pidieron permiso al padre de Clara para casarse, pues ella era menor de edad y tenía que esperar hasta cumplir 21 años o contar con el consentimiento de los padres. La negativa del padre de Clara hace que su matrimonio, en 1840, se celebre tras haber llevado su caso a la Corte de Apelaciones para poder casarse sin el consentimiento de Friedrich. La pareja se establece en Leipzig, y apenas un año después nace el primero de sus ocho hijos: Marie Schumann. 

Robert y Clara se amaban profundamente. Compartieron muchas cosas de su vida y de su música, que era para ambos parte fundamental de su existencia. Desde el día de su boda llevaron un diario común. Un poco después, la pareja escribió un conjunto de canciones, que Robert publicó ocultándoselo a Clara para presentárselas en su primer aniversario de matrimonio. 

Así, de las 12 canciones del Op. 37 de Robert Schumann, tres son de Clara. Las obras de Robert están llenas de significados extramusicales, donde Clara aparece constantemente. Un ejemplo es el Carnaval Op. 9, donde hay una pieza que se llama precisamente Chiarina, que, como "Chiara" o "Zilia", es uno de los nombres con que Robert se refería a Clara.

Clara y Schuman

En aquella época lo común era que los compositores tocaran sus propias obras, como Liszt y Chopin. Pero Robert Schumann se lastimó una mano (al intentar usar un invento propio con el cual creía iba a mejorar el arte de tocar el piano) y tuvo que olvidar sus esperanzas de convertirse en pianista virtuoso, así que se dedicó a escribir música y crítica musical. Clara dio prioridad a la carrera de compositor de su marido, y teniendo que cuidar a ocho hijos no disponía de mucho tiempo para sus propias composiciones. 

Aún así, Clara continuó dando conciertos y componiendo tras su matrimonio, incluso mientras dio a luz y crió a sus hijos. En estos conciertos, que la llevaron hasta Rusia en 1844, Clara no solo demostraba ser una de las mejores pianistas de todos los tiempos sino que sirvieron para lograr que las composiciones de Robert fueran conocidas por toda Europa. Al volver de Rusia, la familia (ahora con dos hijas, Marie y Elise), se traslada a Dresden y en 1850 a Düsseldorf. 

Clara y Brahms

El año 1853 es muy importante para Clara, ya que después de no haber compuesto nada desde hacía cinco años, decidió volver a la composición y escribió en su diario:“hoy comencé a componer de nuevo, por primera vez en varios años. Para el cumpleaños de Robert quiero escribir variaciones sobre un tema de sus Bunte Blätter. Sin embargo, es muy difícil para mí porque he estado alejada de la composición por demasiado tiempo”. 

Ese mismo año, sus composiciones de piano son finalmente publicadas y conoce a Johannes Brahms que por entonces contaba con 20 años de edad, quien se convierte en su más ferviente admirador y su amigo de por vida. Sin embargo los problemas también comienzan en este año, cuando Robert es despedido de su puesto como director de la Orquesta de Düsseldorf. 

Al año siguiente, el 27 de febrero de 1854, Schumann se arroja al Rin y es rescatado a tiempo, pero su mente ya se ha perdido para siempre. Es internado en un sanatorio privado en Endenich cerca de Bonn, donde permanece hasta su muerte el 29 de julio de 1856, a los 46 años, víctima de un colapso neurocirculatorio (aunque algunas fuentes señalan que fue debido a la sífilis). Fue enterrado en el cementerio viejo de Bonn. 


Clara, que había sido siempre la cabeza de familia, había mantenido a Robert a flote de sus frecuentes depresiones e inestabilidad emocional, pero no pudo evitar que este último golpe acabara con el amor de su vida. En realidad su vida con Robert había sido, a pesar de su amor, conflictiva. Clara habia seguido dando conciertos y componiendo durante su vida en pareja, no solo para obtener dinero (que lo hacía, muchas veces haciendo famosas las composiciones de Robert), sino porque no quería ser olvidada como la gran pianista que era. Robert Schumann por su parte, aunque nunca escondió su sincera admiración por su talento, hubiera preferido una mujer más tradicional, que criara a sus hijos y se ocupara de un hogar feliz. 

Ambas opciones a los ojos de Schumann y de la sociedad europea del XIX eran incompatibles, si bien, en descargo de Robert Schumann, recordaremos las palabras que él mismo escribió: "Clara ha compuesto una serie de piezas pequeñas que muestran una ingenuidad musical y una ternura que nunca antes había alcanzado. Pero tener hijos, y un marido que está siempre viviendo en el reino de la imaginación, no casan bien con componer. Clara no puede trabajar en ello regularmente, y con frecuencia me preocupa pensar cuantas ideas profundas se perderán porque Clara no puede trabajar en ellas”. 

Desde la muerte de Robert, a quien vio apenas dos días antes de su muerte por primera vez en dos años y medio tras su crisis, Clara continua dando conciertos y realizando giras por toda Europa, Inglaterra, Austria-Hungría, Holanda, Bélgica, Praga, Budapest, Zürich, Rusia... interpretando principalmente la música de su difunto esposo. 

En 1857 se traslada a Berlín y en 1863 a Lichtenthal. Siempre contó con el apoyo y la amistad entrañable de Johannes Brahms, antiguo protegido de su marido. Entre ellos hubo una relación afectiva puramente platónica, pues la veneración que ambos mantenían por Robert les impedía lo que hubiesen considerado una traición a su memoria. La carrera de Clara continuó en los más altos niveles profesionales hasta pocos años antes de su muerte. 

Decidida a conservar la memoria de Robert, Clara comienza en 1877 a editar las obras completas de su esposo y poco después, en 1878, se traslada a Frankfurt donde es nombrada Profesora Principal de Piano en el Hoch Conservatorium de Frankfurt am Main; un puesto que conservaría hasta 1892. Desde este puesto contribuyó a la creación de las nuevas técnicas de interpretación de piano, con una influencia que llega hasta nuestros días. 

En 1891, Clara ofrece su último concierto, interpretando Variaciones sobre un tema de Haydn, de su amigo Brahms. Sigue enseñando y componiendo en su casa hasta que el 26 de marzo de 1896 sufre un ataque del que no se recuperaría, falleciendo el 20 de mayo del mismo año, a los setenta y siete años, siendo  enterrada en la misma tumba que Robert. Su fallecimiento fue un duro golpe para Brahms, quien murió al año siguiente. 

Clara fue admirada por otras personalidades de la época como Goethe, Félix Mendelsohn, Frederic Chopin y Niccolò Paganini. No compuso mucho pero las obras que se conservan de ella tienen gran mérito. Sus composiciones fueron para: piano solo, canciones para voz y piano, música de cámara y para orquesta.  Ella que había tenido una formación musical privilegiada, lo que junto con su comprensión musical y habilidad le permitieron abordar exitosamente la composición, sin embargo, escribió en su diario:

Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?



La  gran fortaleza de Clara que le permitió soportar una vida dura como artista y llena de tragedias en el ámbito personal, estaba acompañada de algunas inseguridades. Dudaba de su talento como compositora, no se consideraba bella, e incluso como pianista, después de escuchar a Franz Liszt -quien, por cierto, la admiraba y la reconocía como gran pianista y compositora- pensaba que, si bien tocaba mejor que las pianistas de la época, no tenía nada que hacer frente al virtuoso húngaro.


Obras de Clara


Obras principales
1830 - Quatre polonaises pour le pianoforte, op.1
1832 - 9 Caprices en forme de valse, op.2
1833 - Romance variée (C), op.3
1833 - Valses romantiques, op.4
1834 - Quatre pieces characteristiques, op. 5
1835 - Premier concert pour le piano forte, op.7
1836 - Soirées musicales, op. 6
1837 - Variations de Concert pour le Piano-Forte sur la Cavatine du 'Pirate' de Bellini, op. 8
1838 - Souvenir de Vienne, Impromptu, op. 9, Scherzo pour le pianoforte, op. 10
1839 - Trois romances pour le piano, op. 11.
1840 - Am Strande, Volkslied.
1841 - Song accompaniments, op. 12, Die gute Nacht, Sonatine.
1842 - Sechs Lieder mit Begleitung des Pianoforte, op. 13, Deuxième Scherzo pour le Pianoforte.
1843 - Beim Abschied, Loreley, O weh des Scheidens.
1844 - Quatre pièces fugitives pour le Pianoforte, op. 15, Impromptu.
1845 - 3 Praeludien und Fugen für das Pianoforte.
1846 - Trio für Pianoforte, Violine und Violoncello, op. 17, Cadenzas for Beethoven's Piano Concerto in G Major (op. 58), Mein Stern, Concertino movement in F minor.
1848 - Drei gemischte Chöre.
1853 - Variationen für das Pianoforte über ein Thema von Robert Schumann, op. 20, Drei Romanzen für Pianoforte, op. 21, Drei Romanzen für Pianoforte und Violine, op. 22, 6 Lieder aus Jucunde, op. 23, Romanze, Das Veilchen.
1864 - Cadenza for Beethoven's Piano Concerto in C Minor (op. 37).
1879 - Marsch.
1895 - Vorspiele, Präludium und Präludien für Schüler.





Fuentes: Wikipedia; Menschliche Walhalla

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