martes, 20 de diciembre de 2011

Gabrielle Suchon.


Filosofa francesa, autora del “Tratado de la moral y de la política”, una de las primeras expresiones de un feminismo teórico y sistemático, y probablemente la primera obra explícitamente filosófica escrita por una mujer. Firmaba  sus escritos como G.S. Aristophile. Combatió a los filósofos y teólogos que atribuyen una legitimación intelectual a la opresión de que son víctimas las mujeres. Practicó los principios de libertad que defendía en sus escritos y se rebeló contra las imposiciones de la religión para, a partir de ahí, desarrollar sus perspectivas feministas y sus obras.

Gabrielle Suchon nació en una ciudad de Borgoña el 24 de diciembre de 1632. El padre era togado y procurador del rey y murió prematuramente en 1645. La familia, perteneciente a la pequeña nobleza, vivía desahogada. Fuera de las fechas de nacimiento y muerte se conocen pocos datos de la vida de Gabrielle. 

Se sabe que poco después de la muerte de su padre, su familia decide ingresarla en un convento de jacobeas, una rama de las dominicas en Samur-en- Oix y que, mas tarde, consiguió ir a Roma donde obtuvo la dispensa para salir del convento.  

Samur tiene un edificio, antiguo monasterio que fue el hogar de una comunidad monástica para mujeres. Si ella estaba en un monasterio benedictino, puede que hubiera recibido una educación sólida y haya sido capaz de leer el latín en la recitación diaria (canto) de los salmos.

Su familia hizo un llamamiento al Parlamento de Borgoña contra el "edicto" pontificio, pero a pesar de los esfuerzos de su famíilia e incluso de la oposición del parlamento de Dijon, la capital de la provincia, pudo instarse allí a vivir con su madre, según algunas fuentes como maestra de escuela y publicó dos artículos en 1693 y 1700 en el que sostenía la libertad en el celibato como una forma "neutral", rechazando tanto el velo religioso como el matrimonio. Falleció  a los 70 años un 5 de marzo de 1703.

Publicó, ya al final de su vida dos libros, el "Tratado de la Moral y de la Política", a su costa y firmado bajo las iniciales G.S y el seudónimo de Aristófila. El segundo, "Del celibato voluntario o a vida sin compromiso", en 1700, en una editorial de París y ya bajo su nombre completo.

Ambos títulos traen licencias eclesiásticas elogiosas y merecieron sendas reseñas en el Journal de Samur,  pero allí acaba su éxito. Su obra publicada se olvido muy pronto y fue redescubierta en torno a 1975 por historiadoras e historiadores de mujeres.


En su "Tratado de la moral y la política" se centra en tres temas, la libertad, la ciencia y la autoridad. 

En el señala que, ninguna de ellas son exclusivas de los hombres y que si bien a la mujer se le priva de ellas, esta no pierde la capacidad natural que le permite participar de ellas. Gabrielle pasa revista a varias clases de libertad, insistiendo en el derecho a escoger su estado: vida religiosa, matrimonio o ninguno de los dos. Lo mas notable es que no se limita al tema de la tiranía de los padres, sino que condena la edad precoz de la entrada al convento y los votos perpetuos. 

Hace énfasis en la libertad de viajar y el provecho que proporciona el conocimiento del mundo para la formación del juicio.

Defiende la igualdad de capacidad mental entre hombres y mujeres y la utilidad de la instrucción para quitar a las mujeres los vicios que se le atribuyen comúnmente: frivolidad, coqueterías, inconstancia, supersticion….. y postuló que la autoridad, la libertad y la ciencia, que en el mundo dan importancia a los hombres, no son propiedad exclusiva de estos.

Escribió otras dos obras que tendran que esperar al siglo XXI  para ser publicadas. "La Dificultad" (1693), Coll. Mujeres en la historia, París, de la parte de las Mujeres y "Pequeño tratado de la debilidad, la ligereza y la inconstancia que se asigna a las mujeres mal a propósito", París, Arléa, Coll.

En su “ Pequeño tratado de la debilidad, la ligereza y la inconsistencia, males que se asigna a las mujeres”, señala como entre todas las características malas que generalmente son atribuidas a las personas del sexo contrario, la debilidad, la ligereza y volubilidad son siempre las características que se mencionan en primer lugar. Los hombres se han creado una gran costumbre de maltratar insensiblemente a las mujeres con palabras, incluso imaginando que ellas pueden no ofenderse. 

La fuerza, firmeza y perseverancia son distintivos y elevan por encima de la gente común, por ello no debería sorprenderse que los hombres se esfuercen tanto como pueden en asignarse estas grandes cualidades y que afirmen que son los únicos propietarios de estas cualidades, en detrimento de las mujeres. Y como ellas son iguales y parte vital de la naturaleza humana, no sabemos de dónde vino el punto de defensa que desde hace tantos años se instituye como una ley para tratarlas con  desprecio. Se puede estar de acuerdo con el consejo del filósofo moral, que quiere que ellas se sirvan de las más poderosas de todas las armas: una sabia y prudente moderación que les hace despreciar la riqueza, dolor, lesiones y el enfado. Porque aunque se sienten firmemente todas estas cosas, no dejan de soportarlas con mucha constancia, sabiendo muy bien que ellas no son débiles, ligeras y volubles porque así se las evoque, sino que son solo palabras inventadas por la mala voluntad de sus enemigos.  Muchos gozan atribuyendo a las mujeres lo que sienten quizás ellos mismos como si sus palabras tuvieran el poder de hacerlos inocentes, haciendo culpables las personas del sexo contrario.  Es lo que se desprende normalmente de todos estos discursos, en que unos permanecen con sus debilidades mientras los otros perseveran en ser fuertes y constantes en sus sufrimientos y sus persecuciones.

En 1693 también escribía:

Si es cierto que los deseos son las marcas de la necesidad y la indigencia, no dejaran de atribuirles una multitud a las mujeres y a las niñas, puesto que gustosamente, les regalan todas las cosas mas desventajosas.



Cabe señalar que abogó por las mujeres que querían vivir una vida contemplativa, pero que no se sintieron atraídos por el convento o la vida monástica. Este aspecto de su pensamiento parece estar de acuerdo con las beguinas, Pero Gabrielle no era partidaria de cualquier otra forma de vivir en comunidad. Su visión de una mujer que vive sola en el mundo persiguiendo la vida intelectual y contemplativa es un presagio de  la vida de muchas mujeres hoy en día.

María Luisa Roldán. "La Roldana"


Escultora barroca, fue la primera mujer reconocida en la Corte, llegando a ser escultora de cámara de Carlos II y Felipe V. Todavía hoy es una desconocida y su nombre sólo ocupa una breve referencia en la mayoría de las monografías, víctima de un olvido secular. Aunque su vida estuvo llena de dificultades al ser mujer en una época claramente dominada por los hombres, fue una mujer emprendedora que luchó para alcanzar la fama, en un camino lleno de dificultades. Trabajadora incansable y buscadora con un talento que, a pesar de las incomprensibles reticencias que, aun hoy, persisten, superaba al de sus colegas masculinos en muchas de sus obras. Una de sus atribuciones más polémicas, La Esperanza Macarena, todavía suscita bastantes discusiones.



Luisa Ignacia Roldán Villavicencio conocida popularmente como "La Roldana", nace en Sevilla el 8 de septiembre de 1652, en el seno de una familia de artistas escultores. Su padre, Pedro Roldán, había emigrado desde Granada en 1647 y tenía un próspero negocio de tallas religiosas. En el taller familiar aprendieron y trabajaron todos los hijos de Pedro y su esposa, Teresa de Jesús Mena Ortega y Villavicencio. Pero mientras los hermanos de Luisa seguían los pasos de su padre, las tres hijas del artista se dedicaban a la parte más delicada de las obras: dorar, estofar y todas aquellas tareas consideradas “femeninas”. Pero ella pronto se decantó por imitar a su padre y sus hermanos diseñando y tallando sus propias esculturas.

Demostró ser la más dotada de todos y por eso su padre comenzó desde muy pequeña a ofrecerle algunos encargos que pudieran afianzarla en la escultura. Le transmitió toda su experiencia y le proporcionó una educación excepcional para una mujer de esos tiempos. Luisa debió dedicar mucho tiempo al estudio, de hecho todo su posterior trabajo está inspirado por una profunda formación religiosa que solo la lectura de obras literarias y libros sagrados podía proporcionarle.

La maestría de Luisa fue de gran ayuda en el próspero taller de su padre que en poco tiempo había crecido y necesitaba de más aprendices y operarios. Además, Pedro no sólo trabajaba en su negocio sino que también dedicaba parte de su tiempo a ejercer de profesor en la Academia de Sevilla. Así, Luisa empezó a tomar las riendas de muchos de los proyectos que llegaban al taller y su fama empezó a crecer..

Tanto Luisa como sus dos hermanas se casaron con ayudantes del negocio familiar. Pedro desaprobó rotundamente la elección de Luisa, que se casa en contra de la voluntad paterna con el escultor Luis Antonio de los Arcos mediante un casamiento “clandestino”. El día 17 de diciembre de 1671, a petición de Luisa, el arzobispo de Sevilla mandó “secuestrarla” de su casa paterna para que la pareja pudiera manifestar su libre deseo de casarse ante un juez de la Iglesia e independientes de sus familias. Su deseo se cumplió como un “regalo de Navidad”, porque el 25 de diciembre de 1671, a pesar de que el famoso padre todavía estaba protestando, Luisa y Luis Antonio celebraron su boda en la Iglesia de San Marcos.

Juntos formaron un taller propio y empezaron un trabajo mutuo, en el que ella tallaba y esculpía, llevando el peso de los encargos y del trabajo del taller, y él policromaba, pero enseguida comprueba que su marido demuestra ser lo que ya había vaticinado su padre: bebedor, pendenciero y poco interesado  en el trabajo de pintar sus tallas, dotado sólo para gastar el dinero que ella ganaba con un esfuerzo notable. Como si no fuera suficiente de los seis hijos que nacieron, cuatro murieron antes de los dos años .

Los primeros años de vida independiente Luisa no consiguió grandes encargos. Fue entonces cuando decidió desarrollar una técnica personal trabajando el barro. Este material era considerado entre el mundo artístico escultórico de baja categoría. Pero Luisa consiguió moldear figuras de alta calidad con este material y empezó a recibir encargos. También se cree que las relaciones con su padre mejoraron, ya que constan algunas colaboraciones entre ellos. Las que destacan, son los cuatro ángeles realizados por La Roldana para el paso de Semana Santa del Cristo de la Exaltación y para esta misma Hermandad las figuras de los «dos ladrones» que constan como hechos por su marido Luis Antonio de los Arcos, pero que en su mayor parte y por su estilo podría atribuirse a Luisa Roldán.

Nacimientos realizados en el taller de Pedro Roldán.
Su escultura fue de temática religiosa, siguiendo las directrices del Concilio de Trento de humanizar el arte de las imágenes, para poner la religión más cercana al pueblo. Realizó esculturas de tamaño natural para procesionar, en madera o de barro cocido con policromía, así como también otras de pequeños grupos de devoción para particulares y conventos, con gran movimiento y expresividad con plenas características del arte barroco. Ejecutó numerosos belenes en terracota de estilo italiano, inclinándose más por los que formaban una escena de la Natividad como grupo escultórico unido.

Al mismo tiempo, eran cada vez más frecuentes los conflictos con su marido. Pero en aquella fase oscura de su vida, la reconciliación con su padre influyente constituyó un rayo de esperanza para Luisa. Por su prestigio, abrió alguna y otra puerta para su hija y pronto, después de haber realizado varias obras importantes por mediación de su padre, Luisa obtuvo el nombre La Roldana.

La reconciliación entre padre e hija también se manifestó en una obra común, ya alabada por sus contemporáneos: el Paso monumental de la cofradía “La Exaltación“ (el que  procesiona cada Jueves Santo por la tarde por las calles de Sevilla).

Paso de La Exaltación.

Después de una etapa de aprendizaje y primeras obras realizadas en Sevilla, se trasladó a Cádiz.  De esa época nos ha dejado el Ecce Homo que se conserva en la catedral de Cádiz, en el que se autonombra como «insigne autora» de la imagen ayudada por su marido y que está fechado el 29 de junio de 1684 y en cuya parte posterior se encuentran diversos esbozos de rostros.  De estas mismas fechas se encuentran diversos Ecce Homo, como el de la iglesia de San Francisco de Córdoba —atribuido por Sánchez Peña— y el de la capilla de Nuestra Señora de Belén del convento de Santa Cruz también de Córdoba que muestran gran semblanza con el de Cádiz.

Uno de los primeros encargos recibidos ya instalada en Cádiz, fue el de los diputados municipales de las fiestas de los Patronos de Cádiz, que propusieron  la realización de las esculturas de San Servando y San Germán para ser expuestas en la sala Capitular del ayuntamiento de la ciudad, actualmente veneradas en una capilla de la catedral Nueva de Cádiz. En uno de estos santos —San Servando— se encontró un documento que ponía:«diseñado por Pedro Roldán, hecho por Luisa Roldán y dorado y estofado por Luis Antonio de los Arcos»

Ecce Homo. Catedral de Cádiz
  
En 1688, Luisa, su marido y sus dos hijos (otros cuatro vástagos no habían sobrevivido) se trasladaron a Madrid  para buscar nuevas oportunidades.  La ambición de La Roldana se centra en un nuevo destino: el Palacio Real en Madrid. Era su deseo conseguir lo que ninguna mujer hasta entonces había logrado: ser nombrada "escultora de cámara" por el Rey. En aquella época hubo un lobby de artistas sevillanos en la Corte de Madrid que desde el triunfo del genio Velázquez se había establecido allí. La Roldana habrá intentado de aprovechar los contactos de esos artistas sevillanos, pero tenía una desventaja decisiva: era mujer.

Esperando en vano el gran éxito durante tres años, tuvo que fabricar pequeñas obras de barro cocido, especialmente belenes, para aristócratas caprichosos, hasta que en 1692 logró el triunfo con su versión dramática del Arcángel San Miguel aplastando al Diablo. La escultura, que es de madera policromada y algo mayor que el natural, muestra al Arcángel venciendo al demonio al que tiene bajo sus pies, todo ello con gran movimiento y dramatismo. Según se cuenta, Luisa se autorretrató en la cara de San Miguel y puso el rostro de su marido al demonio, representando el Bien y el Mal respectivamente. Y es que, hay opiniones sobre que Luisa también podía aprovechar esa obra maestra para un análisis despiadado de su crisis matrimonial, presentando el Diablo con la cara de su marido vicioso y prestando su propio rostro al Ángel que lucha valientemente por la victoria de la luz y de la vida. Sólo se puede especular sobre los detalles de los conflictos entre Luisa y su esposo, el que no sólo en esta obra de arte, sino también en la vida real, siempre se mantuvo en su sombra.

El Rey Carlos II. quien había pedido esa escultura para decorar una sala del Escorial, se mostró muy contento con la obra, y el día 15 de octubre de 1692, nombró a la creadora de la misma “real escultora de cámara”.

Arcángel San Miguel aplastando al Diablo.
A partir de esta fecha realiza numerosos grupos escultóricos en barro, belenes portátiles y obras de pequeño formato que gozaban de gran aceptación entre la nobleza cortesana. Si bien este nombramiento le dio fama y prestigio, la gran crisis que atravesaba España hizo que los pagos de la corona se retrasaran, llegando a tal extremo que apenas si tenían donde vivir.  Aunque se le asignó un salario de cien ducados anuales, el pago real no lo recibía, por lo que tuvo que hacer varias peticiones para conseguir mantener a su familia. Las peticiones fueron primero al propio rey al que en el año 1693 le solicitó la concesión de una habitación en las casas del Tesoro —lugar cercano al Alcázar y donde vivían gran parte de los artistas de cámara del rey— ya que ni siquiera con su «plaza de escultora pobre no tenía donde vivir ni ella ni sus hijos». Pasaron luego a ser dirigidas a la reina Mariana de Neoburgo,  a la que recordaba que llevaba seis años a su servicio y pedía que le dieran: «vestuario o una ayuda de costa o lo que fuese de su mayor agrado»; en otra carta del mismo año añadía:«por estar pobre y tener dos hijos, lo paso con grandes estrecheces pues muchos días falta para lo preciso para el sustento de cada día».

Mientras tanto, en Sevilla, su padre continuaba trabajando. pero Luisa,  nunca quiso volver a su ciudad natal, decidió aguantar en Madrid y vivir en situación de auténtica miseria.

En 1699 murió su padre,  nombrando herederos a todos sus hijos y entre ellos a Luisa. De esa misma fecha es la Virgen con el Niño, con cierta influencia del gótico flamenco —Luisa habría visto en el taller de su padre un libro de estampas que poseía de Alberto Durero— por lo que le pudo inspirar en alguna de sus obras; esta Virgen se encuentra en el convento de San José o de «Las Teresas» de Sevilla y está firmada con fecha en la parte posterior. De esta misma fecha son los grupos en terracota policromada que se exponen en el Museo Provincial de Guadalajara de la Sagrada Familia con el Niño dando sus primeros pasos y San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña.

En el año 1700 murió el rey Carlos II y el nuevo rey Felipe V, llegó a España en abril de 1701. Luisa Roldán presentó al nuevo rey dos obras, un Entierro de Cristo y un Nacimiento, a la vez que le enviaba una solicitud para que se sirviera nombrarla nuevamente escultora de Cámara y pidiéndole «casa para vivir y ración para mantenerse ella y sus hijos...  hasta que con fecha de octubre de 1701 el nuevo rey le concedió otra vez el nombramiento de escultora de Cámara.

Carlos II había encargado a la escultora una imagen de Jesús Nazareno para enviarla como presente a Inocencio XI, pero ante el fallecimiento del papa en 1689, se destinó para el monasterio de El Escorial. Finalmente, debido a la muerte del rey, la escultura se quedó en el taller de La Roldana y pasó a poder de sus hijos, quienes se desprendieron de ella junto con una Dolorosa para ser enviada al convento de las Religiosas Clarisas —conocidas como Nazarenas— de Sisante.

La Dolorosa de Sisante.
A pesar de su fama, su trabajo para un mecenas madrileño, el duque del Infantado y el nombramiento de Accademica di Merito por la prestigiosa Accademia di San Luca di Roma "Maddona di relievo di cretacotta fatta de sua maño coloritta...", Luisa nunca disfrutó de fortuna económica y muere firmando una declaración de pobreza. 

La fecha de fallecimiento de Luisa Roldán no se sabe con certeza ya que no ha aparecido el documento de defunción de la artista. Se sabe que fue antes del 13 de octubre de 1706, fecha del testamento de su madre en el que deja herederos entre otros familiares a «sus nietos María y Francisco, hijos legítimos de Luisa Roldán, su hija difunta, que fue mujer de Luis Antonio de los Arcos, vecino de Madrid.»

Su obra.

Las esculturas de la Roldana se caracterizaron por unas formas de gran expresionismo y sentimiento, logradas con melenas de cabellos y ropajes ondeando, como si fueran movidos por una brisa sanadora.
Obra atribuida por algunos autores a La Roldana, es la imagen de la Virgen de la Macarena, entre ellos el profesor Hernández Díaz, quien comenta el parecido con La Dolorosa de Sisante, obra posterior y de atribución segura a esta autora. La profesora de historia del arte García Olloqui, experta en la obra de Luisa Roldán, cree que La Macarena guarda «cierto parecido con la Virgen de la Soledad, obra documentada de La Roldana, de c. 1688, de la Cofradía del mismo nombre de Puerto Real (Cádiz)». 
Virgen Macarena.

La Virgen de la Estrella, perteneciente a la Hermandad de la Estrella, tradicionalmente atribuida a Juan Martínez Montañés, tras una restauración efectuada en 2010, el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), atribuyó la imagen a la producción del taller artístico del matrimonio .

Otro tipo de imágenes marianas también atribuidas a esta escultora, se encuentran dentro de su estancia en Sevilla, como la Virgen de la Sede en la iglesia del Hospital de los Venerables Sacerdotes y que se encuentra catalogada, en el inventario de dicho hospital realizado entre 1920 y 1930.

La Virgen con el Niño de la Academia de Medicina de Sevilla, está considerada como de la escuela de Pedro Roldán pero muy relacionada con su hija Luisa. Otras imágenes importantes son la Virgen del Carmen, existente en el convento carmelita de Santa Ana y en el convento de Santa María de Jesús la imagen principal de la Virgen titular, colocada en el retablo mayor y cuyo resto escultórico fue realizado por Pedro Roldán. Una imagen conocida como la Virgen Peregrina se conserva en el museo de las Madres Benedictinas del monasterio de la Santa Cruz de Sahagún y está atribuida a esta escultora. La imagen llegó al monasterio en 1967 procedente del santuario de la Peregrina de la misma ciudad y consta que fue comprada en Sevilla en 1687. Aunque en esa fecha Luisa Roldán se había trasladado a Cádiz, es posible que esta imagen se quedara en el taller de la familia Roldán, donde pudo ser adquirida.

Tradicionalmente se le ha atribuido la hechura de la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Hermandad del Santo Entierro de Dos Hermanas. Sin embargo, se ha considerado una atribución dudosa.

También de su taller son el Señor de la Humillación perteneciente a la Cofradía de la Piedad y que se encuentra en la iglesia de Santiago Apóstol, sede de la Hermandad; las imágenes de San Juan Bautista y de San José están colocadas en un altar barroco de la parroquia de San Antonio. En la iglesia del monasterio de Nuestra Señora de la Piedad se encuentra un grupo escultórico representando una Sagrada Familia.

Entre los temas realizados por La Roldana, se encuentran las representaciones de Niño Jesús; una de la más populares es la llamada Niño Jesús quitapesares de la iglesia de San Pedro en Arcos de la Frontera; está en la hornacina principal del retablo mayor y forma parte del conjunto escultórico de la Divina Pastora.

En Jerez de la Frontera, se le atribuyen las imágenes del Niño Jesús de la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús en el convento de Santo Domingo, un San José de la iglesia de San Lucas, un Ángel confortador del paso de la Cofradía de la Oración en el Huerto y para la Hermandad del Prendimiento la imagen titular que es una valiosa imagen barroca procesional. En la población de Sanlúcar de Barrameda, los dos ángeles del  convento de Madre de Dios, así como un nacimiento del convento de los Capuchinos. Entre las imágenes para procesionar de la Semana Santa en Sanlúcar de Barrameda se encuentra la de Nuestra Señora de los Dolores que ya existía en el momento de constituirse la Hermandad, por lo que posiblemente era del siglo XVII o principios del XVIII. Hay autores que la atribuyen a Luisa Roldán, mientras que otras fuentes la atribuyen a Jerónimo Hernández.

De sus tiempos en Madrid es la obra El descanso en la huída a Egipto (c. 1691) con temas iconográficos tomados de un dibujo de Miguel Ángel y de una obra del Veronés. Esta obra de Luisa es nombrada como «La Sagrada Familia de la colección Güell» por Sánchez Cantón, y también como «Nacimiento de Jesús del conde Güell».

El descanso en la huída a Egipto.

Otro grupo en la misma línea que el anterior, es el de Los Desposorios místicos de Santa Catalina, obra firmada por la autora y que se encuentra en la Hispanic Society of America en Nueva York, en la que también se conserva la Muerte de la Magdalena y que después de haber estado atribuida, se encontró la firma de la autora colocada cerca de los pies del ángel de la derecha de este grupo.

En la catedral de Santiago de Compostela se encuentra un relieve de la Virgen de la leche, posiblemente regalo del rey a su prometida Mariana. Con este mismo tema mariano y de esta época madrileña, existe un boceto en Sevilla y una imagen en el convento de las capuchinas de Málaga y otra en una colección particular de Madrid.

También pertenece a esa etapa, uno de los ángeles en talla policromada, obra atribuida a Luisa Roldán del retablo de la capilla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder en la Colegiata de San Isidro (Madrid).

Localización de obras en museos y colecciones

Arcos de la Frontera. Iglesia de San Pedro: Divina Pastora con Niño Jesús quitapesares.
Barcelona. Colección del Conde Güell: El descanso en la huída a Egipto.
Bilbao. Museo de Bellas Artes: Descendimiento.
Cádiz. Catedral Nueva de Cádiz Ecce-Homo, San Servando y San Germán y ángeles pasionarios. Iglesia de San Antonio: San José y San Juan Bautista. Iglesia de Santa Cruz: San Antonio de Padua. Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad: Sagrada Familia.
Córdoba. Iglesia de San Francisco: Ecce-Homo
 Guadalajara. Museo Provincial de Guadalajara: San Joaquín, Santa Ana con la Virgen niña y Sagrada Familia con el Niño dando los primeros pasos
 Jerez de la Frontera. Convento de Santo Domingo: Niño Jesús perteneciente a la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús. Iglesia de San Lucas: San José.
 León. Convento de las Carbajalas: Nuestro Padre Jesús de la Misericordia.
 Londres. Victoria and Albert Museum: Aparición de la Virgen a San Diego.
 Los Ángeles. The Getty Center: San Ginés de la Jara.
 Madrid. Convento de las Descalzas Reales: Arcángel San Miguel. Convento de San Ildefonso de las Trinitarias (enfermería): Inmaculada. Colegiata de San Isidro: seis ángeles pasionarios en el retablo de la capilla del Cristo.
 Móstoles. Ermita de Nuestra Señora de los Santos: Jesús Niño y San Juan Bautista.
 Nueva York. Hispanic Society of America: Muerte o éxtasis de María Magdalena y Desposorios místicos de Santa Catalina
Puente Genil. Antiguo convento de los PP. Franciscanos: Virgen de los Ángeles.
Puerto Real. Iglesia de la Victoria: Virgen de la Soledad.
Puerto de Santa María.Iglesia prioral: Dos ángeles lampareros y Nazareno.
Rute. Parroquia Nuestra Señora del Carmen: Virgen del Carmen.
San Lorenzo de El Escorial. Monasterio de El Escorial: Arcángel San Miguel aplastando al diablo.
Sahagún. Monasterio de Santa Cruz: Virgen Peregrina.
Sanlúcar de Barrameda. Convento de Madre de Dios: dos ángeles del transparente de la iglesia. Convento de los Capuchinos: Nacimiento
Sevilla. Catedral de Sevilla: Niño Jesús. Hermandad de La Exaltación: Cuatro ángeles pasionarios. Hermandad de la Estrella: Virgen de la Estrella. Hermandad de «los Panaderos»: Virgen de Regla. Hospital de los Venerables: Virgen de la Sede. Convento de Santa Ana: Virgen del Carmen.**Convento de Santa María de Jesús: Santa María de Jesús y Nacimiento. Convento de las Teresas: Virgen con Niño. Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad: Sagrada Familia.
Sisante. Iglesia de las Hermanas Nazarenas: Nazareno y Virgen Dolorosa.
Toronto. Royal Ontario Museum: San Miguel.
 Gran Canaria. Catedral de Canarias: San Fernando Rey




Fuentes: grandesmujersenlahistoria.blospot.com; wikipedia; Pepa Herrera;Berthold Volberg.

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lunes, 19 de diciembre de 2011

Marina Ivánovna Tsvetáyeva. Un espíritu prisionero.


Considerada una de las grandes poetas rusas, dueña de una sensibilidad exquisita que además volcó su experiencia autobiográfica en la escritura. Su figura fue agigantada por una vida de pasiones amorosas y tragedias políticas y su lírica ha sido considerada como un gran tesoro de la literatura rusa del siglo XX. En la Unión Soviética permaneció casi inédita hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a ser conocida a través de hojas clandestinas.

Marina había nacido en Moscú el 8 de octubre de 1892 (26 de septiembre según el calendario juliano, usado entonces), y provenía de una familia acomodada de intelectuales, Iván VladimirovichTsvetaev, profesor de Bellas Artes en Moscú, fundador del actual Museo Pushkin, y Maria Alexandrovna Meyn, segunda esposa de Iván, pianista de ascendencia alemana y polaca, quien deseaba para su hija un destino musical, que esta echazó.

Estudió en Moscú y en la Sorbona. “Con una madre como ella, sólo tenía una elección, convertirme en poeta” sostuvo y efectivamente comenzaba a partir de la década de 1910 la publicación de sus obras, entre ellas “Album vespertino”, “La linterna mágica”, “Verstas”, “Versosa Blok”.

Se casa en 1912 con Serguéi Efrón con el que tendría 3 hijos. Uno de los graves problemas que debió enfrentar la incipiente Revolución- la falta de alimentos-, significó para ella perder a una de sus hijas, Irina, a la que había colocado, para salvarla, en un asilo gubernamental. La niña muere de hambre en 1920, con apenas 3 años. Por entonces, su marido se había alistado en el Ejército Blanco y Marina no tiene noticias de él hasta 1921.

Entretanto, Marina no sólo continuaba su obra literaria sino que simultáneamente, y aun sin separarse de lo que llegó a considerar un matrimonio apresurado, vivió una gran pasión con Sofía Parnok, poeta y traductora rusa entre los años 1914/1916. También, en 1919, tuvo un romance con la actriz Sonetchka Holliday a quien dedica una de sus mejores obras, "Historia de Sonetchka" y con Konstantin Rodzevich, testimoniados en sus poemas.


Marina y Serguéi

Marina jamás se consideró lesbiana, del mismo modo que tampoco lo han hecho otras escritoras como Djuna Barnesquien a pesar de haber sostenido romances con otras mujeres, no se definía a sí misma como lesbiana, dicha clasificación le parecía limitada para lo que ella pensaba era el amor y lo que involucraba. Hay que señalar la modernidad y el poder de esta escritora, que en 1932 ignora las convenciones sociales y explora, a través de la literatura, lo mas profundo de las posibilidades de la vida.

En “Carta a la Amazona” contempla las salidas y los impedimentos de la homosexualidad femenina. Es un texto de reflexión. ¿Qué posibilidad de sobrevivir se tiene viviendo con una mujer, amando a una mujer?, parece ser la pregunta esencial del escrito. Relata una historia de amor lésbico entre una muchacha joven y una mujer mayor. Expresa su propia lucha interior con el lesbianismo, así como su concepción sobre la limitación del amor entre mujeres: la imposibilidad de engendrar hijos.

Su vida es un continuo ir y venir por Europa, sola y pobre. Conoció diferentes países en el curso de sus viajes, donde aprendió italiano, francés, inglés y alemán. La Revolución de1917 significó para ella un hecho trágico y negativo, inclusive dedicó versos al ejército blanco, que luchaba contra los bolcheviques, y se sumó al contingente de los diversos exiliados que buscaban en Occidente un refugio ante esos vertiginosos días que conmovieron al mundo. Entre el inicio de la Revolución y la fecha de su exilio, en 1922, escribió un ciclo titulado “El campamento de los cisnes”, cuyo tema es la Guerra Civil (1918-1920), que culmina con la victoria de los rojos sobre sus elogiados “cisnes” blancos.

Su escritura está sustentada en un trabajo muy arduo con ritmos, guiones, fragmentaciones y formas poéticas. De esto da cuenta Ancira en su prólogo a “Indicios terrestres”: “su extraordinaria capacidad de síntesis, la concisión de sus frases, su natural manejo de la ironía, el acento característico de su prosa (siempre poética) y su deslumbrante subjetividad”, un estilo ya admirado tempranamente por poetas como Valery Briúsov, Nikolái Gumiliov o Boris Pasternak.

Tuvo que exiliarse en Praga (1922) y luego en Francia (1925), después de la revolución rusa con su marido, si bien éste, junto con su hija Ariadna, comprometidos con la lucha política, volverían a la Unión Soviética. Marina se les unió - junto con el hijo menor - en 1939, precisamente el año en que se iniciaba la Segunda Guerra, en pleno dominio de Stalin, quien se había impuesto por sobre toda la dirección revolucionaria inicial.

Cuestiones ligadas a sospechas de espionaje llevaron a que el marido de Tsvietáyeva y la hija fueran acusados de traición. Serguéi Efrón fue fusilado en 1941 y Ariadna fue rehabilitada en1955.

Marina Tsvetáyeva padeció la desaprobación oficial, no pudo encontrar vivienda ni trabajo y, cuando comenzó la Gran Guerra Patria, fue evacuada a Yelábuga, Tartaristán, donde intentó trabajar como lavaplatos lo cual no fue posible y finalmente un 31 de agosto de 1941, sin noticias de su marido que había sido ejecutado plena invasión nazi en la cárcel, se suicidó mediante ahorcamiento.

Dejaba tras de sí una historia de intrincados amores, viajes, exilios, padeceres y lecturas, concentrados en una obra en la que prevalece la subjetividad expresada sutilmente en un singular estilo imposible de asimilar a una corriente literaria.


Seré feliz si...

Seré feliz si Usted no siente mi dolor,
Y que yo tampoco sienta nada,
Que nunca el pesado globo de la tierra
Se escurra bajo nuestros pies.
Me gusta que pueda ser ridícula, perversa
Y buscar palabras adecuadas
Y no ponerme roja con ola sofocante
Si apenas nuestras mangas se rozaran.

Me gusta que delante de mí Usted pueda abrazar
Tranquilamente a otra mujer,
No me condena a arder en el infierno
Por no besarlo a Usted.
Y que mi cariñoso nombre, mi Cariño
No recuerde ni en la noche ni en el día...
Que nunca sobre nosotros, en el silencio de la catedral,
Cantarán el Aleluya.

Gracias a Usted -con mi mano sobre el corazón-
Que no sabe lo mucho que me ama:
Por mis noches tranquilas,
Por los encuentros de las crepusculares horas,
Por nuestros no paseos bajo la luna,
Por el sol que no existe encima de nosotros,
Por el dolor que no siente,lamentablemente, usted por mí,
Por el dolor que no siento,lamentablemente, por Usted.

Traducciónde Víctor Toledo



Una de las casas que habitó Marina

Una obra viva, de impresionante calor, intransigente y llena de valentía, que fue salvada de la destrucción y del olvido por su hija Ariadna Efrón. En la Unión Soviética permaneció casi inédita hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a ser conocida a través de la publicación de literatura en hojas clandestinas. Nabókov rectificó sus prejuicios sobre la difícil Tsvietáyeva (“leerla sólo causa estupor y dolor de cabeza”), pero se negó a encabezar su rehabilitación, que no ha llegado del todo hasta hace unos pocos años cuando se ha publicado en Rusia su obra completa.

Sus poemarios, teatro y escritos en prosa (El cazador de ratas, El poeta y su tiempo, El diablo, Un espíritu prisionero, Carta a la Amazona, Mi Pushkin, entre otros) se difundieron en Occidente en traducciones que comenzaron desde que ella estaba viviendo fuera de Rusia y fueron, sucesivamente, incrementándose, en cantidad y lenguas. En lo que respecta al castellano, la figura fundamental en cuanto a esta difusión fue la especialista española en literatura rusa Selma Ancira, la cual, hasta el presente, continúa una tarea iniciada con la traducción de esas cartas que mucho hablan de la personalidad y preocupaciones literarias de Tsvietáyeva, así como ofrecen valiosas opiniones acerca de la poesía, en la especie de conversación a tres voces que despliega con Boris Pasternak y Rainier María Rilke en Cartas del verano de 1926.

La correspondencia entre Boris Pasternak y Marina Tsvetáyeva es muy rica en novedades, una verdadera novela epistolar, cuya parte central involucra a un tercer personaje, Rainer María Rilke, adorado por ambos y ligado a los dos poetas rusos por un río de sentimientos, entre los cuales estaba su amor por Rusia, "tierra limítrofe de Dios", meta de su inolvidable peregrinaje juvenil. Lo que resulta de un intercambio de cartas que va de 1922 a 1936 es una sucesión de acontecimientos de una extraordinaria intensidad.

Con su hija
Marina vuelca una energía amorosa ubicua y arrolladora en un vínculo erótico imaginario con los dos ídolos de su alma, Pasternak y Rilke. "La fidelidad como constancia de la pasión me es incomprensible, extraña", decía Marina, capaz de varios amores, pero auténtica en su entrega completa a Rilke, a Pasternak y a su marido, al ques iguió resignada a una patria que ya no era la suya ni siquiera de nombre

A Rilke, al que nunca conoció personalmente, Marina le podía escribir palabras como éstas:

"Rainer, quiero encontrarme contigo [...], quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir [...] Simplemente dormir. Y nada más. No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más. No, algo más: aun en el sueño más profundo, saber que eres tú. Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo". En el sueño, y no sólo en la realidad, Marina vivía sus exaltaciones amorosas.

La relación con Pasternak, más larga y directa, fue también más compleja, porque el matrimonio de Boris la convenció de que, aunque predestinados espiritualmente el uno para el otro, la vida privada, además de la pública, los dividía de modo inexorable y fatal. El encuentro de ambos (el "no encuentro", como ella lo llamó) que se produjo en París, en 1935, marcó un límite, más allá del cual la novela epistolar no podía continuar.

Pero en sus destinos y en sus poesías, la influencia recíproca fue duradera y en el caso de Pasternak, persistió después de la muerte de Marina, ya que la presencia de ésta en "El doctor Zhivago" está viva. Más allá de cualquier identificación de un modelo para el personaje de Lara, como Olga Ivinskaja, el último amor de Pasternak, esa presencia es el espíritu rebelde y tempestuoso de Tsvetáyeva, que flota en numerosas páginas de la novela.








Fuentes: Susana Cella; libros y literatura; wikipedia

sábado, 17 de diciembre de 2011

17 de Diciembre. Dia internacional contra la violencia hacia l@s trabajador@s sexuales

Interesante pagina que nos permite acercarnos a un tema complejo desde una perspectiva en muchas ocasiones silenciada.



                                       http://www.colectivohetaira.org/web/index.php




   

jueves, 15 de diciembre de 2011

Remedios Varo. La magia de lo surreal

Creadora de una original, enigmática y poco conocida obra, gracias a la cual, 37 años después de su muerte, el Museo Nacional de Mujeres Artistas en Washington, D. C. (museo dedicado a las obras de arte creadas por mujeres) exhibió una extraordinaria retrospectiva de su pintura, valorando así el nombre y el arte de una de las principales exponentes del “surrealismo mexicano tardío”.


María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga, nació en la localidad de Anglés, Gerona, el 16 de diciembre de 1908. Su padre, Rodrigo Varo y Zejalbo, era ingeniero hidráulico y su madre, de origen vasco, Ignacia Uranga y Bergareche, era una mujer dedicada a la familia y a Dios. 

Tras la muerte de una de sus hermanas, fue consagrada a la Virgen de los Remedios, guardando a lo largo de su vida  un sentimiento de culpa por usurpar el lugar de una hermana desaparecida. 

El trabajo del padre los llevaría a viajar por toda España e incluso al norte de África, por lo que Remedios entra en contacto desde muy pequeña con otros mundos y otros paisajes. De esto dice Edouard Jaguer: “Toda la infancia de Remedios transcurrió en peregrinaciones terrestres y marítimas.” Y añade que “en los cuadros de Remedios circulan, por montes y valles, los vehículos más extravagantes que puedan imaginarse; y, de la bruma ligera a la ola impetuosa, el agua desempeña en ella un papel primordial. El agua, ese elemento cuyos caprichos domó antaño el padre de Remedios con el auxilio de mil complejas maquinarias". 

Remedios ya daba muestras de su talento para el dibujo y la pintura. El padre la sentaba a su lado mientras trazaba los planos y diseñaba los aparatos mecánicos de sus proyectos hidráulicos, aprendiendo así el manejo de la perspectiva, las matemáticas y el dibujo profesional. 

La madre era una ferviente católica, quien inculcó a su hija a ser una mujer digna de Dios y a temer al demonio. Su padre, en cambio, era un librepensador, ateísta. Le inculcó a su hija respeto por la razón, el amor a la ciencia y le enseñó desde muy pequeña cómo hacer una perspectiva perfecta. De estas dos fuertes influencias el escritor Peter Engel dice que “Remedios Varo vivió, como murió, suspendida entre dos mundos, luchando por reconciliar lo mítico con lo científico, lo sagrado con lo profano”. 

Fue así como su madre la dejó interna en un colegio de monjas, de cuya experiencia dejó Remedios tres cuadros (que ella consideraba como un tríptico) una de sus obras autobiográficas más interesantes: “Hacia la torre”, “Bordando el manto terrestre” y “La huída”.

La Huida.

Cuando la familia se estableció definitivamente en Madrid en 1924, el padre, conocedor de su aptitud para la pintura, la estimula para que ingrese a pesar del disgusto de la madre, en la Academia de San Fernando, donde se convirtió en una de las primeras mujeres estudiantes de arte sintiendo profunda admiración por El Bosco, El Greco y Goya. En San Fernando fue condiscípula de Dalí y se gradua en 1930. 

A los veintiún años se casa con Gerardo Lizarraga, un compañero en la Escuela San Fernando y se van a París por un año. Este viaje será decisivo en la vida de Varo, ya que mantendrá siempre una estrecha relación con Francia. Cuando se mudan a Barcelona, la entonces capital española de la vanguardia artística, parece una transición natural, puesto que esta región es la más cercana desde todo punto de vista al país vecino. Tanto en París como en Barcelona, Remedios entra en contacto con las vanguardias artísticas del momento, más específicamente, con el surrealismo.

Una vez en Barcelona, se une al movimiento “logicófobo”, de tendencias surrealistas, junto a Esteban Francés, quien se convierte en su amante. Aunque sigue casada con Lizarraga y aún vive con él, mantiene una relación con ambos hombres sin que existieran problemas entre ellos. 

Al parecer, esta situación se suscitará en la vida de Varo en diversas oportunidades y, curiosamente, no parece que hubo mayores conflictos entre los hombres involucrados. Es más, a lo largo de su vida mantiene una estrecha relación de amistad con todos sus amantes, mucho tiempo después de haber terminado su relación amorosa con ellos. En el caso de Lizarraga, el matrimonio dura cinco o seis años y luego se separan, pero cuando él se va a México, retoman su amistad y ella le deja en herencia un apartamento en donde vivirá hasta su muerte. 

Varo vive la etapa de la República y parece ser una exponente de todos sus ideales: una mujer que logra estudiar, libre de cuerpo y mente, involucrada en política, en la toma de decisiones, es vanguardista y tiene una posición más bien universal y europea ante la política. Cuando estalla la Guerra Civil, se encuentra con el poeta surrealista francés Benjamin Péret, quien fue a pelear al lado de la República, y juntos se van a París. 

Peret la introdujo en el círculo de los surrealistas, movimiento artístico que comienza después de la Primera Guerra Mundial con los poetas franceses André Breton, Benjamin Péret, Louis Aragon y Paul Eluard, basado en los trabajos de Rimbaud, Lautréamont y Apollinaire. Su meta era expresar el pensamiento más puro, libre de los controles impuestos por la razón y por los prejuicios sociales y morales imperantes en la época (Waldberg). Aunque comenzó siendo un movimiento literario de poetas, pronto hizo sentir su influencia sobre todas las formas artísticas. Los trabajos de Freud, primero, y de Jung después, tuvieron una fuerte influencia en los planteamientos de este movimiento, ya que el poder de los sueños y del inconsciente, así como la rebelión, formaron parte de su filosofía. 

Inmediatamente, se creó una empatía y afinidad entre ella y Breton, Eluard, Crevel, Desnos, Miró, Arp, Naville y Max Ernst. Participa en la Exposición Internacional del Surrealismo de Tokio (1937) y París (1938) y mas tarde, con la invasión nazi, Peret y ella son encarcelados por el gobierno de Vichy. 

Pasa varios meses en un campo de concentración y luego un tiempo en Marsella junto a un grupo de surrealistas que esperaban ser transportados a América. Muchos de ellos lograron exiliarse en Estados Unidos, pero otros fueron rechazados por estar más involucrados con el comunismo. Este fue el caso de Péret y por ende de Varo, pero México no tenía las mismas restricciones y fueron aceptados por este país. Después de difíciles trámites para lograr salir de Europa, a finales de 1941 con la ayuda del Comité para Rescates de Emergencia, y más concretamente de un americano, Varian Fry, pudieron escapar a México, donde serían acogidos por la inmensa comunidad de artistas exiliados en ese país, donde viven una tranquila aunque no prospera cotidianeidad. Varo trabajará haciendo ilustraciones, como decoradora, restaurando objetos precolombinos, siempre en condiciones tan precarias que a veces su alimentación sería una taza de café con leche en todo el día. 

En 1947, Peret decidió regresar al París ya liberado. Ella lo acompañó, pero ya no fue la misma en Europa. Extrañaba al país y al pueblo que la habían acogido y que ella había hecho suyos. Retornó a México y gracias a sus contactos anteriores y sus actividades, parte a Venezuela como integrante de una expedición científica del Instituto Francés de América Latina. 

Estando en Venezuela, además de su trabajo de ilustradora entomológica, la pintora pudo continuar enviando carteles publicitarios para Bayer, así como trabajar un corto lapso de tiempo para el Instituto de malariología venezolano, donde estudia en el microscopio y hace dibujos detallados de los mosquitos transmisores de la malaria. Más tarde, unos amigos le envían el dinero necesario para retornar a Mexico, a donde regresa en 1949. 

Allí, continuará con su labor de ilustradora publicitaria y en 1952 contrae segundas nupcias con el político austríaco refugiado, Walter Gruen, con quien permanecerá hasta el final de sus días. Fue Gruen quien convence a Remedios de abandonar sus labores comerciales, para consagrarse totalmente a la pintura, ya que desde su llegada a Ciudad de México se ganaba la vida como diseñadora y decoradora. De este modo nació el período más fructífero en la producción artística de Varo. 

En 1955, la pintora presenta al público sus trabajos en una primera exposición colectiva, en la galería Diana de la Ciudad de México, seguida al año siguiente de una exposición individual. Durante su estancia en México, la pintora conoció personalmente a artistas como Siqueiros, Frida Kahlo y Diego Rivera, pero estableció nexos de amistad más fuertes con otros intelectuales en el exilio, en particular la también pintora surrealista Leonora Carrington. Se hicieron grandes amigas, pues la sensibilidad artística compartida llegaba a tal punto que Varo se refería a Carrington como “mi alma gemela en el arte”.

Este periodo de creación y producción artística se vio truncado de manera intempestiva un 8 de octubre de 1963 cuando, víctima de un ataque cardiaco, falleció a la edad de 55 años. 


Remedios Varo, según Luis Martín Lozano (crítico conocedor de su obra), “tiene un pie en la tradición, y el otro, en la experimentación, pues sus cuadros son como enigmáticas preguntas que no tienen una respuesta específica. En su obra se amalgaman los sueños, los recuerdos de la infancia, las vivencias femeninas y los temores y horrores de la guerra; la búsqueda del conocimiento y la verdad a través de la ciencia, la religión y la filosofía. Su espíritu explora y se adentra en las teorías que van desde la de la gravitación universal hasta la de la relatividad; en el misticismo, el tantrismo y el budismo zen; en el psicoanálisis y, especialmente, los trabajos de Jung; en el Apocalipsis de San Juan y el Corpus Hermeticum que comprende algunos tratados de filosofía neoplatónica y gnóstica, así como también sobre el orfismo, la alquimia, la magia, la metapsíquica, la qabbalah  y el tarot".
Hacia la torre.

Salvo en obras como “Hacia la torre” (1960), donde la naturaleza es sombría y predominan los colores oscuros tanto en las edificaciones como en los personajes, el lenguaje visual de Remedios Varo ilumina con su color y su magia la posibilidad de acceder a una realidad más allá de la cotidiana; de transportarse a fantásticos mundos en los cuales los hombres se transmutan en gatos, porque de ellos será el paraíso; las mujeres viajan en extrañas barcas o alimentan con puré de estrellas a la luna o reciben llamadas para ascender a otros planos de la existencia; los juglares hacen malabarismos con la piedra filosofal; las naturalezas muertas resucitan y en las nubes la Jerusalén celestial gira sin detener jamás su movimiento.


Paraíso de gatos.
Para Varo todo es posible. También en “Paraíso de gatos” (1955), uno de sus más fascinantes cuadros, se vale de su exquisito humor y lo pone al servicio de la imaginación y el color para burlarse de los humanos que andamos tras el paraíso perdido, pues para alcanzarlo tendremos que trasmutarnos en gatos, ya que su edén está sólo reservado para las Cleopatras y los Renés Mermelados que maullarán y jugarán felices por toda la eternidad.


La llamada.
En consecuencia, ante la obra de Remedios Varo hay que admitir que las tonalidades, el movimiento, la alegría, la luz y los enigmas han hecho de su imaginario una expresión de lo maravilloso, por eso en sus autorretratos “La llamada” (1961) y “Exploración de las fuentes del Río Orinoco”(1959), su radiante figura avanza portando el divino elixir o navega en beatífica gracia, pues sabe que definitivamente ha abierto la “puerta de piedra” y revelado los arcanos de la existencia donde, como decía Breton, “solamente lo maravilloso es bello”.

Exploración de las fuentes del Río Orinoco

Obras

  • 1925 El Tejido de los Sueños
  • 1942 Gruta Mágica
  • 1947 Paludismo (Libélula)
  • 1947 El Hombre de la Guadaña (Muerte en el Mercado)
  • 1947 La Batalla
  • 1947 Insomnia
  • 1947 Amibiasis o los Vegetales
  • 1955 Ciencia inútil o el Alquimista
  • 1955 Ermitaño meditando
  • 1955 La Revelación o el Relojero
  • 1955 Trasmundo
  • 1955 El Flautista
  • 1956 El Paraíso de los Gatos
  • 1956 A la felicidad de las damas
  • 1956 Les Feuilles Mortes
  • 1957 Creación de las aves
  • 1957 Modista
  • 1957 Caminos Tortuosos
  • 1957 Reflejo Lunar
  • 1957 El Gato Helecho
  • 1958 Papilla estelar
  • 1959 Exploración de las fuentes del río Orinoco
  • 1959 Catedral Vegetal
  • 1959 Encuentro
  • 1960 Hacia la torre
  • 1960 Mujer saliendo del psicoanalista
  • 1960 Visita al cirujano plástico'
  • 1961 Vampiro
  • 1961 Tejiendo el manto terrestre
  • 1962 Vampiros Vegetarianos
  • 1962 Fenómeno
  • 1962 Tránsito espiral
  • 1963 Fenómeno de ingravidez
  • 1963 Naturaleza Muerta Resucitando


Fuentes: wikipedia; Josefa Zambrano Espinoza; Carolina Moroder.