jueves, 15 de diciembre de 2011

Remedios Varo. La magia de lo surreal

Creadora de una original, enigmática y poco conocida obra, gracias a la cual, 37 años después de su muerte, el Museo Nacional de Mujeres Artistas en Washington, D. C. (museo dedicado a las obras de arte creadas por mujeres) exhibió una extraordinaria retrospectiva de su pintura, valorando así el nombre y el arte de una de las principales exponentes del “surrealismo mexicano tardío”.


María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga, nació en la localidad de Anglés, Gerona, el 16 de diciembre de 1908. Su padre, Rodrigo Varo y Zejalbo, era ingeniero hidráulico y su madre, de origen vasco, Ignacia Uranga y Bergareche, era una mujer dedicada a la familia y a Dios. 

Tras la muerte de una de sus hermanas, fue consagrada a la Virgen de los Remedios, guardando a lo largo de su vida  un sentimiento de culpa por usurpar el lugar de una hermana desaparecida. 

El trabajo del padre los llevaría a viajar por toda España e incluso al norte de África, por lo que Remedios entra en contacto desde muy pequeña con otros mundos y otros paisajes. De esto dice Edouard Jaguer: “Toda la infancia de Remedios transcurrió en peregrinaciones terrestres y marítimas.” Y añade que “en los cuadros de Remedios circulan, por montes y valles, los vehículos más extravagantes que puedan imaginarse; y, de la bruma ligera a la ola impetuosa, el agua desempeña en ella un papel primordial. El agua, ese elemento cuyos caprichos domó antaño el padre de Remedios con el auxilio de mil complejas maquinarias". 

Remedios ya daba muestras de su talento para el dibujo y la pintura. El padre la sentaba a su lado mientras trazaba los planos y diseñaba los aparatos mecánicos de sus proyectos hidráulicos, aprendiendo así el manejo de la perspectiva, las matemáticas y el dibujo profesional. 

La madre era una ferviente católica, quien inculcó a su hija a ser una mujer digna de Dios y a temer al demonio. Su padre, en cambio, era un librepensador, ateísta. Le inculcó a su hija respeto por la razón, el amor a la ciencia y le enseñó desde muy pequeña cómo hacer una perspectiva perfecta. De estas dos fuertes influencias el escritor Peter Engel dice que “Remedios Varo vivió, como murió, suspendida entre dos mundos, luchando por reconciliar lo mítico con lo científico, lo sagrado con lo profano”. 

Fue así como su madre la dejó interna en un colegio de monjas, de cuya experiencia dejó Remedios tres cuadros (que ella consideraba como un tríptico) una de sus obras autobiográficas más interesantes: “Hacia la torre”, “Bordando el manto terrestre” y “La huída”.

La Huida.

Cuando la familia se estableció definitivamente en Madrid en 1924, el padre, conocedor de su aptitud para la pintura, la estimula para que ingrese a pesar del disgusto de la madre, en la Academia de San Fernando, donde se convirtió en una de las primeras mujeres estudiantes de arte sintiendo profunda admiración por El Bosco, El Greco y Goya. En San Fernando fue condiscípula de Dalí y se gradua en 1930. 

A los veintiún años se casa con Gerardo Lizarraga, un compañero en la Escuela San Fernando y se van a París por un año. Este viaje será decisivo en la vida de Varo, ya que mantendrá siempre una estrecha relación con Francia. Cuando se mudan a Barcelona, la entonces capital española de la vanguardia artística, parece una transición natural, puesto que esta región es la más cercana desde todo punto de vista al país vecino. Tanto en París como en Barcelona, Remedios entra en contacto con las vanguardias artísticas del momento, más específicamente, con el surrealismo.

Una vez en Barcelona, se une al movimiento “logicófobo”, de tendencias surrealistas, junto a Esteban Francés, quien se convierte en su amante. Aunque sigue casada con Lizarraga y aún vive con él, mantiene una relación con ambos hombres sin que existieran problemas entre ellos. 

Al parecer, esta situación se suscitará en la vida de Varo en diversas oportunidades y, curiosamente, no parece que hubo mayores conflictos entre los hombres involucrados. Es más, a lo largo de su vida mantiene una estrecha relación de amistad con todos sus amantes, mucho tiempo después de haber terminado su relación amorosa con ellos. En el caso de Lizarraga, el matrimonio dura cinco o seis años y luego se separan, pero cuando él se va a México, retoman su amistad y ella le deja en herencia un apartamento en donde vivirá hasta su muerte. 

Varo vive la etapa de la República y parece ser una exponente de todos sus ideales: una mujer que logra estudiar, libre de cuerpo y mente, involucrada en política, en la toma de decisiones, es vanguardista y tiene una posición más bien universal y europea ante la política. Cuando estalla la Guerra Civil, se encuentra con el poeta surrealista francés Benjamin Péret, quien fue a pelear al lado de la República, y juntos se van a París. 

Peret la introdujo en el círculo de los surrealistas, movimiento artístico que comienza después de la Primera Guerra Mundial con los poetas franceses André Breton, Benjamin Péret, Louis Aragon y Paul Eluard, basado en los trabajos de Rimbaud, Lautréamont y Apollinaire. Su meta era expresar el pensamiento más puro, libre de los controles impuestos por la razón y por los prejuicios sociales y morales imperantes en la época (Waldberg). Aunque comenzó siendo un movimiento literario de poetas, pronto hizo sentir su influencia sobre todas las formas artísticas. Los trabajos de Freud, primero, y de Jung después, tuvieron una fuerte influencia en los planteamientos de este movimiento, ya que el poder de los sueños y del inconsciente, así como la rebelión, formaron parte de su filosofía. 

Inmediatamente, se creó una empatía y afinidad entre ella y Breton, Eluard, Crevel, Desnos, Miró, Arp, Naville y Max Ernst. Participa en la Exposición Internacional del Surrealismo de Tokio (1937) y París (1938) y mas tarde, con la invasión nazi, Peret y ella son encarcelados por el gobierno de Vichy. 

Pasa varios meses en un campo de concentración y luego un tiempo en Marsella junto a un grupo de surrealistas que esperaban ser transportados a América. Muchos de ellos lograron exiliarse en Estados Unidos, pero otros fueron rechazados por estar más involucrados con el comunismo. Este fue el caso de Péret y por ende de Varo, pero México no tenía las mismas restricciones y fueron aceptados por este país. Después de difíciles trámites para lograr salir de Europa, a finales de 1941 con la ayuda del Comité para Rescates de Emergencia, y más concretamente de un americano, Varian Fry, pudieron escapar a México, donde serían acogidos por la inmensa comunidad de artistas exiliados en ese país, donde viven una tranquila aunque no prospera cotidianeidad. Varo trabajará haciendo ilustraciones, como decoradora, restaurando objetos precolombinos, siempre en condiciones tan precarias que a veces su alimentación sería una taza de café con leche en todo el día. 

En 1947, Peret decidió regresar al París ya liberado. Ella lo acompañó, pero ya no fue la misma en Europa. Extrañaba al país y al pueblo que la habían acogido y que ella había hecho suyos. Retornó a México y gracias a sus contactos anteriores y sus actividades, parte a Venezuela como integrante de una expedición científica del Instituto Francés de América Latina. 

Estando en Venezuela, además de su trabajo de ilustradora entomológica, la pintora pudo continuar enviando carteles publicitarios para Bayer, así como trabajar un corto lapso de tiempo para el Instituto de malariología venezolano, donde estudia en el microscopio y hace dibujos detallados de los mosquitos transmisores de la malaria. Más tarde, unos amigos le envían el dinero necesario para retornar a Mexico, a donde regresa en 1949. 

Allí, continuará con su labor de ilustradora publicitaria y en 1952 contrae segundas nupcias con el político austríaco refugiado, Walter Gruen, con quien permanecerá hasta el final de sus días. Fue Gruen quien convence a Remedios de abandonar sus labores comerciales, para consagrarse totalmente a la pintura, ya que desde su llegada a Ciudad de México se ganaba la vida como diseñadora y decoradora. De este modo nació el período más fructífero en la producción artística de Varo. 

En 1955, la pintora presenta al público sus trabajos en una primera exposición colectiva, en la galería Diana de la Ciudad de México, seguida al año siguiente de una exposición individual. Durante su estancia en México, la pintora conoció personalmente a artistas como Siqueiros, Frida Kahlo y Diego Rivera, pero estableció nexos de amistad más fuertes con otros intelectuales en el exilio, en particular la también pintora surrealista Leonora Carrington. Se hicieron grandes amigas, pues la sensibilidad artística compartida llegaba a tal punto que Varo se refería a Carrington como “mi alma gemela en el arte”.

Este periodo de creación y producción artística se vio truncado de manera intempestiva un 8 de octubre de 1963 cuando, víctima de un ataque cardiaco, falleció a la edad de 55 años. 


Remedios Varo, según Luis Martín Lozano (crítico conocedor de su obra), “tiene un pie en la tradición, y el otro, en la experimentación, pues sus cuadros son como enigmáticas preguntas que no tienen una respuesta específica. En su obra se amalgaman los sueños, los recuerdos de la infancia, las vivencias femeninas y los temores y horrores de la guerra; la búsqueda del conocimiento y la verdad a través de la ciencia, la religión y la filosofía. Su espíritu explora y se adentra en las teorías que van desde la de la gravitación universal hasta la de la relatividad; en el misticismo, el tantrismo y el budismo zen; en el psicoanálisis y, especialmente, los trabajos de Jung; en el Apocalipsis de San Juan y el Corpus Hermeticum que comprende algunos tratados de filosofía neoplatónica y gnóstica, así como también sobre el orfismo, la alquimia, la magia, la metapsíquica, la qabbalah  y el tarot".
Hacia la torre.

Salvo en obras como “Hacia la torre” (1960), donde la naturaleza es sombría y predominan los colores oscuros tanto en las edificaciones como en los personajes, el lenguaje visual de Remedios Varo ilumina con su color y su magia la posibilidad de acceder a una realidad más allá de la cotidiana; de transportarse a fantásticos mundos en los cuales los hombres se transmutan en gatos, porque de ellos será el paraíso; las mujeres viajan en extrañas barcas o alimentan con puré de estrellas a la luna o reciben llamadas para ascender a otros planos de la existencia; los juglares hacen malabarismos con la piedra filosofal; las naturalezas muertas resucitan y en las nubes la Jerusalén celestial gira sin detener jamás su movimiento.


Paraíso de gatos.
Para Varo todo es posible. También en “Paraíso de gatos” (1955), uno de sus más fascinantes cuadros, se vale de su exquisito humor y lo pone al servicio de la imaginación y el color para burlarse de los humanos que andamos tras el paraíso perdido, pues para alcanzarlo tendremos que trasmutarnos en gatos, ya que su edén está sólo reservado para las Cleopatras y los Renés Mermelados que maullarán y jugarán felices por toda la eternidad.


La llamada.
En consecuencia, ante la obra de Remedios Varo hay que admitir que las tonalidades, el movimiento, la alegría, la luz y los enigmas han hecho de su imaginario una expresión de lo maravilloso, por eso en sus autorretratos “La llamada” (1961) y “Exploración de las fuentes del Río Orinoco”(1959), su radiante figura avanza portando el divino elixir o navega en beatífica gracia, pues sabe que definitivamente ha abierto la “puerta de piedra” y revelado los arcanos de la existencia donde, como decía Breton, “solamente lo maravilloso es bello”.

Exploración de las fuentes del Río Orinoco

Obras

  • 1925 El Tejido de los Sueños
  • 1942 Gruta Mágica
  • 1947 Paludismo (Libélula)
  • 1947 El Hombre de la Guadaña (Muerte en el Mercado)
  • 1947 La Batalla
  • 1947 Insomnia
  • 1947 Amibiasis o los Vegetales
  • 1955 Ciencia inútil o el Alquimista
  • 1955 Ermitaño meditando
  • 1955 La Revelación o el Relojero
  • 1955 Trasmundo
  • 1955 El Flautista
  • 1956 El Paraíso de los Gatos
  • 1956 A la felicidad de las damas
  • 1956 Les Feuilles Mortes
  • 1957 Creación de las aves
  • 1957 Modista
  • 1957 Caminos Tortuosos
  • 1957 Reflejo Lunar
  • 1957 El Gato Helecho
  • 1958 Papilla estelar
  • 1959 Exploración de las fuentes del río Orinoco
  • 1959 Catedral Vegetal
  • 1959 Encuentro
  • 1960 Hacia la torre
  • 1960 Mujer saliendo del psicoanalista
  • 1960 Visita al cirujano plástico'
  • 1961 Vampiro
  • 1961 Tejiendo el manto terrestre
  • 1962 Vampiros Vegetarianos
  • 1962 Fenómeno
  • 1962 Tránsito espiral
  • 1963 Fenómeno de ingravidez
  • 1963 Naturaleza Muerta Resucitando


Fuentes: wikipedia; Josefa Zambrano Espinoza; Carolina Moroder.

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