martes, 6 de noviembre de 2012

Marie Curie. La estudiante silenciosa


Manya Salomea Skłodowska-Curie, (Marie Curie). Química y física polaca, posteriormente nacionalizada francesa. Pionera en el campo de la radioactividad, fue la primera persona en recibir dos premios Nobel y la primera mujer en ser profesora en la Universidad de París.






Manya Sklodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, en una familia de cinco hermanos (cuatro chicas y un chico, Sophie, Hela, Bronya, Marja y Joseph). Sus padres se dedicaban exclusivamente a la docencia. Por una parte, su padre, Ladislas Sklodowska, era profesor de secundaria de Física y Matemáticas y su madre, Bronislawa Boguska, era la Directora de un colegio de señoritas. Un entorno que posibilitó que Marie despertara muy pronto sus aficiones. Con tan solo 4 años ya leía perfectamente. Su infancia estuvo marcada por la rusificación de Polonia por lo que su padre perdió el puesto en el instituto de secundaria y para paliar el defecto de sueldo, se les ocurrió la idea de alojar a muchachos en edad escolar como huéspedes, donde aprovechaba para darles clases particulares sobre física y matemáticas. 

Los primeros años de la vida de Marie Curie estuvieron marcados por un hecho muy duro: la dura muerte de su hermana Zofia, a causa de la enfermedad del tifus. Y, tan sólo dos años después, su madre falleció por culpa de la tuberculosis. Todo esto hizo que Marie diera el paso de dejar la religión católica romana y decidiera volverse agnóstica. Una de sus grandes pasiones, desde muy pequeña, era la lectura (con tan sólo cuatro años de edad, ya era capaz de leer, de manera perfecta), le encantaba todo lo que tratase la historia natural y la física. En Secundaria era la mejor estudiante de su clase y lograba influir en sus propias compañeras, gracias a su pasión por el trabajo. La joven dominaba el polaco, el ruso, el francés y el alemán. En 1883, finalizó sus estudios de bachillerato siendo la primera de la clase y otorgándole una medalla de oro. 

Con su padre y herman
Ese mismo año sufre una depresión nerviosa, quizá debida a la fatiga o la ansiedad que le provocaban los problemas económicos de la familia, que le llevan a apartarse de todo. 

Decide alejarse de todo y marcharse al campo, a casa de unos primos, donde permanece prácticamente un año, para volver al hogar, en 1884, donde comienza a dar clases particulares en su domicilio a la vez que se implica en una organización estudiantil revolucionaria que funcionaba al margen del sistema educativo ruso y cuyos fundadores estaban inspirados en las enseñanzas del positivismo de Augusto Comte. Dicha organización se hacía llamar "Universidad Flotante" porque cambiaban a menudo de ubicación para no ser descubiertos. A pesar de que cualquier título obtenido por esta universidad clandestina no valdría para nada en su currículum, a Marie le sirvió para obtener un punto de vista progresista y una introducción a los nuevos desarrollos en materia de ciencias. 

Puesto que la crisis económica de la familia no cesaba, decide probar como institutriz y con 19 años, en 1886, comienza a trabajar en la casa de los Zorawski, una familia que residía en Szczuki, al norte de Varsovia. Aprovechando la zona en calma en que se encontraba, y que contaba con el apoyo de la familia Zorawski, Marie organizó una escuela para hijos de obreros y campesinos, a los que daba clases en sus horas libres.

En 1889 tras terminar su contrato con la familia Zorawski, vuelve a Varsovia. Allí retoma el contacto con la universidad que seguía la rama del positivismo y encuentra trabajo como institutriz. Aprovecha esta temporada para pedir por correo un curso de matemáticas avanzadas, que le reafirmó en su fuero interno de que su objetivo se hallaba en la ciencia. Un primo suyo, que había sido ayudante de Mendeléiev, le proporcionó la oportunidad de completar sus conocimientos de química en un pequeño laboratorio y le puso en contacto con otros investigadores que habían conocido a los grandes científicos europeos de la época.

En marzo de 1890 su hermana Bronia, por entonces estudiante de medicina en París, la instó a reunirse con ella; el trabajo de Manya había contribuido a financiar la carrera de Bronia y entre las dos existía un pacto de reciprocidad. Pero rehusó, cayendo en uno de sus períodos de melancolía. Año y medio más tarde Bronia reiteró la oferta; como los problemas económicos de la familia se habían atenuado lo suficiente como para permitirle disponer de unos ahorros, Manya decidió finalmente aceptar. En otoño de 1891 se instaló en París, donde se inscribe en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales de la Universidad de la Sorbona. A partir de ese momento, pasó a llamarse Marie Sklodowska. A pesar de tener una sólida base cultural adquirida de forma autodidacta, Marie tuvo que esforzarse para mejorar sus conocimientos de francés, matemáticas y física, para estar al nivel de sus compañeros. De ella decían que siempre se sentaba en la primera fila de la clase y que, con carácter ausente, caminaba por los pasillos vestida de forma muy austera. Los jóvenes destacaban su melena de color rubio cenizo y solían fijarse en ella (la denominaban "la estudiante silenciosa"), pero no esto no era recíproco. A Marie solo le interesaba aprender. No tenía amigos. Consideraba perdido cualquier minuto que no dedicara a los libros.

En 1893 consigue la licenciatura de Física y obtiene el primer puesto de su promoción; en 1894 también se licencia en Matemáticas, siendo la segunda de su promoción. Para financiarse sus estudios de matemáticas, aceptó una beca de la Fundación Alexandrowitch, que le fue otorgada gracias a una conocida llamada Jadwiga Dydyńska. El dinero de la beca (600 rublos) fue restituido por Marie más tarde. 

Sus estrecheces económicas también continuaban en París, donde alquiló un ático en el Barrio Latino. Allí, vivía con 40 rublos al mes, así que nunca gastaba carbón para calentarse y se pasaba horas y horas estudiando y escribiendo tiritando de frío. Como su asignación mensual era bastante escasa, Marie pasó hambre. Su dieta habitual consistía en un poco de pan con mantequilla y té, con o que, tras una temporada con esta "dieta obligada", Marie se desmayaba con frecuencia, se mareaba...

En 1894, coincidió con el científico francés Pierre Curie, de 35 años,  que al igual que ella, daba su vida por la investigación. El 26 de julio de 1895 Pierre y Marie se casaron en una discreta boda que ni siquiera se formalizó con ceremonia religiosa (no hubo anillos, ni vestido blanco; de hecho, el vestido de novia fue de color azul y oscuro y le acompañó durante años como prenda de laboratorio) y su única "aventura" de recien casados fue comprarse un par de bicicletas y hacer con ellas un pequeño viaje por Francia, tras el cual se establecen en un apartamento de la calle Glacière. Su pequeño piso, exento de decoración, estaba rodeado de estanterías llenas de libros de física y química acompañadas de una gran mesa de madera y dos sillas como único mobiliario. 

Aunque Pierre había hecho importantes investigaciones científicas en más de un campo en los últimos 15 años, nunca había terminado el doctorado. Marie le animó a que así lo hiciera y en 1895 obtuvo el doctorado y un puesto de profesor en la escuela municipal de Física parisina. Marie siguió también con sus investigaciones. Después de la presentación de los resultados de su investigación a la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional en el verano de 1897, utilizó parte de su pago para devolver el dinero de la beca que había recibido cuatro años antes.  En septiembre de 1897 nacería su primera hija, Irene, cuyo parto fue atendido por el padre de Pierre. Solo unas semanas después del nacimiento de Irene, el padre de Pierre perdió a su esposa a causa de un cáncer de mama, y éste se mudó a la casa de Pierre, Marie y la pequeña Irene. Esto fue un apoyo para el matrimonio que consiguió una persona a la que poder dejar a su pequeña y continuar con sus investigaciones. Fruto de esta relación, abuelo y nieta forjaron un vínculo muy estrecho.





En 1897, publicó una importante monografía acerca de la imantación del acero templado. Tras leer una publicación del sabio francés Antoine Henri Becquerel, quien había descubierto que las sales de uranio emitían espontáneamente, sin exposición a la luz, ciertos rayos de naturaleza desconocida, decidió que investigaría sobre estos temas. Así pues, se puso a comprobar la radiactividad de las diversas muestras de la colección de minerales de la Escuela Municipal de Física y Química. Estas muestras se hallaban en el sótano de la escuela de Física que hacía las veces de depósito y sala de máquinas (así que la investigación no solo fue complicada por la humedad y temperatura de la estancia, sino también porque Marie también vio afectada su salud). De cualquier forma, constató que esa radiación era más fuerte de lo que podía preveerse. Repitió una y otra vez el experimento para llegar a resultados concluyentes. Su hipótesis era que existía una justificación para esta rara radiación, una sustancia desconocida mucho más radiactiva que el torio y el uranio. Marie Curie fue la primera en utilizar el término 'radiactivo' para describir los elementos que emiten radiaciones cuando se descomponen sus núcleos Y así es como ella y su marido, al que le atraía sobremanera esta investigación, se lanzaron a la búsqueda y captura del elemento desconocido. Al ir limitando el campo de su investigación se dieron cuenta de la existencia de dos elementos nuevos en vez de uno Y así es como Marie Curie descubrió los dos nuevos elementos de la tabla periódica: el polonio y el radio.

En julio de 1898 el matrimonio Curie hacía público el descubrimiento del elemento Polonio en recuerdo de la amada Polonia de Marie. En diciembre de ese mismo año anunciarían el segundo nuevo elemento químico descubierto, el Radio, al que pusieron ese nombre debido a su enorme radiactividad.

En 1900 Pierre  es nombrado para una cátedra de física en la Universidad de la Sorbona; Marie, por su parte, ocupó una plaza de profesora de física en la École Normale Supérieure de Sèvres; sin embargo, su actividad docente les robaba tiempo para sus investigaciones experimentales. Las condiciones tan precarias en las que tenían que investigar (lo hacían en una barraca abandonada que ni siquiera tenía suelo y con toneladas de residuos radiactivos que les facilitó el gobierno austríaco), suponían un esfuerzo físico agotador.

"A pesar de todo - escribiría Marie, tiempo después -, en aquella miserable barraca pasamos los mejores y más felices años de nuestra vida, consagrados al trabajo. A veces me pasaba todo el día batiendo una masa en ebullición con un agitador de hierro casi tan grande como yo misma. Al llegar la noche estaba rendida de fatiga."



En estas condiciones trabajó el matrimonio Curie desde 1898 a 1902. Vestida con su vieja bata, donde el polvo y las salpicaduras de los ácidos marcaban claras huellas, suelto al viento el cabello y en medio de vapores que le atormentaban por igual ojos y garganta, trabajaba Marie, hasta que, finalmente, en 1902, a los cuarenta y cinco meses de haber anunciado los esposos Curie la probable existencia del radio, Marie obtuvo la victoria: había logrado, al fin, preparar un decigramo de radio puro, y había determinado el peso atómico del nuevo elemento. A partir de aquel momento el radio existía oficialmente y tras ese paso, la comunidad científica se rindió ante ellos aceptando también al Radio como nuevo elemento químico.

Una vez descubiertos todos los pormenores del elemento Radio, sus caminos a tomar eran dos: el primero, patentar la técnica de obtención del radio, proclarmarse inventores del elemento y obtener los derechos de la fabricación del radio en todo el mundo, y el segundo, liberar absolutamente toda la información de que disponían a la comunidad científica, no patentar nada, ni quedarse con nada. Ofrecer su descubrimiento a la ciencia. Y esto fue lo que hicieron. Ambos consideraban que patentar la idea iría en contra del espíritu científico, así que decidieron compartirlo.

El 25 de junio de 1903 Marie publicó su tesis doctoral, titulada "Investigaciones sobre las sustancias radiactivas". Defendió su tesis ante un tribunal presidido por el físico Gabriel Lippmann. Obtuvo el doctorado y recibió mención cum laude. Su primer reconocimiento científico llegaría en noviembre de 1903, cuando el Real Instituto de Inglaterra confirió a Pierre y a Marie una de sus más distinguidas condecoraciones: la Medalla de Davy. Tras esto llegaría, ese mismo año, el Premio Nobel de Física que compartieron con Henri Becquerel.

Eso sí, en cuanto al Nobel, se señala que Marie no fue inicialmente nominada al premio. Después de una ardua clasificación de candidatos, los nominados fueron Henri Becquerel y  Pierre Curie (en ningún momento nombraron a Marie). Si no hubiese sido por la intervención de un miembro del Comité, Magnus Goesta Mittag-Leffler, a Marie nunca le habrían reconocido su mérito y su trabajo. Pierre se negó a estar nominado para el premio sino era junto a ella y más tarde, se conocería que ambos habían sido incluidos como candidatos. Así las cosas, en diciembre de 1903 Becquerel y los Curie compartirían el Premio Nobel de Física.

A pesar de haber rechazado patentar el descubrimiento, los premios que recibieron conllevaban una cuantía económica (por el premio Nobel recibieron 15.000 dólares), dinero que trajo algunos cambios positivos a sus vidas. Hicieron regalos a toda la familia e hicieron donaciones a varias sociedades científicas. Como novedad, se permitieron el "lujo" de instalar un baño moderno en su casa. Aparte de esto, a Pierre le concedieron la cátedra de Física en la Sorbona, aumentando también así su sueldo mensual.

Acostumbrados a estar trabajando en silencio, a solas y en el más absoluto anonimato, los Curie no lograban acostumbrarse a estar rodeados de fotógrafos y periodistas que querían saber más cosas sobre este matrimonio "Nobel", y ello provocó una caída en sus publicaciones científicas habituales. Estaban agotados por tanta fama. Los medios les perseguían tanto en el trabajo como en casa. Su privacidad había terminado.




Ese mismo año, se volvió a quedar embarazada y tuvo a su segunda hija, a la que bautizaron con el nombre de Eva. Tras un breve tiempo de recuperación post-parto, Marie reanudó sus compromisos profesionales, sus clases y su investigación. Estaban tan inmersos en sus investigaciones científicas y sus compromisos con la enseñanza, que a menudo se olvidaban de comer e incluso de dormir. La salud de Pierre se tornaba oscura por momentos y en muchas ocasiones tuvo que permanecer en cama con fuertes dolores en las piernas.

El 19 abril de 1906, cuando Pierre se encontraba de vuelta a casa en un día oscuro y lluvioso, con poca visibilidad, un enorme carruaje tirado por caballos que portaba uniformes militares, le pasó por encima y acabó con su vida. Murió en el acto y el gobierno francés acordó pasarle una pensión económica a Marie y sus hijas, pero ésta la rechazó. Decía que aún era joven y fuerte para mantener a su familia. De hecho, tras el funeral de Pierre, Marie volvió al trabajo inmediatamente. Poco tiempo después se mudó con sus hijas a Sceaux, el barrio donde había vivido la familia de Pierre. Al mes siguiente, el 13 de mayo de 1906, Marie heredaría la cátedra de Física en la Sorbona de su marido, convirtiéndose así en la primer mujer en Francia en conseguir una cátedra.

Durante los siguientes años Marie se haría más y más conocida, y no paraban de concederle premios. En todas partes le otorgaron medallas, títulos y grados honoríficos. En 1910 publicó el Tratado sobre la radiactividad y en 1911 preparó un patrón internacional del radio que depositó en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de París. Poco después recibió el Premio Nobel de Química en el año 1911 por el descubrimiento del polonio y el radio. En su discurso reconoció el papel que Pierre había desempeñado en su trabajo para conseguir lograr su objetivo.



Sufrió una depresión severa y graves problemas renales, así que pasó la mayor parte de enero de 1912 en una clínica privada, registrada bajo un nombre falso para que no la molestaran. En octubre de 1912 regresó a Francia,  a un apartamento de París, donde viviría el resto de su vida.

En la mayoría de países europeos se empezaron a crear institutos del radio, ante su plausible utilidad en la curación del cáncer. La propia Marie Curie aceptó la dirección honoraria del que se inauguró en Varsovia en 1913; en julio del siguiente año se terminó en París la construcción de un laboratorio consagrado al estudio de la radiactividad, el Instituto del Radio, por un acuerdo entre el Instituto Pasteur y la Sorbona, con una sección dedicada a la investigación médica y otra reservada a la física y la química, dirigida por Marie Curie.

Durante la Primera Guerra Mundial creó, con la ayuda de donativos privados, un equipo de expertos en técnicas radiográficas y, con la colaboración de su hija Irene, puso en funcionamiento más de doscientos vehículos radiológicos  ("Petite Curie") ; madre e hija se desplazaron hasta el frente para enseñar a los médicos los nuevos métodos y técnicas de la radiología y haciendo caso omiso a los peligros de la sobreexposición de rayos X, ambas apenas se protegieron de la radiación quienes indudablemente ayudaron a salvar innumerables vidas de soldados.

En 1920 Curie y varios de sus colegas científicos crearon la Fundación Curie, cuya misión era la de proporcionar las bases científicas y las divisiones médicas del Instituto del Radio de los recursos adecuados. Durante las próximas dos décadas la Fundación Curie se convirtió en una importante fuerza internacional en el tratamiento del cáncer. El eje central de su vida ya no era la investigación sino la dirección del Instituto Curie pero en 1921 comienza su declive en términos de salud. Le detectaron cataratas, y la sospecha de que las emanaciones de radio podían producir algo más que quemaduras o llagas en las manos empezó a tomar cuerpo. Algunos días se encontraba demasiado enferma para ir al laboratorio. En esos días trabajaba en su casa en el manuscrito de su libro "La radiactividad", que se publicaría póstumamente en 1935.

En 1922 fue invitada a formar parte de la Comisión para la Cooperación Intelectual creada por la Sociedad de Naciones, de la que ocupó la vicepresidencia. En 1925 su hija Irene contrajo matrimonio con el físico francés Frédéric Joliot; ambos descubrieron en enero de 1934 la radiactividad artificial, descubrimiento por el que recibirían en 1935 el Premio Nobel de química, el tercero de los merecidos por la familia. 

 


Pocos meses después del descubrimiento, la salud de Marie Curie se deterioró definitivamente. Creyendo que se trataba de una inflamación de antiguas lesiones tuberculosas, fue conducida a un sanatorio en Sancellemoz; allí se le diagnosticó una anemia perniciosa, y falleció el 4 de julio de 1934. Su hija Irene murió asimismo de leucemia en 1956; su marido reconoció que la muerte era consecuencia de la radiación, aunque sostuvo que la afección hepática que le costaría a él mismo la vida dos años más tarde no tenía nada que ver con la radiactividad.

Marie fué enterrada junto a su marido, Pierre Curie, hasta que 60 años más tarde, los restos de ambos fueron reenterrados en el Panteón principal del mausoleo nacional de Francia, en París.

El gran compromiso de Marie con la labor científica le valió el respeto de la comunidad internacional. Era admirada por su absoluta brillantez y su carácter tranquilo y juicioso. Tanto ella como Pierre siempre hicieron públicos sus descubrimientos a la comunidad internacional, sin buscar otro rédito que el desarrollo de la ciencia. Cuando, durante la Primera Guerra Mundial, Marie recorrió los hospitales de campaña para ayudar a los cirujanos con las nuevas técnicas radiológicas (gracias a los rayos X podían descubrirse balas y fragmentos de metralla ocultos en los heridos), su ayuda inestimable hizo que se la empezase a llamar "Suprema Bienhechora de la Humanidad". Marie siempre rechazó estas manifestaciones, que consideraba inmerecidas: seguía siendo tan modesta y discreta como cuando sólo era una joven estudiante polaca en la Sorbona. 



Einstein, que la conoció una vez terminada la guerra y mantuvo con ella una fructífera relación científica, afirmó: "Madame Curie es, de todos los personajes célebres, el único al que la gloria no ha corrompido".





Fuentes:. Laflecha.net; Wikipedia.

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