martes, 28 de febrero de 2012

Juana de Castilla. La Excelente Señora.





La historia ha relegado a un segundo plano a Juana “La Beltraneja”, mientras que ha encumbrado a Isabel la Católica que alcanzó el trono de Castilla. Esta Infanta y reina destronada de Castilla y de León, reina consorte de Portugal destituida de su rango, hubo de renunciar por tratado a todos sus títulos y señoríos. La Religiosa de Coimbra como la llamaban los castellanos, rubricaba sus documentos con: Yo, la Reina, y nos deja una vida marcada en gran parte por su sometimiento a los nobles custodios, los cuales veían en ella una moneda de cambio de gran valía.



Juana nació en Madrid, un 28 de febrero de 1462 y su tía Isabel la Católica será la madrina del bautismo. En las Cortes de Madrid, queda reconocida como Princesa de Asturias y heredera al trono, al ser la única hija de  Enrique IV y de su segunda esposa la reina Juana de Portugal. Una parte de la nobleza castellana no la aceptó como hija biológica del rey, a quién se acusó de haber obligado a la reina a tener un descendiente con su favorito, Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque, a pesar de que ambos habían jurado solemnemente que no había sido así.

Había sospechas sobre la impotencia de Enrique IV ya que previamente había estado casado con Blanca de Navarra y el matrimonio se anuló porque nunca llegó a consumarse. El Rey no hacía vida con la reina, salvo en actos oficiales, y ni siquiera habitaba en Palacio, morando en una casa vecina y comunicante con el convento de San Francisco, en cuyo altar mayor fué enterrada al ocurrir su muerte, a los treinta y seis años de edad, seis meses después del Rey, llamándose en su testamento la triste reina.

Juan II, el padre de Isabel, murió cuando esta contaba solo cuatro años.  Desde entonces había vivido en Arévalo junto a su madre, que ya mostraba claros síntomas de desequilibrios. En 1464, precisamente cuando comenzaba la etapa conflictiva de su reinado, Enrique IV la llamó a la Corte, donde Isabel aprendió a leer y escribir en un ambiente nada edificante, tanto por los escándalos de la reina, como los protagonizados por el mismo rey. Allí  probablemente cobró conciencia de la malignidad de los rumores y por eso siempre, desde que accedió al trono y su esposo Fernando estaba ausente, dormía rodeada de sus hijas o de sus damas de compañía. También aprendió a ser intransigente con las malas costumbres políticas que habían llevado a que la monarquía fuese pisoteada por cierta nobleza. Pero eso lo ignoraban los nobles que la llevaron al trono, pensando que la podrían dominar por alguna persona interpuesta.

En 1464 los nobles castellanos redactan el Manifiesto de Burgos, mediante el cual hacen saber al rey que consideran que su hija Juana no debería ser la legítima heredera al trono, por considerarla bastarda, declarando además, que el citado heredero debería ser el Infante Alfonso, hermanastro del rey. El 5 de junio de 1465 se celebró en Ávila la llamada «farsa de Ávila», en la que la imagen del rey fue arrojada al suelo, mientras los rebeldes aristocráticos clamaban: «A tierra, puto». En ella, el rey, es depuesto en efigie y se nombra rey a Alfonso, al que se le hace firmar cosas difamatorias contra su hermano de padre. Este acto dejó bien delimitados los dos campos en que se dividió el estamento nobiliario, por un lado los Pacheco y su numerosa clientela, por el otro, los leales a Enrique IV, encabezados por los Mendoza, la Casa de Alba y los Osorio, que serán los futuros partidarios de Isabel. Estos últimos defienden, más que al rey, a la institución monárquica y creen que esta no se puede debilitar. Comparten la opinión de que lo único que puede ofrecer garantía es la existencia de un poder real fuerte.

La pequeña Juana, junto con su madre, disfruta de su niñez, ajena a estos asuntos, bajo la protección de la familia Mendoza. Finalmente, en 1467 la Liga de Nobles se apodera de Segovia, lugar donde se halla instalada la Corte e imponen a Enrique IV una serie de condiciones. Una de ellas es el confinamiento en el Castillo de Alaejos de la reina doña Juana, quedando la pequeña apartada de su madre.

Un año mas tarde, su padre firma un documento en Cadalso de los Vidrios, mediante el cual reconoce a su hermanastra Isabel como la legítima aspirante al trono, quedando la princesa Juana de esta forma desheredada. Documento que es ratificado oficialmente el 19 de septiembre mediante el Pacto de los Toros de Guisando de 1468, donde llega a un acuerdo con sus adversarios en su afán de evitar la guerra civil. Enrique IV deshereda públicamente de nuevo a Juana, al reconocer que su matrimonio  con Juana de Portugal no es válido, e Isabel, al negarse a tomar el título de reina, es reconocida como heredera suya y recibe el título de princesa de Asturias. A partir de ahora Isabel firmará como “Yo la princesa” y se convierte en un personaje público que con un gran tacto, solo reclama aquello que se ha reconocido, pero nunca deja entrever sus pensamientos.

El 19 de octubre de 1469, la infanta Isabel, desoyendo las consignas de su hermanastro se casa con Fernando de Aragón. El compromiso de Isabel con Fernando, que ya ostenta el de rey de Sicilia, es seguro desde el 7 de enero de 1469, en que este firma un protocolo, ratificado en Cervera en marzo de ese año, con unas capitulaciones matrimoniales que establecen, entre otros acuerdos, que las futuras decisiones se tomarían en común y los decretos llevarían la firma de ambos, aunque la reina propietaria de la corona será ella. Tomada esta decisión, se mantiene en secreto durante un tiempo, ya que significa la ruptura con Enrique IV y sus partidarios.


Isabel la Católica.

El 8 de septiembre de 1469, Isabel escribe al rey justificando la decisión tomada y este, mediante la Declaración de Valdelozoya, revoca el Pacto de los Toros de Guisando siendo  Juana  nuevamente declarada como su sucesora y heredera al trono. El arzobispo de Toledo celebra el enlace de Isabel y Fernando en presencia de unos pocos familiares y nobles, junto con el almirante de Castilla, abuelo del contrayente. Los novios, primos en segundo grado, necesitaban un permiso papal para que el enlace fuese canónicamente válido. El arzobispo Carrillo dio lectura a una bula de 1464 falsificada, sabedor que, si las cosas salían bien, ya se regularizaría la situación, como así sucedió. El papel del arzobispo Carillo fue determinante y con ello esperaba convertirse en el principal consejero de los futuros reyes y auténtico señor del reino, cosa que no sucedió en absoluto.

Enrique IV y su hermana Isabel no se reconcilian hasta el año 1473, falleciendo Enrique IV el 11 de diciembre de 1474, al parecer envenenado con arsénico. Isabel se hace proclamar reina propietaria de Castilla, en presencia del pueblo, pero sin la de un grande, ni de su marido Fernando, ausente por haber acudido en ayuda de su padre. Una vez más, la intrepidez de Isabel ganó la primera baza en la difícil partida que se presentaba. La decisión de proclamarse reina sorprendió a todo el mundo, incluso a su propio esposo, que quedaba reducido al papel de rey consorte; cosa que no le gustaba en absoluto. Isabel tenía claro que la transmisión de la corona no era discutible en contra del parecer de muchos magnates que hubiesen preferido un debate sobre esta cuestión con los principales personajes del reino.

Inmediatamente surgió la división y la guerra civil, por un lado un sector de la alta nobleza apoyó a Juana y buscó apoyo en Francia y Portugal mientras que otro sector nobiliario y la mayor parte de la burguesía urbana apoyaron a Isabel. En el conjunto del reino se producen situaciones diversas, que van desde la mas absoluta fidelidad a los nuevos monarcas en el Pais Vasco, Murcia y, en general en toda Castilla y León, excepción hecha de Zamora, que en la primavera de 1475 se decantará por Juana, a la hostilidad de Galicia y a las dudas de Extremadura y Andalucía en tomar partido.

A estas complicaciones se suman las que añade Fernando, descontento de cómo se ha realizado la proclamación, relegándolo a la mera figura de rey consorte. Las discusiones con su esposa son ásperas, alegando que él es el heredero varón más próximo de la familia Trastámara, aunque en Castilla no se aplica la Ley Sálica. Finalmente, Fernando se deja convencer y acepta una fórmula de compromiso que será conocida como la Concordia de Segovia. En ella aparece de nuevo Isabel como la única “propietaria” del reino, mientras que a Fernando se le dan seguridades de que es algo más que un simple príncipe consorte, recibiendo el título de rey, que su nombre aparecerá en todos los documentos oficiales antes del de la reina y que, entre otras cosas, la justicia se hará en nombre de los dos. La realidad es que Isabel no cede ninguno de sus derechos y Fernando recibe plenos poderes. A partir de entonces los asuntos internos eran competencia de Isabel, mientras que la diplomacia y la política exterior eran incumbencia de Fernando.

Mientras, los partidarios de Juana han perdido mucho tiempo e incluso la iniciativa, aunque siguen siendo fuertes en plazas tan diversas como: Zamora, Ciudad Real, Jaén, Carmona, Salamanca, Burgos y Sevilla. A la cabeza de este grupo se encuentra el nuevo marqués de Villena, Diego López Pacheco, que ostenta la guardia y custodia de la princesa Juana que ha vivido custodiada desde 1465 hasta 1475 por la nobleza, que tenía en ella un valioso rehén. Casada a los ocho años, por conveniencias políticas, con el Duque de Guiena, hermano de Luis XI, tras la proclamación de Isabel como reina, comprendiendo los defensores de Juana que sus fuerzas eran inferiores a las de Isabel, pidieron al rey portugués Alfonso V que defendiera el derecho de su sobrina Juana, y le propusieron que se casara con ésta, con lo que vendría a ser también rey de Castilla.

Surge así, nuevamente, un conflicto entre nobleza y monarquía que únicamente podía terminar en guerra civil. Ya no se discutía si la princesa Juana era hija legítima o no; para los nobles aquello siempre había sido un pretexto. Lo que se dirimía en esta operación era saber si la nobleza podía participar en el gobierno en igualdad de condiciones que el monarca. En ambos bandos hubo cambios de lealtades, unas motivadas por simples envidias personales, otras porque algunos de los que habían apoyado a Isabel se dieron cuenta de que no la podían dominar como habían pensado en un principio, cuando solo le interesaban debilitar a Enrique IV.

Aceptó Alfonso la propuesta y exigió a Isabel y Fernando que renunciaran a la corona en favor de Juana si querían evitar las consecuencias de la guerra. El 12 de mayo de 1475 Juana se casa en Plasencia con su tío Alfonso, rey de Portugal. Cuenta con doce años y por tanto envía mensajeros a Roma para obtener la dispensa papal por el matrimonio consanguíneo. Inmediatamente se titulan como Reyes de Castilla y envían cartas a las ciudades del reino dando cuenta del hecho. Así mismo Juana intenta evitar la posible guerra civil, proponiendo que el voto nacional resolviera la cuestión del mejor derecho. He aquí sus palabras, tomadas de la carta o manifiesto que dirigió a las ciudades y villas del reino: “Luego por los tres estados de estos dichos mis reinos, e por personas escogidas dellos de buena fama e conciencia que sean sin sospecha, se vea libre e determine por justicia a quien estos dichos mis reinos pertenecen; porque se excusen todos rigores e rompimientos de guerra”. De nada sirvieron estos buenos deseos. Fernando e Isabel hicieron preparativos para rechazar por la fuerza al portugués.

Toro
En Toro instala Juana la Corte y Fernando de Aragón, se presenta allí, donde es fácilmente rechazado. Pero los soldados castellanos al servicio de Juana sirven a disgusto bajo banderas portuguesas. Los nobles afines bastante tienen con aguantar las acometidas de los partidarios de Isabel en sus territorios y los nobles portugueses lamentan no poder volver a Portugal a defender su país, asolado por las continuas incursiones de contingentes extremeños y andaluces. El conflicto se generaliza y Juana y Alfonso consiguen una alianza con Francia, mientras que Aragón apoya claramente a Fernando e Isabel. Finalmente, el 20 de octubre se rinden los últimos defensores del Castillo de Toro. Juana y Alfonso regresan a Portugal, y buscan la ayuda del monarca francés Luis XI, quien parece aceptar como hecho consumado la victoria de Isabel y Fernando. Por otra parte, Sixto IV revoca la dispensa del matrimonio entre Juana y Alfonso. El Papa sucumbe a las presiones y sobornos dictadas por sus adversarios. De esta forma al ex-monarca portugués no se le permite terminar sus días junto a su joven esposa, como es su deseo.

La guerra civil entre los partidarios de Juana y de Isabel culmina con la derrota de aquélla. Los nobles gallegos son fuertemente castigados, en lo que el cronista de la corte de Castilla, Jerónimo de Zúñiga, define como el proceso de “doma y castración del Reino de Galicia”. Aproximadamente 2000 aristócratas son expulsados de Galicia y un buen número ajusticiados. A partir de entonces la nobleza gallega se fue a servir y a morar en Castilla (no debemos olvidar que quien ostenta hoy los mas ilustres títulos nobiliarios gallegos como son los Condados de Andrade, de Villalba, de Lemos, de Monterrey y de Salvatierra es la actual Duquesa de Alba).

En Septiembre de 1479 se firmo la paz que terminó con la guerra de sucesión de Castilla, tratado que se llamó de «las Tercerías de Moura». Se abre entonces un período de amistad entre los reinos peninsulares. A Juana los vencedores le dan seis meses de plazo para elegir entre unirse en matrimonio al hijo de Isabel y Fernando (el príncipe Juan nacido en 1478), siempre y cuando éste alcance la mayoría de edad y no ponga reparos a la posible boda, si los pusiera se compensaría a Juana con 100.000 ducados y la ceremonia no se realizaría, o ingresar en un convento. Ella, que hasta ahora ha sido protagonista muda de toda una serie de ambiciones cortesanas y nobiliarias que la han utilizado sin consultar con su persona, nuevamente es prisionera de las circunstancias, y a los diecisiete años, antes de verse custodiada durante trece años en espera de esta hipotética boda, elige el convento. En noviembre de 1479, inicia el noviciado en las clarisas de Coimbra y un año después pronuncia los votos definitivos, siempre bajo la atenta mirada de fray Hernando de Talavera, al que Isabel le había encomendado la misión de que ningún defecto de forma pudiera con el tiempo anular esos votos.

La reina no debia tener mucha confianza en que Juana cumpla con los votos, ni que Portugal la custodie lo suficiente, por lo que logra del pontífice Alejandro VI, una bula por la que se prohibe toda salida de Juana del convento de Coimbra. No suficiente con esto, Isabel pedirá a los nuevos reyes de Portugal, primero Juan II y después Manuel I que vuelvan a confirmas las cláusulas del tratado de 1479 por el que Juana no debe salir del convento bajo ningún pretexto.

A pesar de ejercer como religiosa, recibe una petición de matrimonio de parte de Francisco Febo, hijo de Gastón de Foix y Magdalena de Francia, hermana del monarca francés, propuesta que la muerte de Francisco Febo da al traste con el proyecto y en 1504, tras la muerte de Isabel la Católica, vuelve a recibir una nueva propuesta matrimonial, esta vez de Fernando el Católico. Tras quedarse viudo, Fernando intenta así contrarrestar la influencia que Felipe el Hermoso recibe por parte de los castellanos. Pero Juana ni siquiera toma en consideración la propuesta.

Juana de Trastámara.

La realidad fue menos cruel para Juana que lo que deseaba Isabel, ya que salió de la cláusura en varias ocasiones rodeada de una pequeña corte. Ya en octubre de 1480 el rey Alfonso V, un año antes de su muerte, le había concedido el título de infanta portuguesa, precisamente a aquella que en el papel había sido su esposa. Desde entonces recibió el tratamiento de Excelente Señora, aunque ella hasta su muerte en 1530, seguiría considerándose reina de Castilla y rubricaba sus documentos con: Yo, la Reina. Sus restos mortales se hallan actualmente desaparecidos, (como consecuencia del terremoto de Lisboa),  por lo que resulta imposible la realización de una muestra de su  ADN para demostrar su ascendencia.

La supuesta bastardía de Juana queda muy lejos conforme se van desarrollando los acontecimientos, cada vez está más claro que fue una simple excusa para buscar, primero, debilitar a un rey de por sí ya débil y enfermizo, que nunca reconoció que Juana fuera bastarda, aunque su carácter le llevó siempre a intentar evitar cualquier conflicto. En la vida de Juana siempre prevalecieron los intereses y las mentiras en beneficio de unos u otros. Beltrán de la Cueva, el pretendido padre adulterino, apoyó la causa de Isabel la Católica en contra no sólo de su supuesta hija, sino también de la fidelidad debida a Enrique IV y a su mujer, que lo habían colmado de favores. Además, se casó tres veces y no tuvo descendencia con ninguna de sus tres mujeres. Aun así, a nadie se le ocurrió decir que fuera impotente o estéril y ha persistido hasta nuestros días la afirmación, o la sospecha, de que en verdad fuera el padre de la princesa. Para la familia real portuguesa, Juana fue siempre legítima y por eso recibió el título de infanta y, desde el punto de vista estrictamente jurídico, Isabel fue inicialmente una usurpadora. Pero la habilidad diplomática de Isabel, al no atacar nunca la autoridad de su hermano y proclamarse reina antes de tiempo como querían algunos de sus partidarios, la hicieron merecedora de la confianza de aquellos que deseaban poner coto a las inacabables ambiciones nobiliarias, crecidas con la instauración de la dinastía Trastámara.


Detalle del fresco de la Iglesia de Santa María en Coimbra, que muestra a Juana "La Excelente Señora".












Fuentes:SusaMartín,Wikipedia,www.mcnbiografias.com; Foro de historia histoconocer.

martes, 21 de febrero de 2012

Teodora de Bizancio. De prostituta a emperatriz.



Fue la mejor como prostituta y una de las grandes gobernantes de toda la Historia. Como emperatriz, consiguió mejorar la calidad de vida de las mujeres del imperio bizantino, influyendo en su esposo Justiniano para que codificara el derecho romano en el "Corpus Juris Civilis".



Nació en algún lugar de la costa asiática de Turquía o de las islas cercanas, en el siglo VI d.C., en una familia en permanente lucha contra la miseria, que se vio obligada a dejar la aldea natal y marchar hacia la capital del Imperio Bizantino, Constantinopla. El centro vital de la capital era el Hipódromo, y a él acudió en busca de trabajo Acacio, el padre de Teodora. Lo consiguió como ayudante del cuidador de osos de los Verdes, una de las dos facciones (la otra eran los Azules), en las que se dividían los aficionados al circo.

El padre de Teodora era un excelente trabajador y pronto fue ascendido a cuidador titular, gracias a lo cual la familia empezó a salir de su miserable situación hasta que Acacio murió y su viuda, nuevamente casada, no consiguió que se otorgara a su segundo marido el puesto del primero, a pesar de que así lo exigía la costumbre y la tradición.

Ante la certeza de volver a caer en su antigua y penosa situación, la dolorida madre reunió a sus tres hijas, adornó sus cabezas con guirnaldas y flores en las manos para que se las identificara como "suplicantes", irrumpió con ellas en la pista central del Hipódromo, entre dos carreras, y contó sus desgracias, pidiendo a gritos ayuda a los jefes de los Verdes. No la obtuvo de aquellos pero sí de los Azules (que la ayudaron para poner en ridículo a sus rivales), convirtiéndose el padrastro de Teodora en cuidador de osos de la facción que representaba los intereses del emperador, de la nobleza y el clero. Junto con sus hermanas, la niña Teodora deambulaba por los siniestros subterráneos del Hipódromo.

Para que las niñas muy pobres pudieran mejorar su situación, no habían más caminos que el teatro o la prostitución; actividades que, en la Constantinopla de aquella época, estaban íntimamente ligadas. Cuando la mayor de las tres, Comito, llegó a la pubertad, su madre la introdujo en el teatro. Junto a ella, el público se acostumbró a ver a una niña de unos diez años que arrastraba el taburete en el que se sentaba la artista durante sus representaciones. Era Teodora, que empezaba a acostumbrarse a pisar los escenarios. Pronto, ella misma empezó a actuar, sin haber alcanzado aún la pubertad. No tocaba la flauta ni el arpa, y decía mal sus textos, pero enseguida gustó  porque tenía el don de atraer a los hombres, con sus chistes obscenos y  presentándose en el escenario cubriendo tan solo su pubis. Inteligente como era, llegaba siempre un poco más lejos en sus representaciones para gustar más excitando mejor hasta que representó un número que la propulsó hacia las puertas de la fama.

Apareció en el escenario con su habitual escasez de ropa y, sin saludo ni palabra alguna, se dejó caer sobre el piso de piedra, con las piernas entreabiertas y la mirada perdida en el cielo que servía de techo al improvisado teatro en el que actuaba. Entraron varios esclavos portando pequeños sacos llenos de granos de cebada y esparcieron su contenido sobre el cuerpo yacente; especialmente sobre senos, muslos y sexo. Y ante la sorpresa del público, empujados por los esclavos, irrumpieron unos gansos que se lanzaron con furioso entusiasmo a devorar los granos. Con gestos y contracciones, Teodora supo transmitir las supuestas sensaciones que el picoteo le producía y, a partir de ese día, fue invitada de honor en las fiestas llamadas "comunitarias", que organizaban los jóvenes nobles y los ricos. Así, con apenas 16 años, Teodora se convierte en  la prostituta mejor pagada y celebrada de Constantinopla.

La emperatriz Teodora en el Coliseo.
De sus ingresos tenía que entregar una generosa cantidad al maestro de danzas de los Azules (una especie de impuesto de protección). Cuando alcanzó el éxito y, con él, le llegó el dinero, la muchacha buscó independizarse. Convenció a su íntima amiga Antonina y, en compañía de otras dos chicas, abrió su propia "casa" que pronto fue una de las más acreditadas de la capital. 

Cuando estaba ganando mucho dinero y afianzando su nombre, se dejó convencer por el recién nombrado gobernador de la africana provincia de Pentápolis y se fue con él a tan remoto lugar en calidad de "amante oficial". La experiencia se tradujo en un rotundo fracaso y, fruto de ésta, trajo al mundo una niña que acabaría por dejar en Pentápolis, y un larguísimo camino de vuelta a Constantinopla. A pesar de ello, fue en ese camino donde se produjo un punto de inflexión de su vida. Llego a Alejandría y allí conoció al hombre que, junto a Justiniano, más influiría en ella. Severo, líder de la secta cristiana de los monofisos,  hombre de gran sabiduría, primera autoridad en la Patrística y experto en las Sagradas Escrituras. De hecho, sus escritos aún perduran.

Hasta ese eminente personaje llegó Teodora. Por primera vez la "ramera" podía hablar con un hombre que no deseaba su cuerpo, y aprovechó la oportunidad. En él volcó todos sus  sufrimientos, pero también sus ideales, sus ambiciones y sus sueños. Cuando Teodora dejó Alejandría para continuar su viaje a Constantinopla, se llevaba con ella la semilla del monofisismo, (doctrina teológica que sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana), que arraigaría para siempre en su espíritu.

3 años después de su marcha, llegó por fin a Constantinopla. Allí, se instala con sus antiguas amigas en el burdel que también había sido de ella, pero no participaba en fiestas ni aceptaba la compañía de hombres. Para sorpresa de toda la ciudad, pasaba los días hilando en una rueca. Aceptó, sin embargo, la invitación de su amiga Antonina para conocer a Justiniano, sobrino del emperador, llevado al burdel por su amigo Belisario.

Justiniano, hombre de mil amantes, religioso hasta el fanatismo y amigo de todos los placeres, se enamoró de la mujer  a la que decenas y decenas de hombres habían poseído y pronto se hicieron amantes. Tras unas semanas de breves encuentros, la instaló en su lujosa residencia y así, la antigua prostituta fuera elevada a la alta dignidad de patricia. Eso suponía que Teodora podía por fin ocupar el palco reservado a las mujeres nobles en el Hipódromo. Pero todo lo alcanzado, con ser tanto, no era suficiente para Teodora. Ella quería ser la esposa de Justiniano, cosa imposible puesto que la ley, en este punto, era tajante: prostitutas y artistas del teatro no podían casarse con nobles.

Sara Benhardt como Teodora ( 1.884 )

Justiniano estaba dispuesto a saltarse la ley, y es de suponer que su tío y emperador, hubiese consentido en ello, pero la emperatriz Eufemia, de firmes convicciones religiosas y morales, estaba decidida a impedirlo. No hubo boda, pero por poco tiempo: Eufemia falleció poco después, dejando el camino libre y sin obstáculos. El mismo año, el emperador Justino no deroga la ley discriminatoria, sino que la "interrumpe" el tiempo suficiente para que su sobrino y Teodora puedan consagrar su unión. Tres años más tarde, el emperador decide compartir la carga del gobierno con Justiniano, asociándole al trono y coronándole emperador y, cuatro meses más tarde, fallece Justino y Justiniano asume todas las atribuciones de "Basileus" a sus 45 años; Teodora, convertida por fin en emperatriz consorte, tiene entonces 27 años. Su esposo la llamaba "su dulce gozo" y la describía como "compañera de mis deliberaciones ".

Una vez convertida en consorte del monarca, Teodora se dio a la tarea de establecer que no sería solamente un ornamento, participando en distintos asuntos concernientes a mejorar la calidad de vida de las mujeres del imperio bizantino, influyendo en su esposo Justiniano para que codificara el derecho romano en el "Corpus Juris Civilis". 

Por su directa intervención, los juristas que conformaron el "Corpus" derogaron la ley que impedía la unión entre artistas y prostitutas con los hombres, fuesen o no nobles, que libremente desearan desposarlas. Ella disponía de su propio sello imperial, su propio entorno de funcionario y su propia corte. Inspiradas por ella aparecieron leyes que defendían la igualdad de la mujer:

La primera ley de aborto de la historia, la posibilidad de divorcio en caso de adulterio, el reconocimiento de los hijos bastardos y en contra de lo que todas las legislaciones establecían, el principio de que todos los hijos tienen los mismos derechos. Prohibió la prostitución forzosa, hizo de la trata de blancas una ofensa criminal, reglamentó el funcionamiento de los burdeles para evitar abusos, debiendo estar regentados por las propias mujeres,  desterrando de la ciudad a los propietarios y se encargó de crear planes de rescate para jóvenes que habían sido prostituidas. Fundó un convento para prostitutas que querían dejar el oficio y se la conocía por comprar muchachas que habían sido vendidas para la prostitución, liberándolas y ayudándolas  en su futuro.

También promulgó leyes que permitieran que las mujeres pudieran ser propietarias y heredar sumas de dinero o propiedades y además mejoró el sistema de atención a la salud femenina.

Reconstrucción de la Basílica de Hagia Sofia antes de su conversión en mezquita

Cierto que se excedió en sus venganzas y junto a su marido, expolió al pueblo con impuestos para financiar las faraónicas obras que los dos concibieron y realizaron; entre ellas, el templo de Santa Sofía, el más bello de la cristiandad. Teodora impulsó el embellecimiento de la ciudad de Constantinopla, erigiendo puentes y acueductos además de 25 iglesias.

Pero los impuestos y los excesos cometidos por más de un alto funcionario imperial, llevaron al pueblo a la insurrección. En el año 532, y al grito de "Nika!" (Victoria), las turbas se hicieron con el control de Constantinopla, matando y quemando a discreción. Todo parecía perdido para el emperador; tenía un puñado de soldados fieles pero sus enemigos eran decenas de miles. Con el palacio imperial quemado en parte, se celebró una tensa reunión entre Justiniano, los jefes militares fieles y los ministros. La mayoría opinaba que el monarca debía abandonar la capital y refugiarse en la costa asiática y, desde allí, intentar la resistencia. A punto de ceder, intervino Teodora, irrumpiendo en la sala y yendo contra la costumbre de que la emperatriz interrumpiera una sesión del consejo y, mucho más, que hablase. Con voz clara y firme, dijo:

"Sobre si está bien visto o no que una mujer se presente ante hombres o se atreva a mostrarse cuando otros vacilan, no creo que sea éste el momento más apropiado, ante la presente crisis, para discutir un punto de vista u otro. Pero cuando una causa corre el máximo peligro hay un solo y verdadero camino a seguir: aprovechar lo máximo posible la situación actual. Creo que en estos momentos la huída es inapropiada, incluso si lleva consigo la salvación. Una vez que un hombre ha nacido a la luz es inevitable que tendrá que enfrentarse con la muerte, pero un emperador no puede soportar el verse convertido en fugitivo. Emperador, si quieres huir en busca de la salvación, te resultará fácil; tenemos dinero en abundancia, a la vista está el mar, aquí están los barcos. Sin embargo, en lo que a mi respecta, aún creo en el viejo proverbio de que la realeza es una excelente mortaja."

Humillados por una mujer, los ministros derrotistas guardaron silencio y el general Belisario, obtuvo la inmediata aprobación de Justiniano para su plan represivo. Según algunos historiadores, más de 20.000 murieron en esa jornada, pero la sublevación fue totalmente vencida y salvado el trono bizantino.

Teodora vivió, reinó y gobernó, junto con su marido, durante 16 años más. Finalmente, en el año 548, un cáncer de mama acabó con su vida, no sin antes haber logrado el casamiento de su sobrina predilecta, Sofía, con el sobrino de Justiniano, Justino. A la muerte del "Basileus", la pareja heredaría el trono.

A su muerte tenía poco más de 40 años y había logrado entrar en la galería de personajes más relevantes y decisivos de la Historia. Su cuerpo fue remitido a la Iglesia del Santo Apóstol, uno de los templos más espléndidos que ella y Justiniano habían mandado a construir.

Bellos mosaicos que rememoran la belleza de Teodora aún existen en Ravena, Italia.  Una secta de cristianos la considera una santa cuya fiesta se conmemora los 30 de diciembre. Para otros, Teodora fue una ramera oportunista que manipuló descaradamente a Justiniano. Quizás la realidad puede ser que Teodora fue la mejor de las meretrices y mejor emperatriz que su emperador.


La Emperatriz Teodora de Bizancio y su corte (mosaico de la Basílica de San Vitale en Rávena)




Fuentes: wikipedia; Mujeres Riot ; retratosdelahistoria

viernes, 17 de febrero de 2012

Alice Ivers. La reina del póquer



Famosa jugadora de póquer en el Viejo Oeste. Con fama de mujer salvaje, era extremadamente religiosa, asistía a misa, nunca hizo trampa en el juego y nunca llegó a jugar o trabajar un domingo. Con mas de 70 años  decía "A mi edad, supongo que se debe tejer. Pero prefiero jugar al póquer con cinco o seis 'expertos' que comer. "





martes, 14 de febrero de 2012

Nadezhda Konstantinovna Krupskaya

Feminista, pedagoga, dirigente bolchevique y figura principal en la Revolución Rusa, creó el nuevo sistema educativo soviético y puso en pie las bibliotecas del estado obrero impulsando el sistema bibliotecario soviético, impartió conferencias y escribió extensamente sobre la importancia de las bibliotecas y la lectura en la sociedad socialista. Krupskaya es ampliamente conocida por haber sido la compañera de Lenin hasta su muerte. Sin embargo, ese reconocimiento no le hace honor a la gran personalidad de quien fuera, también, una gran dirigente bolchevique.

Nació el 14 de febrero de 1869 en San Petersburgo. Sus padres, ella institutriz y el militar, descendían de terratenientes pobres y compartían las ideas progresistas democráticas revolucionarias de los grupos intelectuales, un hecho que le influyó para tener un nueva visión del mundo.

Desde joven se interesó por la enseñanza, en 1886 terminó con éxito su educación secundaria y estudió magisterio pero al finalizar sus estudios no encontró trabajo en la enseñanza primaria. Krupskaya concentraba su atención en las diferencias sociales y comenzó a buscar las causas de la injusticia que en aquellos momentos prevalecían, y la manera de eliminarlas. Fue una lectora entusiasta de obras sobre la sociedad escritas por autores rusos y extranjeros, y estudió las de los fundadores del comunismo científico, Karl Marx y Friedrich Engels.

En 1890, Krupskaya se sumó al movimiento revolucionario y se adhirió a estas ideas coinvirtiéndose en miembro del Círculo Marxista de estudiantes del Instituto Tecnológico de San Petersburgo. Se dedicó a la actividad revolucionaria con los trabajadores dando charlas, impartiendo clases, y familiarizándose con las condiciones de vida y de trabajo de los obreros. Desde 1891 a 1896 formó a los obreros en las ideas socialistas a través de las escuelas nocturnas de alfabetización y se unió a la Liga de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera en San Petersburgo, fundada por Lenin. Arrestada en agosto de 1896, es sentenciada en 1898 a tres años de exilio en Ufá (capital de la República de Bashkortostán), donde escribiría su primer panfleto La mujer trabajadora.

El régimen zarista la condenó a vivir en Alemania, Gran Bretaña y Suiza, pero no le impidió seguir participando activamente del movimiento revolucionario de los exiliados rusos. Fue así que tomó parte fundamental en la publicación y distribución clandestina del periódico Iskra, donde era responsable de las relaciones con los comités del interior de Rusia, que eran los que nutrían al periódico de noticias y denuncias obreras.

Cuando la revolución se encendió en 1905, regresó a Rusia como secretaria del Comité Central del Partido Bolchevique. Pero desde 1907 hasta después de la revolución de febrero de 1917, vivió diez penosos años nuevamente en el exilio, en los que aprovechó para instruirse en temas de educación popular y escribió otro libro, “Gente, Educación y Democracia”. En este tiempo, se familiarizó con las escuelas, las bibliotecas, los profesores y las vanguardias en experiencias educativas. Esto le permitió hacer un análisis crítico del estado de la educación en el mundo, para seleccionar la mejor enseñanza de la teoría y la práctica, y sobre esa base "establecer con la mayor precisión posible la posición marxista en lo que respecta a la escolarización”


Durante la Revolución de octubre, había producido más de cuarenta publicaciones. La más importe fue “ Educación pública y democracia” (terminada en 1915 y publicada en 1917), que contribuyó de manera decisiva al desarrollo de la ciencia educativa marxista.

"Mientras la organización de la enseñanza queda en manos de la burguesía, el trabajo escolar será un arma dirigida contra los intereses de la clase obrera. Sólo la clase obrera puede convertir el trabajo en la escuela ‘un instrumento para la transformación de la sociedad contemporánea’".

Con el triunfo de la Revolución Socialista realizó grandes tareas políticas y educativas; fue adjunta del Comisario del Pueblo (Ministra) de Educación; estuvo a cargo de la elaboración de los aspectos pedagógicos del nuevo sistema de educación, y editó la revista “Hacia una vida nueva”.  A partir de 1937, fue nombrada miembro del Presidium del Soviet Supremo de la Unión Soviética, y supo combinar, hábilmente y con eficacia, su trabajo en el gobierno, en el partido y en la educación con sus esfuerzos científicos y literarios.

La actividad feminista desarrollada por Krupskaya fue intensa a lo largo de su vida, y en especial en dos momentos previos a la emancipación de la mujer soviética, participando en 1914 en la redacción del periódico Rabotnitsa ( La obrera ) en cuyo Comité Redactor estaban tambien, entre otras, Inessa Armand, Ludmila Stahl, Alexandra Kollontai, Anna Ulianova-Elizarova, Praskovia Kudelli, Konkordia Samoilova, Klavdia Nikolayeva. Excepto Anna Ulianova-Elizarova, todas las integrantes del consejo editorial fueron arrestadas pocos días antes de que el primer número estuviera en las calles y los ejemplares fueron confiscados por la policía. Ulianova-Elizarova consiguió otra imprenta y, finalmente, los doce mil ejemplares que estaban previstos para conmemorar el Día de la Mujer, salieron a la luz. En el primer número de la Rabotnitsa publicado en febrero de 1914, Krupskaya explicaba las diferencias entre las bolcheviques y las feministas burguesas: “Las mujeres de la clase obrera constatan que la sociedad actual está dividida en clases. Cada clase tiene sus propios intereses. La burguesía tiene los suyos, la clase obrera tiene otros. Sus intereses son opuestos. La división entre hombres y mujeres no tiene gran importancia para las mujeres proletarias. Lo que une a las mujeres trabajadoras con los trabajadores es mucho más fuerte que lo que les divide”.

Además, Krupskaya integró la delegación rusa en la Tercera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, organizada por Clara Zetkin, que se pronunció contra la guerra imperialista. A esta conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que tuvo lugar en Berna del 26 al 28 de marzo de 1915, asistieron 25 delegadas: cuatro de Inglaterra, siete de Alemania, tres de Holanda, una de Francia, seis de Rusia y una de Polonia. Siendo Zetkin la secretaria del Buró Socialista Femenino Internacional junto con Krupskaya .

El inicio de la Primera Guerra Mundial ahondaría las diferencias, mientras la Unión de Mujeres por la Igualdad de Derechos, en agosto de 1915, convocaba a una movilización de mujeres de las ‘hijas de Rusia’ en apoyo al gobierno, una campaña para comprometer a todas las mujeres rusas en algún tipo de trabajo relacionado con la guerra, las bolcheviques seguirían la posición de Lenin de que había que convencer al proletariado de cada país imperialista para que volviera las armas contra su propia burguesía. 



Esta misma posición llevaron las delegadas bolcheviques a la Tercera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Nadezhda K. Krupskaya, recuerda: “Nosotras presentamos nuestra propia declaración. Fue defendida por Inessa. La representante polaca Kamenskaia también habló en apoyo de ésta. Quedamos solas. En todas partes se denunció nuestra ‘escisión’. Pero los acontecimientos pronto probaron la justeza de nuestra posición. El beato pacifismo de las inglesas y las holandesas no avanzó un solo paso en la acción internacional. Finalmente, como una solución de compromiso entre las posiciones pacifistas y la postura adoptada por la delegación rusa, se acuerda pedir el fin de la guerra reconociendo el derecho de los pueblos a ejercer su soberanía, y hacer un llamamiento a las mujeres y a los partidos socialistas de todos los países para que se movilizaran bajo el lema “¡Guerra a la guerra!”.

Krupskaya cree que los "libros para niños son una de las armas más poderosas en manos de los socialistas para la educación de las nuevas generaciones”. Esta creencia en el poder de la alfabetización impulsó su trabajo en el desarrollo de las políticas educativas soviéticas para promover la enseñanza de la lectura y la escritura. Para ella la educación no debe ceñirse sólo a las escuelas, sino que debe incluir la educación continua de adultos, la alfabetización, el desarrollo de las bibliotecas, la emancipación de las mujeres, el Movimiento de la Juventud Comunista, la vocación de la cultura proletaria, la eliminación de la religión, y la organización de la propaganda política.

Las bibliotecas públicas benefician a la sociedad al ofrecer oportunidades a las personas, convirtiéndose en un explícito instrumento en manos de los revolucionarios, que reconocen el papel de las bibliotecas como instrumentos políticos para la reproducción.

El objetivo de las bibliotecas en el sistema soviético era facilitar la movilización de las masas trabajadoras, servir de guía de lectura para la educación comunista y aumentar el nivel cultural facilitando así el dominio de la teoría marxista-leninista. Estas medidas funcionaban a través de la influencia de Krupskaya en el desarrollo de la biblioteconomía en Rusia (Raymond, Boris, 1979), crear instrumentos que permitan concienciar al pueblo sobre la revolución para favorecer la llegada de la revolución posterior.

La biblioteca fue considerada como parte crucial de la infraestructura ideológica de la sociedad soviética, así Krupskaya escribía en 1934: ''A fin de proporcionar a todo el mundo con los libros, es necesario aumentar la publicación de libros de cien o mil veces. Actualmente, dado el colapso general de la economía, esto es imposible de lograr. Por tanto, sólo tenemos una solución: pasar de la persona a la propiedad de uso colectivo de libros. El uso colectivo de los libros sólo es posible con el desarrollo de una amplia red de bibliotecas''. Como Comisaría de Educación, dio la orden de confiscar y nacionalizar todas las colecciones privadas de libros con más de 500 ejemplares. La colectivización de los libros dentro de las colecciones de la biblioteca también facilitó al partido comunista el control sobre sus contenidos. Consciente de su fe en que la libertad intelectual no es compatible con la formación de una sociedad socialista, Krupskaya firmó directrices sobre la censura de las bibliotecas, creyendo que eran necesarias a fin de proteger los intereses de las masas. Durante todo el período soviético, los bibliotecarios se encargarían de mantener actualizada una lista de obras prohibidas y las dejarían ocultas fuera del alcance del público, pasarían a ser “colecciones especiales” de títulos y autores prohibidos y más adelante algunos de ellos serian purgados (Ermolaev, Herman, 1997: 3, 6).

Krupskaya supo reconocer la importancia de las bibliotecas, y decidió que un buen funcionamiento y organización serían un indicador del nivel cultural del pueblo, así creyó que las bibliotecas y los bibliotecarios además de ser proveedores de información, tenían un papel que desempeñar en la construcción de la sociedad soviética. Servirían como instrumentos para erradicar el analfabetismo y mejorar la educación de la población, un elemento importante es la educación moral, que haría de los ciudadanos buenos marxistas/leninistas. Pensaba que “los bibliotecarios debían hacer de cada biblioteca un centro ideológico que ayudaría a construir el socialismo”.

Los logros de los bibliotecarios en el período soviético tuvieron unos resultados espectaculares en la introducción de la alfabetización, así como, dentro de lo que se ha permitido, un nivel de servicio que, en algunos aspectos, serían la envidia de los investigadores en el Oeste. En todas las grandes bibliotecas se hicieron minuciosos y detallados resúmenes de artículos y bibliografías que serían objeto de demanda. Se inició el intercambio bibliotecario de materiales entre las bibliotecas del país, además del canje con las extranjeras con el fin de promover la educación. Las bibliotecas de investigación fueron también centros que favorecieron la publicación de numerosos trabajos sobre temas como Bibliografía, Historia del Libro, Sociología de la lectura, actividades que han sobrevivido en la Rusia postsoviética. Los investigadores se fueron acostumbrando a contar con salas de lectura, con la agilización de los plazos de entrega y con el acceso privilegiado a material restringido. Tenían motivos para lamentar la pérdida de su privilegiada existencia, cuando las bibliotecas se hicieron más abiertas y democráticas, y algunos de ellos llegaron a lamentar su democratización (Thomas, Chris, 1999:114). 



Además de ser una experta conocedora de la Bibliografía rusa y de las Bibliotecas de la Europa Occidental, mostró un especial interés por las bibliotecas norteamericanas. Elaboró un programa de estudios de dos años de duración dirigido a la formación de aspirantes a bibliotecarios, que nunca se puso en práctica. Para el primer curso, entre otras actividades, estaba la lectura de veinte a treinta libros recomendados y al final del último año tendrían que elaborar un informe oral del practicum. Los objetivos del programa eran por un lado que los estudiantes analizaran los libros por su idoneidad a los lectores y previeran qué tipo de libros de lectura necesitarían los usuarios. Por otro, el objetivo de esta instrucción era entender la política y el mundo económico y lo que ocurre en la naturaleza y en la vida social. A partir de este intento de crear programas especializados para bibliotecarios, en 1918 se funda en Petrogrado el Instituto de Educación Extra-Académico que contaba con el departamento de Libro y Biblioteca. Experimenta varias denominaciones y llega a ser el Instituto Pedagógico de Trabajo Político-Educacional N. K. Krupskaya y en 1925 Instituto de Educación Política Comunista N. K. Krupskaya en el que se incluían más materias relacionadas con formación política-social que cursos especializados en biblioteconomía.

En todo este período, finales de los años veinte, el nivel de alfabetización creció rápidamente, especialmente entre las mujeres, aun cuando la “mejor” literatura no se lee. Tomó parte en la redacción de la legislación sobre bibliotecas rusas incluido el Decreto sobre la Centralización de las mismas

Krupskaya recibió la Medalla Anual a la mejor profesora y bibliotecaria de la Unión Soviética. Posiblemente, además, sea la creadora del sistema de clasificación de la Biblioteca Lenin según la cual, en una estructura jerárquica decimal y arborescente todos los conocimientos derivan del materialismo dialéctico.

A lo largo de su vida publicó más de 3000 libros, folletos, artículos, críticas, etc. Gran parte de su trabajo ha sido traducido a otros idiomas y lenguas de los pueblos de la Unión Soviética. La calidad del trabajo de Krupskaya en muchos campos ha sido aclamada por el estado soviético. Se le otorgó la orden de la Bandera Roja del Trabajo (1929) y la Orden de Lenin (1933), en 1931 fue nombrada miembro honorario de la Academia de Ciencias de la URSS.

Cuando Lenin se encontraba enfermo y la burocracia stalinista ya había decidido aislarlo, Nadezhda siguió transmitiéndole las novedades políticas y partidarias. Esto permitió que Lenin escribiera, poco antes de morir, su famoso Testamento Político en el que señalaba que Stalin “había acumulado demasiado poder dentro del Partido; tanto que no estaba seguro de que fuera a utilizarlo siempre con suficiente prudencia.”

Para Trotsky, la muerte de Lenin y el comienzo del proceso de burocratización confundieron a Krupskaya: “su instinto revolucionario entró en conflicto con su espíritu de disciplina.” Así fue como, oponiéndose a la camarilla de Stalin, en 1926 se alineó por un breve lapso con la Oposición Unificada, de la que luego se alejó. Stalin colaboró con su aislamiento, rindiéndole honores respetuosamente por ser la viuda de Lenin.

Krupskaya murió un 27 de febrero de 1939. Trotsky, en su obituario, la recordaría con estas palabras: “Además de ser la esposa de Lenin –lo que por cierto no fue accidental- Krupskaya fue una personalidad destacada por su devoción a la causa, su energía y la pureza de su carácter. Indudablemente fue una mujer inteligente. Sin embargo, no es sorprendente que su pensamiento político no se haya desarrollado independientemente mientras estuvo con Lenin. Tuvo demasiadas ocasiones para convencerse de la corrección del pensamiento de él, y se acostumbró a confiar en su gran compañero y dirigente. Después de la muerte de Lenin, la vida de Krupskaya sufrió un vuelco extremadamente trágico. Fue como si tuviera que pagar por toda la felicidad que le había tocado en suerte.”


Trotsky agrega que “Stalin siempre vivió con el temor de que ella protestara. Sabía demasiado. Conocía la historia del partido y el lugar que allí ocupaba Stalin.” Y contra quienes le criticaron a Nadezhda que no fuera a fondo en la lucha política contra Stalin, Trotsky defiende la figura de esta revolucionaria de su generación con las siguientes emotivas palabras: “Nada más lejos de nuestra intención que criticar a Nadezda Konstantinova por no haber sido lo suficientemente decidida como para romper abiertamente con la burocracia. Personalidades políticas mucho más independientes que ella vacilaron, trataron de jugar a las escondidas con la historia y perecieron. Krupskaya se sentía muy atada por su sentido de la responsabilidad. Personalmente tenía el coraje necesario; le faltaba coraje mental. Con profunda tristeza despedimos a la leal compañera de Lenin, a una revolucionaria irreprochable y a una de las figuras más trágicas de la historia revolucionaria.”

Sus cenizas se encuentran en el muro del Kremlin junto al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú.







Fuentes: genroconclase; Nadezhda Konstantinovna Krupskaya (1869-1939): FEMINISTA Y BIBLIOTECARIA de Ana Ma Muñoz-Muñoz.


sábado, 11 de febrero de 2012

Sylvia Plath. La busqueda de la perfección.


Poeta excepcional atrapada en el ambiente de apariencias que rondaban los años 50, del que es una genial exponente porque había sido criada para ser complaciente, y quizás lo logró, fue complaciente con su familia, con los profesores, con el público que contemplaba su aparente matrimonio perfecto. Pero detrás de la típica ama de casa, encantadora y de amplia sonrisa y de la absurda puesta en escena, se encontraba una mujer apasionada, que no había logrado un matrimonio feliz, una mujer insatisfecha de sus logros a pesar de su tremenda genialidad. Ella fue la primera poeta en ganar un premio Pulitzer póstumo por The Collected Poems.


Sylvia Plath, llamada Sivvy familiarmente, nació el 27 de octubre de 1932 en Boston (Estados Unidos). Era hija de los maestros Otto Emil Plath, profesor universitario de alemán y biología en la Universidad de Boston (además de especialista en abejas), y Aurelia Schober, profesora de inglés y alemán, ambos de ascendencia alemana. Sylvia tenía un hermano menor llamado Warren, nacido en 1935.

En el momento del nacimiento de Warren la familia Plath se trasladó a Withdrop, localidad costera que provocó un vital contacto con el mar para la pequeña Sylvia que mostró gran talento a una edad temprana, al publicar su primer poema con 8 años. Su padre murió en esa época, el 5 de octubre de 1940, acontecimiento que sobrepasa el vacío de una niña consciente de que esa pérdida la marcaría a lo largo de sus 30 años (Ya no me quedas no me calzas más/zapato negro, nunca más. /Allí dentro vivía como un pie/durante treintaitantos años, pobre y blanca,/ sin atreverme a respirar ni decir achú.).

La relación con sus padres fue siempre atormentada y difícil. Especialmente con su padre, de quien llegó a decir: “era un autócrata… yo le amaba y le despreciaba a la vez, y probablemente deseé muchas veces que estuviera muerto.” Llegó incluso más lejos configurándole en el conocidísimo poema “Daddy” (“Papaíto”), como un personaje ario y antisemita, influida sin duda por su origen alemán.

Cuando la becaron para estudiar en el Smith College de Northampton (Massachusetts), donde permaneció entre 1950 y 1955, empezó a escribir disciplinadamente, pero la búsqueda obsesiva de la perfección, las presiones a que fue sometida y la lucha por conseguir premios literarios la debilitaron física y psicológicamente y la llenaron de aprensiones de muerte. En el instituto publicó su primer texto, un relato corto titulado “And Summer Will Not Come Again” que vio la luz en la revista “Seventeen”. “Sunday At The Mintons”, publicada en 1952 durante su etapa universitaria en la revista “Mademoiselle”, fue su primera historia galardonada. 

A los 19 años intenta suicidarse por primera vez por ingesta de tranquilizantes que sólo le producen una pérdida de conocimiento. Tras la terapia de electroshocks llega una lenta recuperación y poco a poco todo vuelve a la normalidad. Al terminar el tratamiento confiesa en sus diarios que su verdadero problema eran los celos. 

"Tengo celos de los hombres. Una envidia profunda y peligrosa que puede corroer, imagino, cualquier tipo de relación". Plath reflejaría todas estas vivencias en su novela autobiográfica “ La campana de cristal”, firmada con el seudónimo de Victoria Lucas.

Su tesis de graduación se centra en el uso del doble en la obra de Dostoievski. Ella misma se sentía cada vez más pendiente de una duplicidad, en la que su segundo yo era un hombre. Y a veces adopta la fría mirada del macho: "Soy en parte hombre, y me fijo en los pechos y las caderas de una mujer con el cálculo de un hombre escogiendo a una amante".

Cuando volvía sus ojos a la mujer, la mirada no era benévola. "Entro en el juego de la dulce virgen americana, vestida para seducir", escribe burlándose de su afán por ajustarse a la imagen de cierto ideal femenino. Porque el juego de la seducción, la caza del hombre, la fascinaba y la asqueaba a la vez. Se ve a sí misma a veces como "una vampiresa", que no repara en "castrar a esos arrogantes que se vuelven críos en el momento de la pasión". Los hombres son un tema persistente en estos diarios juveniles en los que las mujeres apenas aparecen, y si lo hacen es en forma de rivales.

Cuando llegó a Cambridge con una beca en 1955 manifestaba estar buscando "un gran amor, peligroso y explosivo". Y lo encontró al poco tiempo en Ted Hughes, un poeta que comparte sus sueños. La pasión que surge entre ellos parece compensar su desasosiego. Plath relata que en su primer encuentro él "estrelló" su boca contra la suya. "Cuando él besó mi cuello, yo le mordí la mejilla con fuerza". Se inicia así, una pasión y un amor completos que la transforman y con los que parece encontrar finalmente la felicidad. Se casan en junio de 1956. "Atrás quedan esos días en busca de la satisfacción egocéntrica de conquistar hombres que se iban derrumbando uno a uno", escribe. Plath y Hughes vivieron y trabajaron en Estados Unidos desde julio de 1957 hasta octubre de 1959, periodo durante el cual Plath daba clases en Smith College.

En Estados Unidos, la escritora entra en contacto con un grupo de poetas que marcarían para siempre su forma de escribir, convirtiéndose en seguidora de la poesía confesional, caracterizada por la expresión de sentimientos privados a través de la escritura. En 1959 nace su hija Frieda y es entonces cuando escribe La campana de cristal. Vivió junto con Hughes en Londres durante un tiempo, y después se asentaron en North Tawton, un pequeño pueblo en Devon. Publicó su primera recopilación de poesía, “El coloso” en 1960. En febrero de 1961 tuvo un aborto. Algunos de sus poemas hacen referencia a este hecho. Tuvieron problemas con su matrimonio y se separaron menos de dos años después del nacimiento de su primer hijo. Su separación se debió sobre todo a la aventura amorosa que Hughes tenía con la poetisa Assia Wevill, pero hay quienes especulan que Olwyn Hughes, hermana del poeta, interfirió de manera decisiva en su relación.



Plath retornó a Londres con sus hijos, Frieda y Nicholas. Alquiló un piso donde había vivido W. B. Yeats; esto le encantaba a Plath y lo consideró un buen presagio cuando comenzaba el proceso de su separación. El invierno de 1962/1963 fue muy duro. A principios de 1963, con sus dos hijos y sin mucho dinero, llevaba ocho meses separada de su marido. Su matrimonio de siete años se había desmoronado como un castillo de naipes, y son precisamente esos ocho meses el motor que la impulsarían a crear los poemas más deslumbrantes de su época los cuales fueron recogidos en forma póstuma por el mismo Ted en Ariel y Árboles Invernales.

En algunas de sus biografias, la historia de Silvia y su esposo Ted es la de un matrimonio destruido por la infidelidad y los celos. El abandono de Ted en el mundo emocional de Silvia se traduce en sentirse desolada, nuevamente sola. La dureza de esos días hizo incrementar su necesidad de escribir y trabajaba incansablemente durante la noche en sus poemas, en los cuales la muerte era observada como un alivio síquico cada vez más cercano. El 11 de febrero, con un frío mortal, Sylvia se levantó muy temprano y llevó al cuarto de los niños una bandeja de desayuno con pan, mantequilla y dos jarritas de leche. Se encerró en la cocina, tapó todos los resquicios con toallas y luego abrió las llaves del gas. Está enterrada en el cementerio de Heptonstall, West Yorkshire.

La muerte adquiere especial relevancia en su obra. Silvia siempre sintió una especial atracción por el suicidio. En el verso la muerte es tratada como una danza que se tiene que ejecutar cada cierto tiempo, en realidad cada década marca un incidente trágico, porque a los 10 años murió su padre, (Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer./La primera vez que sucedió tenía diez./ Fue un accidente), (La segunda vez pretendí/ Superarme y no regresar jamás./Oscilé callada./Como una concha marina./Tenían que llamar y llamar/Recoger de mí los gusanos perlas pegajosas).



Aunque durante mucho tiempo se consideró que sus repetidas depresiones e intentos de suicidio se debieron a la muerte de su padre cuando ella contaba con nueve años, pérdida que nunca logró superar, hoy se cree que padecía trastorno bipolar.

Su viudo, Hughes, se convirtió en el editor del legado personal y literario de Plath. Supervisó y editó la publicación de sus manuscritos. También destruyó el último volumen del diario de Plath, que trataba del tiempo que pasaron juntos. Se ha acusado a Hughes de intentar controlar las publicaciones para su propio beneficio, lo que él ha negado enérgicamente, aunque llegó a un acuerdo con la madre de Plath, Aurelia, cuando ésta intentó evitar la publicación de las obras más controvertidas de su hija en Estados Unidos, lo cual para muchos fue muy egoísta por parte de Hughes.

Los primeros poemas de Plath fueron recopilados en su primer libro, El coloso (The Colossus); aunque bien recibido por la crítica, ha sido a menudo descrito como convencional y carente del drama de sus obras posteriores. Ha habido mucho debate sobre cuánto se vio Sylvia Plath influenciada por el trabajo de Hughes. La propia poetisa admite, en sus diarios de vida, sus propios intentos por explorar la animalidad y salvajismo que distinguen la obra de Hughes. De hecho, el poema Panther fue escrito poco tiempo después de conocer a Hughes, y está dedicado a él. Muchísimos artículos, ensayos y libros han surgido acerca de este tema. De todos modos está claro, por sus diarios y cartas, que admiraba mucho el talento de Hughes.

A pesar de las numerosas críticas y biografías tras su muerte, el debate acerca de las obras de Plath a menudo deja ver la lucha entre aquellos que están de su parte y aquellos que están del lado de Hughes. Una prueba del nivel de crispación son las repetidas acciones contra la palabra Hughes cincelada sobre la lápida de la tumba de Plath. Durante los años 70 predominaban las interpretaciones biográfico-psicoanalíticas de la obra de Plath, mientras que ya en los 80 y 90 se prefiere un estudio crítico feminista y de género. Esta diferencia se percibe sobre todo en la comparación entre las biografías de Plath que ha tenido lugar desde entonces, así como en la obra crítica que se ha dedicado a esta autora.

La historia de la escritora estadounidense y del escritor inglés Ted Hughes es una historia llena de mitos. Con la publicación en España en el año 2000, de Los diarios de Sylvia Plath,- que, tanto en español como la nueva edicición inglesa, incluyen fragmentos, antes censurados por Ted Hughes- salen, de nuevo, más artículos sobre la pareja, como ocurrió con la publicación del libro de poesía de Ted Hughes, Cartas de cumpleaños en 1998, que escribió durante 25 años tras el suicidio de Sylvia Plath.


Sylvia y Ted

Sylvia Plath es una mujer importante no por haberse suicidado, o por haber estado casada con Ted Hughes, o por ser un símbolo del feminismo. Es importante porque, habiendo sufrido, ella tuvo la necesidad y la valentía absoluta de mirar y expresarlo todo con una sinceridad a veces escalofriante. En su diario escribe (17/7/57): "Escribiré hasta que empiece a escribir sobre mi yo verdadero". El mito de Sylvia nos la dibuja como víctima de un mundo machista y víctima de un marido que la abandona, y como una americana en el exilio. Por otra parte, nos encontramos con el mito de Sylvia como poeta maldita y suicida, enfermiza y algo loca, demasiado atrevida para no dañarse a sí misma.

Sylvia no era una víctima del exilio por el hecho de ser una americana en el extranjero. Ella decía que se encontraba mejor en Europa que en su propio país, aunque sí echaba de menos a sus familiares; era una persona que se hubiera sentido extranjera en cualquier país. Como dice en su novela La campana de cristal, "[...] tenía que estar pasándomelo en grande, [...] tenía que estar ilusionada como las otras chicas, pero no conseguía reaccionar. Me sentía quieta y vacía [...] como el ojo de un tornado, moviéndome sin ninguna fuerza..."

Respecto al machismo y el abandono de su marido como posibles causas de su suicidio, hay que recordar que ella no tenía claro casarse y fue el conocer a Ted Hughes, también poeta, lo que la convenció. Aquí volvemos a encontrar las diferentes visiones sobre su relación. Algunas fuentes lo describen como una de las personas más alejadas del machismo, ya que se turnaban para escribir, incluso cuando tenían dos hijos que atender. Si no hubiera sido por un marido como Ted, probablemente no se habría casado por miedo a que el matrimonio le costara el sacrificio de su vocación de escritora. En su novela, ya citada, describe el matrimonio convencional como un estado totalitario:

"También recuerdo a Buddy Willard diciendo, con una seguridad siniestra, que una vez que me casara me sentiría diferente, que no iba a querer seguir escribiendo poemas. Entonces pensé que quizá fuera verdad, que cuando uno se casaba y tenía hijos era como un lavado de cerebro, y que después una iba por el mundo sedada como un esclavo en un estado totalitario".

En sus diarios, ella deja claro que el cuidado de los niños causaba conflictos tanto entre la pareja como en el trabajo que tenían como escritores. Sylvia Plath luchó por representar varios papeles que a menudo resultaban contradictorios, o por lo menos conflictivos entre sí: era madre, esposa, amante, artista.

 “Morir Es una arte”, para Silvia, una amante de la perfección, morir como todo lo demás era un acto que debía ser ejecutado con sumo detenimiento y precisión. Sin embargo el hecho de su muerte no tuvo mucha trascendencia para la prensa, debido a que no era muy conocida en el ambiente literario. Ya que hasta esa fecha su único libro conocido The Colossus, no había tenido demasiada acogida. En 1982, Plath fue la primera poeta en ganar un premio Pulitzer póstumo (por Poemas completos -The Collected Poems).



Soy vertical

Mejor querría ser horizontal.
No soy un árbol con raíces hondas
en tierra, sorbiendo minerales y amor materno,
refloreciendo así de marzo en marzo,
reluciente, ni orgullo de parterre
blanco de admirativos gritos, muy repintado,
y a punto, ignaro, de perder sus pétalos.
Comparado conmigo es inmortal
el árbol, y las flores más audaces:
querría la edad del uno, la temeridad de las otras.

Esta noche, en luz infinitésima
de estrellas, árboles y flores
han esparcido su frescura aulente.
Yo entre ellos me paseo, no me ven, cuando duermo
a veces pienso que me les hermano
más que nunca: mi mente descaece.
Resulta más normal, echada. El cielo
y yo trabamos conversación abierta, así seré
más útil cuando por fin me una con la tierra.
Árbol y flor me tocarán, veránme.

Su obra:
Poesía

    El coloso (poesía) (The Colossus) (1960)
    Ariel (1965)
    Cruzando el agua

Prosa

    La campana de cristal (The Bell Jar) (1963) con el pseudónimo de "Victoria Lucas".
    Cartas a casa (Letters home) (1975), enviadas a y editadas por su madre.
    Johnny Panic y la Biblia de sueños (Johnny Panic and the Bible of Dreams) (1977)
    Los diarios de Sylvia Plath (The Journals of Sylvia Plath) (1982)
    The Magic Mirror (1989), la tesis para Smith College.
    The Unabridged Journals of Sylvia Plath (2000)

Obras para niños

    The Red Book (1976)
    The It-Doesn't-Matter-Suit (1996)
    Collected Children's Stories (2001)
    Mrs. Cherry's Kitchen (2001)




Fuentes: Roxana Ghiglino en la siega XX; Lisa Liibbe Lara. Wikipedia. Fietta Jarque para El País.