martes, 21 de febrero de 2012

Teodora de Bizancio. De prostituta a emperatriz.



Fue la mejor como prostituta y una de las grandes gobernantes de toda la Historia. Como emperatriz, consiguió mejorar la calidad de vida de las mujeres del imperio bizantino, influyendo en su esposo Justiniano para que codificara el derecho romano en el "Corpus Juris Civilis".



Nació en algún lugar de la costa asiática de Turquía o de las islas cercanas, en el siglo VI d.C., en una familia en permanente lucha contra la miseria, que se vio obligada a dejar la aldea natal y marchar hacia la capital del Imperio Bizantino, Constantinopla. El centro vital de la capital era el Hipódromo, y a él acudió en busca de trabajo Acacio, el padre de Teodora. Lo consiguió como ayudante del cuidador de osos de los Verdes, una de las dos facciones (la otra eran los Azules), en las que se dividían los aficionados al circo.

El padre de Teodora era un excelente trabajador y pronto fue ascendido a cuidador titular, gracias a lo cual la familia empezó a salir de su miserable situación hasta que Acacio murió y su viuda, nuevamente casada, no consiguió que se otorgara a su segundo marido el puesto del primero, a pesar de que así lo exigía la costumbre y la tradición.

Ante la certeza de volver a caer en su antigua y penosa situación, la dolorida madre reunió a sus tres hijas, adornó sus cabezas con guirnaldas y flores en las manos para que se las identificara como "suplicantes", irrumpió con ellas en la pista central del Hipódromo, entre dos carreras, y contó sus desgracias, pidiendo a gritos ayuda a los jefes de los Verdes. No la obtuvo de aquellos pero sí de los Azules (que la ayudaron para poner en ridículo a sus rivales), convirtiéndose el padrastro de Teodora en cuidador de osos de la facción que representaba los intereses del emperador, de la nobleza y el clero. Junto con sus hermanas, la niña Teodora deambulaba por los siniestros subterráneos del Hipódromo.

Para que las niñas muy pobres pudieran mejorar su situación, no habían más caminos que el teatro o la prostitución; actividades que, en la Constantinopla de aquella época, estaban íntimamente ligadas. Cuando la mayor de las tres, Comito, llegó a la pubertad, su madre la introdujo en el teatro. Junto a ella, el público se acostumbró a ver a una niña de unos diez años que arrastraba el taburete en el que se sentaba la artista durante sus representaciones. Era Teodora, que empezaba a acostumbrarse a pisar los escenarios. Pronto, ella misma empezó a actuar, sin haber alcanzado aún la pubertad. No tocaba la flauta ni el arpa, y decía mal sus textos, pero enseguida gustó  porque tenía el don de atraer a los hombres, con sus chistes obscenos y  presentándose en el escenario cubriendo tan solo su pubis. Inteligente como era, llegaba siempre un poco más lejos en sus representaciones para gustar más excitando mejor hasta que representó un número que la propulsó hacia las puertas de la fama.

Apareció en el escenario con su habitual escasez de ropa y, sin saludo ni palabra alguna, se dejó caer sobre el piso de piedra, con las piernas entreabiertas y la mirada perdida en el cielo que servía de techo al improvisado teatro en el que actuaba. Entraron varios esclavos portando pequeños sacos llenos de granos de cebada y esparcieron su contenido sobre el cuerpo yacente; especialmente sobre senos, muslos y sexo. Y ante la sorpresa del público, empujados por los esclavos, irrumpieron unos gansos que se lanzaron con furioso entusiasmo a devorar los granos. Con gestos y contracciones, Teodora supo transmitir las supuestas sensaciones que el picoteo le producía y, a partir de ese día, fue invitada de honor en las fiestas llamadas "comunitarias", que organizaban los jóvenes nobles y los ricos. Así, con apenas 16 años, Teodora se convierte en  la prostituta mejor pagada y celebrada de Constantinopla.

La emperatriz Teodora en el Coliseo.
De sus ingresos tenía que entregar una generosa cantidad al maestro de danzas de los Azules (una especie de impuesto de protección). Cuando alcanzó el éxito y, con él, le llegó el dinero, la muchacha buscó independizarse. Convenció a su íntima amiga Antonina y, en compañía de otras dos chicas, abrió su propia "casa" que pronto fue una de las más acreditadas de la capital. 

Cuando estaba ganando mucho dinero y afianzando su nombre, se dejó convencer por el recién nombrado gobernador de la africana provincia de Pentápolis y se fue con él a tan remoto lugar en calidad de "amante oficial". La experiencia se tradujo en un rotundo fracaso y, fruto de ésta, trajo al mundo una niña que acabaría por dejar en Pentápolis, y un larguísimo camino de vuelta a Constantinopla. A pesar de ello, fue en ese camino donde se produjo un punto de inflexión de su vida. Llego a Alejandría y allí conoció al hombre que, junto a Justiniano, más influiría en ella. Severo, líder de la secta cristiana de los monofisos,  hombre de gran sabiduría, primera autoridad en la Patrística y experto en las Sagradas Escrituras. De hecho, sus escritos aún perduran.

Hasta ese eminente personaje llegó Teodora. Por primera vez la "ramera" podía hablar con un hombre que no deseaba su cuerpo, y aprovechó la oportunidad. En él volcó todos sus  sufrimientos, pero también sus ideales, sus ambiciones y sus sueños. Cuando Teodora dejó Alejandría para continuar su viaje a Constantinopla, se llevaba con ella la semilla del monofisismo, (doctrina teológica que sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana), que arraigaría para siempre en su espíritu.

3 años después de su marcha, llegó por fin a Constantinopla. Allí, se instala con sus antiguas amigas en el burdel que también había sido de ella, pero no participaba en fiestas ni aceptaba la compañía de hombres. Para sorpresa de toda la ciudad, pasaba los días hilando en una rueca. Aceptó, sin embargo, la invitación de su amiga Antonina para conocer a Justiniano, sobrino del emperador, llevado al burdel por su amigo Belisario.

Justiniano, hombre de mil amantes, religioso hasta el fanatismo y amigo de todos los placeres, se enamoró de la mujer  a la que decenas y decenas de hombres habían poseído y pronto se hicieron amantes. Tras unas semanas de breves encuentros, la instaló en su lujosa residencia y así, la antigua prostituta fuera elevada a la alta dignidad de patricia. Eso suponía que Teodora podía por fin ocupar el palco reservado a las mujeres nobles en el Hipódromo. Pero todo lo alcanzado, con ser tanto, no era suficiente para Teodora. Ella quería ser la esposa de Justiniano, cosa imposible puesto que la ley, en este punto, era tajante: prostitutas y artistas del teatro no podían casarse con nobles.

Sara Benhardt como Teodora ( 1.884 )

Justiniano estaba dispuesto a saltarse la ley, y es de suponer que su tío y emperador, hubiese consentido en ello, pero la emperatriz Eufemia, de firmes convicciones religiosas y morales, estaba decidida a impedirlo. No hubo boda, pero por poco tiempo: Eufemia falleció poco después, dejando el camino libre y sin obstáculos. El mismo año, el emperador Justino no deroga la ley discriminatoria, sino que la "interrumpe" el tiempo suficiente para que su sobrino y Teodora puedan consagrar su unión. Tres años más tarde, el emperador decide compartir la carga del gobierno con Justiniano, asociándole al trono y coronándole emperador y, cuatro meses más tarde, fallece Justino y Justiniano asume todas las atribuciones de "Basileus" a sus 45 años; Teodora, convertida por fin en emperatriz consorte, tiene entonces 27 años. Su esposo la llamaba "su dulce gozo" y la describía como "compañera de mis deliberaciones ".

Una vez convertida en consorte del monarca, Teodora se dio a la tarea de establecer que no sería solamente un ornamento, participando en distintos asuntos concernientes a mejorar la calidad de vida de las mujeres del imperio bizantino, influyendo en su esposo Justiniano para que codificara el derecho romano en el "Corpus Juris Civilis". 

Por su directa intervención, los juristas que conformaron el "Corpus" derogaron la ley que impedía la unión entre artistas y prostitutas con los hombres, fuesen o no nobles, que libremente desearan desposarlas. Ella disponía de su propio sello imperial, su propio entorno de funcionario y su propia corte. Inspiradas por ella aparecieron leyes que defendían la igualdad de la mujer:

La primera ley de aborto de la historia, la posibilidad de divorcio en caso de adulterio, el reconocimiento de los hijos bastardos y en contra de lo que todas las legislaciones establecían, el principio de que todos los hijos tienen los mismos derechos. Prohibió la prostitución forzosa, hizo de la trata de blancas una ofensa criminal, reglamentó el funcionamiento de los burdeles para evitar abusos, debiendo estar regentados por las propias mujeres,  desterrando de la ciudad a los propietarios y se encargó de crear planes de rescate para jóvenes que habían sido prostituidas. Fundó un convento para prostitutas que querían dejar el oficio y se la conocía por comprar muchachas que habían sido vendidas para la prostitución, liberándolas y ayudándolas  en su futuro.

También promulgó leyes que permitieran que las mujeres pudieran ser propietarias y heredar sumas de dinero o propiedades y además mejoró el sistema de atención a la salud femenina.

Reconstrucción de la Basílica de Hagia Sofia antes de su conversión en mezquita

Cierto que se excedió en sus venganzas y junto a su marido, expolió al pueblo con impuestos para financiar las faraónicas obras que los dos concibieron y realizaron; entre ellas, el templo de Santa Sofía, el más bello de la cristiandad. Teodora impulsó el embellecimiento de la ciudad de Constantinopla, erigiendo puentes y acueductos además de 25 iglesias.

Pero los impuestos y los excesos cometidos por más de un alto funcionario imperial, llevaron al pueblo a la insurrección. En el año 532, y al grito de "Nika!" (Victoria), las turbas se hicieron con el control de Constantinopla, matando y quemando a discreción. Todo parecía perdido para el emperador; tenía un puñado de soldados fieles pero sus enemigos eran decenas de miles. Con el palacio imperial quemado en parte, se celebró una tensa reunión entre Justiniano, los jefes militares fieles y los ministros. La mayoría opinaba que el monarca debía abandonar la capital y refugiarse en la costa asiática y, desde allí, intentar la resistencia. A punto de ceder, intervino Teodora, irrumpiendo en la sala y yendo contra la costumbre de que la emperatriz interrumpiera una sesión del consejo y, mucho más, que hablase. Con voz clara y firme, dijo:

"Sobre si está bien visto o no que una mujer se presente ante hombres o se atreva a mostrarse cuando otros vacilan, no creo que sea éste el momento más apropiado, ante la presente crisis, para discutir un punto de vista u otro. Pero cuando una causa corre el máximo peligro hay un solo y verdadero camino a seguir: aprovechar lo máximo posible la situación actual. Creo que en estos momentos la huída es inapropiada, incluso si lleva consigo la salvación. Una vez que un hombre ha nacido a la luz es inevitable que tendrá que enfrentarse con la muerte, pero un emperador no puede soportar el verse convertido en fugitivo. Emperador, si quieres huir en busca de la salvación, te resultará fácil; tenemos dinero en abundancia, a la vista está el mar, aquí están los barcos. Sin embargo, en lo que a mi respecta, aún creo en el viejo proverbio de que la realeza es una excelente mortaja."

Humillados por una mujer, los ministros derrotistas guardaron silencio y el general Belisario, obtuvo la inmediata aprobación de Justiniano para su plan represivo. Según algunos historiadores, más de 20.000 murieron en esa jornada, pero la sublevación fue totalmente vencida y salvado el trono bizantino.

Teodora vivió, reinó y gobernó, junto con su marido, durante 16 años más. Finalmente, en el año 548, un cáncer de mama acabó con su vida, no sin antes haber logrado el casamiento de su sobrina predilecta, Sofía, con el sobrino de Justiniano, Justino. A la muerte del "Basileus", la pareja heredaría el trono.

A su muerte tenía poco más de 40 años y había logrado entrar en la galería de personajes más relevantes y decisivos de la Historia. Su cuerpo fue remitido a la Iglesia del Santo Apóstol, uno de los templos más espléndidos que ella y Justiniano habían mandado a construir.

Bellos mosaicos que rememoran la belleza de Teodora aún existen en Ravena, Italia.  Una secta de cristianos la considera una santa cuya fiesta se conmemora los 30 de diciembre. Para otros, Teodora fue una ramera oportunista que manipuló descaradamente a Justiniano. Quizás la realidad puede ser que Teodora fue la mejor de las meretrices y mejor emperatriz que su emperador.


La Emperatriz Teodora de Bizancio y su corte (mosaico de la Basílica de San Vitale en Rávena)




Fuentes: wikipedia; Mujeres Riot ; retratosdelahistoria

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