miércoles, 2 de mayo de 2012

Bertha Ringer. La mujer que dio vida al automóvil.



Esposa de Karl Benz, padre del coche, se convirtió en la primera automovilista de la historia, al realizar el primer viaje de larga distancia en 1888. Mujer pionera,  contribuyó de forma decisiva al curso de la historia.  Fue ella quien a pesar de la escasa popularidad del invento de su esposo, decidió a espaldas de su marido, hacer el primer viaje en un automóvil, con un trayecto de unos 106 km (de Mannheim a Pforzheim), El viaje despertó una gran repercusión mediática y Bertha demostró que el invento de su marido podía ser realmente útil y fiable.



Bertha Ringer nació en Pforzheim, en el actual Baden-Württenberg, el 3 de mayo de 1849. En 1872 se casó con Karl Benz, con quien tuvo cinco hijos,  Eugen (1873), Richard (1874), Clara (1877), Thilde (1882), y Ellen (1890).

Siempre impulsando y apoyando a su marido, incluso antes de contraer matrimonio, ella hizo posible la compra del taller de mecánica donde Karl trabajaba cuando estaban prometidos. Dicho taller estaba en la ruina, y probablemente sin él la invención del automóvil se hubiera retrasado mucho tiempo. Para ayudar a su prometido pidió que le anticiparan su dote y esa suma le sirvió a Benz para saldar sus deudas y pagar a su socio, lo que le permitiría en adelante tomar decisiones por sí mismo. Como una mujer soltera fue capaz de hacerlo, pero mas tarde, cuando se casaron, de acuerdo con la ley en aquellos días, Bertha perdió su poder jurídico para actuar.

El 29 de enero de 1886 Karl Benz solicita la patente n° 37.435 al gobierno alemán del Benz Patent-Motorwagen” un extraño vehículo de tres ruedas y 0,6 hp de potencia que es considerado como el primer vehículo automotor de la historia y movido por «un motor de gas». El 2 de noviembre, nueve meses más tarde, le era reconocida la paternidad del automóvil.

Al principio Karl se contentaba con probar su nuevo vehículo en el patio de la fábrica y en las carreteras locales, pero los pedidos de su Patent-Motorwagen brillaban por su ausencia. Los tres vehículos motorizados construidos hasta entonces por el ingeniero no pasaban de ser vehículos experimentales que sólo habían recorrido trayectos muy cortos en las afueras de Mannheim, donde residían los Benz.

A la vista de las limitaciones de aquellas máquinas nadie se planteaba comprarlos, las finanzas de los Benz se resentían y Karl pensaba abandonar el proyecto y construir sólo los motores que él había patentado.

Pero Bertha no era mujer que se desalentase con facilidad y decidió que no se podía abandonar un invento tan prometedor. Tenía que pasar la prueba de fuego de efectuar un viaje largo y dado que nadie parecía dispuesto a intentarlo, decidió que lo haría ella misma. Y un buen día decidió demostrárselo a sí misma, a su marido, y al resto del mundo.

Así, se levantó muy temprano y despertó a dos de sus tres hijos (Richard y Eugen, de 14 y 15 años). Pero no a su marido. Dejó una nota escrita, que decía algo así como "Hemos ido a ver a la abuela", frase que el 5 de agosto de 1888 marcó el nacimiento del automóvil como medio de transporte y se dispusieron a hacer el histórico primer viaje en coche.

Se trataba de un viaje de unos 106 km, de Mannheim a Pforzheim, que obviamente no iba a ser fácil. Ella podría tener más o menos confianza en su marido y en el invento de éste. Pero sabía que el coche no iba a llegar de un tirón a su destino, y que tendría que superar más de una adversidad.

El Motorwagen era un triciclo con motor de un cilindro y una potencia de 0.88 caballos de vapor que le permitía alcanzar los 16 km. por hora en terreno llano, pero resultó que el camino entre Mannheim y Pforzheim era montañoso. El coche tenía sólo dos cambios, y varias veces tuvieron que bajarse a empujar el coche en las subidas, a veces incluso con ayuda de los perplejos lugareños. Cuesta abajo, en cambio, los frenos se desgastaban de manera alevosa, con lo que Bertha decidió cubrirlos con cuero, que hizo cambiar en varias zapaterías a lo largo de la ruta, adelantando así una de las mejoras relativas a las pastillas de freno.

Berta solventó además diversos problemas técnicos: utilizó una de sus ligas para reparar el mecanismo de encendido o su pasador de pelo para desatascar una válvula obstruida. El único consuelo fue que lograron que los pinchazos les respetasen gracias a que las dos ruedas traseras eran de madera recubierta por un aro de metal, mientras que la delantera era de caucho macizo.



Pero esa no fue la única parada que Berta y sus hijos tuvieron que hacer a lo largo de su histórico viaje, pues en los tiempos en los que el primer vehículo comenzaba su primera incursión por caminos alemanes aún no existían talleres mecánicos o gasolineras, de modo que la conductora pionera se vio obligada a improvisar. Por ejemplo, cuando el Motorwagen se quedó sin combustible tuvo que recorrer varias tiendas de químicos hasta encontrar un boticario que le vendiera ligroina y que en aquellos momentos probablemente no se dio cuenta que acaba de convertirse en el dueño de la estación de gasolina por primera vez en el mundo.

También había que ir rellenando el líquido refrigerante, el agua, que el coche consumía a razón de 150 litros cada 100 kilómetros. Por ello tenían que detenerse en todas las fuentes que encontraban en el camino, aunque en ocasiones hubieron de aprovechar los charcos de las cunetas. Cuando llegaron a Bruchsal, decidieron que era hora de reportarse a casa, y le mandaron un telegrama a Karl: "Me llevé el coche y llegamos bien a Bruchsal".

Con las últimas luces del día, Berta y sus hijos llegaron a destino en una última etapa del trayecto que debió de ser especialmente complicada, pues el coche no disponía de luces y aquellos caminos no contaban con alumbrado público. Lo primero que hizo la señora Benz fue enviar un telegrama para tranquilizar a su marido, que para entonces ya sabía que los tres viajaban en su Triciclo Modelo 3. «Llegados sanos y salvos», rezaba el lacónico mensaje.

La noticia del viaje se extendió rapidamente por todo el país y los Benz se hicieron de pronto famosos. Un par de días después regresaron a Mannheim, esta vez por una ruta más directa (en rojo en el mapa), y sin ninguno de los contratiempos del viaje de ida. En total fueron unos 180 km entre ida y vuelta.



Bertha había demostrado que el automóvil era fiable y que servía para viajar. Se fueron produciendo considerables mejoras en el modelo diseñado y el negocio familiar comenzó a recibir sus primeros pedidos. Las ventas fueron en aumento y en unos pocos años aquella empresa familiar se convirtió en el mayor fabricante mundial de turismos.

Bertha había conseguido su objetivo, demostrar al mundo que el automóvil no era un entretenimiento para excéntricos, como muchos lo veían entonces, sino un nuevo y revolucionario medio de transporte. Un invento que iba a redefinir los conceptos de tiempo y distancia, y a modificar de forma permanente los hábitos de vida de cientos de millones de personas. 

Años más tarde, Karl Benz escribiría en sus memorias: «Sólo una persona permaneció a mi lado en la nave de la vida en aquellos días en que parecía estar a punto de naufragar: mi mujer. Entera y valiente, logró izar nuevas velas de esperanza»

El 4 de abril de 1929, Karl murió en su casa de Landenburg a los 84 años a causa de una inflamación branquial, y su mujer después, continuó residiendo en esa casa hasta el día que falleció, el 5 de mayo de 1944, dos días después de cumplir 95 años. 

El 25 de febrero de 2008, las autoridades alemanas aprobaron oficialmente la " Bertha Benz Memorial Route ” como una ruta turística y de lugares históricos, un monumento de más de 190 km sobre la historia industrial alemana. En su memoria, desde 1988 se realiza cada dos años una carrera de autos históricos por la ruta que ella tomó.










Fuentes: Wikipedia; www.la.mercedes-benz.com.





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