miércoles, 12 de octubre de 2016

Mercedes Cabello Llosa de Carbonera

Escritora peruana. Influenciada por la corriente del positivismo y del naturalismo, fue la iniciadora de la novela realista peruana. Periodista, feminista escribió seis novelas de contenido social e intención crítica y también numerosos artículos y ensayos publicados en la prensa peruana, sobre temas literarios y sociales; en especial abogó por la emancipación de la mujer, por lo que se cuenta entre las primeras feministas de su país. Atacó la educacion religiosa en los colegios de mujeres y defendió la importancia de enseñar a la mujer a conocer su cuerpo.



Mercedes Cabello Llosa de Carbonera nació en Moquegua el 7 de febrero de 1845. Sus padres fueron Gregorio Cabello (hacendado) y Mercedes Llosa. Se desconoce mucho sobre sus primeros años. Tuvo una excelente formación por parte de su padre y su tío que en los años 30 del siglo XIX habían viajado por Francia, trayendo una respetable biblioteca en la cual se encontraba lo mejor de la literatura del momento tanto en francés como en español. Mercedes recibió lecciones con maestros privados que le enseñaron el francés, motivo por el que más tarde se mantenia al tanto siempre de las corrientes literarias más recientes en Francia, con autores como Honoré de Balzac y Émile Zola.

A los 20 años se trasladó a Lima, donde vivió en casa de un tío, que era cosmógrafo mayor de la República. A la edad de 22 se casó con el médico Urbano Carbonera,  acercandose a la ciencia y al positivismo. No tuvo hijos de este matrimonio y tras problemas en la relacion, se separaron.

En Lima Mercedes tomó parte activa en el movimiento literario, con colaboraciones en diarios y revistas bajo el seudónimo de Enriqueta Pradel, antes de animarse a usar su propio nombre. Aunque comenzó haciendo versos, rápidamente pasó a escribir ensayos en favor de la emancipación de la mujer.  En 1874 publicó en los semanarios El Álbum y El Correo del Perú su artículo "Influencia de la mujer en la civilización", donde mostraba su desacuerdo con la proclamada inferioridad de la mujer, y, al año siguiente, en la revista La Alborada, "Necesidad de una industria para la mujer", donde solicitó al gobierno la promoción del trabajo femenino como forma de desarrollar al país.

Fue incorporada al Ateneo de Lima y convertida en la ensayista peruana más destacada, tuvo una importante participación en las veladas literarias organizadas en Lima en la casa de la escritora argentina Juana Manuela Gorriti (1876-77), reuniones en las que leyó algunos de sus trabajos sobre la importancia de la literatura, la educación de la mujer, el idealismo como elemento generador de la poesía y la mujer ante la escuela materialista, entre otros. Después de su nutrida producción ensayística y de los dos años de triunfo en Las veladas literarias de Gorriti vendrá la debacle histórica peruana a consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1883). Este período catastrófico del país lo experimentó Mercedes Cabello en carne propia. No solo sus hermanos tomaron parte de la defensa por la patria sino que ella misma participó como voluntaria en los escuadrones de auxilio que se formaron en los hospitales “La promotora y organizadora de la Cruz Roja Peruana, en un primer momento, fue la señora Mercedes González Vigil de Rospigliosi. […] En la amplia relación de los nombres de las principales damas […] aparecen entre los primeros los de Mercedes Cabello de Carbonera y el de su cuñada, María Artieda Vda. De Cabello.

Si Gorriti era conocida por su romanticismo, Cabello de Carbonera abandonó esta escuela para cultivar el naturalismo y el realismo. En su ensayo La novela moderna que mereció la rosa de oro en el certamen hispanoamericano organizado por la Academia Literaria de Buenos Aires, se mostró partidaria de un "realismo constructivo", síntesis práctica entre el romanticismo y el naturalismo, conforme con el pensamiento filosófico positivista que alentaba. Abogó por el realismo porque admitía la psicología de los personajes, tendencia que abrazó completamente en su novela El conspirador (1892), una sátira de la actuación política del caudillo Nicolás de Piérola, que poco después llegó a ser presidente constitucional del Perú. Fue tan controversial que ofendió a su vieja maestra Gorriti quien era mucho más sutil en sus críticas a la sociedad.





Entre 1886 y 1892 publicó seis novelas -lo que le hizo acreedora al título de primera novelista peruana- de tendencia realista y de crítica a los males sociales, pero fue la publicación de Blanca Sol en 1889 la obra en la que llevó la crítica social a niveles que transgredieron lo permitido. Poco a poco comenzó a radicalizarse en su adhesión al positivismo y sus ataques a la Iglesia católica, lo que le valió enfrentamientos con otros miembros de los círculos intelectuales limeños, que terminaron en la fuerte polémica de enero de 1898, a raíz de ciertas opiniones vertidas por la escritora en una actuación desarrollada en el liceo Fanning, donde atacó la educación religiosa en los colegios de mujeres y abogó por la importancia de enseñar a la mujer a conocer su cuerpo. Rápidamente el colegio se vio obligado a deslindar su posición de la manifestada por la novelista; además, diarios como El Comercio y La Opinión Nacional comenzaron a acusarla de tener síntomas de perturbación mental, si bien fue defendida por el semanario El Libre Pensamiento, órgano de la Liga de Libre Pensadores del Perú.

El año de 1887 publica en España su novela “Eleodora “. Por esta época hace conocer también su articulo titulado “Una fiesta religiosa en un pueblo de Perú “, en que basándose en la experiencia de un pueblo del interior, se solidariza y aboga por la raza indígena. De forma paralela a su labor novelística, la escritora continuó escribiendo ensayos, entre los que cabe destacar sus trabajos sobre la "Influencia de las Bellas Letras en el progreso moral y material de los pueblos", premiado con medalla de oro por la Municipalidad de Lima, e "Independencia de Cuba", que también mereció el primer premio en un certamen literario.

Otro ensayo que debe ser mencionado es "La religión de la humanidad. Carta al señor D. Juan Enrique Lagarrigue" (Lima, 1893), en el que responde a algunas ideas expuestas por este representante del positivismo chileno, y expone las teorías del filósofo francés Auguste Comte, mostrando reparos a sus ideas respecto a la conveniencia de regímenes políticos autoritarios y al papel tradicional asignado por el positivismo a las mujeres, pero mostrando a su vez simpatía por esta doctrina que promueve el progreso científico y la paz entre los pueblos. Por otro lado, aprovecha estas reflexiones para hacer explícitos sus ataques a la religión católica. Su defensa del positivismo está reafirmada en "El Conde León Tolstoi" (Lima, 1894), en el que presenta la figura del literato ruso, al que considera "más poeta que filósofo", debido a que "sin aceptar en su totalidad la doctrina positivista de Comte y tomando de ella sus conclusiones esenciales, es sin disputa la más aceptable, la más humana y la más civilizadora, de cuantas han aparecido en esta época esencialmente racionalista".



Mercedes dedicó su vida al cultivo de las letras con gran éxito profesional, y al  mismo tiempo, emprendió con valentía el tortuoso camino de denunciar la marginación femenina en una sociedad arcaizante. La vehemencia de sus opiniones y la postura combativa que asumió le trajo como consecuencia la sanción social y la incomprensión general. 

Cabello fue muy poco comprendida en su época y fue el blanco de fuertes críticas de autores masculinos, como Juan de Arona y Ricardo Palma, críticas que arreciaron a raíz del triunfo de la revolución de 1895, que encumbró a Piérola en el poder. Tales críticas le afectaron sobremanera, por lo que se aisló. De los últimos años de su vida todavía queda un vasto trabajo por realizar.

Fue internada en el manicomio del Cercado, el 27 de enero de 1900 segun algunos a consecuencia del abuso del cloral, medicamento que se usaba en esa época para combatir el insomnio, y segun otros críticos sostienen,  su internamiento se debió a que empezó a mostrar los primeros síntomas de la sífilis, enfermedad no tratable en esa época, que le contagió su marido. Lo cierto, es que los últimos nueve años de su vida, transcurrieron en esa institución psiquiátrica y ahí murió el 12 de octubre de 1909 a consecuencia de una parálisis general progresiva.

El investigador Patricio Ricketts Rey de Castro, escribió en un excepcional artículo sobre el doloroso final:

Cuatro meses antes del fallecimiento de Mercedes, la revista Ilustración Peruana [1909, pp. 270-273] publicó un extenso artículo escrito en mayo, acerca del hospicio donde la escritora sobrevivía en silencio, a la espera de la muerte. Cinco fotografías, reproducidas con gran nitidez, ilustran el texto, en el que el periodista visitante, Carlos Sánchez Gutiérrez, dejó un conmovido apunte de la Cabello, a quien podemos distinguir, a distancia pero con claridad, en la fotografía del corredor del pabellón de mujeres. Allí, sentada en un sillón de baqueta e inclinada hacia delante, tal como la describe el periodista, descubrimos a la autora de El Conspirador.


No sólo el abandono familiar apagó el brillo intelectual de una de las más ilustres escritoras de las letras peruanas. La larga y dura lucha de Mercedes por los derechos de las mujeres reclamando que se les considere como sujetos activos en la sociedad la enfrentaron a una comunidad cerrada por prejuicios hondamente arraigados. Aquellos que estuvieron cerca de ella en su época de triunfos internacionales le dieron la espalda una vez convencidos de su declive. El silencio de casi un siglo sobre su vida y obra negó a las siguientes generaciones valorar su legado escritural en la justa medida, así como conocer su valiente postura y coherencia ideológica.

La figura de Mercedes Cabello no ha merecido todavía un estudio exhaustivo; es más, son muchos los datos de su vida que permanecen en la oscuridad. Y aunque sus novelas sean calificadas por gran parte de la crítica literaria contemporánea como pedantes, no es menos cierto que nos encontramos ante una escritora que generó polémica en su tiempo, por su permanente disposición para tratar de forma directa temas considerados "poco femeninos".


Fuentes: Wikipedia; www.mcnbiografias.com; Norma Barúa Lanchippa en Universidad de Piura, Peru. http://lasoga.org/peru-mercedes-cabello/; http://wikividas.blogspot.com.es



martes, 12 de julio de 2016

Constance Mary Lloyd. La esposa oculta....


Conocida como la esposa de Oscar Wilde, vivió intensamente el feminismo, escribió cuentos para niños que reunió en un volumen, cultivó el periodismo, se implicó en actividades políticas de índole diversa, y fue pionera del movimiento que reclamaba la creación de clubes sociales exclusivamente para mujeres. Expresó su rebeldía revolucionando la manera de vestir (rasgo que compartió con su marido), llegando a desempeñar un papel activo como miembro de la Sociedad a favor del Vestido Racional.








Constance Wilde nació un 2 de enero de 1859, en Dublín, como Constance Mary Lloyd. Hija de Horace Lloyd, un abogado irlandés, y Adelaide Atkinson Lloyd. Estudió en la Universidad, motivada por su padre, y a los 20 años de edad ya vivía de forma independiente, algo impensable en la sociedad victoriana del siglo XIX. En 1879, año en que dejó Oxford para iniciar la conquista de la celebridad en Londres, Oscar Wilde conoció en una fiesta a Constance. Se casaron cinco años después, cuando la ciudad se había rendido al talento del escritor irlandés, aunque la chica de pelo castaño, ojos violeta y rostro de aire prerrafaelista había sucumbido al ingenio y los encantos del irresistible dandi nada más verlo. Fuera de sí, cuando Oscar la pidió en matrimonio, Constance le envió a su hermano Otho una nota en la que decía: "Me he comprometido con Oscar Wilde y soy perfecta y enloquecedoramente feliz"

Otho Lloyd no las tenía todas consigo. "Si se tratara de otro", le escribió a un amigo, "no pondría en duda que estaba enamorado de mi hermana". La boda fue un espectáculo a la altura de los cuadros escénicos que aparecen en sus comedias. Pasaron la luna de miel en París. En medio de la felicidad luminosa de los primeros tiempos, Constance percibió la misma sombra que había enturbiado el pensamiento de su hermano cuando le anunció su compromiso. Aunque creía en él, el vínculo matrimonial agobiaba al autor de El retrato de Dorian Gray. lo que le atraía de verdad era el ambiente de los bajos fondos. Su amigo el escritor Robert Sherard lo había introducido en el mundo de la prostitución en Oxford y más adelante lo llevó a conocer los antros de París como el Château Rouge o la Salle des Morts. Era aquel el mundo que de verdad le fascinaba. Wilde atribuyó sus actos a "una forma abominable de obsesión erótica" que le hizo olvidarse de su mujer e hijos

Muy pronto, Constance se quedó embarazada, dos veces; la segunda, no bien se recuperó del parto del primogénito de la pareja, Cyril. Mientras que el primer nacimiento fue una ocasión jubilosa, el segundo despertó en Wilde un sentimiento más bien de tedio. La primera contrariedad que causó a sus padres fue no haber nacido niña. La madre pagó un precio aún mayor: deformada por los dos embarazos consecutivos, su esposo dejó de sentirse atraído por ella. Era un abismo que, antes o después, tenía que abrirse. Wilde formuló así sus anhelos ocultos: "A veces pienso que la vida artística es una forma lenta y deliciosa de suicidio... Hay una tierra desconocida, llena de flores extrañas y perfumes sutiles, una tierra en la que el gozo de los gozos es soñar, una tierra en la que todas las cosas son perfectas y venenosas".


Las 300 cartas de Constance que sirven de base a la biografía de Franny  Moyle permiten asomarse a las complejidades de un alma desolada y generosa, que no llegamos a conocer bien. 

Tampoco se alcanza a desentrañar la naturaleza exacta del vínculo que unía a los esposos Wilde salvo, tal vez, el culto al arte y la belleza, profesado por los dos con una entrega casi religiosa. Franny Moyle nos permite seguir de manera irregular e intermitente, dado lo relativamente exiguo del material a su alcance, los avatares de un alma frágil y exquisita, de un ser extraordinariamente sensible y vulnerable cuya personalidad había sido eclipsada por su proximidad con un genio tan abrasivo como el de su marido. Durante las temporadas que su marido desaparecía en los abismos voluptuosos y decadentes en que le gustaba perderse, Constance se sumergía en la lectura del original del Inferno de Dante, o buscaba refugio espiritual en un convento, como el de San Juan Bautista, en Windsor, lejos de sus hijos. 

El gran escritor Jerome K. Jerome intentó llegar al fondo de su personalidad en una entrevista publicada en la revista To-Day, sin conseguirlo. Le interesaban el espiritismo, el arte, la religión y la literatura; tocaba el piano, pintaba al óleo, fue una fotógrafa técnicamente avezada, hablaba francés y leía italiano. Vivió intensamente el feminismo, escribió cuentos para niños, que reunió en un volumen, cultivó el periodismo, se implicó en actividades políticas de índole diversa, y fue pionera del movimiento que reclamaba la creación de clubes sociales exclusivamente para mujeres. 

Moyle describe con inteligencia la manera en que expresó su rebeldía revolucionando la manera de vestir (rasgo que compartió con su marido), llegando a desempeñar un papel activo como miembro de la Sociedad a favor del Vestido Racional, a través da la cual varios reformadores y reformadoras se plantearon, diseñaron y usaron, ropas supuestamente más racionales y más cómodas que las de la moda de la época. Esto se conoce como la "reforma en el vestido" o movimiento "rational dress" que tuvo su mayor éxito en la reforma de la ropa interior de las mujeres, la que podía ser modificada sin exponer a la usuaria a la burla social. L@s Reformador@s del vestido también fueron influyentes persuadiendo a las mujeres a adoptar prendas simplificados para las actividades deportivas como el ciclismo o la natación. El movimiento de reforma en el vestido estaba mucho menos interesado en ropa de hombre y sus protestas iban  contra la introducción de cualquier moda en el vestir que, o bien deformara la figura, impidiera los movimientos del cuerpo, o de alguna manera tendiese a dañar la salud. Protesta contra el uso de los corsés apretados, los zapatos de tacón alto, las faldas, con las que el sano ejercicio es casi imposible, y de todas las capa de prendas de ajuste u otras que impidan los movimientos de los brazos. Exige que todos se vistan de forma saludable, cómoda y bella buscando lo que conduce a la salud , el confort y la belleza en nuestra forma de vestir como un deber con nosotros mismos y con los otros.  

Otras de las inquietudes de Constance la llevaron a experimentar con diversas modalidades de espiritismo y la teosofía, tal y como preconizaba la célebre Madame Blavatsky. En ocasiones incurrió en desvaríos, como el que la llevó a ingresar en la estrambótica Orden Hermética del Amanecer Dorado, de la que fue miembro fundador. El poeta William Butler Yates, amigo de los Wilde, se sumó unos años después a esta orden.





Constance y su hijo Cyril


Vivió la tragedia de su marido, condenado por homosexualidad en un juicio humillante, en silencio, devastada por el abismo que, ahora sí, se abría más allá de los límites de lo aceptable, viéndose obligada a ocultar a sus hijos (aunque Vyvyan era demasiado pequeño para entenderlo) un espectáculo del que todos los periódicos daban cuenta a bombo y platillo. Su tragedia mayor fue aceptar que el verdadero amor de su marido no había sido nunca ella, sino un joven de aspecto frágil, rubio y barbilampiño, lord Alfred Douglas, hijo del marqués de Queensberry, alias Bosie que era el reverso exacto de Constance Wilde: deletéreo y retorcido, difícil, egoísta, hedonista y ambicioso. "Douglas poseía un alma fea", llegaría a decir de él el escritor en De profundis. Nada de ello impidió que Oscar se entregara a él en cuerpo y alma. 

Deseosa de afecto y privada de todo contacto sexual, Constance acabó por enamorarse de otro hombre que pertenecía al mundo comercial, que tanto despreciaba Wilde. La caída de Oscar Wilde se precipita tras protagonizar una persecución diabólica de los amantes por todo Londres. Un día el marqués de Queensberry se presentó en el club que frecuentaba Oscar Wilde y a la vista de todo el mundo dejó una tarjeta en la que le llamaba "somdomita" (sic). Siguiendo el nefasto consejo de su amante, el escritor llevó a Queensberry a los tribunales, acusándolo de difamación. No tardó mucho en comprender la gravedad del error que había cometido. Queensberry lo acusaba del "delito" de homosexualidad. Para hacer frente a un cargo así, Oscar Wilde se vio obligado a presentarse ante el jurado como lo contrario de lo que era, es decir, como un "campeón de la conducta respetable, del puritanismo en la vida y la moralidad en el arte". Sus posibilidades de salir airoso eran nulas. Al tercer día del proceso, Wilde retiró los cargos. Aquella misma noche, era detenido y encarcelado.  

Es difícil pensar en una humillación mayor que la que padeció Wilde durante su proceso, pero a la vez, su actitud puso de relieve la grandeza de su alma y la entereza de su carácter, y en eso estaba mucho más cerca de Constance que de Bosie. "No es prudente mostrar el corazón al mundo", había escrito en una ocasión, para hacer exactamente todo lo contrario durante las causas judiciales a que fue sometido. Interrogado acerca de un verso en el que lord Douglas invocaba "el amor que no se atreve a pronunciar su nombre", Wilde hizo una encendida defensa de aquello mismo de lo que se le acusaba: Aquel sentimiento era "puro y perfecto", y era el que "alentaba las grandes obras de arte debidas a Shakespeare y Miguel Ángel". Constance  le perdonó, aunque no llegara a entenderlo. Wilde le escribió una carta a Constance (la única que le permitieron enviar desde la cárcel) pidiéndole perdón por su conducta, y cuando se dirigió a las autoridades solicitando que lo excarcelaran antes de cumplir la totalidad de su condena, atribuyó sus actos a "una forma abominable de obsesión erótica" que le había hecho olvidarse de su esposa y sus hijos.  

Cuando por fin dejó la cárcel, la relación de Wilde tanto con su esposa como con Bosie volvió a ser objeto de violentas e infinitas fluctuaciones. Tuvo palabras de extraordinaria dureza contra Constance, lo cual no impidió que, alejada definitivamente de él, cuando cayó en sus manos un ejemplar de la devastadora Balada de la cárcel de Reading, se sumiera en un llanto de una pureza inconsolable. "Dice que ha amado demasiado y que eso es mejor que odiar", comenta en una carta. "En abstracto, eso es cierto, pero el amor de que habla es antinatural, una forma de locura peor que el odio. No le guardo rencor, pero me da miedo".




Sus amigos recomendaron a Wilde que huyera al extranjero después del juicio de difamación, que diera tiempo a que el alboroto terminara, pero él se negó. Constance, en cambio, entró inmediatamente en acción para proteger a sus hijos y si bien parece que al final, el amor de Constance por Oscar nunca terminó y proveyó al empobrecido Oscar con dinero, esto cesó después de que el escritor faltó a una visita a sus hijos, prefiriendo la compañía de Lord Alfred Douglas en Nápoles. La pareja nunca se divorció, y aunque Constance visitó a Oscar en la cárcel para darle la noticia de que su madre había muerto , más tarde lo obligó a renunciar a sus derechos de paternidad. Cambió los nombres de sus hijos y se trasladó con ellos al continente, donde murió en 1898 de una misteriosa enfermedad con tan solo 39 años, a manos de un ginecólogo inepto, siendo enterrada en Génova, Italia. 

Unos meses antes de morir él, el escritor quiso visitar su tumba. En una carta a un antiguo amante, uno de los afectos más constantes de su vida, Robbie Ross, resumió así lo que sintió entonces: "Fue muy trágico ver su nombre esculpido en una tumba... Figuraba solo su apellido, el mío por supuesto no se mencionaba... Solo decía: Constance Mary, hija de Horace Lloyd. Deposité unas flores. Aunque me sentía profundamente afectado, era plenamente consciente de la inutilidad de lamentar nada de lo ocurrido. Nada hubiera podido ser de otro modo. La vida es algo terrible". En 1967, alguien reparó la omisión, añadiendo una frase que reza: "Constance: esposa de Oscar Wilde".  

Resulta sorprendente que antes de 1983 no existiera alguna biografía de Constance Lloyd. Era muy educada para una mujer de su clase, y parecía compartir con Oscar el don de los idiomas. Desde su infancia, Constance estaba familiarizada con los pintores prerrafaelistas y, más adelante, con los escritos de John Ruskin. Su vestuario, que reflejaba la moda del movimiento estético, crearon sensación: en las inauguraciones en las galerías, “el señor y la señora Wilde competían por el interés entre los buscadores de celebridades”. Constance, con su interés en los textiles, probablemente también fue responsable del diseño interior avant-garde de su residencia en Chelsea, que era (de acuerdo con el credo estético) “estética, práctica y saludable”. La biografia de Moyle además de detallar la corte victoriana tardía de los Wilde, presta atención a muchas de las actividades de Constance, que combinaban el esteticismo, la política liberal y el feminismo. Constance, debemos tratar de comprender, era su propia persona. Publicó cuentos infantiles (incluyendo There Was Once, publicado el mismo año de El príncipe feliz y otros cuentos de Oscar), reseñas teatrales y artículos sobre la historia de las mujeres y el vestuario de los niños. Fue un miembro activo de la Federación de Mujeres Liberales y editora del boletín de la Sociedad Racional del Vestido. Estaba, como en muchas de las tendencias de la década de 1890, profundamente involucrada en la teosofía.






El libro de Corelli de 1892 de retratos satíricos de sus contemporáneos caricaturiza a Oscar como “Elefante Social” y a Constance como su delicado fracaso:



“ella no parece estar en absoluto incómoda con su Señor Elefante. Ella tiene sus pequeñas olas para moverse - su telaraña plateada - en las discusiones sobre política, en las que, bendice su corazón por un pequeño encanto radical, en el que trabaja bien y sin exponerse… Tiene el pelo más hermoso, que se encrespa libremente sobre su rostro, y una voz tan modulada que parece afectar a algunas personas; es una música natural… Viste ‘estéticamente’ - con todo tipo de matices extraños y ricas telas… con mangas grandes y maravillosas y adornos medievales - lo que complace a ella y también parece complacer al Elefante, a quien emociona el tema del color… No habla mucho esta pintoresca hada, pero atiende todas las historias. Su mirada es delicadamente nostálgica y a menudo abstraída; en ciertos momentos su espíritu parece salir de ella con alas invisibles, a kilómetros de distancia del castillo literario del Elefante, y es en esos momentos cuando luce más hermosa. Para mí, ella es infinitamente más interesante que el propio Elefante… uno nunca se cansa de mirar el hada encantadora que lo protege y guía.”






Fuentes: Wikipedia; Eduardo lago para El país ; Elizabeth Powers; Franny Moyle. Constance. The Tragic and Scandalous Life of Mrs. Oscar Wilde






lunes, 1 de febrero de 2016

Nicole – Reine Lepaute




Considerada una de las astronomas francesas mas importantes, destacando por la exactitud de sus calculos en las fechas en las que el cometa Halley  pasa cerca de la orbita terrestre.
 



Nicole Reine Etable de la Brière Lepaute nació en París en 1723. Se casó en 1749 con Jean Andre Lepaute,  relojero real de Francia, un maestro artesano que diseñaba, fabricaba y reparaba los relojes de palacio, en la época de Luis XV. Jean Andre construyó relojes astronómicos y publicó un “Tratado de Relojería” en 1755; colaborando con su marido, Nicole calculó las oscilaciones del péndulo por unidad de tiempo y en función de la longitud del mismo.

El astrónomo Jérôme Lalande (1732-1807), amigo del matrimonio Lepaute, tras su exitoso regreso del Cabo de Buena Esperanza en 1753, donde realizó observaciones astronómicas, fue elegido miembro de la Academia de Ciencias de Paris. En 1757 decidió calcular la fecha exacta del retorno del cometa Halley, que se había visto por última vez en 1682, junto al astrónomo y matemático Alexis Clairault (1713-1765).

Lalande pidió ayuda a Nicole para hacer los cálculos matemáticos. Con mucha dedicación tras un trabajo exhaustivo e innumerables cálculos para determinar la posición diaria de la órbita del cometa Halley, Nicole predijo la fecha de su regreso, ocurrida en diciembre de 1758. Clairut que en un primer momento habia atribuido a Lepaure el merito de estos estudios, fue poniendo en duda la atoria de sus logros hasta que acabó apropiandose de ellos.

En 1760 Clairault publicó “Teoría de los cometas”, ignorando el trabajo de Nicole, lo que produjo el alejamiento de los dos astrónomos, que no volvieron a trabajar juntos. Años más tarde, Lalande en su trabajo “Bibliografía astronómica” publicado en 1803, una historia de la astronomía desde 1780 a 1802, reconoció y alabó la ayuda de Nicole.

Nicole publicó tratados astronómicos surgidos de sus observaciones, entre ellos un libro sobre "la órbita de Venus" en 1761. En 1762 calculó el tiempo exacto de un eclipse solar que ocurriría en Francia, dos años después. Para confirmar sus palabras, trazó un mapa de la trayectoria del eclipse a través de Europa; dicho artículo se publicó en "El conocimiento de los tiempos", la revista de la Academia de Ciencias, dirigida por Lalande.

Nicole también hizo un catálogo de las estrellas y los cálculos de las posiciones del sol, la luna y los planetas todos los dias del año desde 1774 hasta 1972 . Fue considerada una de las mejores “computadoras astronómicas” de la época y la Academia de las Ciencias de París encargo a Nicole y a Lalande que redactaran el calendario para astronomos y navegadores que se pubicaba anualmente.

La Academia Béziers la aceptó como miembro en 1761 por sus contribuciones científicas. Nicole Lepaute falleció en 1788, unos meses antes que su esposo. Como homenaje a su labor científica se nombró al asteroide 7720 y a un cráter de la Luna con el nombre de Lepaute.






Bibliografia


mujeresquehacenlahistoria.blogspot.com; Las Pioneras de Rita Levi-Montalcini y Giuseppina Tripodi