jueves, 5 de enero de 2012

Tina Modotti.


Fotógrafa italiana y revolucionaria internacionalista, su figura y el ambiente que le tocó vivir ha sido cuidadosamente olvidada o despojada de sus entornos mas comprometidos. Para unos fue una despiadada agente soviética, otros la despolitizaron para "salvar" su figura artística, pero lo que es indiscutible es que utilizó sus imágenes para defender la libertad y rechazar la intolerancia,  para ser una mujer libre.


Assunta Adelaida Luigia, nació el 16 de agosto de 1896 en Udine, ciudad de fábricas textiles en el norte de Italia. Su padre era Giuseppe Modotti, mecánico, socialista radical con ideas revolucionarias, perteneciente al Partido Socialista, y su madre, Assunta Mondini, por lo que su nombre completo fue Assunta Adelaide Luigia Modotti Mondini.

De niña es llevada a Austria, con la intención de vivir en un ambiente político más libre; pero al no conseguirlo, tuvieron que regresar a Italia. Luego de un tiempo el padre y la hermana mayor de Tina emigran a Estados Unidos, atraídos por el ideal del "sueño americano"

Mientras el padre trabajaba de obrero y la hermana en un taller de costura en California, ella trabajaba como costurera en Italia, haciéndose cargo de la manutención de su madre y sus hermanos pequeños, viviendo en condiciones muy extremas, pero con un gran sentido de justicia e igualdad derivado de la postura política familiar. Alrededor de los 17 años emigró con su familia a San Francisco, donde se empleó en una fábrica de seda (de 1913 a 1914) y después como modista (hasta 1917), pero gracias a su destacada belleza, pronto se transforma en modelo, incluso de sus propias confecciones

De sus características lo que más llamaba la atención era su frágil figura, el delicado rostro y la mirada triste. Pronto incursiona como actriz en el cine mudo. El currículum cinematográfico, iniciado en Hollywood, comprende tres películas: The Tiger`s Coat de Roy Clements (1920), Riding Whit Death (1921) de Jacques Jaccard y I Can Explain de George D. Baker (1922). Tina Modotti se ajustaba bien al personaje de mujer fatal que le tocó interpretar por su gran atractivo físico, si bien debajo de ese papel de ficción se escondía una mujer sensible, humanista y comprometida.

Conoce a Roubaix de L'Abrie Richey, conocido como Robo, quien al cabo de un tiempo, sería su esposo. Robo se desenvolvía en un ambiente bohemio, pues era pintor y poeta; constantemente organizaba reuniones en su casa, donde se tocaban temas como la revolución rusa, el amor libre, los convencionalismos, la moralidad y las aventuras de Pancho Villa.

Tina y Roubaix de L'Abrie Richey
En 1922, queda atrapado por la magia de los sitios exóticos y su cultura, por lo que decide viajar a México, donde desgraciadamente cae enfermo y muere de fiebre amarilla. Tina, quien se había quedado en Estados Unidos, no lo alcanza a ver con vida. 

Ella, que por aquella época mantenía una relación sentimental con Edward Weston –fotógrafo que le había sido presentado por su marido- mientras Robo permanecía en México, decide viajar a México con su nuevo compañero. Luego de su viajes por el país, la pareja se instala en la capital, siendo todo un acontecimiento para la sociedad mexicana que no estaba acostumbrada a ver parejas desnudas en las azoteas de sus casas

Una vez establecidos, y envueltos por la multiplicidad de colores y ambientes, Tina descubre otra faceta de sí misma y abandona la melancolía y suavidad de Robo, por la explosión sensual y artística del fotógrafo. Logra convencer a Weston para que la tome como discípula, y poco a poco va logrando una obra de gran calidad. El fotógrafo tenía ideas abstraccionistas muy avanzadas para su época y esta influencia es notoria en la obra de Tina, que ya se había codeado con el mundo cultural de la época, sintiendo un gran compromiso con los indígenas.

Desde la primera vez que realizó un viaje al Istmo de Tehuantepec -junto a Diego Rivera, Frida y otros intelectuales de la época-, quedó maravillada y asombrada por el lugar y su gente, desde los paisajes, a la forma de organizarse, pero sobre todo, las condiciones de vida. Viajó por varias regiones de México, realizando excelentes fotografías de la situación del pueblo mexicano, a fin de publicarlas en un libro que iba a editar Anita Brenner (Mexican Folkways) en EEUU

Weston abandonó México en 1927, y Tina se integró en la Liga Antiimperialista, donde reestableció su contacto militante y emocional con Xavier Guerrero. Juntos colaboraron con el periódico “El Machete” del PC y se integró en el Socorro Rojo Internacional


Manifestación de trabajadores. 1926
Por aquellos días conoce a la embajadora de la URSS en México Alejandra Kollontai. De sus observaciones Tina asumirá postulados de clase muy concretos, “en el sentido de profundizar en la denuncia de la situación de extrema pobreza de los campesinos mexicanos y demostrar a los capitalistas que puede haber otro tipo de fotografía a servicio de la cultura del pueblo”, años más tarde María Teresa León, confirma dicho proceso:

“ La inteligencia de Tina le permitió recorrer varios caminos: el del teatro, el de la fotografía, el del amor. Le interesaba la imagen del ser humano, el por qué de la pobreza, la razón de las tristes desigualdades sociales. Sus fotografías se fueron transformando en íntimos descubrimientos de esa miseria que, cuando la tocas con los ojos, te obliga a elegir un camino."

A pesar de contar con una cámara muy pesada, captaba todo a su alrededor, para sintetizarlo de una forma sumamente expresiva. Sus ideas vanguardistas son un sello en su obra, así como toda la influencia de la tecnología de la época. Como muestra tenemos las fotografías de los Cables de luz y del Tanque. Aunque tiene algunas fotos un poco más románticas y sutiles -como su figura-, en las que aparecen madres amamantando a sus hijos.

Madre con niño. 1929

De acuerdo con la tendencia general de muchos de los artistas mexicanos de la época, Tina se interesó en la representación de las clases sociales más humildes del país, principalmente de los indígenas y de los campesinos, creando algunas obras verdaderamente emblemáticas en su género. Por una parte, como la mayoría de los miembros del grupo, a través de sus obras quería hacer visible la marginación insostenible de dichas clases sociales; y por la otra, su intención era la de resaltar la belleza y la dignidad que encontraba en sus modelos indígenas y campesinos, como símbolo apropiado para representar la quintaesencia de la identidad nacional. 

Sin embargo, dentro de estas tendencias generales, tanto Tina como otra gran fotógrafa mexicana, Lola Álvarez Bravo,  se destacaron de sus colegas artistas varones por concentrarse, muy particularmente, en la representación de las mujeres indígenas y por hacerlo no sólo desde el punto de vista de la representación impersonal y objetiva de su situación de marginación social y económica, sino también, y principalmente, a través de la indagación y de la representación de algunas de las consecuencias emocionales más profundas de dichas condiciones en las mujeres.

Mujer con olla. 1926


Muchas de sus escenas aparentemente costumbristas o etnográficas, de acuerdo con las tendencias de la fotografía tradicional fuertemente asentada en el país, se distinguen del resto por la intensa emotividad con que Tina y Lola interpretan a sus figuras protagónicas. Ambas fotógrafas comparten la preferencia por la representación de las mujeres activas en sus distintos y duros trabajos, tanto rurales como citadinos, y lo hacen con tal vigor y sensibilidad que en muchas ocasiones logran transformar la más casual y cotidiana de las tareas de las mujeres, en iconos no sólo del sacrificio y del duro trabajo de las clases más marginadas del país, sino, y principalmente, de la imbatible fortaleza del género.

Manos de lavandera

Las mujeres indígenas de Tina son tratadas en sus fotografías por medio de distintas perspectivas que abarcan un amplio espectro expresivo: desde el símbolo tangible de la pobreza y de la marginación más extrema, como en Miseria de 1928, pasando por retratos de mujeres concretas, como el de Elisa arrodillada de 1924–1926, hasta llegar a convertirlas en paradigmas arquetípicos de lo femenino como sinónimos del trabajo, la creación y el activismo político.

Mujer con bandera.

Se hizo miembro del Partido Comunista Mexicano en 1927. Apoyó activamente la lucha de Augusto C. Sandino, para entonces ya estaba muy comprometida con el comité Manos Fuera de Nicaragua, a pesar de ser un tanto tímida y callada, siempre asistía a las reuniones y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano


Hija de trabajador de ferrocarril. 1926

En 1927 conoce a  Vittorio Vidali, miembro del Partido Comunista de Italia desde 1921, que huyó de su país tras el ascenso al poder de Benito Mussolini.  Miembro del Partido Comunista de Estados Unidos y del Socorro Rojo Internacional,  trabajó con los seudónimos de Enea Sormenti, Comandante Carlos, José Díaz y Carlos Contreras. Fue un activo defensor de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, finalmente ejecutados

Publicó sus fotos en la revistas Mexican Folkways y Mexican Life. Tuvo un breve amorío con Xavier Guerrero, y al poco tiempo, en 1928, conoce al amor de su vida, Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, cuando se forma el comité en apoyo a los anarquistas Sacco y Vanzetti. De fuertes ideales izquierdistas, estaba encargado de ayudar a los compatriotas que huían de la isla.

“Te quiero, serio, tempestuosamente. Como algo definitivo”. Vuelve desde el pasado, la declaración amorosa de Julio a Tina, como señal de que también la pasión es imprescindible para hacer el mundo que soñaban.

Desafortunadamente Mella, luego de algunas discusiones y roces con el partido, es asesinado a balazos cuando caminaba con ella por las calles de la Ciudad de México


Tina y Julio A. Mella

Para ese entonces, Tina ya había publicado en algunas revistas y periódicos de izquierda -como la Revista de los Estridentistas, que a pesar de especializarse en literatura, coincidía con algunos principios de este movimiento artístico-, lo cual la vinculaba a esta postura política, indicio que llevó a culparla del asesinato del joven cubano. Aquí viene todo el amarillismo e intolerancia ejercido en contra de Modotti: su casa es saqueada y muchas de sus fotos destruidas

La policía descubre una gran cantidad de los maravillosos desnudos en los que había posado para Weston, por supuesto, en esa época imágenes así eran vistas más como pornografía que como arte. Esto propicia que los tabloides encabecen la nota acerca del suceso como: "Bella fotógrafa, y prostituta italiana, asesina a su amante". Junto a esta versión, hay historiadores que consideran que fue Vittorio Vidali quien participó en el asesinato de Mella.


Tina por E. Weston

La muerte de Mella supuso para ella un golpe muy fuerte del que no logró recuperarse nunca. En ese mismo año, se celebró en la Biblioteca Nacional de la capital mexicana lo que sería la primera y última exposición de su obra en vida dado que ella renegó entonces de su condición de artista en favor de una militancia como fotógrafa en las filas comunistas. La crítica recibió con gran entusiasmo esta muestra y le dedicaron infinidad de elogios, entre los que destacaba el haber sabido desprenderse de amaneramientos y sentimentalismos haciendo gala de un estilo personal muy depurado, que después sería tan influyente para los propios fotógrafos mexicanos.

Al año siguiente la acusan de cómplice de una tentativa de asesinato a Pascual Ortiz Rubio, presidente de México en ese entonces, pero fue absuelta y expulsada del país, luego de que sus amigos, entre los que se encontraban Diego Rivera -para quien también posó desnuda durante la realización de los murales de Chapingo- y Manuel Álvarez Bravo, se pronunciaran a favor de ella

La salida obligada de México fue un golpe definitivo para su moral después de haber visto como asesinaban a su gran amor; de tal forma que se dice que fue en ese mismo año cuando comenzó a abandonar progresivamente su carrera de fotógrafa para consagrarse a los compromisos políticos. En sólo un par de días tuvo que recoger sus cosas e irse hacia Europa no sin antes haber dejado gran parte de sus fotografías a su amigo y admirador Manuel Álvarez Bravo, que hoy en día es considerado como uno de los mejores fotógrafos de la historia mexicana y que, por respeto a su maestra, ha conservado hasta la actualidad el legado de esta malograda artista.


Pobreza y elegancia. 1928

En su intento por llegar a Estados Unidos se le niega el permiso a causa de sus ideas políticas y se ve obligada a embarcase rumbo a Europa. 

Tina parte a Alemania, sola, y comienza un recorrido en medio de países ahora para ella desconocidos y que estaban viviendo situaciones políticas y sociales críticas haciéndola sentirse incómoda, vacía. De este período existen fotografías de tono satírico en Alemania. Más adelante viaja a Moscú fanatizada por el comunismo donde se reencuentra con Vitorio Vidali. Siguieron juntos hasta el final, -luego él se convertiría en su esposo- más por una necesidad de apoyo que por un auténtico amor.


Alemanes en el zoo.

Vitorio Vidali era un marxista de primer nivel y gracias a esto Tina se convirtió en una agente secreta del Socorro Rojo Internacional lo que dificulta conocer a ciencia cierta sus pasos durante esos años por Europa. La causa política, la convicción de consagración a ayudar a sus camaradas en peligro son hechos que conducen a Tina a abandonar la fotografía, así lo ratifica la curadora mexicana Elisa Solano Alvarez:“ Si bien en México se desarrollaba ya una tradición muy fuerte del foto reportaje, no existía la combinación de la fotografía de autor y la de carácter social. En Modotti confluyen estos dos aspectos. Está la escuela de Weston y también el compromiso social. Una de las explicaciones del por qué dejó la fotografía está en su mayor participación como militante socialista.
 
Abandona la fotografía por el activismo político, que la lleva a conectarse con Sergei Eisenstein, Alexandra Kollontai, La Pasionaria, Ernest Hemingway y Robert Capa. Se instala en Alemania, donde trabaja para el Partido Socialista como fotógrafa, traductora y espía, pero su pesada cámara no le permite captar las fotos tan instantáneas como lo requiere el periodismo, y decide dejarla a un lado, debatiendo una gran lucha interna en la que tuvo que optar entre su arte y sus ideas políticas. Cubre varias misiones al lado de Vittorio Vidali, utilizando nombres falsos, sobre todo en Rusia y Alemania.

Llevó dinero para sacar presos de las cárceles nazis, ayuda para los trabajadores en huelga y atención para los huérfanos que el capitalismo salvaje iba dejando a su sombra. Actuó como delegada  de SRI en París. Cuando estalló la revolución asturiana de 1934, intentó entrar en España para ver qué se podía hacer. No lo logró. Regresó a la URSS. Al irrespirable país de los sueños rotos y las purgas endemoniadas.

Y de nuevo en España. Desde Madrid se trasladaba a Asturias, la derrotada, la repleta de muertos, presos y exilados. Vino a traer ayuda, en el duro 1935. A contactar y mimetizarse (ella, la modelo profesional, la actriz de Hollywood) con las mujeres y los hombres que mantenían las organizaciones de clase, declaradas fuera de la ley por el gobierno del Bienio negro.

Y combatió en la Guerra Civil, como ella sabía, desde un hospital. Encargándose de los heridos y los niños. De esos niños que ella no podía tener y que veía llegar destrozados por las bombas franquistas. Y trabajó con los intelectuales. Con Alberti, Machado, Maria Teresa León, Neruda, Hernández, Connie de la Mora y tantos otros. Y escribió en la revista de Socorro Rojo, Ayuda

Después de la rebelión militar en 1936, se alistó al Batallón femenino del Quinto Regimiento con el nombre de María. Trabajó con Miguel Hernández, José Herrera Petere y Dolores Ibarruri. Lucha con las armas en la mano, lucha con la fotografía e incluso escribe en un folleto titulado “La fotografía como arma del Socorro Rojo Internacional”. En Málaga presenció la terrible evacuación bajo las bombas de los aviones italianos y los cañones alemanes.


Sombrero mejicano con hoz y martillo. 1927

En 1937 asistió al Congreso por la Defensa de la Cultura Contra el Fascismo en Valencia. Allí se reunió con André Malraux, Pablo Neruda, los mexicanos Juan de la Cabada, Octavio Paz, y los cubanos Juan Marinillo y Nicolás Guillén. Compartió discusiones con María Teresa León, Rafael Alberti y Antonio Machado. Cuando en este año Miguel Hernández publica su libro “Vientos del Pueblo” la primera edición va con fotografías de Tina Modotti. 

En aquellos años, su actividad es extraordinaria. Junto con las Brigadas Internacionales, trabaja como corresponsal del diario republicano "Ayuda", al mismo tiempo que para el Socorro Rojo Internacional. María Teresa León, escribió años después en el periódico “Renascitá”: “Quiero que un día, un joven grabe en las rocas de la Sierra de Guadarrama el nombre que nadie pueda borrar de nuestra memoria: Tina Modotti. Nuestra María”.

En 1939, ayuda a los heridos republicanos en la retirada hasta la frontera con Francia, y desde allí, dolida y triste regresa a América. En Estados Unidos, previamente notificados de su llegada, no la aceptan y la envían a México; una vez aquí, Lázaro Cárdenas revoca su exilio y en 1940, junto con Vidali, se establece en su antigua casa de la colonia Condesa

Su convivencia con Vidali no le permitió superar la muerte de su gran amor y se fue apagando poco a poco sin poder superar aquella pérdida tan importante para ella y habiendo dejado atrás su trabajo como fotógrafa. Ella, ahora frágil, se vuelve extremadamente vulnerable y Vidali aprovecha su situación para manejarla psicológicamente, pues sabe mucho acerca del partido y podría hablar. Éste le prohibe tener contacto con sus antiguos amigos y la tiene recluida hasta su muerte, el 5 de enero de 1942 por un ataque cardiaco, mientras viajaba en taxi y a la edad de 46 años. Sin embargo, hay quienes opinan que Vidali la envenenó para proteger al partido. Aunque lo cierto es que ella se había dejado morir desde varios años atrás.





En 1996, al cumplirse cien años de su nacimiento, se le brindó en Filadelfia una exposición con 118 fotografías y, cuatro años antes, la escritora mexicana Elena Poniatovska le dedicó el libro: Tinísima, como la llamaba Julio Mella.

Ella dejó para la posteridad, en un Manifiesto, sus principales ideas como creadora. “Me considero -declaró- una fotógrafa y nada más, y si mis fotografías se diferencian de lo generalmente producido en este campo, es que yo precisamente trato de producir no arte sino fotografías honradas, sin trucos ni manifestaciones”.

Siempre fumando, siempre con su chaqueta negra, su falda negra, unos zapatos de tacón bajo, una blusa blanca y el pelo recogido en un moño, esta era la indumentaria que Tina llevó casi toda su vida; no podía pasar por su cabeza tener o ser mas que nadie. Fue humilde su infancia en Udine, al norte de Italia, cerca de Trieste, escenario de inspiración de grandes escritores como James Joyce o Rainer María Rilke.

Musa de Rafael Alberti y Pablo Neruda quien le dedico un poema, algunas de cuyas estrofas están inscritas en la lápida de su tumba, situada en el Panteón Dolores de la Ciudad de México. El poema en su totalidad dice así:


Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes.
Tal vez tu corazón oye crecer la rosa
De ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descalza dulcemente hermana.
La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.
Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida.
De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma,
de acero, línea, polen se construyó tu férrea,
tu delgada estructura.
El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido
aún asoma la pluma y el alma ensangrentada
como si tú pudieras, hermana levantarte,
sonriendo sobre el lodo.
A mi patria te llevo para que no te toquen,
a mi patria de nieve para que tu pureza
no llegue el asesino, ni el chacal, ni el vendido:
allí estarás tranquila.
¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo grande
desde la estepa, desde el Don, desde el frío?
¿Oyes un paso firme de soldado en la nieve?
Hermana, son tus pasos.
Ya pasarán un día por tu pequeña tumba
antes de que las rosas de ayer se desbaraten,
ya pasarán a ver, los de un día, mañana,
dónde está ardiendo tu silencio.
Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana.
Avanzan cada día los cantos de tu boca
en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.
Tu corazón era valiente.





Bibliografía y Fuentes:




Mildred Constantine, Tina Modotti: Una vida frágil, Fondo de Cultura Económica, México, 1979. Christiane Barkhausen-Canale, Verdad y leyenda de Tina Modotti, Casa de la Américas, La Habana, 1989. Sarah M. Lowe, Tina Modotti: Photographs (25/07/02). Elena Poniatowska, Tinisima (25/07/02). Modotti. Una mujer del siglo XX (volumen I) con Guión y dibujo: Ángel de la Calle. Erika Jiménez Ocaño


2 comentarios:

Mayeutica-as dijo...

¿Artista? ¿Fotógrafa? ¿Revolucionaria? ¿Solidaria? ¿Amante apasionada? ¿Combatiente? Más bien toda la tensión y la pasión de una mujer que tomó partido y vivió.

Gracias Mariví.

HYPATIA dijo...

Magnifica definición...:-))