jueves, 12 de abril de 2012

Juana I de Castilla. La hermosa reina



Tal día como hoy, en 1555, murió Juana de Trastamara, Reina de Castilla, de Aragón, de Granada y de Navarra, hija de los Reyes Católicos y madre de seis hijos/as, asentados en tronos reinantes, dos de ellos emperadores. Y al final, y a pesar de todo ello, es más conocida como Juana la Loca. Anulada en el gobierno de su reino, primero por su esposo, luego por su padre, y finalmente por su propio hijo, su vida transcurrió mayoritariamente en un encierro que sus seres más próximos apoyaron, lo que sin duda ayudo a deteriorar su salud mental.




Nació en Toledo, el 6 de noviembre de 1479, siendo la tercera hija de los Reyes Católicos. Su gran parecido a su abuela paterna, doña Juana Enriquez, motivó que, cariñosamente, Isabel llamara a su hija "mi suegra". Fue una niña solitaria, poco propensa a las reuniones sociales y dadas a pasar días enteros sin querer contactar a nadie de la corte castellana.

Sus padres le procuraron una esmerada educación, y entre sus preceptores se hallaba Beatriz Galindo La Latina. Resultó una alumna aventajada, conocedora de varios idiomas (francés, latín), usos religiosos, etiqueta cortesana e incluso recibió instrucción en las artes. Su educación, no obstante, no estuvo orientada a la de un heredero de la corona, lo que más adelante fue, porque nadie esperaba que sus hermanos murieran sucesivamente. Es por ello quizás que adolecía de una formación para gobernar. 

Pronto se manifestó en Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja; en cambio, los reyes tenían distinto plan para su hija. Así, fue concertada su boda con el archiduque Felipe de Austria, hijo de Maximiliano I y María de Borgoña, conocido por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba dentro de la política exterior de los Reyes Católicos, que tenía como fin cercar al enemigo reino de Francia. Para ello también casaron a su heredero, el príncipe Juan, con la hermana de Felipe,  Margarita de Austria.

Con apenas 16 años embarcó rumbo a Flandes para ser esposada. No se organizó fiesta ni despedida alguna y como España estaba en guerra con Francia el viaje se realizó por mar, partiendo la expedición de Laredo con 19 buques y una tripulación de 3.500 hombres. La travesía tuvo algunos contratiempos y la vestimenta de Juana y sus objetos personales se hundieron en el mar. A su llegada sin casi pertenencias, su prometido ni siquiera acudió a recibirla. El encuentro con él no tiene lugar hasta un mes más tarde, a primera vista la atracción sexual entre ambos fue tal que solicitaron que se celebrase el matrimonio esa misma tarde en Lille, un 21 de agosto de 1496, para poder consumarlo de manera inmediata. Se convierte así en archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña, Brabante y condesa de Flandes. 


Poco tiempo después de su boda y luego de aparecer los primeros síntomas de su enfermedad manifestados en una conducta recelosa, desconfiada y persecutoria ,se produce, según refieren sus historiadores una conducta absurda como no pagar durante meses los sueldos a sus servidores, un desinterés progresivo de sus deberes y perdida de la resonancia afectiva para una serie de situaciones, que se acentúan con su primer embarazo, convirtiéndose en embotamiento emocional. Esto es informado por su confesor a Doña Isabel, preocupado por la actitud anormal de la princesa. 

Los médicos de la corte, Soto y Gutierrez de Toledo, refieren que pocos años más tarde Doña Juana pasaba noches enteras en vela, deambulando y con soliloquios, sin comer ni asearse ni ver a sus hijos y luego entraba en periodos de arrebatos de ira por los celos hacia su esposo que la llevaban a conductas irracionales. Llegó a prohibir que subieran damas a un barco que la trasladaba a España con su marido y como éstas lo hacían de todos modos, encerraba a su marido para que no lo miraran.

Pronto quedo embarazada y el 15 de noviembre de 1498, nació una niña a la que se puso el nombre de Leonor, quien en el futuro será una de las primeras bazas en la política exterior de su hermano, el emperador Carlos, que casará primero con el rey Manuel I de Portugal y tras quedarse viuda, contraerá matrimonio con Francisco I de Francia. 

Según la opinión mas extendida, este embarazo fue el detonante para el cambio de actitud experimentado por Felipe, que vuelve a sus devaneos amorosos con las damas de la Corte. La situación se hizo del dominio público y llego a conocimiento de la esposa. Para sorpresa de todos, la princesa no reaccionó acorde con el proceder establecido por la sociedad en casos parecidos, y en lugar de transigir con la situación, exigió fidelidad a su marido. Como, a despecho de la firme actitud de la princesa, su marido no varió un ápice su comportamiento, Juana, presa de unos celos obsesivos, puso de su parte todo lo posible para retornar a las apasionadas relaciones emprendiendo, a la vez, una estrecha vigilancia del infiel compañero, lo que dio lugar a infinidad de situaciones más o menos embarazosas. 

El 24 de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos. Cuenta la tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño retrete del palacio de Gante, donde Juana acudía a una fiesta para vigilar a su marido. El tercer alumbramiento se produjo en 1501, viniendo al mundo una niña a la que se llamó Isabel, que sería reina de Dinamarca tras su matrimonio con Christian II.

Parece ser que este embarazo vino motivado por la muerte del infante don Miguel de Portugal, lo que dejaba la sucesión al trono de España en manos de Juana. El ambicioso Felipe se mostró durante una temporada solícito y servicial, naciendo la pequeña Isabel de estas relaciones. Felipe, que ya era duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, deseaba ampliar cuanto antes su poder.

A principios del año 1502 Juana y Felipe llegaron a Fuenterrabía para ser jurados príncipes de Asturias en Toledo y príncipes de Gerona en Aragón. El 10 de marzo de 1503 nacía en Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando, futuro Emperador de Alemania y rey de Hungría y Bohemia. Felipe partió para Flandes alegando cierto desgobierno en sus estados y Juana quedaba en Castilla, pero decidió acudir en compañía de su esposo, a pesar de su estado tras el parto, por lo que fue detenida por su madre. Desde ese momento se apuntó la enfermedad mental de Juana como un elemento a vigilar, por lo que los Reyes Católicos desearon que quedara a su lado. Pero Juana ansiaba tanto reunirse con su marido que, desestimando los consejos, decidió marcharse a Flandes.  
 
En el momento en que Isabel, víctima de un cáncer uterino debe decidir sucesor al trono de España y sus Colonias, sus consejeros  le advierten que su hija no está en “capacidad de ejercer en persona su función”, por lo cual debía tener la regencia su padre Fernando. En junio de 1506, ya muerta la Reina Católica, Fernando y Felipe firman el tratado de Villafáfila, que contiene el siguiente párrafo  “Conviene a saber cómo la Serenísima Reina, nuestra mujer, en ninguna manera se quiere ocupar ni entender en ningún género de regimiento, ni gobernación, ni otra cosa; y que aunque lo quisera hacer, sería total destrucción y perdimiento de estos reinos, según sus enfermedades y pasiones”.  Es en esto donde se basan algunos historiadores románticos para decir que la locura de Juana era un ardid político para sacarle el poder y que su única locura eran los celos reales provocados por un hombre infiel.

Juana era la legítima heredera de Castilla, pues Fernando era rey de Aragón, y por tanto debía retirarse a sus estados, lo que no hizo. La Concordia de Salamanca (1505),  estableció en Castilla un gobierno tripartito de Fernando, Felipe y Juana, pero no zanjó la disputa entre suegro y yerno. A finales del año 1505 Juana tendrá una nueva hija, María, que casará con el rey Luis de Hungría y Bohemia.



En la primavera de 1506 llegaban Juana y Felipe a La Coruña, tras una estancia en Inglaterra. Don Felipe llegó encabezando un ejército alemán y enseguida agrupó a su alrededor a los nobles castellanos descontentos; con el fin de evitar la guerra, el rey católico admitió su retirada como regente de Castilla. Aunque las Cortes reunidas en Valladolid se negaron a declarar la incapacidad de la reina Juana, Felipe I ejerció el poder en solitario, repartiendo dádivas y prebendas entre los nobles para buscar su apoyo, hasta que, en septiembre de 1507 tras jugar un partido de pelota con sus más allegados en Burgos, bebió agua helada, por lo que al día siguiente se sintió con fiebre. Nunca se curó y el día 25 de septiembre de 1507 fallecía. Sin embargo, investigadores más recientes, atribuyen su muerte a la peste. Como quiera que fuese, la muerte del monarca aumentó la supuesta locura de la Reina Juana.

Un cortejo encabezado por la reina se trasladó hacia Granada, viajando siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres no pudiesen tener contacto con el cortejo, lo que aumentó los comentarios sobre la locura de doña Juana. Precisamente de camino a Granada tuvo Juana su último alumbramiento, naciendo una niña llamada Catalina, el día 14 de enero de 1507, en Torquemada. Catalina contraería años después matrimonio con Juan III de Portugal. 


Juana con sus hijos Fernando y Carlos

Juana no deseaba el gobierno del reino y mandó llamar a su padre para que se hiciera cargo de los asuntos de Estado como regente de Castilla. Dando muestras de enajenación mental -no se cambiaba de vestido ni se aseaba e iba acompañada del féretro de su esposo- se decidió que Juana fuera encerrada en Tordesillas. Corría el mes de enero de 1509 y allí permaneció,  vestida siempre de negro y haciendo una vida retirada, hasta su muerte en 1555, casi cuarenta y siete años, prácticamente aislada. Vive custodiada por personal militar y con su hija menor Catalina.  En una oportunidad, en que la visitan sus hijos mayores Carlos y Leonor, a quienes solo  responde con monosílabas luego de doce años de no verlos, éstos sacan a su hermana de su lado para evitarle daños  y Juana tarda días en percibir la ausencia de la pequeña.  Sin embargo, empeora tanto por la tristeza de quedarse sola que sus hermanos deciden devolver a la menor a la torre, de la cual sale para ser Reina de Portugal.

En 1516 murió Fernando el Católico y su nieto Carlos se convirtió en rey aunque Juana siguió siendo la reina, y como tal aparecía en todos los documentos. De modo que doña Juana no llegó a suceder a su padre en la Corona aragonesa; pero nunca fue declarada incapaz por las Cortes castellanas. Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520), Juana era la candidata al trono de los Comuneros de castilla y su negativa a tomar las riendas del trono firmando la sanción contra su hijo echó al traste el levantamiento. El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana, tras 46 años de reclusión, cubierto su cuerpo de llagas al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Descansa, junto a su esposo, en el panteón de la Catedral de Granada.


La demencia de Dña Juana. Lorenzo Vallés
 
Según algunos estudiosos de su biografía, su enfermedad se manifestaba más allá de sus pasiones. En la esquizofrenia las ideas delirantes no aparecen aisladas (sería, entonces, una paranoia). Por el contrario, se acompañan de alteraciones de la mente y el comportamiento con un matiz de  extrañeza y de absurdidad, que es característico  y que vimos traducirse en conductas anormales y de abandono de sí misma, sus hijos y sus funciones. En algunos momentos, salía de su conducta psicótica y parecía interesarse por su reino, dando incluso órdenes que eran acatadas. Estos períodos de normalidad, lejos de descartar el diagnóstico de psicosis,  avalan la antedicha evolución por brotes de la enfermedad.

Para otras personas interesadas en su historia, Juana tenia tan sólo alteraciones de conducta, debidas a las presiones sufridas por parte de sus más allegados, padre, hijo, marido. Su marido la engañaba y además junto con su padre pretendían arrebatarle el trono con sus intrigas y su hijo la mantuvo 46 años encerrada ( no porque el diera la orden de encierro, sino por que no la sacó de él ). Quizás la reina Juana no estaba loca como los libros de historia nos han hecho creer. Así lo afirma Bethany Aram, profesora de Historia de la Universidad de Sevilla, en el libro “La reina Juana. Gobierno, piedad y dinastía” (Marcial Pons).

B. Aram sostiene que "los cimientos de la leyenda surgen de la misma Juana y de su entorno familiar". Todos los que rodeaban a Juana estaban interesados en promover esa imagen de loca. Su esposo, para compensar que ella era la heredera; su padre, Fernando, por razones de Estado, y su hijo Carlos para desacreditarla y poder reinar en los territorios que sólo le pertenecían a ella a la muerte de su madre Isabel la Católica. E, incluso, sostiene Aram, la reina quiso fomentar esta idea con el fin de proteger los derechos dinásticos de sus hijos y evitar un segundo matrimonio, ya que enviudó a los 28 años.

La historia de esta mujer seguirá teniendo sus luces y sus sombras y nunca sabremos si  con otro tipo de decisiones diferentes a las tomadas en aquellos momentos hubiera podido ser una gran reina y una gran mujer. Lo que si sabemos es que curiosamente, Juana era muy bella, a pesar de que la belleza quedó históricamente asignada a Felipe quien perduró con el seudónimo de “el Hermoso” contra el denigrante apodo de “la Loca” con que se recuerda a su esposa.


J Francisco Pradilla. La reina recluida en Tordesillas con su hija Catalina





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