domingo, 6 de mayo de 2012

Olimpia de Goujes.




Anticipándose dos siglos al feminismo moderno, Olimpia se pronunciará al tiempo por los derechos de las mujeres y contra la desigualdad contributiva, la explotación colonial, la descentralización del estado, la esclavitud de los negros y la pena de muerte. Su Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana marca un punto relevante en la historia de las mujeres, ya que por primera vez una mujer reclama derechos de igualdad con los hombres. Empapelará París con un panfleto: “Una vez haya rodado esta cabeza culpable (la de Luis Capeto) no nos será de ninguna utilidad”. Entre los avances con que desafía a sus contemporáneos, figura su propuesta de creación de un impuesto sobre el lujo, y la creación de un Teatro Nacional y de un Cuerpo de Guardia de Mujeres.





Nacida el 7 de mayo de 1748, su nombre verdadero era Marie Gouze, hija natural de Anne-Olimpe de Mouisset, vendedora de objetos de tocador. Su padre fue, según algunos historiadores, el poeta Lefranc de Pompignan, y de niña fue adoptada por el esposo de su madre, carnicero de la pequeña ciudad occitana de Montauban.

Contrajo matrimonio a los 17 años con un tal Aubry, hombre ya mayor con el que no fue feliz, quedando al cabo de un tiempo viuda y con un hijo, Pierre Aubry. Muy decepcionada por el matrimonio en general, que calificó de "tumba de la confianza y del amor", se negó a volver a casarse. Su marido murió dejándole unos 70.000 francos de renta, suficiente para mantenerse en Paris desde 1788, viviendo de los precarios ingresos que obtuvo como escritora. Se convierte en escritora de teatro y aventa polémicas por lo avanzado de sus temáticas. La vehemencia de Olimpia trasluce una apasionada necesidad de existir como mujer, como intelectual y como ciudadana, en la sociedad de su tiempo.

Escribió numerosas obras teatrales, además de novelas y opúsculos político-sociales, y dirigió el periódico L' Impatient. Fundó la Société populaire de femmes, célula de aquellos clubes políticos revolucionarios que, igualmente, fueron precursores del protagonismo consciente y del sentido de autoestima de las mujeres en los procesos revolucionarios. En 1788 el Journal général de France, publicó dos de sus folletos políticos, tratando uno de ellos de su proyecto de impuesto patriótico que desarrollará más tarde en su famosa “Carta al pueblo”. El segundo dibujaba un amplio programa de reformas sociales.

Entre sus obras de teatro destacan Zamore y Myrza, Lucinda y Cardenio, El matrimonio de Chérubin, El hombre generoso, El filósofo corregido y Molière en casa de Ninon, de las cuales sólo la primera, de ideología abolicionista, logró ser admitida en la Comedia Francesa, y se representó en 1789 con el título La esclavitud de los negros o el feliz naufragio. 

Durante los días de su actividad política dio al teatro tres obras más: Mirabeau en los Campos Elíseos (1791), El convento o los votos forzados (1792) y Les Vivandiers (1793). Escribió, además, El príncipe filósofo, obra en la que, en forma de cuento oriental, expone sus ideas acerca de los derechos de las mujeres, y muchos opúsculos sobre cuestiones sociales, como El espíritu, Las tres urnas y Un testamento político. 

La revolución francesa, la mas avanzada de las que la burguesía condujo, fue un gran caldo de cultivo para la acción femenina. Las mujeres se movilizaron junto a las masas y participando en los clubes políticos desarrollaron acción revolucionaria; en estas luchas organizaron una Sociedad de Mujeres Republicanas y Revolucionarias. En el desarrollo del proceso revolucionario las mujeres conquistaron la supresión del derecho de primogenitura y abolición de los privilegios de masculinidad, obtuvieron igual derecho de sucesión que los varones y consiguieron el divorcio. Su participación combatiente dio algunos frutos. Pero contenido el gran impulso revolucionario, a las mujeres se les niega el acceso a los clubes políticos, se combate su politización y se las recrimina predicando su vuelta al hogar, se les dice: Desde cuando les esta permitido a las mujeres abjurar de su sexo y hacerse hombres? La naturaleza ha dicho a la mujer: Sé mujer. Tus trabajos son el cuidado de la infancia, los detalles del hogar y las diversas inquietudes de la maternidad. 



Mas aún, con la reorganización burguesa que inicia Napoleón, con el Código Civil, la mujer casada vuelve a ser sometida a tutela, cae bajo el dominio del marido en su persona y en sus bienes; se niega la indagación de la paternidad; se quita a la casada derechos civiles, al igual que a las prostitutas; se les prohíbe el divorcio y el derecho de enajenar sus propiedades. 

En 1791 Olimpia redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en la que reivindicaba la igualdad de derechos de las mujeres. Tomando como modelo la Declaración de 1789, y aplicándolo de manera exhaustiva a las mujeres, escribió el, hasta entonces, más brillante y radical alegato en favor de las reivindicaciones femeninas. Reclamó un trato igualitario de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y privados: el derecho de voto, de ejercer cargos públicos, de hablar en público sobre asuntos políticos, de igualdad de honores públicos, de derecho a la propiedad privada, de participar en el ejército y en la educación e, incluso, de igual poder en la familia y en la Iglesia.

Denuncia la manera en que la revolución, después de aprovecharse de la participación de las mujeres en eventos como la toma de la Bastilla, busca devolverlas a sus roles domésticos y a los espacios privados olvidando incluirlas en el proyecto igualitario, por el que han luchado.

La autora concreta su idea de igualdad en el concepto de participación ciudadana, a través de la cuál mujeres y hombres pueden participar de manera conjunta en la construccion de la ley, así como en la aplicacion indiscriminada de sus mandatos. Considera la democracia como el medio para lograr la igualdad de oportunidades para el acceso facultar de las mujeres a los espacios de poder público. La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben concurrir ya sea personalmente o por medio de sus representantes, a la formación de dicha ley. Esta debe ser la misma para todos, todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales ante los ojos de la ley, deben ser admitidos por igual a cualquier dignidad, puesto o empleo público, según sus capacidades y sin otras distinciones que las derivadas de sus virtudes y sus talentos.



Reivindica derechos políticos como el derecho al voto y el reconocimiento de derechos y libertades fundamentales, legitimando el derecho de las mujeres a bienes sociales como la educación y la propiedad, derechos que son retomados un año después por Mary Wolstonekraft en Inglaterra para fundamentar su Vindicación de los derechos de la mujer. La declaración, redactada por Olimpia, fue presentada a la Asamblea Nacional Francesa sin lograr el impacto requerido. Las revolucionarias francesas protestaron enviando cartas a la Asamblea, pero estas también fueron ignoradas. La igualdad de la revolución francesa era un contrato social suscrito únicamente entre los hombres. Y los clubes jacobinos ni siquiera permitieron la entrada a las mujeres. Allí, sólo ellos decidían los destinos de la nueva República.

Prolífica escritora política, se manifestó claramente contra la represión jacobina y contra Robespierre y Marat. Publicó la carta Pronostic de Monsieur Robespierre pour un animal amphibie, por la que fue acusada de intrigas sediciosas.

Encarcelada en 1793, a la intelectual francesa se le reprimía no sólo por sus opiniones y acciones políticas en la compleja madeja entre girondinos y jacobinos que protagonizó aquel período, sino y sobre todo, por haber sido una transgresora, desde la propia escritura de obras como La esclavitud de los negros y la mencionada Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.

Cuentan que enferma por culpa de una herida que se había infectado, fue transferida a una pensión burguesa donde se recluía a algunos de los detenidos enfermos y reclamó sin descanso que se la juzgara para poder defenderse de las acusaciones que pesaban sobre ella. El 2 de noviembre de 1793, después de que fueran ejecutados sus amigos girondinos, fue llevada ante el tribunal revolucionario donde se defendió con valor e inteligencia en un juicio sumario que la condenó a muerte por haber defendido los principios girondinos. Olimpia acusada de sediciosa y monárquica fue condenada a morir en la guillotina. 

 Madame Roland. Adélaïde Labille-Guiard
Su ejecución fue un revés a su expresión de que “si la mujer tiene el derecho de ser llevada al cadalso, y del mismo modo, el derecho a subir a la Tribuna”, pues si bien nuestra heroína fue ejecutada en el patíbulo,  el 3 de noviembre de 1793, el derecho de las mujeres francesas a la ciudadanía no fue realidad hasta 1944, ciento cincuenta años después de su Declaración. 

Olimpia de Gouges, quien sólo viviría 45 años, sembró la semilla de una revolución en el terreno de las ideas y de la sociedad, que no sólo en Francia sino en muchos países, serviría de aliento y de bandera para las sufragistas.

Pocos días después de su muerte, el 8 de noviembre es ejecutada otra gran mujer de la revolución Madame Roland, mujer culta y gran admiradora de Rousseau. A Madame Roland se atribuye la frase que pronunció al pasar delante de la estatua de la libertad cuando era conducida al cadalso: 


"Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre"..

En 1793, después de su muerte, se prohibía toda clase de actividad pública y participación política. Así, la mujer debía retornar al hogar, refugiarse en la maternidad y someterse a los dictámenes del hombre, incluso tales ideas, en un proceso de involución, serían refrendadas, años más tarde (1804), por el Código Civil Napoleónico, gracias al cual la mujer casada volvía a ser sometida a la tutela del esposo, en cuanto a su persona y a sus bienes, se le prohibiría el divorcio y se le negarían todos sus derechos civiles.

Su nombre apenas aparece en los libros de historia de la Revolución Francesa. En vida, Olimpia tuvo que enfrentarse con la misoginia habitual de la época, y fue desacreditada por la incomprensión de sus ideas por parte de muchos de sus contemporáneos. Su obra cayó en el olvido, mientras el desconocimiento y mala interpretación de sus escritos contribuyó a convertirla en objeto de desprecio y burla a lo largo del siglo XIX, donde gran parte de la intelectualidad francesa rechazaba frontalmente la idea de que una mujer hubiera sido ideóloga revolucionaria. Así se dice de Olimpía que: “fluctuaba de un partido a otro, según su sensibilidad y las oleadas de su corazón”, o “es fácil admirarse de las peligrosas extravagancias de Olimpia”, "Ella se permitió a sí misma actuar y escribir acerca de más que un asunto que su débil cabeza no entendía."


En otros escritos se trata de minimizar la trascendencia de sus aportes por su origen provincial: Olimpia de Gouges, mujer campesina y analfabeta que emigró a París y se convirtió en escritora... La descalificación es reiterada como mecanismo de sanción a su legado, encontrándose expresiones tales como: pobremente educada, su gramática, ortografía y caligrafía dejaban mucho que desear y sus escritos tendían a ser demasiado prolijos y ampuloso. Muy similar a la anterior: Escasamente educada, su gramática, ortografía y escritura no brillaron por su calidad y sus escritos tendieron a la verborrea y a la desorientación. Y en el mismo tono encontramos: Al parecer, y debido a su instrucción deficitaria, no escribía demasiado bien, es decir, ni literaria ni gramaticalmente, pero de lo que no cabe ninguna duda, es del sincero apasionamiento que ponía en sus palabras, su entusiasmo y su convicción.

No escatiman sarcasmo para hacer demerito de su obra: no fue una autora de éxito, aunque intentó encarecidamente de llegar a serlo. Y al no lograr con sus criticar opacar su obra, se dedican a señalar su conducta calificando de treta o astucia su reivindicación del linaje paterno, sobre la base de que en esa época: la mujer no era considerada nadie si no tenía un padre, un marido o un amante que la protegiera, o sea que ella no hizo más que procurarse lo que necesitaba.

Su novela autobiográfica, “Memoria de Madame de Valmont contra la familia de Flaucourt”, al igual que la mayor parte de sus escritos, ni siquiera ha sido traducidas y mucho menos reeditadas en español. En los libros de historia continua agrandándose de tal manera la figura de los grandes hombres que ocultan la participación de las mujeres que tomaron parte en la Revolución francesa.

De hecho, en las consultas que he realizado para la elaboración de esta entrada he encontrado acontecimientos, valoraciones y hechos atribuidos a Olimpia claramente contradictorios por lo que, la lectura de esta pagina ha de hacerse partiendo de posibles errores y confusiones en alguno de los datos por mi incluidos y que no me ha sido posible contrastar ni evidenciar de manera rigurosa.




Pese a la sanción que su obra generó en los sectores poderosos, el nombre de Olimpia de Gouges, así como sus palabras, continúan resonando en la historia de las mujeres y continúan siendo referente para la vindicación de los derechos de las mujeres desde diferentes movimientos feministas. Más de doscientos años después su Declaración continua siendo una propuesta vigente, porque los postulados de su Declaración escrita en 1791 siguen representando retos para las mujeres del siglo XXI.

Su declaración marca un punto relevante en la historia de las mujeres, ya que por primera vez una mujer reclama derechos de igualdad con los hombres. Olimpìa no se dio por vencida, no perdió su voz ni su gesto contestatario. No perdió su sentido de la justicia, ya que se atrevió a pronunciarse contra la pena de muerte, contra el terrorismo de Estado. Y publico sus ideas con toda la convicción de una mujer que ha visto más allá de sí misma, que ha sido capaz de cuestionar el mundo en el que vive y sobre todo que está dispuesta a transformarlo.




Mujer, despierta; el arrebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación.




Fuentes: biografiasyvidas.com; mujeresenred;mujeresprogresistas.org; Guisela López

2 comentarios:

HYPATIA dijo...

Para quienes esteis interesados en su vida y obras me recomiendan el libro Olimpia o la pasión de existir cuya edición hizo Margarita Borja .Asi como la biografía sobre Olimpia y la edición sobre sus Escritos Políticos prologada por Oliva Blanco.

Hipatia dijo...

Hola, felicidades por el blog!! Tengo muchas ganas de leer "El príncipe filósofo".
Un saludo