jueves, 26 de abril de 2012

Christine Granville. Una mujer sin miedo



Christine Granville, nombre de guerra de la condesa polaca Krystyna Skarbek, fue para muchos la mejor agente de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial, cuya probada sangre fría y sus conocimientos de diez idiomas la convirtieron en una de las piezas más valiosas de los Servicios Especiales. Una mujer excepcional que sobrevivió a los mayores peligros de la guerra para morir, paradójicamente, en 1952 acuchillada por un hombre que la acosaba.



Nació el 1 de mayo de 1908 en Piotrkow junto a la frontera ruso-polaca, en una familia acomodada. El padre, Jerzy Skarbek, era un conde dedicado a criar caballos de carreras que pertenecía a una de las más antiguas familias nobles de Polonia, y su madre  Stefania Goldfeder, era hija de un rico banquero judío. Su abuelo fue el padrino de Chopin.

Impulsiva en el amor, con un espíritu libre y sonrisa traviesa (un colega agente trató de suicidarse por ella lanzándose al Danubio, que por suerte estaba helado), Christine se caso a los dieciocho años con un empresario, Karol Getlich, pero la relación termino pronto y se caso nuevamente a los veintitrés años con el escritor, aventurero y ex cowboy Jerzy Gizycki, al que consideraba su Svengali y con el que marchó a vivir a África para, mas tarde, acabar divorciados. 
 
En 1939, cuando Alemania invade Polonia, la pareja decide de regresar en Londres, donde Krystyna busca ofrecer sus servicios en la lucha contra el enemigo común, siendo reclutada por el célebre Special Operations Executive (SOE), la agencia creada en 1940 por Churchill para organizar acciones de subversión y sabotaje contra los nazis.

Christine convenció en Hungría a un esquiador olímpico polaco para que la escoltará a través de los montes Tatra hasta Polonia, por donde pasó de contrabando un arma secreta, el único rifle antitanque polaco que nunca se emplearía en la guerra. Una vez en Varsovia, intenta convencer sin éxito a su madre judía para que abandone Polonia; Stefania será asesinada finalmente en la prisión de Pawiak. 
 
Al invadir Polonia los nazis, Christine se puso al servicio del SOE en Gran Bretaña. De misión en Budapest conoció al héroe polaco Andrew Kowerski, que fue el gran amor de su vida. Con Koweski, alias Kennedy, se dedicó a organizar vías de escape de Polonia.

Capturada en 1941 por la Gestapo, la resuelta Christine logró que la dejaran libre tras provocarse una hemorragia mordiéndose la lengua para hacer creer a sus captores que padecía tuberculosis. Después de viajar en un desvencijado Opel hasta El Cairo vía Turquia y Siria.

En 1944 fue enviada a Francia para sustituir a otra mujer agente del SOE que habia sido capturada por la Gestapo. El 13 de agosto de ese año, en Digne, en el sur de Francia, Fielding, alias Catedral, y Francis Cammaerts, alias Roger, uno de los grandes jefes operativos del SOE, fueron detenidos en un control cuando viajaban camuflados en un vehículo de la Cruz Roja conducido por Claude Renoir, el sobrino del pintor impresionista. Se les condenó a morir fusilados. Ante la imposibilidad de montar un ataque de la Resistencia para liberarlos, Christine logró una cita con Harlam, oficial de la Gestapo, haciéndose pasar por sobrina del general Montgomery, que había derrotado a Rommel en El Alamein (Egipto).

Ante la estupefacción de Harlan, a quien aquella situación había provocado la risa, la joven, muy seria, le exigió la inmediata entrega de los tres prisioneros británicos citando sus respectivos nombres. Si aceptaba, su vida sería respetada cuando las tropas aliadas llegasen, afirmando que no tardarían demasiado en hacerlo. ¡Aquello era demasiado! Como única respuesta, el comandante le dijo que estaba loca, pero ella, fría como el hielo, siguió insistiendo y se atrevió incluso a amenazarle: "Si los tres mencionados prisioneros o yo sufrimos el menor daño, todos los alemanes de esta prisión, con usted al frente, serán irremisiblemente ahorcados tan pronto sea ocupado este país".

Su interlocutor no aguantó más la incertidumbre y le preguntó quién era: "Soy una espía inglesa", fue la escueta contestación. Él entonces empezó a encolerizarse pero ella continuaba hablando en el mismo tono severo, con una seguridad pasmosa. Para convencerle de que no mentía, le dio detalles sobre la situación en que se hallaba la guerra en los distintos frentes y que Montgomery estaba ya muy cerca de donde ellos se encontraban. Para acabar, repitió una vez más su ultimátum. Harlan empezó a mostrarse preocupado, incluso algo asustado. Alemania no estaba en aquellos momentos en una situación fácil y Hitler ya no hablaba de triunfo, sino, simplemente, de resistir. Finalmente, tras once horas reunidos, decidió acompañar a la muchacha a la celda donde se hallaban los tres prisioneros que fueron liberados enseguida.

Con los maquis luchó en la feroz batalla de Vercors contra regimientos alpinos y de las SS, estableció contactos entre la Resistencia y los partisanos italianos de Marcellini y se le atribuye la rendición de la guarnición alemana de Col de Larche. Además de actuar en Francia, Christine también estuvo destinada en Italia, donde un buen día se topó con una patrulla alemana. Cuando le ordenaron levantar las manos, obedeció, pero lo hizo sosteniendo en una de ellas una granada: "¡No se muevan o saltamos todos hechos pedazos!". Gracias a su capacidad de improvisación, ella y su compañero pudieron escapar. 


Tras la guerra, Gran Bretaña fue ingrata con su agente que, sin empleo, se vio impelida a sobrevivir como camarera ocasional en bares, hoteles e incluso en un barco. Allí conoció a su asesino, Dennis George Muldowney, camarero y marinero, que no aceptó que Christine quisiera alejarse y terminar su relación con el y empezó por acosarla, para acabar asesinándola brutalmente a cuchilladas en la escalera del hotel en el que vivía en Kensington, un 15 de junio de 1952.

Fue enterrada en el cementerio católico de St Mary a Kensal Green, al noroeste de Londres. En 1988 se entierra cerca de ella a su amigo y camarada de combate Andrzej Kowerski.






Creó una red clandestina que llevaría informes de inteligencia de Varsovia a Budapest y organizó grupos de resistencia por toda Francia. Combatió codo con codo con los maquis; no dudó en sobornar a militares, lideró equipos de sabotaje y de fugas, y burló varias veces a la temida Gestapo, arrebatando de la muerte a algunos de sus camaradas. Durante un tiempo se hizo pasar por corresponsal de un periódico del partido nazi.

Christine Granville es sólo una de la constelación de mujeres valientes de la Segunda Guerra Mundial. Están junto a ella sus propias compañeras agentes del SOE, como Paola del Din, hábil esgrimista; la dulce Noor Inayat Khan o la gran Violette Szabo. Sin olvidar a Neus Català, resistente pillada también por la Gestapo y superviviente de Ravensbrück. Entre las numerosas heroínas rusas, desde la tanquista Oktyabrskaya a la francotiradora Pavlichenko ( 178 dianas con su rifle Tokarev), destacan las aviadoras. Entre ellas, Lydia Litvyak, la Rosa Blanca de Stalingrado, la mayor as de caza femenina de la historia con 12 victorias. La derribaron en 1943. En 1969, unos niños jugando encontraron los restos de su avión y a la piloto aún en su interior. Un viejo conocido as alemán Johannes Steinhoff, que las combatió, escribió este elogio de las aviadoras rusas:
"Esas mujeres no temían a nada".






Fuentes:http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Heroinas/guerra/elpepusocdmg/20080106elpdmgrep_6/Tes; http://www.belt.es/noticias/2005/septiembre/01/agente.asp


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