sábado, 29 de noviembre de 2014

Emperatriz Cixi. La pequeña orquidea




Cuando la China imperial llegaba a su fin, una mujer ejerció el poder con ambición y determinación. La emperatriz Cixi, la última de la dinastía manchú, no dudó en eliminar de su camino a todo aquel que le hiciera sombra, dentro de la Ciudad Prohibida y fuera de ella, pues puso en jaque a Japón y a las potencias occidentales




Yehonala nació en Canton  el  29 de noviembre de 1835, su nombre familiar era el de Yehe Nara. Pertenecía a un clan de alto linaje de origen manchú. Según algunos escritos, su padre era miembro de la Guardia Imperial que se encargaba de custodiar el Palacio Imperial de la Ciudad Prohibida. Cuando era una adolescente, Cixi se enamoró de un comandante de la guarnición manchú de Pekín llamado Jung Lu, con el que planeó casarse. Pero su belleza hizo que fuese elegida como una de las concubinas del emperador Hsien Feng, por los que se trasladó a vivir a la Ciudad Prohibida.

Durante mucho tiempo, Yehonala pasó totalmente desapercibida entre las muchas concubinas que poblaban la Ciudad Prohibida, hasta que el emperador se fijó en ella. El 27 de abril de 1856 daba a luz un niño, Tongzhi, que se convertía en el primero en la línea sucesoria, pues la emperatriz titular, Ci’an no había conseguido darle un heredero al emperador. 

Ascendió entonces a la categoría de Consorte Imperial de Primera Clase con el título de I-fei. A pesar de ello no se ganó el afecto del emperador, ya que este consideraba como su concubina favorita a Li fei, quien misteriosamente desapareció cuando Cixi alcanzó la regencia.

Yehonala fue labrando una red de influencias y empezó a ejercer el poder en la sombra, un poder que mantendría en sus manos durante más de 40 años. En 1860 se declaraba la Segunda Guerra del Opio, en la que Inglaterra, ayudada por Francia, iniciaba por segunda vez un conflicto armado contra China para hacerse con el lucrativo comercio del opio. Ante la amenaza de los ejércitos occidentales que llegaron hasta las puertas de la Ciudad Prohibida, la familia imperial huyó para refugiarse en la residencia de caza de Yehol.

Agotado y afectado por el consumo de opio, el emperador moría el 22 de agosto de 1861. Yehonala tomó entonces el nombre de Cixi  que significaba “bondadosa y virtuosa”. Los asuntos de estado pasaron a ser ejercidos por un Consejo de Regencia, formado por ocho miembros de la corte. Pocos meses después Cixi y la concubina de mayor edad del fallecido emperador, Tzu An, fueron nombradas regentes y asumieron el control total del poder. Contaron con la fuerte oposición de un influyente grupo de nobles y consejeros imperiales. Sin embargo, las dos mujeres contaron con el apoyo de la Guardia Imperial, quienes veían con buenos ojos que el poder fuera ejercido por la hija de unos de sus oficiales.




El gobierno de estas dos mujeres hizo que China viviera un período de revitalización económica, cultural y política. Armaron al ejército al estilo occidental, crearon un servicio de Asuntos Exteriores, fundaron escuelas de idiomas y el comercio comenzó a ser gestionado por expertos extranjeros. Aunque el emperador era solo un niño, las dos emperatrices no podían ejercer el gobierno abiertamente, por lo que hicieron construir una pantalla de bambú tras el trono. Cuando los funcionarios gubernamentales daban sus informes al joven emperador, Cixi se colocaba detrás de la pantalla y decía a su hijo lo que debía decir. Durante el gobierno de las dos regentes la influencia occidental fue en aumento en China, aunque su carácter conservador hizo que se opusieran a la implantación de inventos occidentales como el telégrafo y el ferrocarril.

Tzu An y Cixi entregaron en 1873 el poder a Tongzhi cuando éste alcanzó los dieciséis años de edad y contrajo matrimonio. Se casó con Alute, la hija de un noble manchú, que de esta forma pretendía seguir influyendo sobre Tongzhi. Para evitar la pérdida de influencia sobre su hijo, le conminó a que no tomase concubinas. Aunque la regencia había finalizado oficialmente la madre del emperador siguió llevando en la oscuridad las riendas del gobierno. Los miembros de las legaciones diplomáticas extranjeras eran conscientes de que detrás de todas las decisiones del emperador se encontraba la mano de Cixi. Dos años después se produjo la muerte del Tongzhi. La causa oficial fue la viruela, aunque pronto surgieron rumores de que la muerte fue causada por su madre. Poco después, su esposa Alute se suicidó tomando veneno, por lo que se comenzó a especular si fue incitada por su suegra, quien la podía ver como una rival para mantener el control sobre el poder.

Las dos emperatrices volvían entonces a asumir la regencia durante 7 años, hasta la muerte de la emperatriz Ci’an.

Cixi gobernaría entonces en solitario. La antigua concubina, consciente de la falta de un heredero directo, pues a pesar de que su hijo Tongzi se había casado no había tenido descendencia, escogió a su sobrino, un niño de 3 años, como el próximo emperador. El pequeño Guangxu creció al lado de su tía hasta que cumplió la mayoría de edad y asumió el poder.  Un poder relativo pues, igual que el anterior emperador, Guangxu fue una marioneta en manos de la emperatriz Cixi.

La estricta educación confucionista de Guangxu hizo que éste se mostrara incapaz de oponerse a su tía. La corrupción en el gobierno de Cixi fue en aumento, lo que incrementó el malestar hacia la figura de la regente en las filas de los sectores más progresistas de China. Su imagen se vio seriamente deteriorada tras una derrota naval infringida por la armada de Japón, causada principalmente al desvió de fondos destinados al mantenimiento de la flota china para su uso personal. Comenzó a surgir un movimiento opositor que pedía la inmediata aplicación de profundas reformas en el gobierno. Entregó el poder a Guangxu en 1898, cuando este alcanzó la mayoría de edad. Obligó a su hijo a contraer matrimonio con una sobrina suya, a través de la cual trataba de continuar influyendo en la política de su hijo. Cixi oficialmente abandonó cualquier tarea de gobierno y se retiró a vivir al palacio de verano que se había hecho construir al noroeste de Pekín.


Comenzaron a surgir rumores de que el emperador era inocente e incompetente, y que era visitado frecuentemente por su madre para darle consejos. Sin embargo el emperador se acercó a los elementos progresistas, que pedían la modernización de China y tomó una serie de medidas liberales en la enseñanza, la hacienda y el ejército, que molestaron a Cixi y su círculo de colaboradores conservadores. La antigua regente con la ayuda del ejército dio un golpe de Estado y recuperó el poder. Anuló todas las reformas emprendidas por el emperador, al que confinó en la Ciudad Prohibida aislado del resto de la corte, aunque la dejó seguir gobernando como mera figura decorativa. El emperador tan solo abandonaba su encierro para realizar ciertas apariciones públicas con motivo de algunas celebraciones públicas. Los principales líderes reformistas fueron ejecutados u obligados a exiliarse.

En aquellos años la emperatriz Cixi hizo prevalecer sus ideas conservadoras y antioccidentales. Con la intención de preservar la dinastía y la tradición, la emperatriz no dudó incluso en aliarse con los bóxers durante su rebelión. La guerra de los bóxers duró dos años aproximadamente, entre 1899 y 1901. En este tiempo, las fuerzas conservadoras e inmovilistas chinas intentaron frenar las influencias japonesas y occidentales. En los levantamientos, miles de extranjeros, progresistas y cristianos fueron asesinados.

La emperatriz Cixi tuvo que asumir la derrota de los bóxers y aceptar las condiciones de paz dictadas por Japón y las potencias occidentales, un tratado de paz humillante, conocido como la Paz de Pekín, y en el que se concedían importantes privilegios comerciales a las potencias extranjeras. Muchos miembros de la corte imperial se exiliaron y otros fueron ejecutados u obligados a suicidarse.

A su regreso del exilio en 1902 emprendió una serie de reformas que retomaban los planes reformistas de Guangxu que ella misma había paralizado en 1898, aunque siguió sin dejar participar al emperador en las albores de gobierno. Comenzó a construir líneas de ferrocarril, estableció escuelas modernas y otras innovaciones occidentales. Declaró ilegal el opio, y prohibió que fuera fumado bajo pena de decapitación. Acabó con los privilegios de los manchúes y permitió a población de origen chino establecerse en Manchuria.

Prometió la elaboración de una Constitución y el establecimiento de un gobierno representativo. Aquejada de una apoplejía ordenó el envenenamiento del emperador el 14 de noviembre de 1908.

Un día después Cixi falleció, no sin antes haber nombrado como sucesor a su sobrino Puyi, que contaba con tres años de edad, y que se convertiría en el último emperador de China. La ultima emperatriz de China fue enterrada cubierta de joyas.



FUENTE: Texto extraído de www.mcnbiografias.com"; mujeresenlahistoria.com

sábado, 15 de noviembre de 2014

Maria II de Portugal, la educadora.




María II de Portugal, apodada como “la Educadora” fue soberana del país luso entre 1826 y 1828 y entre 1833 y 1853. Entre los logros de su reinado figuran la aparición de la enseñanza gratuita, los primeros liceos, las facultades de medicina de Lisboa y Oporto, las escuelas industriales y agrícolas, así como la adopción del sistema decimal.
 




Nace en el palacio de San Cristóbal (Río de Janeiro), el 4 de abril de 1819. Hija de Pedro I de Brasil y IV de Portugal y de la archiduquesa Leopoldina de Austria. Fue bautizada a los pocos días de nacer y se le impusieron los nombres de María da Gloria Juana Carlota Leopoldina de la Cruz Francisca Javier de Paula Isidora Micaela Rafaela. Así tras su presentación oficial recibió de manos de su padre el título de princesa de Oráo-Pará.

Pero la joven princesa a pesar de que creció rodeada de comodidades no tuvo una infancia feliz, puesto que perdió a su madre a edad muy temprana. Por otro lado hay que señalar que la agitada situación política marcó notablemente su educación, ya que cinco años después de la proclamación de su padre como emperador de Brasil, tras la muerte de Juan VI de Portugal y la renuncia de éste al trono, fue nombrada heredera a la corona portuguesa a pesar de que sólo contaba con 7 años de edad. Así poco tiempo después se negoció su matrimonio con su tío, el infante Miguel, el cual a pesar de la gran diferencia de edad que existía entre ellos aceptó el compromiso.

En el mes de julio de 1828, dos años después de producirse la abdicación de Pedro I al trono de Portugal, cuando María contaba con nueve años, su padre preparó su viaje a Europa, para que tuviera lugar el proyectado matrimonio y para que fuera proclamada reina. El emperador brasileño puso a su hija bajo la custodia del marqués de Barbacena, el cual recibió ordenes de acompañar a la princesa a Austria, donde se encontraba su prometido. Pero los acontecimientos no transcurrieron como el emperador de Brasil esperaba, ya que su hermano tras haber asumido la regencia, llegó a Lisboa y se proclamó rey de Portugal, negándose además a cumplir su compromiso matrimonial.

Por ese motivo el mencionado marqués, que no confiaba que Austria fuera un sitio seguro para su protegida, decidió alterar el itinerario del viaje por lo que María fue conducida a Inglaterra, donde se habían refugiado gran número de liberales, que se oponían firmemente al gobierno absolutista de Miguel I. Los liberales portugueses pretendían conseguir el apoyo del gobierno de Inglaterra para que María fuera nombrada reina constitucional, pero muy pronto sus negociaciones se vieron interrumpidas, ya que el primer ministro inglés había decidido no intervenir en el conflicto portugués. Por ese motivo en el año 1829 María recibió instrucciones de su padre para que regresara a Brasil.

María no emprendió el camino de regreso sola a su país de nacimiento, ya que estaba acompañada por un numeroso séquito, en que se encontraba su aya Leonor de Cámara, la cual se ocupó no sólo de la educación de la princesa, sino que también se hizo cargo de las necesidades afectivas que tenía María, debido a su corta edad y a los duros acontecimientos a los que había tenido que hacer frente. Además al séquito de la princesa se había incorporado la prometida de su padre y su futura madrastra, la princesa Amelia de Beauharnais.




Maria y su esposo Fernando de Saxe Coburgo Gota

Durante los años siguientes fueron numerosas las embajadas diplomáticas que envió Pedro I a Europa con la misión de conseguir el apoyo para la causa de María, la cual permaneció junto a su padre y su madrastra en el mencionado palacio de San Cristóbal. En el año 1831 la situación de la familia real brasileña cambió bruscamente, ya que el emperador se vio obligado a abdicar y a abandonar el país. El destronado Pedro I se dirigió entonces a la Corte del rey de Francia Luis Felipe de Orleans, donde María completó su educación junto con los hijos del monarca. Poco tiempo después, Pedro I se dirigió al archipiélago de las Azores con el propósito de ponerse al frente del movimiento de revolucionario que habían formado los liberales. Así ante lo peligrosos de la situación, éste decidió que su hija y su esposa permanecieran en París.

María permaneció en Francia hasta 1833, momento en el que el duque de Loulé llegó a París con la misión de escoltar a la futura reina junto a su padre. Finalmente en 1834 María hizo su entrada triunfal Lisboa, y fue proclamada reina el 24 de septiembre de ese mismo año. Debido a que María II era muy joven para hacerse con el control de la agitada vida política portuguesa, fue necesario establecer un Consejo de Regencia, que fue presidido por su padre, el cual falleció apenas un año después de su proclamación.

La repentina muerte del regente hizo que el Parlamento decidiera declarar mayor de edad a María II, de este modo cumplían con las indicaciones que había dejado Pedro I en su testamento, además, siguiendo las mencionadas disposiciones, se iniciaron los preparativos de la boda de la reina con Augusto de Leuchtenberg.

María II quedó viuda pocos meses después de haber contraído matrimonio con el príncipe alemán, el 28 de marzo de 1835. Así como de este enlace no había nacido ningún hijo, el parlamento muy pronto presionó a la reina para que contrajera nuevas nupcias, ya que era necesario dar a la corona un heredero lo antes posible. Por este motivo se comenzó a buscar en todas las cortes europeas a un nuevo rey consorte.

El 9 de abril de 1836 María II contrajo matrimonio con Fernando de Saxe Coburgo Gota, el cual contaba con apenas 19 años de edad. De este matrimonio nacieron 11 hijos: don Pedro, el heredero al trono; don Luis, que en el año 1861 sucedió a su hermano; Doña María, que falleció al poco de nacer; don Juan, que ostentó el título de duque de Beja; doña María Ana, la cual casó con el rey de Sajonia Jorge III; doña Antonia, casada con Leopoldo de Hohenzollern; don Fernando, que murió muy joven; don Augusto, que fue duque de Caminha; y por último mencionar a don Leopoldo, a doña María y a don Eugenio que apenas vivieron unas horas.

En materia política el reinado de María II se caracterizó por el exquisito respeto que tuvo ésta hacia el orden constitucional, por ese motivo intentó solventar las diferencias entre los liberales y conservadores. Pero no siempre le fue posible evitar los conflictos, que fueron muy numerosos durante todo su reinado. Así se vio obligada a aceptar la Constitución de 1822, tras la revolución de septiembre de 1836, aunque la desaprobaba. Años después, tras la restauración de la Carta Otorgada de 1824, tuvo que destituir a Antonio Costa Cabral, que fue acusado por la oposición de ser demasiado autoritario.

En 1835 impulsó la reforma del sistema monetario portugués, pero un poco antes, en 1833, se había acuñado la moneda conocida como “la degollada”. La pieza se denominó así porque, rompiendo la tradición vigente hasta entonces, el retrato de la reina en el anverso no era el busto, sino solo la cabeza. Cuenta la historia que a la soberana no le gustó nada -viendo la convulsa historia de los primeros años de su reinado, puede imaginarse que le parecería un mal augurio-, de modo que se suspendió la acuñación y estas monedas se convirtieron en piezas de gran rareza.

La crisis política provocada por la revolución de María da Fonte fue una dura prueba para María II, la cual intentó evitar la intervención extranjera en el conflicto y apoyó firmemente la labor desarrollada por el comandante Saldanha. Por último durante el segundo gobierno de Costa Cabral, la monarquía lusa estuvo en franco peligro, ya que los radicales eran partidarios de la proclamación de la república; pero la promulgación de las primeras Actas Adicionales a la Constitución de 1838, en el año 1852, logró llevar la calma a la vida política portuguesa.




María da Gloria murió en el Palacio das Necessidades el 15 de noviembre de 1853, tras el nacimiento de su hijo Eugenio. El parto fue muy complicado y los médicos muy pronto empezaron a temer por la vida de la reina, que murió a los pocos minutos de haber dado a luz, al igual que el infante, a la edad de 34 años.



"FUENTE: www.mcnbiografias.com"