martes, 20 de diciembre de 2011

Gabrielle Suchon.


Filosofa francesa, autora del “Tratado de la moral y de la política”, una de las primeras expresiones de un feminismo teórico y sistemático, y probablemente la primera obra explícitamente filosófica escrita por una mujer. Firmaba  sus escritos como G.S. Aristophile. Combatió a los filósofos y teólogos que atribuyen una legitimación intelectual a la opresión de que son víctimas las mujeres. Practicó los principios de libertad que defendía en sus escritos y se rebeló contra las imposiciones de la religión para, a partir de ahí, desarrollar sus perspectivas feministas y sus obras.

Gabrielle Suchon nació en una ciudad de Borgoña el 24 de diciembre de 1632. El padre era togado y procurador del rey y murió prematuramente en 1645. La familia, perteneciente a la pequeña nobleza, vivía desahogada. Fuera de las fechas de nacimiento y muerte se conocen pocos datos de la vida de Gabrielle. 

Se sabe que poco después de la muerte de su padre, su familia decide ingresarla en un convento de jacobeas, una rama de las dominicas en Samur-en- Oix y que, mas tarde, consiguió ir a Roma donde obtuvo la dispensa para salir del convento.  

Samur tiene un edificio, antiguo monasterio que fue el hogar de una comunidad monástica para mujeres. Si ella estaba en un monasterio benedictino, puede que hubiera recibido una educación sólida y haya sido capaz de leer el latín en la recitación diaria (canto) de los salmos.

Su familia hizo un llamamiento al Parlamento de Borgoña contra el "edicto" pontificio, pero a pesar de los esfuerzos de su famíilia e incluso de la oposición del parlamento de Dijon, la capital de la provincia, pudo instarse allí a vivir con su madre, según algunas fuentes como maestra de escuela y publicó dos artículos en 1693 y 1700 en el que sostenía la libertad en el celibato como una forma "neutral", rechazando tanto el velo religioso como el matrimonio. Falleció  a los 70 años un 5 de marzo de 1703.

Publicó, ya al final de su vida dos libros, el "Tratado de la Moral y de la Política", a su costa y firmado bajo las iniciales G.S y el seudónimo de Aristófila. El segundo, "Del celibato voluntario o a vida sin compromiso", en 1700, en una editorial de París y ya bajo su nombre completo.

Ambos títulos traen licencias eclesiásticas elogiosas y merecieron sendas reseñas en el Journal de Samur,  pero allí acaba su éxito. Su obra publicada se olvido muy pronto y fue redescubierta en torno a 1975 por historiadoras e historiadores de mujeres.


En su "Tratado de la moral y la política" se centra en tres temas, la libertad, la ciencia y la autoridad. 

En el señala que, ninguna de ellas son exclusivas de los hombres y que si bien a la mujer se le priva de ellas, esta no pierde la capacidad natural que le permite participar de ellas. Gabrielle pasa revista a varias clases de libertad, insistiendo en el derecho a escoger su estado: vida religiosa, matrimonio o ninguno de los dos. Lo mas notable es que no se limita al tema de la tiranía de los padres, sino que condena la edad precoz de la entrada al convento y los votos perpetuos. 

Hace énfasis en la libertad de viajar y el provecho que proporciona el conocimiento del mundo para la formación del juicio.

Defiende la igualdad de capacidad mental entre hombres y mujeres y la utilidad de la instrucción para quitar a las mujeres los vicios que se le atribuyen comúnmente: frivolidad, coqueterías, inconstancia, supersticion….. y postuló que la autoridad, la libertad y la ciencia, que en el mundo dan importancia a los hombres, no son propiedad exclusiva de estos.

Escribió otras dos obras que tendran que esperar al siglo XXI  para ser publicadas. "La Dificultad" (1693), Coll. Mujeres en la historia, París, de la parte de las Mujeres y "Pequeño tratado de la debilidad, la ligereza y la inconstancia que se asigna a las mujeres mal a propósito", París, Arléa, Coll.

En su “ Pequeño tratado de la debilidad, la ligereza y la inconsistencia, males que se asigna a las mujeres”, señala como entre todas las características malas que generalmente son atribuidas a las personas del sexo contrario, la debilidad, la ligereza y volubilidad son siempre las características que se mencionan en primer lugar. Los hombres se han creado una gran costumbre de maltratar insensiblemente a las mujeres con palabras, incluso imaginando que ellas pueden no ofenderse. 

La fuerza, firmeza y perseverancia son distintivos y elevan por encima de la gente común, por ello no debería sorprenderse que los hombres se esfuercen tanto como pueden en asignarse estas grandes cualidades y que afirmen que son los únicos propietarios de estas cualidades, en detrimento de las mujeres. Y como ellas son iguales y parte vital de la naturaleza humana, no sabemos de dónde vino el punto de defensa que desde hace tantos años se instituye como una ley para tratarlas con  desprecio. Se puede estar de acuerdo con el consejo del filósofo moral, que quiere que ellas se sirvan de las más poderosas de todas las armas: una sabia y prudente moderación que les hace despreciar la riqueza, dolor, lesiones y el enfado. Porque aunque se sienten firmemente todas estas cosas, no dejan de soportarlas con mucha constancia, sabiendo muy bien que ellas no son débiles, ligeras y volubles porque así se las evoque, sino que son solo palabras inventadas por la mala voluntad de sus enemigos.  Muchos gozan atribuyendo a las mujeres lo que sienten quizás ellos mismos como si sus palabras tuvieran el poder de hacerlos inocentes, haciendo culpables las personas del sexo contrario.  Es lo que se desprende normalmente de todos estos discursos, en que unos permanecen con sus debilidades mientras los otros perseveran en ser fuertes y constantes en sus sufrimientos y sus persecuciones.

En 1693 también escribía:

Si es cierto que los deseos son las marcas de la necesidad y la indigencia, no dejaran de atribuirles una multitud a las mujeres y a las niñas, puesto que gustosamente, les regalan todas las cosas mas desventajosas.



Cabe señalar que abogó por las mujeres que querían vivir una vida contemplativa, pero que no se sintieron atraídos por el convento o la vida monástica. Este aspecto de su pensamiento parece estar de acuerdo con las beguinas, Pero Gabrielle no era partidaria de cualquier otra forma de vivir en comunidad. Su visión de una mujer que vive sola en el mundo persiguiendo la vida intelectual y contemplativa es un presagio de  la vida de muchas mujeres hoy en día.

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