lunes, 19 de diciembre de 2011

Marina Ivánovna Tsvetáyeva. Un espíritu prisionero.


Considerada una de las grandes poetas rusas, dueña de una sensibilidad exquisita que además volcó su experiencia autobiográfica en la escritura. Su figura fue agigantada por una vida de pasiones amorosas y tragedias políticas y su lírica ha sido considerada como un gran tesoro de la literatura rusa del siglo XX. En la Unión Soviética permaneció casi inédita hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a ser conocida a través de hojas clandestinas.

Marina había nacido en Moscú el 8 de octubre de 1892 (26 de septiembre según el calendario juliano, usado entonces), y provenía de una familia acomodada de intelectuales, Iván VladimirovichTsvetaev, profesor de Bellas Artes en Moscú, fundador del actual Museo Pushkin, y Maria Alexandrovna Meyn, segunda esposa de Iván, pianista de ascendencia alemana y polaca, quien deseaba para su hija un destino musical, que esta echazó.

Estudió en Moscú y en la Sorbona. “Con una madre como ella, sólo tenía una elección, convertirme en poeta” sostuvo y efectivamente comenzaba a partir de la década de 1910 la publicación de sus obras, entre ellas “Album vespertino”, “La linterna mágica”, “Verstas”, “Versosa Blok”.

Se casa en 1912 con Serguéi Efrón con el que tendría 3 hijos. Uno de los graves problemas que debió enfrentar la incipiente Revolución- la falta de alimentos-, significó para ella perder a una de sus hijas, Irina, a la que había colocado, para salvarla, en un asilo gubernamental. La niña muere de hambre en 1920, con apenas 3 años. Por entonces, su marido se había alistado en el Ejército Blanco y Marina no tiene noticias de él hasta 1921.

Entretanto, Marina no sólo continuaba su obra literaria sino que simultáneamente, y aun sin separarse de lo que llegó a considerar un matrimonio apresurado, vivió una gran pasión con Sofía Parnok, poeta y traductora rusa entre los años 1914/1916. También, en 1919, tuvo un romance con la actriz Sonetchka Holliday a quien dedica una de sus mejores obras, "Historia de Sonetchka" y con Konstantin Rodzevich, testimoniados en sus poemas.


Marina y Serguéi

Marina jamás se consideró lesbiana, del mismo modo que tampoco lo han hecho otras escritoras como Djuna Barnesquien a pesar de haber sostenido romances con otras mujeres, no se definía a sí misma como lesbiana, dicha clasificación le parecía limitada para lo que ella pensaba era el amor y lo que involucraba. Hay que señalar la modernidad y el poder de esta escritora, que en 1932 ignora las convenciones sociales y explora, a través de la literatura, lo mas profundo de las posibilidades de la vida.

En “Carta a la Amazona” contempla las salidas y los impedimentos de la homosexualidad femenina. Es un texto de reflexión. ¿Qué posibilidad de sobrevivir se tiene viviendo con una mujer, amando a una mujer?, parece ser la pregunta esencial del escrito. Relata una historia de amor lésbico entre una muchacha joven y una mujer mayor. Expresa su propia lucha interior con el lesbianismo, así como su concepción sobre la limitación del amor entre mujeres: la imposibilidad de engendrar hijos.

Su vida es un continuo ir y venir por Europa, sola y pobre. Conoció diferentes países en el curso de sus viajes, donde aprendió italiano, francés, inglés y alemán. La Revolución de1917 significó para ella un hecho trágico y negativo, inclusive dedicó versos al ejército blanco, que luchaba contra los bolcheviques, y se sumó al contingente de los diversos exiliados que buscaban en Occidente un refugio ante esos vertiginosos días que conmovieron al mundo. Entre el inicio de la Revolución y la fecha de su exilio, en 1922, escribió un ciclo titulado “El campamento de los cisnes”, cuyo tema es la Guerra Civil (1918-1920), que culmina con la victoria de los rojos sobre sus elogiados “cisnes” blancos.

Su escritura está sustentada en un trabajo muy arduo con ritmos, guiones, fragmentaciones y formas poéticas. De esto da cuenta Ancira en su prólogo a “Indicios terrestres”: “su extraordinaria capacidad de síntesis, la concisión de sus frases, su natural manejo de la ironía, el acento característico de su prosa (siempre poética) y su deslumbrante subjetividad”, un estilo ya admirado tempranamente por poetas como Valery Briúsov, Nikolái Gumiliov o Boris Pasternak.

Tuvo que exiliarse en Praga (1922) y luego en Francia (1925), después de la revolución rusa con su marido, si bien éste, junto con su hija Ariadna, comprometidos con la lucha política, volverían a la Unión Soviética. Marina se les unió - junto con el hijo menor - en 1939, precisamente el año en que se iniciaba la Segunda Guerra, en pleno dominio de Stalin, quien se había impuesto por sobre toda la dirección revolucionaria inicial.

Cuestiones ligadas a sospechas de espionaje llevaron a que el marido de Tsvietáyeva y la hija fueran acusados de traición. Serguéi Efrón fue fusilado en 1941 y Ariadna fue rehabilitada en1955.

Marina Tsvetáyeva padeció la desaprobación oficial, no pudo encontrar vivienda ni trabajo y, cuando comenzó la Gran Guerra Patria, fue evacuada a Yelábuga, Tartaristán, donde intentó trabajar como lavaplatos lo cual no fue posible y finalmente un 31 de agosto de 1941, sin noticias de su marido que había sido ejecutado plena invasión nazi en la cárcel, se suicidó mediante ahorcamiento.

Dejaba tras de sí una historia de intrincados amores, viajes, exilios, padeceres y lecturas, concentrados en una obra en la que prevalece la subjetividad expresada sutilmente en un singular estilo imposible de asimilar a una corriente literaria.


Seré feliz si...

Seré feliz si Usted no siente mi dolor,
Y que yo tampoco sienta nada,
Que nunca el pesado globo de la tierra
Se escurra bajo nuestros pies.
Me gusta que pueda ser ridícula, perversa
Y buscar palabras adecuadas
Y no ponerme roja con ola sofocante
Si apenas nuestras mangas se rozaran.

Me gusta que delante de mí Usted pueda abrazar
Tranquilamente a otra mujer,
No me condena a arder en el infierno
Por no besarlo a Usted.
Y que mi cariñoso nombre, mi Cariño
No recuerde ni en la noche ni en el día...
Que nunca sobre nosotros, en el silencio de la catedral,
Cantarán el Aleluya.

Gracias a Usted -con mi mano sobre el corazón-
Que no sabe lo mucho que me ama:
Por mis noches tranquilas,
Por los encuentros de las crepusculares horas,
Por nuestros no paseos bajo la luna,
Por el sol que no existe encima de nosotros,
Por el dolor que no siente,lamentablemente, usted por mí,
Por el dolor que no siento,lamentablemente, por Usted.

Traducciónde Víctor Toledo



Una de las casas que habitó Marina

Una obra viva, de impresionante calor, intransigente y llena de valentía, que fue salvada de la destrucción y del olvido por su hija Ariadna Efrón. En la Unión Soviética permaneció casi inédita hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a ser conocida a través de la publicación de literatura en hojas clandestinas. Nabókov rectificó sus prejuicios sobre la difícil Tsvietáyeva (“leerla sólo causa estupor y dolor de cabeza”), pero se negó a encabezar su rehabilitación, que no ha llegado del todo hasta hace unos pocos años cuando se ha publicado en Rusia su obra completa.

Sus poemarios, teatro y escritos en prosa (El cazador de ratas, El poeta y su tiempo, El diablo, Un espíritu prisionero, Carta a la Amazona, Mi Pushkin, entre otros) se difundieron en Occidente en traducciones que comenzaron desde que ella estaba viviendo fuera de Rusia y fueron, sucesivamente, incrementándose, en cantidad y lenguas. En lo que respecta al castellano, la figura fundamental en cuanto a esta difusión fue la especialista española en literatura rusa Selma Ancira, la cual, hasta el presente, continúa una tarea iniciada con la traducción de esas cartas que mucho hablan de la personalidad y preocupaciones literarias de Tsvietáyeva, así como ofrecen valiosas opiniones acerca de la poesía, en la especie de conversación a tres voces que despliega con Boris Pasternak y Rainier María Rilke en Cartas del verano de 1926.

La correspondencia entre Boris Pasternak y Marina Tsvetáyeva es muy rica en novedades, una verdadera novela epistolar, cuya parte central involucra a un tercer personaje, Rainer María Rilke, adorado por ambos y ligado a los dos poetas rusos por un río de sentimientos, entre los cuales estaba su amor por Rusia, "tierra limítrofe de Dios", meta de su inolvidable peregrinaje juvenil. Lo que resulta de un intercambio de cartas que va de 1922 a 1936 es una sucesión de acontecimientos de una extraordinaria intensidad.

Con su hija
Marina vuelca una energía amorosa ubicua y arrolladora en un vínculo erótico imaginario con los dos ídolos de su alma, Pasternak y Rilke. "La fidelidad como constancia de la pasión me es incomprensible, extraña", decía Marina, capaz de varios amores, pero auténtica en su entrega completa a Rilke, a Pasternak y a su marido, al ques iguió resignada a una patria que ya no era la suya ni siquiera de nombre

A Rilke, al que nunca conoció personalmente, Marina le podía escribir palabras como éstas:

"Rainer, quiero encontrarme contigo [...], quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir [...] Simplemente dormir. Y nada más. No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más. No, algo más: aun en el sueño más profundo, saber que eres tú. Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo". En el sueño, y no sólo en la realidad, Marina vivía sus exaltaciones amorosas.

La relación con Pasternak, más larga y directa, fue también más compleja, porque el matrimonio de Boris la convenció de que, aunque predestinados espiritualmente el uno para el otro, la vida privada, además de la pública, los dividía de modo inexorable y fatal. El encuentro de ambos (el "no encuentro", como ella lo llamó) que se produjo en París, en 1935, marcó un límite, más allá del cual la novela epistolar no podía continuar.

Pero en sus destinos y en sus poesías, la influencia recíproca fue duradera y en el caso de Pasternak, persistió después de la muerte de Marina, ya que la presencia de ésta en "El doctor Zhivago" está viva. Más allá de cualquier identificación de un modelo para el personaje de Lara, como Olga Ivinskaja, el último amor de Pasternak, esa presencia es el espíritu rebelde y tempestuoso de Tsvetáyeva, que flota en numerosas páginas de la novela.








Fuentes: Susana Cella; libros y literatura; wikipedia

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